Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

El tarro de las esencias

Perdonen los lectores de otros lares, pero volvemos a la vieja España, a la de las esencias. Aunque sea –ver para creer– para hablar de la dominación femenina. Un par de comentarios en la entrada anterior de este diario nos traen una vez más la vieja costumbre española de discutir sobre las esencias en lugar de sobre los problemas de cada momento, de discutir sobre lo que somos en lugar de sobre lo que hacemos. “Que inventen ellos”, decía Miguel de Unamuno, que nosotros tenemos nuestra esencia. Y entonces era cristiana la esencia de España; casi tan católica como la esencia de Cataluña o la del País Vasco. Siempre a vueltas con las esencias.

Hombres que nos gustan

Parte de la conversación que surgió en los comentarios de la última entrada de este Diario, “Incredulidad y testosterona”, versó sobre el tipo de hombres que supuestamente nos gustan a las mujeres que practicamos la dominación femenina. Y da la impresión de que la mayoría de los intervinientes varones piensa que a las mujeres dominantes, y a las no dominantes, nos gustan los hombres fuertes y nos disgustan los blanditos. Así lo expresan algunos de los contertulios:

Volvamos a la dominación femenina II

Sobre los límites en las relaciones de dominación femenina hablamos, y Adrián da un paso más en la conversación, tratando de sobrepasar el límite en el que yo me quedé en la entrada del viernes. Hace bien. Porque busca profundizar en la conversación, porque de un diálogo bien planteado, es decir, del replanteamiento de las ideas de cada cual, es desde donde todos podemos aclarar nuestras dudas y entender mejor nuestras relaciones de dominación femenina y, en consecuencia, progresar en ellas. Y para ello, para ayudarnos unos a otros, debería servir este blog. Veamos lo que Adrián plantea en su comentario:

Volvamos a la dominación femenina

Tomé nota de una idea que Adrián vertía en un comentario el martes: “A mi juicio en cualquier actividad de Dominación el consenso del sumiso es fundamental, de hecho el éxito de una buena Ama es lograr en su sumiso un estado tal en que acepte de buen grado todo lo que ella le ordene y hasta incluso, lo desee”. Y lo hice porque me parece que en esa afirmación hay materia para reflexionar, pero lo haré no sobre “cualquier actividad”, sino desde la perspectiva de quien mantiene una relación de dominación femenina estable.

Cerebro cavernícola II

Concluía mi entrada de ayer diciendo que no termina de parecerme correcto el planteamiento de que las mujeres nos sintiéramos atraídas desde la Prehistoria por los hombres de “recursos materiales y estatus social” o “bien situados en el plano socioeconómico”. Cierto que esa idea de algún modo me trae la imagen de la mujer como sumisa y que, quizá, como convencida practicante de la dominación femenina que soy, me resista. No obstante, trataré de que no se me note mucho, de dejar a un lado en lo posible los prejuicios al exponer mi postura.

Cerebro cavernícola

Hemos hablado en los días pasados, entre otras cosas, de la relación entre la dominación femenina y los instintos o la naturaleza de las mujeres. Y me gustaría reflexionar un poco más sobre un aspecto concreto de la aportación de Iván al debate, sobre lo lentamente que ha evolucionado el cerebro humano con relación a las transformaciones sociales y cómo ese cerebro “cavernícola” provoca que las mujeres se sientan atraídas por “hombres bien situados en el plano socioeconómico”. Así lo escribió Iván:

La teoría del consuelo II

Insiste Iván en que lo suyo no tiene remedio, en la teoría del consuelo, que viene a decir que si no ha logrado establecer una relación de dominación femenina con una mujer es porque, en el fondo, es prácticamente imposible hacerlo. Y de su nuevo comentario se extrae la conclusión de que no es posible porque yo y las mujeres que se comportan como yo no somos más que una rara excepción a la norma biológica: las mujeres son sexualmente sumisas y “se sienten y se sentirán siempre atraídas por hombres bien situados en el plano socioeconómico. Porque está grabado a fuego en sus genes de mujeres cavernícolas”.

La teoría del consuelo

La importancia del atractivo físico de las mujeres en la dominación femenina ha ocupado un buen espacio del blog en estos días. Las intervenciones se han divido entre los contertulios que sostienen que ese atractivo es fundamental o incluso determinante y quienes consideramos que, aun siendo importante, no constituye el único móvil importante de los hombres sumisos. Sin embargo, la aportación de Iván a la discusión, aunque coincide con aquellos que remarcan la relevancia del físico, va un paso más allá, hasta convertirse en una especie de teoría de aplicación general que pretende explicar la situación, que bien podríamos denominar “la teoría del consuelo”, y que resumo a partir de su propio texto:

Atractivo físico

Continúa en el blog la discusión sobre si el atractivo físico constituye o no el componente determinante de la dominación femenina para los hombres sumisos. La “última instancia”, que decía José Perera en su artículo, porque “si al final no hay un cuerpo bonito…” parece que las posibilidades de éxito de las mujeres para dominar a un hombre “tenderán a no ser tan altas”. ¿Será cierto que una mujer que carezca de un “cuerpo bonito” y cuya edad esté “por encima de los 45 ó 50 años” lo tiene complicado para dominar a un hombre? Para defender su argumentación, José nos propone que hagamos una prueba:

Siguiendo con Elise Sutton

Creo que no hay figura más emblemática para los amantes de la dominación femenina, así que la crítica que le hace José Perera en su artículo “Sobre Elise Sutton” resulta de interés para todos nosotros. Sin embargo, no va a ser mucho lo que discuta sobre el parecer de José, porque estoy de acuerdo con casi todo lo que dice. Y ello pese a que mí me ocurra lo mismo que a él, pese a que yo sea la primera “en admitir que le debo mucho a Elise”.


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