Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Ventajas e inconvenientes II

Escribía en la entrada anterior que “la conjunción de la inseguridad y el impulso sexual convierte a la mayoría de los hombres sumisos en cierto modo en insaciables”, que siempre parecen querer más y que éste es “el mayor inconveniente que la dominación femenina puede tener para nosotras”. Sin embargo, ese fuerte impulso sexual y la insaciabilidad de la mayoría de los hombres sumisos es también la causa de las dos grandes ventajas que para las mujeres tiene la dominación femenina.

Ventajas e inconvenientes I

La dominación femenina como forma de relacionarse entre una mujer y un hombre constituye una práctica minoritaria en nuestra sociedad. Lo sabemos perfectamente. Y puesto que nos sabemos minoría, y casi clandestina, tratamos de ofrecer desde nuestras plataformas una visión de la dominación femenina en la que destacamos sus ventajas y, con frecuencia, escondemos los inconvenientes que este tipo de relación comporta. Es un comportamiento lógico entre quienes defienden posturas a contracorriente de lo socialmente aceptado.

Incredulidad y testosterona

No deja de sorprender que en este blog sean frecuentes los comentarios que ponen en duda la posibilidad de la dominación femenina. Y no me refiero a los pocos comentarios que piensan que éste es un lugar de pervertidos (aunque nunca se explique una muy bien qué hacen deambulando por él). Pienso en las muestras de incredulidad que, explícita o implícitamente, dejan algunos hombres sumisos en lo que escriben aquí, es decir, hombres que desean ser sometidos por una mujer, pero que parecen creer que resulta de lo más raro que haya mujeres que estén por la labor.

¿Matrimonio fracasado?

El otro día tenía una conversación con una amiga sobre lo que aprendemos de nuestros fracasos, sobre cómo en ocasiones pueden llegar a resultar más provechosos para nuestra vida que los éxitos. Creo que muchas veces es así. Sin embargo, si traigo el asunto a colación es por el ejemplo que me puso: “Ana, tú descubriste la dominación femenina como consecuencia del fracaso de tu matrimonio, y se te abrió un mundo de nuevas posibilidades que te llevó a la estupenda relación que tienes ahora con Miguel”.

¿Abolir la prostitución?

Pensé en escribir sobre el asunto la semana pasada, pero me pareció que podía haberse interpretado mal en medio de aquella discusión sobre la dominación femenina en la que hubo quien calificó a alguien de prostituta. Pero fue entonces cuando la ministra de Igualdad se despacho con el desatino de las “miembras” y el extraño teléfono para calmar a varones agresivos. Sin embargo, pasó casi desapercibida la declaración de Bibiana Aído sobre la prostitución, que transcribo de El País del 10 de este mes:

Fantasías de mujer

Creo que todos estaremos de acuerdo en que Iván es uno de los mejores animadores que tiene este blog, precisamente por ir contracorriente y, sobre todo, por hacerlo con inteligencia. No obstante, su postura no deja de resultar peculiar en alguien que se declara sumiso, y cuya “máxima aspiración es servir a una mujer y hacerle la vida más agradable”. Porque si tiene razón en lo que argumenta, su máxima aspiración es un imposible, puesto que le parece imposible que pueda darse una auténtica relación de dominación femenina entre una mujer y un hombre, porque cuando se produce la tiene por impostura.

El blog es mío

En la discusión que ha tenido lugar en el blog a raíz de la publicación de la entrada del lunes, se introdujo un comentario en el que se escribían estas frases: “Hay muchas maneras de vivir la Dominación Femenina. No existe sólo la pretendidamente proclamada por Ana Serantes”; “no puede pretender convertirse en ejemplo del mundo”; “creando doctrina ante seguidores que no tienen mucha idea del tema y que sin embargo adulan y asienten”; “no te erijas en defensora de los puristas, porque demuestra una alta dosis de intolerancia”; “eso no significa que tu modelo sea el único válido”. Quizá sea un buen momento para algunas aclaraciones sobre este blog.

La dominación económica

Leí hace unos días el comentario de Tracio en el que mostraba su sorpresa por el hecho de que algunos hombres sumisos renuncien “al sueldo y a sus posesiones” en favor de la mujer a la que se someten. Es decir, por el hecho de que una relación de pareja pueda contemplar tal grado de dominación económica. Es verdad que en ocasiones llama la atención que algunos hombres asuman semejante riesgo. No obstante, como en casi todo, también en esta cuestión hay matices que conviene poner de relieve.

A propósito de un anuncio

Hace poco, colgué aquí unos cuantos ejemplos de anuncios publicitarios que recurren a la dominación femenina como argumento (“Avance publicitario”). Ahora, veo que Celina introduce en su blog un spot televisivo que relaciona también con la dominación femenina. El anuncio puede tener su gracia, y la interpretación que parece que de él hace Celina es una de las que se pueden hacer. Aunque no la única. Veamos el vídeo:

Sobre la superioridad femenina II

Para seguir con el asunto, comienzo en el mismo punto en el que terminaba ayer: “que yo no comparta la idea de que las mujeres sean superiores a los hombres, no significa que no entienda a quienes así lo creen e incluso a quienes imaginan un futuro social de supremacía femenina”. Básicamente, y por no extenderme demasiado, son tres las razones que me hacen comprender esa postura.


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