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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Escenas</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>Para la primera sesión</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 05:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
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		<description><![CDATA[Recibo el correo de una mujer que se quiere iniciar en la dominación femenina como juego erótico, y me pide que le cuente “por dónde empezar”. No fue mi intención dedicarme a dar detalles sobre juegos de cama o sesiones de dominación en este blog. Pero como es mujer, y sin entrar en grandes detalles, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recibo el correo de una mujer que se quiere iniciar en la dominación femenina como juego erótico, y me pide que le cuente “por dónde empezar”. No fue mi intención dedicarme a dar detalles sobre juegos de cama o sesiones de dominación en este blog. Pero como es mujer, y sin entrar en grandes detalles, pues le dije que algo escribiría por si de algo le servía. Éste es el correo:<span id="more-638"></span></p>
<div class="blockquote">Hola Ana:<br />
Soy Marta, tengo 38 años. Bueno, el caso es que estoy con un hombre super bien en todos los aspectos. Me comentó la posibilidad de poder jugar con el tema de la dominación, una vez mandando uno y otra vez el otro. Nos lo tomamos como un juego.<br />
A mí me encanta la idea, pero las veces que lo he hecho, que he mandado yo, me he quedado con la sensación de hacer un poco el ridículo. Me encantaría que me pudieses contar por dónde empezar. Alguna situación que yo pudiese crear&#8230; digamos que, de hacerlo, quiero hacerlo bien. Gracias de antemano. Un beso.</div>
<p>En realidad, Marta, lo que me pides es sencillo de escribir. En lo fundamental, todo se resume en la formulación inglesa <em>tease and denail</em>. La traducción literal podría ser “provoca y deniega”. Más exacta y directamente: excítale y frústrale, esto es, caliéntale, pero no le dejes llegar al climax. Esa es la base de cualquier juego de dominación femenina.</p>
<p>Se puede hacer de una forma o de otra, porque variantes hay todas las que a cada cual se le ocurran, pero jugar sexualmente con un hombre desde la perspectiva de la dominación femenina consiste básicamente en eso: en llevarle al límite de su excitación sin dejarle llegar al orgasmo o retrasándolo. Y cuanto más se prolongue ese juego, cuanto más excitado esté y más tiempo pase hasta que pueda eyacular, más intenso el juego y mayor su excitación.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090217-astrid-termaat-1.jpg" alt="090217-astrid-termaat-1" title="090217-astrid-termaat-1" width="275" height="300" class="alignleft size-full wp-image-640" /></p>
<p>También aquí son importantes los preliminares, aunque también aquí lo son algo menos para los hombres. La provocación puede comenzar por ir insinuando el cuerpo de la mujer –y mejor si está ataviado para la ocasión con aditamentos típicos de la dominación: corsé, medias, zapatos de tacon, correajes, etc.–, para ir pasando de la insinuación a mostrar más explícitamente. No obstante, conviene recordar que para la mayoría de los hombres, más fetichistas que las mujeres, el cuerpo de la mujer eróticamente ataviado provoca más excitación que el directamente desnudo. No es que sea muy importante, pero en general casi mejor “medio vestida” que desnuda para alimentar el deseo de un hombre, especialmente si ese hombre es fetichista, aunque en realidad prácticamente todos lo son siquiera un poco. Y se puede terminar perfectamente el juego, termine como termine, con la ropa de campaña.</p>
<p>Lo que sí es importante, determinante, es la actitud que muestra la mujer, cuanto más dominante y decidida, mayor la garantía de éxito en el juego, porque mayor será la sensación de sometimiento en el hombre. Conviene no cortarse un pelo en la provocación verbal: “Vas a ser mío&#8230; completamente”; “ni te imaginas lo que voy a hacer contigo”; “y no pienses que lo podrás detener”; “porque puede ser que haya algo que no te guste&#8230; pero no podrás evitarlo”; “en fin, que tú te los has buscado”. Bueno, lo que a cada una se le ocurra, pero con convicción y con la mayor determinación posible.</p>
<p>Y una vez excitado el macho por medio de los sentidos de la vista y el oído, pues llega el momento del tacto. Puesto que eres primeriza, Marta, no pienses en hacer cosas complicadas, porque si son complicadas estarás más pendientes de cómo lo haces que de disfrutar de lo que haces. Y esa inseguridad será un inconveniente no sólo para ti, sino también para él, que percibirá tus dudas, te verá como menos dominante y la sesión no alcanzará toda la intensidad que tú buscas.</p>
<p>Simplemente, Marta, átale las manos al cabecero de la cama&#8230; y vuélvele loco de deseo. Y que dure. Tócale con tus manos, hazle sentir tu cuerpo, provócale con el lenguaje, transpórtale a las cercanías del climáx y&#8230; detente: “No te mereces el premio, cariño”. Y que dure. Cuanto más se prolongue su excitación y se retrase el momento de su culminación, más asegurado tendrás el éxito. Marta, puedes tener a un hombre así mucho tiempo: tendrá sus bajadas y sus subidas, pero no te cortes, se recuperará en cuanto tú aprietes el acelerador. Puedes incluso detenerte –fumarte un cigarro si fumas–, regodearte en su “desvalimiento”, y volver a la carga.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090217-astrid-termaat-2.jpg" alt="090217-astrid-termaat-2" title="090217-astrid-termaat-2" width="525" height="475" class="aligncenter size-full wp-image-641" /></p>
<p>Ahora bien, si la sesión es larga, puede que tú sí quieras llegar al orgasmo. No hay problema. Aunque esté atado a la cama, no tienes más que colocar tu sexo en su boca y que te haga llegar&#8230; o utilizar un consolador o vibrador delante de él y proporcionarte un buen orgasmo. Y dependiendo de tu sexualidad, de lo que te apetezca, lo puedes hacer más de una vez. Te garantizo que a él no le molestará&#8230; ni lo más mínimo: a los hombres les excita vernos llegar.</p>
<p>Hay quienes confunden la dominación femenina con el castigo físico al hombre, es decir, que confunden lo fundamental con lo accesorio. Si quieres provocarle un poco de dolor, pues adelante. Si quieres azotarle (con una fusta, un cinturón, una pala de madera&#8230;), y puesto que eres primeriza, limítate a hacerlo en la parte de su cuerpo donde prácticamente no hay peligro, en el culo. Si quieres hacer algo más, puedes ponerle alguna pinza de la ropa en las partes más carnosas del cuerpo. Bueno, posibilidades hay muchas para proporcionarle un pequeño castigo físico, pero ten claro, como te decía, que eso no es más que un complemento, que no es la base de la dominación femenina.</p>
<p>Si quieres que la sesión tenga un impacto más duradero en la mente de tu hombre, suele dar buen resultado follarle por el culo con un consolador&#8230; a la vez que le humillas verbalmente poniendo en cuestión su hombría, o le amenazas diciéndole que hay que írselo preparando para cuando le conviertas en la putita de algún hombre. Los hombres disfrutan con la introducción anal que estimula su próstata, y además provoca en ellos el miedo a que puedas dudar de su hombría, a que pienses que le gusta “por detrás”, en suma, que les hace más vulnerables durante la sesión, o sea, que les somete más.</p>
<p>Esa vulnerabilidad durante la sesión se puede incrementar otro poco más si le tapas los ojos durante algún rato, porque el no ver lo que haces le añade inseguridad y, seguro, un cierto temor a que la cosa pudiera ir más allá de lo que espera.</p>
<p>¿Cómo terminar tu sesión de dominación? Pues la forma más habitual en la dominación femenina como juego sexual –no cuando hay una relación completa de dominación femenina– suele ser culminar la sesión dejándole llegar al orgasmo dentro de ti. Si es lo que te apetece, en marcha, aunque no esperes maravillas de esa penetración: suelen estar tan excitados que llegan en un visto y no visto. </p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2009/090217-astrid-termaat-3.jpg" alt="090217-astrid-termaat-3" title="090217-astrid-termaat-3" width="275" height="300" class="alignleft size-full wp-image-639" /></p>
<p>No obstante, hay otras formas de terminar&#8230; o de no terminar. Puedes decirle, con autoridad, que tú ya has terminado, así que se acabó el juego&#8230; y él se queda sin llegar. Le puedes dejar atado a la cama (en una posición cómoda, que pueda cambiar de postura), y “buenas noches, cariño, hasta mañana”. Y a la mañana siguiente puedes continuar la sesión, o simplemente añadir el coito que tanto anhela. Puedes hacer algo parecido: interrumpe tu sesión de dominación, déjale a medias, y llévatelo al cine; a la vuelta&#8230; lo que tú quieras. Puedes también decidir que una forma de dejar claro tu dominio es que tenga que terminar de una forma bien distinta a la que espera. Por ejemplo, le puedes hacer llegar de una forma humillante, masturbándose delante de ti y eyaculando en su mano (yo no lo haría a la primera si no estás segura de que tu hombre es realmente sumiso), o diciéndole que tú has terminado, y que para correrse&#8230; el baño.</p>
<p>Bueno, Marta, las posibilidades y las variantes son bastantes, pero te recomiendo que no te compliques en exceso la vida, porque si lo haces estarás más pendiente de las formas que del fondo. Procura disfrutar tú también y dejarte llevar todo lo que puedas. Hazlo sencillo, pero hazlo dominante. Y sé consciente de que tu actitud y tu lenguaje son herramientas mucho más poderosas que cualquier látigo, y que lo fundamental en la dominación femenina no es el látigo, sino hacerle sentir a un hombre que está en tus manos, y que en tus manos le puede pasar cualquier cosa, y que eres tú la que controlas lo que está pasando y lo que puede pasar&#8230; y que te gusta que sea así.</p>
<p>Que te salga bien, Marta, que casi seguro que te saldrá. Y también seguro que los habituales comentaristas del blog te echaran aquí algunas recomendaciones que también podrán servirte de ayuda. </p>
<div class="small">[Dibujos de Astrid Termaat]</div>
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		<title>El regalo III</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/el-regalo-iii/</link>
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		<pubDate>Sat, 25 Oct 2008 04:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces damos por sentadas cosas porque nos parecen obvias, pero lo que resulta obvio para quien habla o escribe no tiene por qué serlo para quien nos escucha o nos lee. Tengo la impresión de que algo de eso ha ocurrido con la experiencia que conté en las dos primeras entradas con este mismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A veces damos por sentadas cosas porque nos parecen obvias, pero lo que resulta obvio para quien habla o escribe no tiene por qué serlo para quien nos escucha o nos lee. Tengo la impresión de que algo de eso ha ocurrido con la experiencia que conté en las dos primeras entradas con este mismo título. Claro que también tengo la impresión de que hay algunos por aquí que no andan sobrados ni de sentido común ni de sentido del humor a la hora de abordar la dominación femenina.<span id="more-479"></span></p>
<p>Así que comenzaré por contestar a una pregunta que pensé que no requeriría respuesta para quienes hayan seguido este blog: ¿pienso yo que una mujer puede dominar a su hombre hasta el punto de llegar a regalarle a otra mujer? Sólo pensarlo me parece una estupidez. Por descontado que nadie pertenece a nadie y que, por lo tanto, nadie puede ser moneda de cambio de nadie. Pura obviedad.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081025-kyle-t-webster-01.jpg" alt="" title="081025-kyle-t-webster-01" width="200" height="349" class="alignleft size-full wp-image-483" /></p>
<p>¿Entonces? Pues entonces nada, porque lo que conté fue, como decimos, una escena o sesión de dominación femenina. Cierto que una escena prolongada y fuerte (e insisto en lo que escribí: “de la que tampoco estoy especialmente orgullosa”), pero no deja de ser parte del juego de la dominación femenina. Pero también parte del juego es en ocasiones tratar de hacerlo lo más “real” posible. Y eso es lo que intenté: crear todas las dudas posibles en mi chico sobre la posibilidad de que estuviera siendo regalado a Ángela.</p>
<p>Vayamos pues con la pregunta sobre la otra parte contratante: ¿hubiera aceptado Miguel, o casi cualquier hombre sumiso, si el asunto hubiera ido en serio, ser regalado a otra mujer? Francamente, me cuesta imaginarlo. La <em>Historia de O</em> y la <em>Historia de R</em> no son más que construcciones literarias a partir de esa fantasía, que no es desde luego poco habitual entre los hombres sumisos. Pero las fantasías&#8230; fantasías son.</p>
<p>Ahora bien, la fantasía del varón sumiso y el teatro que hicimos Ángela y yo se sumaron, y su efecto conjunto hizo posible que alguna duda asaltara a Miguel, que no pudiera estar seguro al cien por cien de aquello no fuera en serio. Sé que él pensó que no lo iba, pero alguna duda, por pequeña que fuera, le quedaba, así que la escena resultó fuerte para él. Pero que fuera fuerte no significa que no la disfrutara. De hecho, la sufrió y la disfrutó. Y era lógico, porque la fantasía se acercaba a la realidad: la fantasía de la dominación más absoluta. También me resulta bastante lógico que terminara la experiencia llorando en mis brazos: la tensión que sufrió y disfrutó fue de importancia.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081025-kyle-t-webster-04.jpg" alt="" title="081025-kyle-t-webster-04" width="200" height="400" class="alignleft size-full wp-image-480" /></p>
<p>Supongamos por un momento, aunque no resulte sencillo, que la duda se hubiera despejado en el sentido de que efectivamente yo le había regalado a Ángela. Pues en ese caso creo que deberíamos suponer también que Miguel habría llegado a la conclusión de que yo había dado por terminada mi relación con él, y que lo había hecho de una forma tan poco habitual como elegante. ¿Qué habría hecho él en esa situación? Pues no creo que cueste imaginar sus dos opciones: o se habría quedado con Ángela o habría salido por la puerta para reconstruir su vida afectiva. Lo que me parece evidente es que, según se apagara la duda y se agotara el combustible de la fantasía –en pocos días–, Miguel no se habría visto obligado por mi decisión y, si le hubiera gustado lo que le estaba sucediendo, se habría quedado, y si le disgustara, pues se habría marchado. Cuesta creerse que ningún hombre, por muy sumiso que sea, se sintiera obligado a someterse de manera permanente a una mujer que no le gusta por acatar la orden de una que sí, pero que le ha dejado en la estacada. </p>
<p>Vamos, que los hombres pueden ser muy sumisos, pero eso no significa que sean estúpidos, ni tampoco unos peleles al servicio de cualquier desvarío que se nos pueda ocurrir a las mujeres dominantes. Por supuesto que podemos hacer con ellos bastantes cosas, y algunas en verdad fuertes, pero sí, todo tiene sus límites. Y los tienen ellos y los tenemos nosotras. Y para sobrepasar esos límites están los juegos, pero en la realidad hay límites que no pueden traspasarse si queremos mantener la relación y nuestro bienestar a salvo de psiquiatras.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081025-kyle-t-webster-03.jpg" alt="" title="081025-kyle-t-webster-03" width="300" height="218" class="alignleft size-full wp-image-481" /></p>
<p>Para mí, todo esto es de puro sentido común. Pero, como decía, algunos ha habido que han realizado ciertos comentarios en los que no brillaba ni el sentido común ni el del humor, algunos han dado la impresión de tomarse en serio la posibilidad de que alguien pueda disponer de otra persona hasta el punto de regalarla, como si de un objeto se tratara. Aunque, como también decía, también es posible que haya sido mi forma de describir la escena la que les haya provocado la confusión.</p>
<p>Espero que con esto queden aclaradas algunas dudas&#8230; y que se enfríen algunas mentes que parecen un poco calenturientas. Y aunque hay preguntas que no tengo mayor interés en contestar, sí hay un par de ellas en las que quiero ocuparme para terminar. Una, de lo más razonable, y en los términos en la que la realiza Adrián:  “a qué conclusión habría llegado Ana si Miguel se hubiera negado”. Pues imagino que mi conclusión habría sido que la lección la había recibido yo en lugar de él, y que nos habríamos vuelto a casa como si tal cosa. Tiendo a dramatizar lo menos posible y a utilizar la dominación femenina para hacer mi vida y la mi chico mejor, así que procuro no complicarla innecesariamente y disfrutar de las posibilidades que se nos ofrecen.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081025-kyle-t-webster-02.jpg" alt="" title="081025-kyle-t-webster-02" width="250" height="390" class="alignleft size-full wp-image-482" /></p>
<p>La otra pregunta es de Juanín: “Ana a mi me queda la duda de cuáles fueron tus sentimientos cuando entregabas a Miguel a Ángela , no te preguntaste en ningún momento si Miguel podría preferir después de probarla a Angela como ama , ¿o es que quizás no asumiste el riesgo de hacer esta practica de dominación con otra persona quizás mas atractiva para Miguel? No, Juanín, no me lo pregunté en ningún momento. Las mujeres realmente dominantes no solemos tener esas dudas tan típicamente masculinas, tan típicas de quienes piensan que un bonito cuerpo mujer puede transformar su vida radicalmente de la noche a la mañana. Son ya bastantes años los que llevo practicando la dominación femenina como para pensar que todo depende que se cruce o no ante mi hombre un cuerpo bonito. No, mi atractivo y mi comportamiento dominante me proporcionan seguridad en mí misma más que suficiente. Pero hay otra cosa, y es importante: llevo seis años de relación con mi chico, y creo que el amor y la convivencia han establecido entre nosotros lazos más que suficientes para que no piense que un juego de dominación femenina en el que participe una bella mujer pudiera acabar con todo lo construido. En fin, Juanín, que para mí no todo es dominación femenina ni todo es sexo, que a mí no me ocurre lo que a Woody Allen: “Mi cerebro es mi segundo órgano favorito”. Para mí, como para la mayoría de las mujeres, mi cerebro es mi primer órgano favorito&#8230; para el sexo y para todo.</p>
<div class="small">[Dibujos de <a href="http://dailyfigure.blogspot.com/">Kyle T. Webster</a>]</div>
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		<title>El regalo II</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2008 04:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Terminé ayer contando cómo mi chico se quedó en casa de Ángela como mi regalo de cumpleaños para ella. Por supuesto, todo era un montaje. Una practica la dominación femenina, pero ni se imagina que pueda regalar a su hombre a otra mujer. ¿Se lo imaginó Miguel? Pues, por lo que después hablamos, ni sí, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Terminé ayer contando cómo mi chico se quedó en casa de Ángela como mi regalo de cumpleaños para ella. Por supuesto, todo era un montaje. Una practica la dominación femenina, pero ni se imagina que pueda regalar a su hombre a otra mujer. ¿Se lo imaginó Miguel? Pues, por lo que después hablamos, ni sí, ni no; a ratos más y a ratos menos. Pero lo que es seguro, como escribía ayer, es que fue el peor momento que ha pasado en su relación conmigo.<span id="more-461"></span></p>
<p>Fue duro. Porque Ángela fue muy dura y exigente con él durante todo el fin de semana que pasó con ella. Habíamos quedado en que así se comportaría, en que así trataría de que hacerle ver a Miguel que había pasado a ser suyo, que era real lo que le estaba sucediendo –y él confirma que en efecto fue muy dura–. Creo que, además, Ángela disfrutó de aquel fin de semana&#8230; en el que había mandado fuera a Gonzalo. No tengo detalles de lo sucedido en su casa en esos días, porque tanto a ella como a mi chico les dejé claro que no quería conocerlos.</p>
<p>¿Cómo terminó la escena? Como habíamos hablado Ángela y yo: el domingo por la noche, Ángela le dijo a Miguel que tenía que ir a mi casa a recoger sus cosas para instalarse definitivamente con ella, y que lo tenía que hacer entonces, porque el lunes había que ir a trabajar y empezar la cotidianidad de la nueva vida.</p>
<p>Cuando mi chico llegó a casa, estaba demudado. Yo le abracé con fuerza y le aclaré que había sido una sesión de dominación. Miguel lloró durante un buen rato en mi regazo&#8230; hasta que pudo relajarse un poco. La tensión había sido de importancia.</p>
<p>Como es de suponer, hablamos bastante de la experiencia en los días siguientes. Mi chico insistía en que nunca terminó de creérselo del todo, aunque aceptaba que hubo momentos en los que tuvo sus dudas. Y yo le contestaba que llegó a la casa dispuesto a recoger sus cosas para trasladarse con Ángela. Él respondía que sí, pero que seguía esperando que aquello fuera una prueba temporal.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081016-steven-meisel-04.jpg" alt="" title="081016-steven-meisel-04" width="525" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-470" /></p>
<p>¿Hubiera sido temporal si la cosa hubiera sido en serio? ¿Hubiera sido temporal si Ángela hubiera continuado dominándole con la dureza y la exigencia con la que lo hizo aquel fin de semana? ¿Se hubiera resistido Miguel a ese dominio en poco tiempo?</p>
<p>No creo que resulte obligado responder a esas preguntas; basta con hacerlas. Tampoco pienso que el hecho de que no hubiera sido mucho el tiempo durante el cual se hubiera prolongado aquella situación –que imagino lo más probable– invalide la moraleja de la historia: la sumisión de mi chico se demostró bastante más fuerte de lo que él pensaba. Esa fue la lección que pretendí darle con aquella escena (de la que tampoco estoy especialmente orgullosa). Y él reconocé que había lección que aprender. </p>
<p>Ahora sabe que su sumisión ha crecido tanto en estos años conmigo que ya no se circunscribe a mí, que ya no se limita exclusivamente a la mujer que ama, que es sumiso por sí mismo, o sea, que sus defensas frente a las armas de una mujer dominante resultan ciertamente limitadas. Ahora sabe algo que desconocía: que pese a su temor, casi a su pánico, también sintió excitación durante aquel fin de semana: la excitación del sumiso que se ve sometido sin remedio por una mujer que no es quien él desearía que le dominara. Por supuesto que esa excitación tiene siempre el componente de la fantasía morbosa, que la realidad luego puede ser muy dura, pero esa excitación no es más que una de las formas en las que se manifiesta la fortaleza de su tendencia sumisa.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081016-steven-meisel-05.jpg" alt="" title="081016-steven-meisel-05" width="525" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-469" /></p>
<p>No he vuelto a escuchar a Miguel eso de que para él la dominación femenina está exclusivamente ceñida a su relación conmigo. Y aunque su relación con Ángela se fue normalizando con el paso del tiempo, lo cierto es yo continuo percibiendo las consecuencias de aquel fin de semana: un punto de sumisión hacia ella mayor que el que delata con otras mujeres. Es lógico, porque la mujer que domina deja una huella duradera en el hombre al que ha dominado, y mayor la huella si domina con fuerza.</p>
<p>El caso es que Miguel lo pasó fatal, pero terminó por aceptar que la lección le sirvió para conocerse mejor a sí mismo y, de paso, para reforzar su sumisión hacia mí. Y yo la escribo para que alguna duda les entre a los hombres sumisos que se muestran tan seguros como estaba mi chico de que ellos no se someterían a una mujer si no es la que aman o no es la que les ame. Y a lo mejor en su caso tienen razón, pero a lo mejor se llevaban una sorpresa como la que se llevó mi chico.</p>
<div class="small">[Fotografías de Steven Meisel para <em>Vogue Italia</em>]</div>
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		<title>El regalo I</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/el-regalo-i/</link>
		<comments>http://anaserantes.com/2008/el-regalo-i/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 16 Oct 2008 04:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Vuelvo a escribir sobre lo que dije hace unos días: “son muchos los hombres sumisos que no son conscientes de la auténtica fuerza de sus tendencias sumisas”. Y vuelvo a traer a colación, como en la entrada “Una pareja feliz”, un ejemplo relacionado con mi amiga Ángela y, ahora, con mi chico. En realidad, voy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelvo a escribir sobre lo que dije hace unos días: “son muchos los hombres sumisos que no son conscientes de la auténtica fuerza de sus tendencias sumisas”. Y vuelvo a traer a colación, como en la entrada “<a href="http://anaserantes.com/2008/una-pareja-feliz/">Una pareja feliz</a>”, un ejemplo relacionado con mi amiga Ángela y, ahora, con mi chico. En realidad, voy a contar lo que ha sido el peor momento que ha pasado Miguel en su relación conmigo y con la dominación femenina.<span id="more-459"></span></p>
<p>Decidí escribir sobre el asunto a raíz de leer dos cosas en el blog. La primera, este comentario de Juanillo: “yo no estaría con una mujer dominante que no me quisiera, para eso me pago una profesional”. La segunda la escribe Antonio García Rodríguez en el post “<a href="http://anaserantes.com/2008/no-me-atrevo/">No me atrevo</a>”: “También pienso que me encantaría ser dominado por ella en todos los terrenos, pero fuera de esta relación no creo que ni llegara a plantearme algo así, ya que es ella y solo ella la que despierta este punto en mi”.</p>
<p>Esa era exactamente la opinión de Miguel, y la repetía de vez en cuando. Sostenía que él se sometía a mí porque estaba enamorado de mí, que no sería el sumiso de una mujer a la que no amara y que, probablemente, no sería el sumiso de ninguna que no fuera yo. Siempre resulta halagador escuchar que una es especial o única para su hombre. Además, nunca dudé que Miguel estaba convencido de lo que decía, y convencido con más razón porque él jamás se tuvo por hombre sumiso hasta que se relacionó conmigo. </p>
<p>Sin embargo, yo no estaba tan convencida de la solidez de esa idea o sentimiento. Y así pasó lo que pasó. Fue un viernes del mes de julio del año pasado. Miguel sabía que íbamos a celebrar el 55 cumpleaños de Ángela esa noche. Pero no tenía ni idea de lo que yo le conté: que Ángela y Gonzalo se acababan de separar y que, por eso, yo quería hacerle un gran regalo que la aliviara de semejante tristeza. Cuando llegamos a casa de Ángela, Miguel se sorprendió de que estuviéramos sólo los tres. Pero se quedó literalmente atónito cuando allí mismo, y con ella delante, le expliqué que el regalo era él.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081016-steven-meisel-02.jpg" alt="" title="081016-steven-meisel-02" width="525" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-465" /></p>
<p>Por supuesto que no sólo se quedó atónito, sino que pensó que era una broma. Tuve que explicarle con la mayor seriedad que no era una broma, que lo que me había decidido a hacerlo era el pensar que para Ángela sería mucho más difícil que para mí encontrar un nuevo hombre sumiso –cuestión de años, de físico y de experiencia–, y que, aunque me apenaba profundamente desprenderme de él, había que hacer sacrificios por las amigas cuando éstas lo están pasando tan mal. Interrumpí sus protestas diciéndole que era una decisión que ya había tomado, que ya se la había comunicado a Ángela y que, en realidad, yo había ido hasta allí tan sólo para entregarle a él. Le miré a los ojos y le dije que, obviamente, él podía negarse a aceptar mi decisión, que era libre para hacerlo, pero que si no la aceptaba significaría que él decidía no someterse mí –y no era necesario decir más, puesto que quienes me conocen bien ya saben que hace tiempo que dejé de imaginarme tener una relación con un hombre que no se sometiera a mi dominio–.</p>
<p>Miguel comenzó a ponerse realmente nervioso, aunque no dejaba de pensar que aquella escenificación de la historia de O, o de R más exactamente, no podía ser más que una escena teatral&#8230; a la que no le encontraba la gracia. Pero su temor no hacía más que aumentar al comprobar la seriedad con la que yo le hablaba y el hecho de que Ángela aceptara el regalo como si efectivamente estuviera ya convenido.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081016-steven-meisel-01.jpg" alt="" title="081016-steven-meisel-01" width="525" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-466" /></p>
<p>Su cara cambió un poco en el momento en el que creyó encontrar la explicación o la salida, y preguntó que durante cuánto tiempo tendría que quedarse con Ángela. Le expliqué que eso ya no dependía de mí, sino de ella, que sería durante el tiempo que ella quisiera y que imaginaba que le querría para mucho tiempo, por no decir para siempre.</p>
<p>No podía creérselo. Así que tuve que apretarle las tuercas. Le dije que estaba comenzando a decepcionarme, que tenía que tomar una decisión: la de aceptar o no el poder que yo tenía para entregarle a Ángela, que le daba quince minutos para decidir si acataba o no mi decisión. Intentó mantener el diálogo conmigo, pero yo me mostré inflexible, le mandé a otra habitación y le dije que esperaba que saliera con la decisión tomada.</p>
<p>No hace falta decir que aquellos quince minutos se le debieron hacer un mundo. La mujer que a la que amaba y a la que estaba sometido le estaba diciendo que le abandonaba y que le entregaba a otra mujer, además, 25 años mayor que él y que no le atraía ni física ni intelectualmente. En suma, que de una u otra forma la relación entre él y yo había terminado. Un drama, pero un drama difícil de creer.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/081016-steven-meisel-03.jpg" alt="" title="081016-steven-meisel-03" width="525" height="356" class="aligncenter size-full wp-image-463" /></p>
<p>Cuando le llamamos, salió de la habitación insistiendo, aunque con menor convicción, en que aquello no podía ser cierto. La tensión se mascaba. Y tuve echar mano de la mayor gravedad para convencerle de que aquello estaba pasando. Después de otro buen rato de forcejeo dialéctico, en el que Miguel seguía buscando algo que no encontró, algo que revelara que la cosa era una farsa, terminó por aceptar lo que yo le ordenaba que hiciera: y demudado, se arrodilló frente a Ángela, le besó los pies y le prometió que intentaría servirla y complacerla lo mejor que fuera capaz.</p>
<p>Yo le dije que esperaba que así lo hiciera, que no me dejara en mal lugar y se portara como un sumiso bien entrenado. Le dí un gran beso, le dejé claro cuánto le echaría de menos, y me fui. Y allí se quedó Miguel con Ángela.</p>
<p>Y aquí me quedo yo, que ya he escrito bastante y estoy que me caigo de sueño. A ver si mañana tengo tiempo para terminarlo.</p>
<div class="small">[Fotografías de Steven Meisel para <em>Vogue Italia</em>]</div>
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		<title>La mujer fatal es fumadora</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2008 04:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy voy a escribir sobre la salud y la dominación femenina. Por supuesto que no se puede establecer una relación directa entre ambas cosas, pero si la mujer dominante se preocupa de la salud de su hombre&#8230; entonces la dominación sí puede convertirse en una ayuda. No obstante, sólo escribo de una pequeña experiencia personal, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy voy a escribir sobre la salud y la dominación femenina. Por supuesto que no se puede establecer una relación directa entre ambas cosas, pero si la mujer dominante se preocupa de la salud de su hombre&#8230; entonces la dominación sí puede convertirse en una ayuda. No obstante, sólo escribo de una pequeña experiencia personal, y sólo porque mi chico lleva seis meses sin fumar. Ya sé que la cuestión no parece nada del otro jueves, pero para mí ha tenido su aquel.<span id="more-326"></span></p>
<p>Miguel había perdido el hábito de hacer ejercicio cuando le conocí: una carrera universitaria exigente y la dosis normal de pereza. Un hábito que yo nunca he perdido (como ya he contado en alguna ocasión, sigo nadando tres o cuatro veces a la semana), así que, cuando nuestra relación se convirtió en una realidad, me encargué de ponerle en marcha de nuevo.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080702-rita-hayward-fumando.jpg" alt="080702-rita-hayward-fumando" title="080702-rita-hayward-fumando" width="200" height="249" class="alignleft size-full wp-image-331" /></p>
<p>Hasta este año, esa había sido la única acción que podría esgrimir para relacionar siquiera levemente la salud y la dominación femenina. Pero ahora tengo otra: mi chico y yo somos fumadores, y como la mayoría de los fumadores, cuando llega el nuevo año&#8230; propósito de enmienda. Pero este año tomé la decisión de que él iba a dejar de fumar, y esperé a la noche de fin de año para comunicársela. Mientras celebrábamos, le dije: “Disfruta de los cigarrillos de esta noche&#8230; porque son los últimos que te vas a fumar”. En el fragor de la fiesta, no terminó de estar seguro de si el asunto iba o no en serio. Con la mañana de Año Nuevo le llegó la confirmación. “Y tú también vas a dejar de fumar”, me preguntó. Le contesté que era sólo él quien iba a dejar de fumar.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080702-lauren-bacall-fumando.jpg" alt="080702-lauren-bacall-fumando" title="080702-lauren-bacall-fumando" width="200" height="250" class="alignleft size-full wp-image-332" /></p>
<p>¿Tiene el asunto relación con la dominación femenina? Sí, porque de ese modo se lo plantee, y la dominación le ha ayudado a sobrellevar la abstinencia. Por lo tanto, cuando las ganas le aprietan, piensa en términos de sumisión, en que no le queda más remedio que acatar mi decisión. Así me lo ha dicho en estos meses, que el verse obligado por mí le ayuda a pasar los momentos en los que más desea fumar, que de algún modo le excita saberse sometido también en esta cuestión.</p>
<p>El tabaco se ha convertido entre nosotros en una nueva forma de explicitar su sumisión y mi dominación. De vez en cuando, pero especialmente después de cada comida con él, en casa o fuera, yo me fumo mi cigarrito: siempre de forma provocadora, siempre recordándole que el placer que yo disfruto en ese momento le está prohibido a él. Además, me divierte adoptar las poses de esa mujer fatal y, casi siempre, fumadora que sólo he visto en el cine en blanco y negro. En alguna ocasión, incluso me acerco a él y exhalo el humo sobre su rostro; en otras, le hago ponerse a mis pies y observarme mientras fumo. Y él se muere de ganas&#8230; de fumar y de más cosas. Y son esas otras cosas, sus deseos de sumisión, las que le han hecho más llevaderos estos seis meses sin fumar.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080702-marilyn-monroe-fumando.jpg" alt="080702-marilyn-monroe-fumando" title="080702-marilyn-monroe-fumando" width="200" height="251" class="alignleft size-full wp-image-329" /></p>
<p>Aunque fume provocativamente cuando estoy con él, fumo mucho menos, porque tampoco es cuestión de estar todo el día provocándole, y de resultas fumo menos también cuando no estoy con él. En consecuencia, también a mí me ha servido el juego para disminuir mi dosis tabaco: ya no consumo ni la mitad del paquete diario que me fumaba hasta hace poco.</p>
<p>¿Se puede relacionar la salud con la dominación femenina? Pues si una se lo monta bien, se puede, y además resulta hasta divertido. Claro que quizá el día que deje de fumar, mi chico perderá el icono que ha ganado en estos meses: la mujer fumadora y dominante. </p>
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		<title>¡Benditos fetiches!</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jun 2008 04:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Sé que hay algunas mujeres dominantes que piensan que en una relación de dominación femenina está de más complacer el fetichismo masculino, que no tenemos por qué conceder caprichos al hombre que se nos entrega, que se trata de que sea él quien se esfuerce por procurárnoslos a nosotras. Puede que tengan razón, o al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sé que hay algunas mujeres dominantes que piensan que en una relación de dominación femenina está de más complacer el fetichismo masculino, que no tenemos por qué conceder caprichos al hombre que se nos entrega, que se trata de que sea él quien se esfuerce por procurárnoslos a nosotras. Puede que tengan razón, o al menos sus razones. Sin embargo, para mí&#8230; ¡benditos fetiches!<span id="more-305"></span></p>
<p>En primer lugar, porque mi chico no es tan sólo mi sumiso, sino también el hombre del que estoy enamorada y, claro, tengo muy presente lo que le gusta y me encanta hacerle regalos a mi hombre de vez en cuando. Y sus fetiches me permiten obsequiarle con momentos de los que disfruta.</p>
<p>Pero hay más: esos momentos de disfrute para él son también momentos en los que, sin apenas esfuerzo, enciendo su deseo de mí; y me encanta sentirme deseada. Esos momentos de disfrute para él son también momentos en los que, sin apenas esfuerzo, se explicita el poder que tengo sobre él; y me encanta sentirme poderosa. Esos momentos de disfrute para él son también momentos en los que, sin apenas esfuerzo, puedo regalarle una pequeña sesión de dominación que incrementa su sumisión hacia mí; y me encanta sentir cómo se derrite frente a mí. En fin, que los fetiches me permiten a mí disfrutar de buenos momentos y regalárselos a él. ¡Benditos fetiches!</p>
<p>Mi chico es muy especial para mí (suele ocurrir). No obstante, sus fetiches no son muy especiales, no son muy diferentes a los de la mayoría de los hombres. En el caso de Miguel destaca sobre otros la atracción que siente por las piernas de las mujeres. Mi chico mira a las mujeres de abajo a arriba. Y si por abajo se encuentra una minifalda de la que broten unas bonitas piernas de mujer, especialmente si están enfundadas en unas medias, y más si las medias son negras, pues le cuesta levantar la vista.</p>
<p>Siempre me ha dicho que pocas piernas de mujer hay que le vuelvan tan loco como las mías. Y a mí me gusta creerle. Y a él, mis fuertes piernas de nadadora. Claro que no son las mías las únicas que le gustan: por eso tiene su buen montón de fotografías que revelan su gran fetiche. Y entre ellas elijo unas cuantas para regalárselas a quienes compartan la pasión de mi chico. Selecciono, claro está, algunas de las que a mí me gustan, las que me parecen mejores fotografías, y que son, como es de suponer, de las menos “explícitas” y menos abundantes  en su colección.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-1-michael-boerm.jpg" alt="080623-piernas-1-michael-boerm" title="080623-piernas-1-michael-boerm" width="425" height="277" class="aligncenter size-full wp-image-312" /></p>
<p>En ocasiones, me limito a regalarle y a excitarle simplemente poniéndome unas medias, una minifalda y unos zapatos o botas de tacón para cenar en casa. Sé que me perseguirá con la mirada a cada momento que tenga oportunidad. Sé que el fetiche le convierte en prisionero de mis encantos.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-2-alain-deljarrie.jpg" alt="080623-piernas-2-alain-deljarrie" title="080623-piernas-2-alain-deljarrie" width="425" height="241" class="aligncenter size-full wp-image-311" /></p>
<p>Otras veces, le hago venir a mi habitación y le dejo observarme en parte del proceso de vestirme o desvestirme, en la parte en la que más a la vista queda el objeto de su deseo. Suelen ser momentos tan breves que no llegan al minuto, pero los agradece y, faltaría más, siempre da las gracias por ellos.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-3-pitt-blind.jpg" alt="080623-piernas-3-pitt-blind" title="080623-piernas-3-pitt-blind" width="425" height="322" class="aligncenter size-full wp-image-310" /></p>
<p>Hay otros momentos en los que me siento más generosa y, además de verme, le concedo el premio de arrodillarse a mis pies y besar mis zapatos. Apenas un instante. Cuando mi generosidad aumenta, alargo un poco el momento y le permito acariciar brevemente mis piernas.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-4-michael-avran.jpg" alt="080623-piernas-4-michael-avran" title="080623-piernas-4-michael-avran" width="425" height="327" class="aligncenter size-full wp-image-309" /></p>
<p>Y luego están esas ocasiones en las que le proporciono un auténtico festín: masajear y acariciar las piernas que anhela durante una “eternidad”, por ejemplo, durante la hora y media o dos horas que dura la película que yo esté viendo en la televisión (descontando, por supuesto, el tiempo que le haya llevado recoger los restos de la comida y dejar la cocina como los chorros del oro). No parece que le importe mucho perderse la película.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-5-roberto-castiglione.jpg" alt="080623-piernas-5-roberto-castiglione" title="080623-piernas-5-roberto-castiglione" width="425" height="319" class="aligncenter size-full wp-image-308" /></p>
<p>De todas formas, la mayoría de las veces el regalo se limita a lo que contaba en primer lugar: una buena vista de las piernas de su dueña y el recordatorio de que muy contenta me tiene que tener para que le conceda el premio o el privilegio de disfrutar de algo más que ese breve vistazo.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-7-marty-provost.jpg" alt="080623-piernas-7-marty-provost" title="080623-piernas-7-marty-provost" width="425" height="315" class="aligncenter size-full wp-image-307" /></p>
<p>¿En base a qué concepción de la dominación femenina tendría yo que privarle a él y privarme a mí de estos pequeños y, por lo que a su servicio respecta, productivos placeres que tan poco esfuerzo y tiempo me llevan?</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080623-piernas-6-ronald-puhle.jpg" alt="080623-piernas-6-ronald-puhle" title="080623-piernas-6-ronald-puhle" width="425" height="283" class="aligncenter size-full wp-image-306" /></p>
<p>Sí, es cierto que son pequeñas cosas, pero la vida y las relaciones de pareja se alimentan también de las pequeñas cosas. Y si los fetiches masculinos nos permiten a las mujeres dominantes alimentar siquiera un poco nuestras relaciones de pareja y a nuestros hombres, pues&#8230; ¡benditos fetiches!</p>
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		<title>La amante compañera</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jun 2008 05:01:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[El sábado celebramos el cumpleaños de mi chico. Y aunque me lo estoy empezando a pensar, para evitar que el asunto resulte previsible, le hice el mismo regalo por tercer año consecutivo. ¿Qué regalo? El que creo que más aprecia: un día entero, y bien intenso, en el que dejo en suspenso la relación de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sábado celebramos el cumpleaños de mi chico. Y aunque me lo estoy empezando a pensar, para evitar que el asunto resulte previsible, le hice el mismo regalo por tercer año consecutivo. ¿Qué regalo? El que creo que más aprecia: un día entero, y bien intenso, en el que dejo en suspenso la relación de dominación femenina, un día en el que me olvido de que hemos convenido en que nuestra vida en común está basada en la satisfacción de mis deseos y me dedico por completo a complacer los suyos. En fin, que el sábado dejé de ser su dominante para convertirme en la amante compañera que se pone a su servicio.<span id="more-270"></span></p>
<p>En efecto, fue un día intenso. Desde el primer momento. Habíamos dormido cada uno en su cuarto, porque así lo quise para que estuviera expectante en su celebración de aniversario. Me desperté la primera, me compuse y me vestí como en sus mejores fantasías. Toda de negro: la gargantilla, el corpiño de cuero, los panties que dejan mi sexo al descubierto, la minifalda de gasa, y unas botas altas con su buen tacón y con casi tanto correaje como el corpiño. Mas sexy no puedo ponerme. Y de esa guisa me fui a levantar a mi chico y a felicitarle por sus 33 años.</p>
<p>Le felicité, pero ni un beso le di. Estaba de pie frente a su cama. Le dejé deleitarse durante alrededor de un minuto con la vista y&#8230; con su ansiedad. Y entonces le pregunté si le parecía que debía tolerar que no tuviera preparado mi desayuno. Tras su contestación, le dije que, después de pasar por baño, lo preparara bien rápido y que esperara en su sito de castigo (ya reclinado, como siempre) a que yo llegara. Y llegué&#8230; con la paleta y le puse el culo como un tomate. Una vez disciplinado, le enjaulé el pene con el <em>The Curve</em> y&#8230; a mi cuarto, donde le permití llevarme al orgasmo con esa lengua que maneja como un artista.</p>
<p>Así comenzó un día que fue un no parar: se pasó la jornada desnudo y con un trozo de gruesa cadena colgando del <em>The Curve</em>, y yo vestida en todo momento, aunque vestida de aquella manera (manera que cambié un par de veces); volvió a ser azotado y volvió a darme placer; fue atado y desatado; hizo la comida y me la sirvió, y comió las sobras de mi plato a mis pies, y lo mismo con la cena; durmió la siesta atado, a los pies de mi cama, y pies y botas besó unas cuantas veces; fue humillado verbalmente durante todo el día, etc. Pero sobre todo, fue excitado sin descanso y “sin piedad” a lo largo del día, una y otra vez su cara traslucía el dolor que le provocaba su pene al intentar en vano superar las dimensiones de la jaula que lo aprisionaba.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080603-feliz-cumpleanos.jpg" alt="080603-feliz-cumpleanos" title="080603-feliz-cumpleanos" width="300" height="304" class="alignleft size-full wp-image-271" /></p>
<p>Al finalizar el día, yo estaba casi tan agotada como él, y lo que me apetecía era terminar como el año pasado: con un polvo a la tradicional manera, con sus dos orgasmos incluidos. Además, teniendo en cuenta que llevaba tres semanas sin eyacular (una que es previsora), ¿qué mejor regalo para concluir la celebración que dejarle llegar dentro de mí? Pero me dije: “No seas egoísta; piensa en él”. Así que me sobrepuse al cansancio, abrí el cajón del armario, saqué el arnés-consolador, me lo coloqué y le follé por detrás, que no hay nada que le humille tanto.</p>
<p>Estaba exhausto, pero&#8230; seguí pensando en él: decidí que mejor prolongar el día durante la noche, y le mandé a dormir a su cuarto sin quitarle la jaula: se despertaría tres o cuatro veces, con cada erección nocturna, por el dolor de su pene aprisionado, y tendría que levantarse a orinar para disminuir la erección y, claro, el dolor. Es decir, que seguiría disfrutando del tormento a lo largo de la noche. Y para despedirle, tiré de mi expresión y de mi tono más autoritarios, y le dije:</p>
<p>—Espero que mañana al despertarme tenga el desayuno listo y el periódico en la mesa. A ver si con 33 años aprendes de una maldita vez a servirme como es debido&#8230; no vaya a ser que tenga que empezar a pensar en buscarme otro esclavo que lo haga mejor que tú.</p>
<p>Y, mientras caía muerta en la cama, me dije a mi misma: “Esto de ser la amante compañera que se pone a su servicio resulta agotador; mañana, dominación femenina”.</p>
<p class="akst_link"><a href="http://anaserantes.com/?p=270&amp;akst_action=share-this"  title="Comparte esta publicaci&oacute;n en technorati, meneame, etc." id="akst_link_270" class="akst_share_link" rel="noindex nofollow">Comp&aacute;rtelo</a>
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		<title>En la cama con Ian</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Apr 2008 05:01:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Como le había anunciado (“Cena con Ian”), llamé a Ian el sábado por la mañana, y quedé con él en un sitio de tapas del barrio que me gusta mucho. La noche anterior no había sido en balde, no parecía estar interesado en otra cosa que no fuera la dominación femenina: estaba listo para que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como le había anunciado (“<a href="http://anaserantes.com/2008/cena-con-ian/">Cena con Ian</a>”), llamé a Ian el sábado por la mañana, y quedé con él en un sitio de tapas del barrio que me gusta mucho. La noche anterior no había sido en balde, no parecía estar interesado en otra cosa que no fuera la dominación femenina: estaba listo para que hiciera con él casi cualquier cosa (me juró por sus muertos y por sus vivos que, como le exigí, no se había masturbado). Y yo estaba lista para llevármelo a la cama.<span id="more-166"></span></p>
<p>Y en la cama estuvimos la mayor parte del tiempo que transcurrió desde la sobremesa del sábado hasta la mañana del domingo. Dispuso de sus oportunidades para practicar la adoración corporal conmigo. Fueron varias las ocasiones que tuvo de llevarme al orgasmo con su lengua y&#8230; las explicaciones que tuve que darle para que lo hiciera a mi gusto. Fueron más las veces en las que yo le llevé al borde de la eyaculación, pero no llegó a tener ninguna (ni ningún orgasmo, porque el muchacho, al contrario que mi chico, desconoce que sea el “orgasmo seco”). Pensé en azotarle un poco, pero no lo hice. Algún rato permaneció atado, mientras yo me ocupaba de otros quehaceres. Pensé en utilizar el arnés-consolador, pero no lo hice. Cenó un trozo de pan, a mis pies, mientras yo comía. Hizo lo que pudo con mis pies –que no fue mucho, porque no destaca por su habilidad para el masaje–, mientras yo veía una película en la televisión. Pensé en más cosas que decidí no hacer, porque tampoco quería pasarme. Y le dejé dormir conmigo. Y al despertarme, el domingo por la mañana, volví a excitar su deseo: le dejé frotarse contra mi cuerpo y&#8230; le ordené que se separara de él antes de llegar. En resumidas cuentas, le volví loco de deseo.</p>
<p>Y cuando nos levantamos, le dije que la sesión se había terminado, que se masturbara en el baño, se duchara y se vistiera. Desayunamos algo y hablamos un rato. Estaba alucinado, le costaba dar crédito tanto a lo que yo había hecho con él como, sobre todo, a que él no sólo lo hubiera aceptado, sino que lo hubiera aceptado encantado. Le llamaba la atención que pudiera haber encontrado niveles tan altos de intensidad sexual en acciones para él tan nimias como los momentos en los que le había permitido besarme los pies o acariciarme las piernas mientras estaba cenando&#8230; y sólo de la rodilla para abajo. </p>
<p>Pese a todo, sus ideas preconcebidas se imponían todavía a sus vivencias en algunos momentos: le parecía excesivo que le hubiera tenido tanto tiempo con ese nivel de excitación sin dejarle eyacular. Me limité a preguntarle: “¿Estás seguro, ahora, de que prefieres haber eyaculado que haber seguido sin poder hacerlo?”. Se lo pensó antes de contestar: “Creo que tienes razón, que preferiría seguir como estaba, pero no sé si hubiera podido resistirlo”. “Hubieras podido, estate seguro”, le conteste, “pero he sido yo la que no ha querido que te fueras tan excitado, he preferido que te despidas más relajado”.</p>
<p>Ian quiere volverme a verme, y quiere más cosas&#8230; pero yo me despedí de él diciéndole que no cuente con ello, que ni yo le quiero ni él, pese a lo que cree en este momento, está enamorado de mí.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080415-helmut-newton-beso.jpg" alt="080415-helmut-newton-beso" title="080415-helmut-newton-beso" width="275" height="366" class="alignleft size-full wp-image-167" /></p>
<p>Quizá haya quien piense que la escena que he montado ha sido para darle una lección a Ian. Pero sólo tendrá razón si el sentido de la frase es literal: no he pretendido hacerle pagar nada (además, he sido yo la responsable de todo lo ocurrido), sino enseñarle algo que desconocía. Creo haberle mostrado un mundo que puede abrirle nuevas perspectivas y proporcionarle tanto placer como realización personal. Pero sé que también cabe la posibilidad de que haya abierto la caja de los truenos, de que le haya enseñado un camino al que le cueste encontrarle la salida. Y lo digo por la dificultad que todavía hoy tienen muchos hombres para que ese camino les conduzca a establecer relaciones de pareja satisfactorias con mujeres a las que someterse. No es la primera vez que me asalta esa duda, y no es la primera vez que una situación así me digo que somos adultos, que no puedo tratar a un hombre de más treinta años como si fuera un niño y que en la vida nada que merezca la pena es fácil. Le deseo suerte a Ian.</p>
<p>En cuanto Ian salió por la puerta, tuve que pensar en mi chico, que había pasado fuera la tarde-noche del sábado, que cuando llegó se acostó haciendo el menor ruido posible y que se había levantado y se había ido a hacer deporte por la mañana (vamos, que había hecho lo que yo le mandé que hiciera). Son algunas dominantes las que aprovechan estas situaciones para “humillar” a su sumiso y, por lo tanto, profundizar en su sumisión&#8230; y sumisos hay que lo agradecen. Sé que funciona. Pero también estoy segura de que no es eso lo que a mí me pide el cuerpo.</p>
<p>Y yo hice lo que me pedía el cuerpo: cuando Miguel volvió a casa después de comer, le metí en la cama y, sabiendo la importancia que los hombres conceden al asunto, le conté que Ian no me había penetrado en ningún momento, y le dije que quería que lo hiciera él (que no lo hace todos los días, ni mucho menos). Yo estaba agotada, y muy poco apetente, así que ni indicios de llegar al orgasmo, pero me sentí de maravilla al recibir el suyo y, a la vez, por el regalo que le hacía. Me abracé a él, le dije lo mucho que le amaba y me dormí en sus brazos.</p>
<p>Ahí terminó la escena. Pero mi chico, que lo ha pasado complicado este fin de semana, es un cielo y&#8230; un hombre de una pieza: al despertarme, me cuenta que él no se ha dormido, que sabe lo necesitada que estoy en este momento de abrazos y caricias. Y le hago caso: sé que el sabe que, además de disfrutarla, la escena me ha dejado exhausta, que la tensión me atenaza, y que ahora necesito sus mimos. Y sé que se va a preocupar de que los tenga.</p>
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		<title>Cena con Ian</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2008 05:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestro contertulio J introdujo un comentario en la primera entrada que escribí sobre Ian, “Me pasé de lista”, y después en su blog repite la idea y me incluye entre las “Juguetonas”. Acierta. No lo era mucho hace años. Pero he acabado siéndolo. Y es que la dominación femenina fue para mí también un juego [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestro contertulio J introdujo un <a href="http://anaserantes.com/2008/me-pase-de-lista/#comment-202">comentario</a> en la primera entrada que escribí sobre Ian, “<a href="http://anaserantes.com/2008/me-pase-de-lista/">Me pasé de lista</a>”, y después en su blog repite la idea y me incluye entre las “<a href="http://sexodos.blogspot.com/2008/04/juguetonas.html">Juguetonas</a>”. Acierta. No lo era mucho hace años. Pero he acabado siéndolo. Y es que la dominación femenina fue para mí también un juego desde el principio, del que disfruto, tanto como en la relación sexual, en algunas de las oportunidades que tengo a mi alcance para montar escenas que pueden tener un componente tan teatral como la que preparé el viernes por la noche tras “<a href="http://anaserantes.com/2008/el-regreso-de-ian/">El regreso de Ian</a>”.<span id="more-164"></span></p>
<p>Sorpresa y consternación es lo que se produjo cuando comenzó la escena: Ian llegó a casa a eso de las nueve, como habíamos quedado, esperando una cena a solas conmigo que imaginaba preludio amoroso. Sin embargo, se quedó atónito cuando se encontró allí con mi chico y constató que allí iba a continuar. Miguel había preparado una cena para dos, y para nota, y se había vestido para la ocasión, como yo le había pedido; esperaba también una cena a solas conmigo –nada le había dicho que lo desmintiera–, y se las prometía felices al ver cómo me había vestido yo (traje de chaqueta de falda corta, medias negras y mis buenos tacones en los zapatos). Se le demudó la cara cuando apareció Ian y se dio cuenta de que no estaba invitado a la cena, que tenía otros papeles adjudicados: el de cocinero, el de camarero y el de freganchín.</p>
<p>Estaban los dos más que tensos, y no sabían qué decir. Me tocaba a mí: les cerré el paso comportándome como si fuera la cosa más natural del mundo y, muy desenvuelta, expliqué que, como es lógico en esta casa, mi hombre prepara y sirve la cena a la que yo he invitado a quien me ha venido en gana&#8230; y lo acepta sin la más mínima protesta. Y a Ian no le quedaba más que asumirlo y quedarse a cenar, o coger la puerta y dejarse dentro todas sus esperanzas de llegar a algo más conmigo.</p>
<p>No es que se disipara la tensión, pero comenzó la velada: Miguel nos sirvió dos copas de jerez con un par de canapés en el salón. Después nos fue sirviendo la cena –el vino, los dos platos y el postre– y, cuando terminamos, volvió a servirnos en el salón: esta vez, un par de copas&#8230; y él se puso a hacer lo que le tocaba: recogerlo todo y dejar la cocina como si nadie hubiera pasado por allí.</p>
<p>Si digo que la conversación entre Ian y yo transcurrió fluida, no se lo creería nadie. No lo fue: el pobre no sabía a veces ni qué decir ni a dónde mirar. Pero se comprenderá que diga que yo disfruté de la escena –y de la cena–: acechaba los gestos de uno y otro, trataba de adivinar sus pensamientos y me dedicaba a ir despejando la incógnita de qué hacer con Ian.</p>
<p>Antes de terminar la cena ya había decidido, aunque sin concretarlo del todo, qué hacer con mi invitado. Por supuesto, no se lo dije ni a él ni a mi chico. Me limité a ordenarle a Miguel –porque esta vez fue claramente una orden– que nos sirviera la segunda copa y que se fuera a su cuarto. No quería que viera nada; aunque sabía que pasaría su buen rato cavilando y pendiente de lo que pudiera escuchar desde su habitación.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080414-helmut-newton.jpg" alt="080414-helmut-newton" title="080414-helmut-newton" width="275" height="321" class="alignleft size-full wp-image-165" /></p>
<p>Miguel desapareció. Y la charla entre Ian y yo se fue haciendo haciendo más explícita. Era hora de borrar la expresión de total incredulidad que se le dibujaba en el rostro: le dije que su sorpresa no era más que una muestra de su desconocimiento de lo que podía llegar a ser una relación de dominación femenina. Y se la resumí: “En esta casa se hace siempre lo que yo quiero, y se hace como yo quiero”. Asentía&#8230; y poco más. Parecía que no terminaba de situarse, así que, con mi mejor y más insinuante sonrisa, tuve que situarle yo: “Si quieres pasar la noche aquí, ya conoces la regla de la casa”. Y me dijo que sí, que quería, y que en efecto estaba dispuesto a hacer lo que yo quisiera. Y me lo dijo como si me contara algo que yo no supiera, como si no fuera mi prisionero, como si no hubiera sido yo la que se había encargado de alimentar el deseo que le tenía cautivo.</p>
<p>Con toda la ingenuidad que me posible fingir, le pregunté si quería otra copa o si prefería que nos fuéramos ya a mi habitación. Imagino que la respuesta sobra. Pero yo había tomado una decisión&#8230; y le volvió a coger de sorpresa: “Me apetece otra copa”. Nada como la espera, nada como la postergación del placer cuando el deseo aprieta.</p>
<p>Seguimos hablando un rato: sobre mí, sobre mi relación de pareja, sobre la dominación femenina y, al final, sobre lo mucho que le gustaría estar en el lugar de mi chico. Y cuando me terminé la copa, me levanté y le dejé en el salón. Le hice esperar un rato: fui al baño, me desnudé, me quité las pinturas de guerra de la cara y me lavé los dientes. Cuando volví al salón, llevaba puesto el albornoz y en el brazo&#8230; su abrigo. Le dije que estaba cansada y que la noche había terminado. Me pareció que su cara comenzaba a desfigurarse. Me acerqué a ella y besé sus labios: primero, suavemente; después, apasionadamente. Le llevé hasta la puerta de entrada, y le dije que mañana le llamaría. Y que le vería&#8230; pero sólo si guardaba para mí todo lo que ahora quería descargar (le aseguré, como si fuera posible, que me daría cuenta de si se había masturbado). Y le puse en la calle.</p>
<p>No era el de Ian, sobra decirlo, el único deseo que había alimentado: el mío estaba bien crecido. Golpeé la puerta de la habitación de Miguel y dije: “Te espero en mi cuarto”.</p>
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		<title>El regreso de Ian</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Apr 2008 05:01:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[DIARIO DE UNA DOMINANTE]]></category>
		<category><![CDATA[Escenas]]></category>

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		<description><![CDATA[El jueves de la semana pasada, conté mi pequeña historia con Ian, con quien “Me pasé de lista”, o eso creí en su momento&#8230; hasta que volvió a llamar. El caso es que Ian regresó a Madrid el jueves por la tarde. Pero la espera siempre ayuda: le dije que nos veríamos en la oficina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El jueves de la semana pasada, conté mi pequeña historia con Ian, con quien “<a href="http://anaserantes.com/2008/me-pase-de-lista/">Me pasé de lista</a>”, o eso creí en su momento&#8230; hasta que volvió a llamar. El caso es que Ian regresó a Madrid el jueves por la tarde. Pero la espera siempre ayuda: le dije que nos veríamos en la oficina el viernes por la mañana. Y como no teníamos apenas trabajo que hacer, pues hemos gastado casi toda la mañana y la comida de “negocios” posterior hablando sobre todo de otro asunto: de dominación femenina.<span id="more-154"></span></p>
<p>El trabajo ha sido la excusa de Ian para volver a verme, y se la preparó para el viernes porque eso le permitía llegar el jueves y estar aquí hasta el domingo. El motivo, según me ha dicho a poco que comenzó la conversación, es que había quedado impresionado con mi pequeña travesura con las esposas y&#8230; enamorado de la traviesa. Insiste en que en estos tres meses no ha dejado de pensar en mí y en su deseo de que aquel juego fuera sólo un comienzo. He tratado de desengañarle con prontitud, de dejarle claro que, sintiéndolo mucho, yo no estoy por la labor.</p>
<p>Me cuenta que no era aficionado a ninguna práctica especial del BDSM –aunque algo había hecho–, que nunca había fantaseado con someterse de verdad a una mujer –aunque de mentira&#8230; quizás–. Pero dice que aquella tarde que pasó esposado en mi despacho le ha trastornado –e insiste en que enamorado–, y que ya se imagina azotado por mí. “El vicio inglés”; porque así se denominó también a la flagelación durante siglos en Europa (y así se titula un viejo libro de un historiador que, aunque español de adopción, comparte nacionalidad y nombre con el muchacho: Ian Gibson) . Y yo, sin entrar en muchos detalles ni profundidades, algo le he contado de mi relación con la dominación femenina.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080412-helmut-newton-1.jpg" alt="080412-helmut-newton-1" title="080412-helmut-newton-1" width="225" height="324" class="alignleft size-full wp-image-156" /></p>
<p>La conversación ha sido larga, así que en muchos momentos derivó por otros derroteros, entre los que la vida de Ian ha sido quizá el más recurrente. Entre las horas de charla, la comida y el vino, al final, el chico me ha terminado por resultar más agradable de lo que me pareció cuando le conocí. Yo sé, pese a su insistencia, que no está enamorado de mí –¡qué tierno!–, pero no cabe la menor duda ahora acerca de su deseo de mí. Los hombres suelen comportarse así, casi siempre con la educación sentimental suspendida, confunden el amor con el deseo en cuanto que éste les aprieta. Y se te declaran como si fueras el amor de su vida&#8230; y en ese momento lo eres.</p>
<p>La criatura tiene ocho años menos que yo, pero dice que no le importa. Y yo me río: no porque sea mayor que mi chico, aunque sólo le lleve un año, sino porque es tan evidente que no es que no le importe, sino que está deseando que sea a mí a la que no le importe. ¡Qué le va importar!, ¡si está esperando a ver si me decido a hacer con él lo que está anhelando que haga! Se derriten, pero, ni cuando se te escurren entre los dedos como pura gelatina, pueden evitar hablarte como si fueran de auténtico acero. Y hay que hacer como que no te das cuenta, porque si además de derretirse se les hace añicos el ego, mal lo llevamos.</p>
<p><img src="http://anaserantes.com/wp-content/photos/2008/080412-helmut-newton-2.jpg" alt="080412-helmut-newton-2" title="080412-helmut-newton-2" width="225" height="323" class="alignleft size-full wp-image-157" /></p>
<p>Bueno, el caso es que terminó la comida, que ha pagado como si fuera un caballero –mejor que lo hiciera su empresa que la mía–, y como estaba enternecida&#8230; y algo pienso en hacer con él&#8230; le he dicho que le invitaba a cenar en mi casa. Primero, se ha relamido; después, le asaltó la duda: cae en la cuenta de que no vivo sola. Le consuelo, y alimento sus esperanzas: “No te preocupes por mi chico. Te espero a las nueve”.</p>
<p>Y así está la cosa. Me vine para casa, me eché una siestecita, y ahora me he puesto a escribir, mientras Miguel prepara la cena –le he dicho que sea para dos y de las buenas–. Pero como son ya las ocho de la tarde, y como tengo que ocuparme de que todo esté dispuesto y arreglarme (no es que piense ponerme como las modelos de Helmut Newton, pero pongo sus fotografías porque siempre me puso su obra), pues aquí lo dejo y lo cuelgo para mañana sábado en el blog. Pero sí, aunque aún no sé qué haré con él, supongo que el retorno de Ian dará para algo más que esta entrada&#8230; o eso espero.</p>
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