El regalo III
A veces damos por sentadas cosas porque nos parecen obvias, pero lo que resulta obvio para quien habla o escribe no tiene por qué serlo para quien nos escucha o nos lee. Tengo la impresión de que algo de eso ha ocurrido con la experiencia que conté en las dos primeras entradas con este mismo título. Claro que también tengo la impresión de que hay algunos por aquí que no andan sobrados ni de sentido común ni de sentido del humor a la hora de abordar la dominación femenina.

