Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

El regalo III

A veces damos por sentadas cosas porque nos parecen obvias, pero lo que resulta obvio para quien habla o escribe no tiene por qué serlo para quien nos escucha o nos lee. Tengo la impresión de que algo de eso ha ocurrido con la experiencia que conté en las dos primeras entradas con este mismo título. Claro que también tengo la impresión de que hay algunos por aquí que no andan sobrados ni de sentido común ni de sentido del humor a la hora de abordar la dominación femenina.

El regalo II

Terminé ayer contando cómo mi chico se quedó en casa de Ángela como mi regalo de cumpleaños para ella. Por supuesto, todo era un montaje. Una practica la dominación femenina, pero ni se imagina que pueda regalar a su hombre a otra mujer. ¿Se lo imaginó Miguel? Pues, por lo que después hablamos, ni sí, ni no; a ratos más y a ratos menos. Pero lo que es seguro, como escribía ayer, es que fue el peor momento que ha pasado en su relación conmigo.

El regalo I

Vuelvo a escribir sobre lo que dije hace unos días: “son muchos los hombres sumisos que no son conscientes de la auténtica fuerza de sus tendencias sumisas”. Y vuelvo a traer a colación, como en la entrada “Una pareja feliz”, un ejemplo relacionado con mi amiga Ángela y, ahora, con mi chico. En realidad, voy a contar lo que ha sido el peor momento que ha pasado Miguel en su relación conmigo y con la dominación femenina.

La mujer fatal es fumadora

Hoy voy a escribir sobre la salud y la dominación femenina. Por supuesto que no se puede establecer una relación directa entre ambas cosas, pero si la mujer dominante se preocupa de la salud de su hombre… entonces la dominación sí puede convertirse en una ayuda. No obstante, sólo escribo de una pequeña experiencia personal, y sólo porque mi chico lleva seis meses sin fumar. Ya sé que la cuestión no parece nada del otro jueves, pero para mí ha tenido su aquel.

¡Benditos fetiches!

Sé que hay algunas mujeres dominantes que piensan que en una relación de dominación femenina está de más complacer el fetichismo masculino, que no tenemos por qué conceder caprichos al hombre que se nos entrega, que se trata de que sea él quien se esfuerce por procurárnoslos a nosotras. Puede que tengan razón, o al menos sus razones. Sin embargo, para mí… ¡benditos fetiches!

La amante compañera

El sábado celebramos el cumpleaños de mi chico. Y aunque me lo estoy empezando a pensar, para evitar que el asunto resulte previsible, le hice el mismo regalo por tercer año consecutivo. ¿Qué regalo? El que creo que más aprecia: un día entero, y bien intenso, en el que dejo en suspenso la relación de dominación femenina, un día en el que me olvido de que hemos convenido en que nuestra vida en común está basada en la satisfacción de mis deseos y me dedico por completo a complacer los suyos. En fin, que el sábado dejé de ser su dominante para convertirme en la amante compañera que se pone a su servicio.

En la cama con Ian

Como le había anunciado (“Cena con Ian”), llamé a Ian el sábado por la mañana, y quedé con él en un sitio de tapas del barrio que me gusta mucho. La noche anterior no había sido en balde, no parecía estar interesado en otra cosa que no fuera la dominación femenina: estaba listo para que hiciera con él casi cualquier cosa (me juró por sus muertos y por sus vivos que, como le exigí, no se había masturbado). Y yo estaba lista para llevármelo a la cama.

Cena con Ian

Nuestro contertulio J introdujo un comentario en la primera entrada que escribí sobre Ian, “Me pasé de lista”, y después en su blog repite la idea y me incluye entre las “Juguetonas”. Acierta. No lo era mucho hace años. Pero he acabado siéndolo. Y es que la dominación femenina fue para mí también un juego desde el principio, del que disfruto, tanto como en la relación sexual, en algunas de las oportunidades que tengo a mi alcance para montar escenas que pueden tener un componente tan teatral como la que preparé el viernes por la noche tras “El regreso de Ian”.

El regreso de Ian

El jueves de la semana pasada, conté mi pequeña historia con Ian, con quien “Me pasé de lista”, o eso creí en su momento… hasta que volvió a llamar. El caso es que Ian regresó a Madrid el jueves por la tarde. Pero la espera siempre ayuda: le dije que nos veríamos en la oficina el viernes por la mañana. Y como no teníamos apenas trabajo que hacer, pues hemos gastado casi toda la mañana y la comida de “negocios” posterior hablando sobre todo de otro asunto: de dominación femenina.

Me pasé de lista

Once años han pasado desde que comencé a practicar la dominación femenina. Y ha sido intensa la práctica. Esa experiencia me ha proporcionado, en lo que respecta a las relaciones con los hombres –sexuales o no–, una seguridad en mí misma que en alguna ocasión me ha jugado una mala pasada. No es que yo piense que todos los hombres son, de hecho o en potencia, sumisos, como piensa más de uno en este mundillo, pero lo cierto es que me he acostumbrado a actuar con ellos como si lo fueran. Y raras las veces en las que me pasé de lista; pero alguna ha habido: la última, hace casi tres meses.


Close