Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Fantasías de mujer

Creo que todos estaremos de acuerdo en que Iván es uno de los mejores animadores que tiene este blog, precisamente por ir contracorriente y, sobre todo, por hacerlo con inteligencia. No obstante, su postura no deja de resultar peculiar en alguien que se declara sumiso, y cuya “máxima aspiración es servir a una mujer y hacerle la vida más agradable”. Porque si tiene razón en lo que argumenta, su máxima aspiración es un imposible, puesto que le parece imposible que pueda darse una auténtica relación de dominación femenina entre una mujer y un hombre, porque cuando se produce la tiene por impostura.

Volvamos a la dominación femenina II

Sobre los límites en las relaciones de dominación femenina hablamos, y Adrián da un paso más en la conversación, tratando de sobrepasar el límite en el que yo me quedé en la entrada del viernes. Hace bien. Porque busca profundizar en la conversación, porque de un diálogo bien planteado, es decir, del replanteamiento de las ideas de cada cual, es desde donde todos podemos aclarar nuestras dudas y entender mejor nuestras relaciones de dominación femenina y, en consecuencia, progresar en ellas. Y para ello, para ayudarnos unos a otros, debería servir este blog. Veamos lo que Adrián plantea en su comentario:

Volvamos a la dominación femenina

Tomé nota de una idea que Adrián vertía en un comentario el martes: “A mi juicio en cualquier actividad de Dominación el consenso del sumiso es fundamental, de hecho el éxito de una buena Ama es lograr en su sumiso un estado tal en que acepte de buen grado todo lo que ella le ordene y hasta incluso, lo desee”. Y lo hice porque me parece que en esa afirmación hay materia para reflexionar, pero lo haré no sobre “cualquier actividad”, sino desde la perspectiva de quien mantiene una relación de dominación femenina estable.

El blog es mío

En la discusión que ha tenido lugar en el blog a raíz de la publicación de la entrada del lunes, se introdujo un comentario en el que se escribían estas frases: “Hay muchas maneras de vivir la Dominación Femenina. No existe sólo la pretendidamente proclamada por Ana Serantes”; “no puede pretender convertirse en ejemplo del mundo”; “creando doctrina ante seguidores que no tienen mucha idea del tema y que sin embargo adulan y asienten”; “no te erijas en defensora de los puristas, porque demuestra una alta dosis de intolerancia”; “eso no significa que tu modelo sea el único válido”. Quizá sea un buen momento para algunas aclaraciones sobre este blog.

Puro teatro

Hace pocos días me preguntaba Fernando, en uno de los correos que intercambiamos últimamente, sobre los motivos que me impulsaron a volver a Internet con este blog de dominación femenina. Y ayer me vino otra vez la cuestión a la mente al descubrir el documental que emitió la cadena de televisión española La Sexta hace un mes sobre un sumiso y su ama. Vayamos por partes. Primero, el párrafo con el que contestaba a Fernando sobre ese asunto:

La amante compañera

El sábado celebramos el cumpleaños de mi chico. Y aunque me lo estoy empezando a pensar, para evitar que el asunto resulte previsible, le hice el mismo regalo por tercer año consecutivo. ¿Qué regalo? El que creo que más aprecia: un día entero, y bien intenso, en el que dejo en suspenso la relación de dominación femenina, un día en el que me olvido de que hemos convenido en que nuestra vida en común está basada en la satisfacción de mis deseos y me dedico por completo a complacer los suyos. En fin, que el sábado dejé de ser su dominante para convertirme en la amante compañera que se pone a su servicio.

Cerebro cavernícola II

Concluía mi entrada de ayer diciendo que no termina de parecerme correcto el planteamiento de que las mujeres nos sintiéramos atraídas desde la Prehistoria por los hombres de “recursos materiales y estatus social” o “bien situados en el plano socioeconómico”. Cierto que esa idea de algún modo me trae la imagen de la mujer como sumisa y que, quizá, como convencida practicante de la dominación femenina que soy, me resista. No obstante, trataré de que no se me note mucho, de dejar a un lado en lo posible los prejuicios al exponer mi postura.

Cerebro cavernícola

Hemos hablado en los días pasados, entre otras cosas, de la relación entre la dominación femenina y los instintos o la naturaleza de las mujeres. Y me gustaría reflexionar un poco más sobre un aspecto concreto de la aportación de Iván al debate, sobre lo lentamente que ha evolucionado el cerebro humano con relación a las transformaciones sociales y cómo ese cerebro “cavernícola” provoca que las mujeres se sientan atraídas por “hombres bien situados en el plano socioeconómico”. Así lo escribió Iván:

Cuestión de chupar

No es que una ejerza como practicante de la dominación femenina o del feminismo a tiempo completo. Ni mucho menos. Pero hay veces en las que no hay forma de mantener la boca cerrada. El sábado salimos a cenar mi chico y yo con otras dos parejas: dos compañeros de trabajo de Miguel, ingenieros como él, y sus mujeres. Y hubo un momento en el que los dos hombres mantenían una conversación en la que salió a relucir una vieja clasificación que yo creía ya en absoluto desuso: la división de las mujeres entre las que la chupan y las que no la chupan.

La teoría del consuelo II

Insiste Iván en que lo suyo no tiene remedio, en la teoría del consuelo, que viene a decir que si no ha logrado establecer una relación de dominación femenina con una mujer es porque, en el fondo, es prácticamente imposible hacerlo. Y de su nuevo comentario se extrae la conclusión de que no es posible porque yo y las mujeres que se comportan como yo no somos más que una rara excepción a la norma biológica: las mujeres son sexualmente sumisas y “se sienten y se sentirán siempre atraídas por hombres bien situados en el plano socioeconómico. Porque está grabado a fuego en sus genes de mujeres cavernícolas”.


Close