Me pasé de lista
Once años han pasado desde que comencé a practicar la dominación femenina. Y ha sido intensa la práctica. Esa experiencia me ha proporcionado, en lo que respecta a las relaciones con los hombres –sexuales o no–, una seguridad en mí misma que en alguna ocasión me ha jugado una mala pasada. No es que yo piense que todos los hombres son, de hecho o en potencia, sumisos, como piensa más de uno en este mundillo, pero lo cierto es que me he acostumbrado a actuar con ellos como si lo fueran. Y raras las veces en las que me pasé de lista; pero alguna ha habido: la última, hace casi tres meses.

