El tarro de las esencias
Perdonen los lectores de otros lares, pero volvemos a la vieja España, a la de las esencias. Aunque sea –ver para creer– para hablar de la dominación femenina. Un par de comentarios en la entrada anterior de este diario nos traen una vez más la vieja costumbre española de discutir sobre las esencias en lugar de sobre los problemas de cada momento, de discutir sobre lo que somos en lugar de sobre lo que hacemos. “Que inventen ellos”, decía Miguel de Unamuno, que nosotros tenemos nuestra esencia. Y entonces era cristiana la esencia de España; casi tan católica como la esencia de Cataluña o la del País Vasco. Siempre a vueltas con las esencias.

