Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

El abuso en la dominación femenina

En la última entrada, DeMarte y Alberto sacaban a colación el asunto de los posibles abusos en las relaciones de dominación femenina. Aunque ellos no utilizaban este término, sino que se referían al “miedo a llevar la contraria” o a la obligación de “seguir acatando la disciplina que se le imponga”, a mí me parece el más adecuado. Así que sobre el abuso quiero reflexionar hoy, porque creo que la cuestión surge a menudo en este mundillo y, sin embargo, lo hemos discutido poco en este blog.

Yo no creo

No es infrecuente escuchar en foros como este a quienes muestran su incredulidad ante la posibilidad de que la dominación femenina constituya el modo de vida de una pareja. Para las personas que así piensan, la dominación femenina suele ser una actividad limitada al terreno de la sexualidad, una forma de enriquecer la sexualidad. Así lo escribía en su comentario en la última entrada de este Diario “Pasaba por aquí”:

Un parecer

La entrada de ayer del blog, “Es demasiado, corazón”, da cuenta de la experiencia de una relación de dominación femenina fuerte. Quizá tan fuerte que ha provocado algunas dudas. Jvrsum: “Me parece una exposición y pregunta y una respuesta digna de ser valorada, reflexionada y cuestionada. Pero me gustaría, lo reconozco, saber previamente el parecer de Ana Serantes”. Y Amy: “A mi me pasa lo mismo que a jvrsum”. Pues veamos cuál es mi parecer… y sigamos charlando.

Mujeres y liderazgo

El lunes de la semana pasada, Amy y Frankie se referían en sus comentarios a El cerebro femenino (RBA). También a mí me parece que el libro de Louann Brizendine es más que recomendable para quienes estén interesados en explorar cómo somos las mujeres y en qué nos diferenciamos de los hombres. Y ese mismo lunes se publicaba en el diario El País un extenso reportaje de John Carlin titulado “Las mujeres ganan prestigio, no poder”.

Aviso a navegantes

Las discusiones en los comentarios del blog resultan habituales. Unas veces son más interesantes; otras, menos. Pero constituyen una característica del sitio web que imagino que a todos nos resulta gratificante. Y hasta hace poco habíamos salido bastante bien librados de los exabruptos o comentarios basura que tanto abundan en Internet. Sin embargo, últimamente también han llegado aquí, y algunos no se resisten a dejar muestra de su asombro o indignación por la perversión de quienes practicamos la dominación femenina.

Coacción II

Las mujeres sabemos que son bastantes los hombres que van de duros, de autosuficientes, pero a los que en cuanto no les haces mucho caso, pues se quejan o se enfurruñan. Y los sumisos no constituyen la excepción, también se amohínan cuando no estamos pendientes de ellos. Y pasa también en el blog, y no es DeMarte el primero que se siente desatendido por “la dueña del blog” y que, por ese motivo, reclama atención:

El regalo III

A veces damos por sentadas cosas porque nos parecen obvias, pero lo que resulta obvio para quien habla o escribe no tiene por qué serlo para quien nos escucha o nos lee. Tengo la impresión de que algo de eso ha ocurrido con la experiencia que conté en las dos primeras entradas con este mismo título. Claro que también tengo la impresión de que hay algunos por aquí que no andan sobrados ni de sentido común ni de sentido del humor a la hora de abordar la dominación femenina.

Coacción

La corrección política invade hoy día todos los espacios, y el eufemismo se ha convertido en componente habitual de nuestro lenguaje, es decir, que está mal visto llamar a las cosas por su nombre. Sé que es así, pero no deja de llamarme la atención que también así suceda entre quienes participan en un blog sobre la dominación femenina, por lo que me sorprendió que la semana pasada deMarte casi se escandalizara por lo que conté en las dos entradas tituladas “El regalo”, porque de coacción se trata. Y parece que está feo.

El regalo II

Terminé ayer contando cómo mi chico se quedó en casa de Ángela como mi regalo de cumpleaños para ella. Por supuesto, todo era un montaje. Una practica la dominación femenina, pero ni se imagina que pueda regalar a su hombre a otra mujer. ¿Se lo imaginó Miguel? Pues, por lo que después hablamos, ni sí, ni no; a ratos más y a ratos menos. Pero lo que es seguro, como escribía ayer, es que fue el peor momento que ha pasado en su relación conmigo.

El regalo I

Vuelvo a escribir sobre lo que dije hace unos días: “son muchos los hombres sumisos que no son conscientes de la auténtica fuerza de sus tendencias sumisas”. Y vuelvo a traer a colación, como en la entrada “Una pareja feliz”, un ejemplo relacionado con mi amiga Ángela y, ahora, con mi chico. En realidad, voy a contar lo que ha sido el peor momento que ha pasado Miguel en su relación conmigo y con la dominación femenina.


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