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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Castidad</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>Sobre la castidad en la dominación femenina</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2008 00:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[José trata de valorar el componente romántico en la práctica de la castidad en las relaciones de dominación femenina, la devoción y el amor por la mujer amada y no sólo el deseo sexual. Hace bien, aunque en algún momento pueda resultar complicado imaginar que ese deseo sexual no esté también presente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Perera</strong></p>
<p>Siempre he pensado que si ambos miembros de una pareja viven y tienen su lugar de trabajo en puntos muy distantes, tanto que para el caso de que deseen vivir juntos alguien tiene que renunciar a su puesto de trabajo, lo lógico será que, en principio, renuncie a su empleo aquella persona cuya actividad se nos presente como más precaria. En otras palabras, que si él tiene un trabajo fijo y ella, uno temporal, le toque a la segunda dejar su empleo, mientras que si es al revés, que él es quien está en mayor precariedad laboral, frente a ella que goza de un empleo fijo, sea el varón el que abandone su puesto de trabajo, todo ello con tal de poder residir en la misma localidad. </p>
<p>Con respecto a la sexualidad pienso de manera similar. ¿Quién de los dos tiene mayor potencialidad erótica; quién tiene mayor capacidad de goce físico; quién puede obtener placer casi en cualquier parte de su cuerpo? Para mí está claro que se trata de la mujer. En cambio, el placer masculino –en su forma de orgasmo– tiende a concentrarse en sus genitales, además de tratarse de un goce que se limita a un breve espacio de tiempo. Luego llega el cansancio, la sensación de frustración y la falta de interés por su pareja. ¿Con qué me quedo yo, con un goce inexistente o mediocre para ella acompañado de uno efímero para mí, o con uno intensificado al máximo para ella? </p>
<p>Cada pareja es libre de escoger todas las opciones posibles. Pero yo opto por la segunda alternativa. ¿Por qué? Pues por varias razones. Se supone que somos pareja y que nos amamos. Yo quiero lo mejor para ella, y de igual manera que me alegraría que ella consiguiera un trabajo fijo o la mayor nota en un examen, también me encantaría saber que ella disfruta sexualmente. Y si una de las estrategias para maximizar el placer de mi pareja pasa por renunciar al mío propio, está claro que es a mí a quien toca olvidarse del orgasmo. Sólo así podré centrarme en hacerla disfrutar una y otra vez y de todas las maneras imaginables. ¿Dejo de gozar yo por ello? Si entendemos el placer como sinónimo de orgasmo, pues sí. Pero si concebimos el placer en su faceta emocional, la respuesta sería un no rotundo. Porque difícilmente puede existir un placer tan grande como sentirse amorosamente útil; porque pocas cosas tan hermosas hay en esta vida como asistir al orgasmo de una mujer; porque nada es tan bonito como hacer gozar a la persona que amas. Mi recompensa no me la proporcionará una eyaculación puntual, sino el ser testigo y parte activa de la felicidad de mi compañera. Además, mi renuncia al orgasmo constituye una prueba de amor, porque es decirle a quien quieres que ella tiene prioridad, que me importa más su compañía que un goce momentáneo; es, también, una forma poderosamente simbólica de expresar mi sumisión a su persona. </p>
<p>¿Y que papel viene a cumplir el aparato de castidad? Pues el mismo que desempeña el anillo de bodas para los que se casan ante Dios o ante el Estado. No se trata de evitar que el varón se acueste con otras mujeres, porque un sumiso enamorado nunca pensará en ello, sino de que estamos ante un objeto que sirve para recordar cuál es la función del que lo porta, para incentivar su dedicación completa al placer de la fémina de sus sueños. Porque la castidad en la dominación femenina nada tiene que ver con la castidad preconizada por distintas religiones, y entendida como virtud frente al pecado del sexo. Todo lo contrario, ya que estamos ante una forma más de desarrollar el potencial liberador y gratificante de la sexualidad humana; de expresar, dar y recibir amor.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Me parece bien tu artículo, José, creo que siempre conviene recordar que también en las relaciones de dominaciones el amor es lo realmente importante, y que ese amor explica y debe explicar muchos de nuestros comportamientos. A veces no se hace porque se da por supuesto, pero es verdad que de tanto darlo por supuesto&#8230; pues acaba desapareciendo de muchos de los textos que sobre la dominación femeninan encontramos por ahí. Sin embargo, hay un punto en el que me parece que el amor no lo explica todo, en el que me parece que hay una cierta idealización romántica por tu parte. Me refiero a esta frase:</p>
<div class="blockquote">Y si una de las estrategias para maximizar el placer de mi pareja pasa por renunciar al mío propio, está claro que es a mí a quien toca olvidarse del orgasmo.</div>
<p>No es que ponga en duda que la devoción por tu pareja sea uno de los componentes de lo que dibujas como una renuncia, que no lo dudo, sino que se me queda un poco incompleta tu descripción del porqué de esa renuncia y tu descripción del gozo:</p>
<div class="blockquote">¿Dejo de gozar yo por ello? Si entendemos el placer como sinónimo de orgasmo, pues sí. Pero si concebimos el placer en su faceta emocional, la respuesta sería un no rotundo. Porque difícilmente puede existir un placer tan grande como sentirse amorosamente útil; porque pocas cosas tan hermosas hay en esta vida como asistir al orgasmo de una mujer; porque nada es tan bonito como hacer gozar a la persona que amas. Mi recompensa no me la proporcionará una eyaculación puntual, sino el ser testigo y parte activa de la felicidad de mi compañera.</div>
<p>Desconozco cuál sea tu experiencia en este terreno, José, pero no creo que, en general, los varones sumisos estén renunciando a una experiencia física –es decir, sexual– por alcanzar otra más emocional. Cierto que pueden conseguir la emocional, pero eso no significa que renuncien a la física. Pese a la importancia que se concede a la eyaculación, la sexualidad masculina no puede limitarse a ella, los hombres son muy capaces también de disfrutar de una experiencia sexual que no incluya la eyaculación. </p>
<p>Si no fuera así, difícilmente encontraríamos a esa cantidad de varones sumisos pidiendo a sus mujeres que controlen sus orgasmos o, más directamente, que no les dejen eyacular. Y te aseguro, José, que esos hombres disfrutan sexualmente, no sólo emocionalmente. Porque esos hombres saben del disfrute físico que supone el incremento del deseo que provoca en ellos la provocación sexual y la denegación de su eyaculación. Esos hombres son la prueba fehaciente de que la sexualidad masculina no se limita a la eyaculación, porque han descubierto que lo que venimos en llamar aquí “castidad” les proporciona también un disfrute físico tangible, aunque no alcancen el climax (amén del obvio disfrute físico que encuentran haciendo el amor con su pareja aunque no eyaculen).</p>
<p>Es cierto, no obstante, que ese disfrute físico que proporciona la excitación –la energía sexual que insufla el incremento del deseo– no puede separarse en estos casos del más emocional que tu reivindicas, de la sensación de amor, devoción y sumisión a la mujer que adoran. Es verdad, pero no creo que haga falta convertir esa adoración en algo tan “puro”, tan “romántico”. En mi opinión, el goce que los varones sumisos encontráis en la práctica de la castidad se alimenta de las dos fuentes, de la emocional y de la sexual.</p>
<p>Mi experiencia me indica que ese componente “impuro” es también importante, que la devoción romántica disminuye de forma significativa cuando la denegación de la eyaculación no se complementa con la provocación erótica (esa es la razón de que la formulación anglosajona incluya ambos conceptos: “Tease and denial”). Dicho en plata, que si una mujer se limita a prohibir el orgasmo de su sumiso y se olvida de él durante un par semanas&#8230; se encontrará un hombre bastante más alicaído que excitado y lleno de fervor por ella.</p>
<p>De todas formas, José, te entiendo, porque es verdad que ponemos tantas veces el acento en el terreno sexual que se nos queda el romántico en poca cosa, así que bien está que lo reivindiques. Te felicito por ello y, como te decía, es tan sólo un matiz lo que trato de añadir. Gracias por tu aportación.</p>
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		<title>Interesado por la castidad</title>
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		<comments>http://anaserantes.com/2008/interesado-por-la-castidad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Jun 2008 05:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre que pregunta muestra su interés por la práctica de la castidad masculina... y su miedo a ser raro. Elise Sutton le contesta que esa práctica se ha ido imponiendo por expreso deseo de los hombres, aunque las mujeres han terminado por ver sus ventajas y, de hecho, se practica también en relaciones de pareja que no son de dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola Elise, espero no estar entrometiéndome, pero estoy completamente fuera de mi sitio. He investigado mucho sobre el tema de la dominación femenina, y encontré su página por accidente. El asunto que me ocupa es lo que se llama la denegación del orgasmo o castidad masculina. Es algo que me ha interesado mucho desde la pubertad.</p>
<p>Estoy un poco preocupado, porque pienso que puedo ser un pervertido por pensar en esto. ¿Hay algo raro en mí?, ¿cómo podría hacerle saber a mis futuras parejas mi fetichismo sin que se asusten de mí?, ¿podría ser esto la parte romántica de una relación sexual? Y si es así, ¿cómo podría sacar el tema con mi futura pareja?</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Me alegra que me hayas hecho esta pregunta, porque aunque la castidad sea una poderosa e importante herramienta usada por muchas mujeres dominantes en el entrenamiento de sus sumisos, es necesario aclarar que el tema de la castidad o denegación del orgasmo todavía suelen introducirlo en la relación principalmente los hombres. En la introducción de mi libro, <em>Dominación Femenina</em>, puse de relieve que no fueron feministas o mujeres agresivas las que acuñaron el término Dominación Femenina, sino hombres que clasificaban sus deseos sexuales. Lo mismo se puede decir de la práctica de la denegación del orgasmo.</p>
<p>Probablemente, la mayor preocupación sobre este estilo de vida (en lo relacionado específicamente con las prácticas de dominación) que he escuchado de hombres que frecuentan mi página se centra en la denegación del orgasmo. Algunos hombres temen que una mujer les coloque un cinturón de castidad y que su vida pase a ser como la de un eunuco. Los hombres escribirán y dirán cuánto desean ser esclavos de una mujer y que quieren introducir en este estilo de vida a su mujer, pero vacilan por lo que pueda pasar si ella lee mi página y decide colocar a su hombre un cinturón de castidad.</p>
<p>Existe el malentendido de que la denegación del orgasmo proviene de mujeres que quieren “castrar” a sus hombres. No, esta práctica (en lo relacionado con la dominación femenina de hoy en día) surge de los hombres que tienen el deseo sexual y sumiso de ser sometidos a la castidad por una mujer dominante. Como tú correctamente indicas, existen páginas web enteras dedicadas a esta fantasía masculina ,y estas páginas son creadas por y para hombres sumisos. Existen muchos hombres que quieren tener su vida sexual regulada por una mujer. Y existen muchos hombres que piensan cómo mantenerse castos por largos períodos de tiempo mientras se les requiere para satisfacer a la mujer frecuentemente. La práctica de la castidad es otra expresión del deseo y la necesidad del hombre de someterse a la autoridad femenina.</p>
<p>Muchos de los cinturones de castidad son diseñados por hombres y creados para hombres. El primer acercamiento de la mujer a la práctica de la castidad y la denegación del orgasmo masculino viene provocado usualmente por el hombre. Los hombres pueden ser inteligentes y decir que necesitan esto porque no pueden controlar el hábito de la masturbación y esperan que su mujer esté de acuerdo con encerrarlos, o le mostrarán una página web como la mía esperando que se sienta intrigada con la práctica de la denegación del orgasmo, pero sigue siendo iniciativa de los hombres (en la mayoría de los casos).</p>
<p>De todas formas, lo que ha pasado es que las mujeres están disfrutando de la práctica de la denegación del orgasmo masculino. Porque han visto los beneficios, han aprendido que un hombre casto es un hombre obediente. Así, muchas mujeres han abrazado con entusiasmo la práctica de la denegación del orgasmo y es una de las mas populares en las relaciones de pareja de dominación femenina. De hecho, hay muchos casos en los que el hombre fantasea con la denegación del orgasmo y le propone intentarlo a su mujer, para acabar descubriendo que él no lo está disfrutando tanto como ella. Personalmente, pienso que esto es maravilloso, y un ejemplo más de que el hombre debe tener cuidado con lo que desea. Y sí, más y más mujeres están compartiendo la práctica de la denegación del orgasmo masculino con otras mujeres, por lo que muchos hombres que nunca tuvieron esta fantasía están siendo conminados por su mujer para usar un aparato de castidad. Otra vez, pienso que esto es maravilloso; pero los hombres no deben culpar a las mujeres, culpen a los hombres que introdujeron a las mujeres en esta práctica. Pero, en el fondo, creo que la mayoría de los hombres lo disfrutan, inclusive los que inicialmente se mostraron reticentes a este respecto.</p>
<p>Volviendo a tu pregunta, tú no eres un pervertido. Hay muchos hombres que comparten esta fantasía, y más y más mujeres que se mostrarán receptivas a tu deseo de denegación del orgasmo por largos períodos. Pero te aconsejaría que no introduzcas esto inmediatamente en la relación. Primero, construye la relación, construye un nivel de comodidad y confianza, deja a la mujer crecer en su dominación y, luego, proponle la idea. Una vez que tú sientes que está cómoda con la idea, muéstrale mi página web o regálale mi libro, estoy segura de que entonces estará abierta a la idea de denegar el orgasmo.</p>
<p>Demonios, no es necesario ni llegar a ese punto: conozco muchas mujeres que no están interesadas en las prácticas de la dominación y que tienen poco interés en mantener una relación de dominación femenina, pero que han colocado aparatos de castidad a sus maridos. Encontrarás mujeres conservadoras y cristianas que van a la iglesia tres veces por semana y que están de acuerdo con la denegación del orgasmo y los cinturones de castidad. Todo lo que pueda ayudar a su hombre a mantener una vida disciplinada es perfectamente aceptado en esos círculos. </p>
<p>De la misma manera, conozco muchas feministas y mujeres liberales que no están interesadas en la dominación femenina, pero les gusta la idea de mantener a sus hombres en un cinturón de castidad. Entonces, la denegación del orgasmo masculino parece disfrutar de una aprobación más amplia entre las mujeres y no es necesariamente una práctica exclusiva de la dominación femenina. Según avance la técnica y se inventen mejores y mas prácticos aparatos de castidad, sospecho que la práctica de la denegación del orgasmo masculino continuará creciendo en nuestra sociedad. Y será siempre popular entre la comunidad que practica la dominación femenina.</p>
<p>[Traducción: Fabio Ramires]</p>
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		<title>Problemas con el cinturón</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/problemas-con-el-cinturon/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Jun 2008 05:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Pregunta esta mujer sobre los problemas que le plantea su marido con el cinturón de castidad. Y Elise le responde que las cosas hay que hacerlas paso a paso, que no es tan simple como colocarle el aparato al hombre y todo resuelto, que muchos hombres necesitan descansos hasta que se adaptan a él.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Disfruto manteniendo a mi marido con su cinturón de castidad (The Curve). Sin embargo, después que lo libero, se muestra reacio a ponérselo de nuevo. Estoy segura de que esto te lo han preguntado antes, pero ¿cuál es la mejor manera de asegurarse de que vuelva a ponérselo sin discutir o cambiar de opinión? Gracias, nos has sido de gran utilidad en nuestro matrimonio.</p>
<p>Elise Sutton:</p>
<p>Necesitas comunicarte con tu marido y descubrir por qué es reacio a volver a ponerse el cinturón. Si esto le causa alguna molestia o está teniendo problemas psicológicos con la castidad, tal vez tengas que dar marcha a atrás y dejarlo un tiempo sin el cinturón. La mayoría de los hombres necesitan ser adiestrados para lograr una castidad a largo plazo. Deberías empezar a ponérselo solo un par de horas para ver como reacciona, luego dejárselo el día entero, después dos días, luego una semana y así sucesivamente. La cosa no es tan simple como colocarle el cinturón de castidad a un hombre: algunos tienen problemas físicos con el cinturón, porque puede no adecuarse a su anatomía; otros pueden tener problemas emocionales o psicológicos usando el cinturón por lo que tienen que ser entrenados paso a paso.</p>
<p>Si tu marido está teniendo problemas, necesitas hacer algunos ajustes en el programa de castidad. Puedes dejarlo un día o dos sin el cinturón, después de que hayas decidido liberarlo. Él puede necesitar esto para su bienestar mental. Pero tienes que estar segura de que mantienes tu posición de autoridad ante él. Tú conoces a tu hombre más que nadie. Algunos hombres pueden ser manipuladores, y si les das la mano te tomaran el brazo. Por esto no deberías permitir que altere tu compromiso de mantenerlo en castidad. Sólo precisas encontrar por qué es reacio, y puede que tú necesites hacer algunos ajustes a su rutina mientras lo vas trabajando lentamente hacia la castidad completa.</p>
<p>En cuanto a cuál es la mejor forma de reinstalar el cinturón, te recomendaría que lo hagas durante una sesión de dominación. Hazlo divertido y excitante para él. Proporciónale la liberación que has planificado, déjalo uno o dos días sin su cinturón (mejor cuando tú puedas supervisar que no se está masturbando), y entonces tienes la sesión de dominación donde puedas someterlo. No tiene que ser ninguna cosa en especial, tú sabes como conseguir su sumisión absoluta. Tal vez una breve sesión de queening (el trono de la reina), dejarlo adorar tus botas, feminización o cualquier cosa que refuerce su instinto sumiso. Entonces, una vez que lo tengas en el en el estado mental más apropiado, dile que se coloque nuevamente el cinturón de castidad mientras tú observas. Si está erecto y no puede colocarse el cinturón, coge una bolsa de hielo y ponla en su pene y testículos hasta que disminuyan de tamaño y ordénale ponerse el cinturón. Tienes que ser flexible, pero te diré que si mi marido protesta o discute conmigo a cuenta de volver a ponerse el cinturón de castidad, lo discutiría con él y le daría uno o dos días de libertad. Pero te puedo garantizar que ampliaría el tiempo de castidad y me aseguraría de que quede claro que hay una manera apropiada para discutir conmigo y una equivocada. Desobedecer una orden directa o reclamar y discutir son maneras equivocadas y podría ser castigado extendiendo el tiempo de la castidad.</p>
<p>Espero haberte dado algunas ideas. Necesitas encontrar qué es lo que mejor funciona para ti. Mantén las líneas de comunicación abiertas, escúchalo y toma cuenta lo que él dice, pero tú debes tomar la última decisión. No dejes que te manipule. Siempre debes mantener  el control. Y si él es como la mayoría de los hombres, se sentirá más confortable con el cinturón cuanto más lo use. Si tiene problemas físicos con el cinturón, siempre puedes conseguir uno diferente. Podrías también hacerle un piercing y conseguirle el aparato que mejor se adaptara al piercing. Pero lo importante es que te mantengas firme en la cuestión, sin importar si a él le gusta o no. Cuídate.</p>
<p>[Traducción: Fabio Ramires]</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Apuntes sobre la castidad masculina: ¿voluntaria o forzada?</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/apuntes-sobre-la-castidad-masculina/</link>
		<comments>http://anaserantes.com/2008/apuntes-sobre-la-castidad-masculina/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 17 May 2008 05:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia López Puenzo vuelve a estas páginas para explicarnos que la castidad del varón constituye una herramienta apropiada para facilitar su educación en el servicio a la mujer, pero que no requiere de aparato o cinturón de castidad que, según ella, facilite la tarea al sumiso. Y nos ofrece una interesante alternativa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Silvia López Puenzo</strong></p>
<p>En numerosas oportunidades he podido leer distintos artículos sobre la utilidad de la abstinencia o castidad en el sumiso, entendida como la supresión de su  eyaculación por periodos más o menos prolongados, mitigados en muchos casos por la masturbación, consentida o provocada por la Dominante, sólo con el fin de mantener “desobstruidas las cañerías” del aparato reproductor masculino, y sin una connotación de placer incluida. De hecho, se aconseja que esta operación (la masturbación) sea practicada siempre a la vista de la Dominante, y acompañada de alguna acción que resulte humillante o punitiva para el sumiso.</p>
<p>En mi caso, monto frecuentemente una escena donde mi sumiso debe eyacular en mi mano ahuecada, sobre mis pies, o directamente en el suelo, a veces sobre algún fetiche especialmente excitante para mi, no para él (como mis sandalias o mi látigo), y que finalmente también me provoque un placer adicional. </p>
<p>Esta situación bien puede tener implícita la ironía, como nos ha enseñado Ms Rika, del premio y la humillación simultaneas. Por ejemplo: hago arrodillar frente a mi a mi sumiso, y le pregunto si le gustaría lamerme los pies, mis sandalias de tacón y también el suelo alrededor de ellas. Ante su obvia respuesta afirmativa, le hago suplicarme por tal privilegio, mientras le obligo a masturbarse recibiendo mis latigazos, insistiéndole en que no debe eyacular. Sin embargo, todas sabemos que esta es una situación insostenible y que, mas temprano que tarde, y sobre todo si lleva algún tiempo sin hacerlo, tirara su semen contradiciendo mi orden. Con una actitud premeditada, provocaré que lo haga sobre mis pies. Y entonces (recién ahora) le “concederé” el regalo de poder limpiarlos con su lengua hasta la ultima gota (incluyendo lo que pueda haber caído en el piso), mientras yo sigo con mi látigo un buen rato más.</p>
<p>Una situación de esta naturaleza crea en el sumiso cierta “colisión psíquica” entre el desahogo por la descarga de su semen y la culpabilidad por haberlo hecho sin mi orden previa. La sesión posterior de látigo potencia este efecto por su obvia referencia punitoria y crea en él una rápida recuperación del deseo de servirme nuevamente, y reinicia el ciclo de abstinencia o negación de la eyaculación; es decir, de tener una nueva oportunidad de servirme. Asimismo, el regalo que supone permitirle que limpie mis pies con su lengua se contrapone irónicamente con el hecho de que esa “concesión” lleva implícito tener que tragarse su propio semen. Por último, sentir su lengua sobre mis pies es, como lo he referido, una fuente de placer adicional para mi, no sólo por mi sentido del tacto, sino también como comprobación psicológica de su renovada sumisión.</p>
<p>Ahora bien, esto es el final&#8230;pero, ¿cómo empieza?  Ante todo, creo conveniente hacerles llegar algunas reflexiones sobre la castidad en sí misma, y su apoyo en métodos externos.</p>
<p>Si bien cada relación y cada sumiso en particular son diferentes, y depende mucho de la edad, experiencia y adiestramiento que tengan, creo que el uso de los llamados cinturones de castidad debería reemplazarse por la abstinencia voluntaria. Creo que es perfectamente posible, con cierto grado de entrenamiento, lograr que tu sumiso responda TAMBIÉN a ordenes precisas y taxativas en ese sentido, basadas en su deseo de obedecerte, someterse y servirte en TODO lo que tú creas que es bueno para la relación. Y así como cuando uso mi látigo para castigarle, someterle, disciplinarle o lo que fuera, no le ato ni lo encadeno, sino de manera simbólica (una cadena en sus testículos, por ejemplo), tampoco veo una razón valida para privarle forzadamente del orgasmo mediante un adminículo externo que LO AYUDE. Porque eso es lo que se hace; en realidad, le estás facilitando el trabajo de concentrarse en tu propio placer, lo que debería ser una disposición voluntaria de tu sumiso, y no una imposición. De hecho, no es tu esclavo; no le estas obligando a servirte, sino que el debe desearlo mas que nada en el mundo.</p>
<p>SIN NINGUNA DUDA, debes ser la DUEÑA de su eyaculación; tú debes decidir cuándo, cómo, dónde y por qué la tendrá. Pero además debes ser la dueña de su orgasmo. No deberíamos confundir la una con el otro, la fisiología (eyaculación) con la psicología (orgasmo). De hecho, yo creo que es útil que cada tanto tu sumiso eyacule (y esto es particular de cada uno; el mío apenas llega a dos semanas), pero yo sólo le permito el placer muy de vez en cuando, y en alguna circunstancia excepcional. Este “regalo” debe ser inolvidable para él, debe recordar cada uno de ellos por mucho tiempo.</p>
<p>Lo ideal seria que el mismo sumiso ponga su eyaculación y su orgasmo en tus manos, como deja a tu decisión muchas otras cosas de su vida, que sea él quien te pida que no le dejes eyacular, que te ruegue que lo ayudes a mantenerse casto con tus ordenes y tus trucos en la cama.</p>
<p>Como todas las alternativas de una relación D/s, estas se gestan de forma progresiva o paulatina. Sin pretender ser definitiva, porque, como hemos dicho, toda relación es diferente, expondré aquí algunos consejos (experiencias, mejor dicho) para lograr de tu sumiso esta sujeción voluntaria a tu decisión de que se mantenga casto. Veamos:</p>
<p>Para comenzar, lo mejor es que la primera experiencia de tu sumiso para posponer su eyaculación aparezca inicialmente como incidental; es decir, como no planificada ni como consecuencia de ningún castigo ni premeditación por tu parte. Quizás una noche, después de que él te haya provocado varios orgasmos con su lengua, cuando consideres que ya estas satisfecha, te das la vuelta y le dices (amorosamente, que no lo interprete como un rechazo) que estás muy cansada, y que lo dejas para mañana. Que se duerma abrazado a ti por detrás, mimándote, acariciándote y adorando tu cuerpo desnudo dormido junto al suyo. A la mañana, lo despiertas y le das lo suyo; pero antes, que te diga cuánto le ha gustado quedarse caliente a tu lado, y cuánto te ha deseado durante todas estas horas. Le haces decir claramente que le ha gustado esperar, que eso ha acrecentado su deseo y su sentimiento de sumisión hacia ti. Después lo dejas acabar, pero con tu mano. Que comience a sentir que eres tu la que le das o le quitas “con tu propia mano”. Y si no te gusta, lo haces masturbarse delante de ti; después, le dices cuánto te ha complacido que haya sabido contenerse por una noche&#8230;</p>
<p>Posteriormente, se pueden ir espaciando los tiempos; quizás un día completo: que te recuerde en el trabajo y se excite pensando en ti. Hazlo prometer que no pensara en nadie más. Llámalo por teléfono y recuérdaselo .Cuando te vea nuevamente, tómate tu tiempo para dejarle eyacular. Que sepa que tu placer siempre esta primero.</p>
<p>A medida que prolongues los tiempos de abstinencia, le será cada vez mas difícil complacerte. Puedes ayudarle, pero no es necesario el cinturón de castidad. Con un cinturón común (¿nos entendemos?) puedes llevarle y traerle de la excitación hacia la sumisión. Cuando lo notes muy caliente, a punto de acabar, mándale a lamer tus pies o tus manos, azótale un poco en los testículos para que se “tranquilice” y, luego, ponlo a trabajar otra vez en tus orgasmos.</p>
<p>Poco a poco deberías comenzar a explicitar más y más la situación: que comprenda claramente que no es que estés cansada ni desinteresada. Que quede bien de manifiesto (hablando claro) que a ti te gusta que sepa contenerse: que eso lo hace “mas hombre” para ti, que valoras que sea capaz de esperar para darte más placer y para sentir que debe servirte mejor. Que sabe que tu placer esta primero que nada, que eso lo ayudara a sentir verdaderamente que eres su Ama.</p>
<p>Estas llevándolo poco a poco al punto de pedir por favor tu autorización para eyacular; cuando llegue ese momento, debes negársela. Y le dices que, si no es capaz de dejar de lado su egoísmo, nunca podrá complacerte. Que en realidad debería pedirte que lo ayudes a contenerse para ti. Y sigue adelante. </p>
<p>En mi caso particular, puedo decirles, amigas mías, que he logrado que mi sumiso me ruegue que no lo deje acabar, que me pida por favor que lo excite hasta el punto de no aguantar más y que, en ese momento, me suplique que lo ayude a contenerse.</p>
<p>Como podéis ver, en realidad es el mismo el que desea abstenerse. Aunque, obviamente, por la particular fisiología masculina, le resulta MUY DIFÍCIL hacerlo. Pero esta dispuesto (porque sabe que yo lo deseo así) a hacer un esfuerzo psicológico extraordinario para no eyacular. Cuando finalmente ocurre, lo vive como un fracaso en su compromiso conmigo y, por lo tanto, está dispuesto también a “enmendar su falta”. Lo que literalmente significa que redoblara su actitud de servicio y sumisión a partir de ese momento, y no al contrario (lo he visto abrazarse a mis pies pidiendo perdón inmediatamente después de eyacular!!).</p>
<p>El cinturón de castidad, según mi manera de ver las cosas (entiendo que esto es discutible; es sólo mi opinión), en realidad es parte de los deseos que los sumisos nos “imponen” como engorrosas tareas. Nada mas fácil: no tienen que preocuparse por el crecimiento de su excitación, están como en un limbo de placer contenido sin responsabilidades ni obligaciones. Tú se lo pones y se lo sacas, y él no tiene que preocuparse por nada. Tú deberás estar pendiente de la llave, tenerla siempre a mano, prever los viajes en avión, la higiene, las eventuales emergencias, etc. A mi modo de ver, es totalmente artificial. No se condice con la sumisión y fidelidad que él te DEBE a ti. Por supuesto, tiene un simbolismo psicológico: soy tu dueña a tal punto que puedo manejar hasta tus funciones fisiológicas. Pero el símbolo puede lograrse con algo, precisamente, simbólico: quizás solamente un anillo en su miembro, un tatuaje, tu nombre escrito con una fibra marcadora, una marca de tu látigo. Cerrarle completamente con un candado significa: “puedes excitarte tranquilo, no podrás eyacular”, o peor aun, “no confío en ti”. Yo prefiero que sepa que puede y quiero que se excite, estando o no yo en su presencia, pero que depositará en mí la “llave” de su orgasmo; y que yo confío en él plenamente. Y que si no lo logra, la próxima vez (obviamente SIEMPRE habrá una próxima vez, porque NUNCA lo lograra totalmente) lo intentara con más ahínco.</p>
<p>Esta reiteración de intenciones, propósitos y fracasos va produciendo en el sumiso una suerte de adiestramiento: no duden, amigas, que cada vez podrá mantenerse casto por mas tiempo. Habrá llegado entonces el momento de imponerle un nuevo desafió: que lo excites cada vez mas, por mas tiempo, mas intensamente. Y muy importante: finalmente SIEMPRE DEBE FRACASAR. Así como al principio debiste hacerle saber tu satisfacción por haber sabido esperar, ahora, que su nivel de adiestramiento es mayor, debe ocurrir todo lo contrario. Cada vez que eyacule debes hacerle notar tu decepción por no haber podido contenerse mas tiempo. O tu disgusto, si la conducta tiende a empeorar. Y ahora sí, no temas castigarlo por ello. </p>
<p>Por supuesto, se corre el riesgo de la infidelidad de tu sumiso. Pero ese es un riesgo que esta tomando él, no tu. Si te enteras, adiós. Díselo CLARAMENTE, y sin vueltas . Y debes estar íntimamente convencida de que cumplirás tu amenaza, y de que no habrá vuelta atrás. Percibirá claramente que hablas en serio. También puede ser que se masturbe a tus espaldas; cualquier mujer se dará cuenta rápidamente de que es así: súbitamente se le facilitan las cosas&#8230; y también notaras que su adoración hacia ti disminuye.</p>
<p>Es el momento de combinar la eyaculación reiterada con el uso del látigo. ¿De qué se trata? Esto puede ser algo novedoso; por lo menos, yo no lo he encontrado escrito. Veamos: si tienes alguna sospecha de que ha estado masturbándose, primero dale una oportunidad: dile que SABES que lo ha hecho, y permite que se arrepienta y te pida perdón. Si lo hace, establece reglas mas estrictas para el futuro y, por supuesto, castígalo. Ahora bien, si lo niega, le aplicas el “tratamiento” siguiente:</p>
<p>Todas sabemos que, a un hombre que ha eyaculado recientemente, le resulta dificultoso volver a hacerlo en un plazo breve, mayor cuanto más edad tenga. Nada más fácil entonces. Le haces saber que vas a invertir la carga de la prueba, como se dice en leyes: debe demostrarte que es inocente. Durante los días siguientes debes azotarle como mínimo UN PAR DE VECES por día y, en cada sesión, debe masturbarse para ti. Le dirás claramente que será azotado TODO EL TIEMPO que le tome llegar a la eyaculación, y que solamente ésta lograra hacer que detengas el castigo (o la disciplina, según se mire).</p>
<p>Obviamente, si ha estado masturbándose a tus espaldas, llegar le llevara mucho tiempo, y tu látigo se hará sentir durante un largo rato. Esto te proporcionará la señal de que estás en lo correcto. Entonces, debes seguir adelante con el plan. Y verás como eyacular le lleva más y más tiempo, cuanto más repitas la operación. Llegará un momento en que, después de dos o tres días, no podrá ni soñar con una modelo. Te suplicará que detengas el castigo; hazlo, pero después de que te haya prometido que hará algo MUY ESPECIAL para ti, para que vuelvas a confiar en su sumisión. Por supuesto, estará dispuesto a hacer cualquier cosa NO SEXUAL: déjalo que sea creativo, no le ordenes nada especifico.</p>
<p>Y en un par de días lo tendrás dispuesto otra vez.</p>
<p>Según mi experiencia, esta combinación de eyaculación forzada y disciplina solamente suele ser necesaria una vez. Después de que tu sumiso ha experimentado alguna de estas sesiones, te puedo asegurar que no volverá a masturbarse solo. Se volverá cada vez más y más sumiso, más atento a tus deseos, se anticipara a ellos, estará pendiente de tus más mínimos gestos, con la secreta esperanza de que lo premiaras alguna vez con su orgasmo.</p>
<p>Mientras tanto, se sentirá premiado por los tuyos. Tu placer será su meta y objetivo permanente. Y al concentrarse en eso, no será necesario que le facilites las cosas con un cinturón de castidad. </p>
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		<title>Castidad lujuriosa</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/castidad-lujuriosa/</link>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2008 05:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribe Miguel Vilar sobre la idoneidad de ciertas prácticas de la sexualidad taoista para conseguir objetivos que suelen perseguirse en muchas relaciones de dominación femenina: el orgasmo “seco” de la sexualidad taoista “permite no solo mantener sino incrementar el nivel de deseo del hombre, su excitación, sin que comporte la eyaculación”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Miguel Vilar</strong></p>
<p>La castidad, abstinencia del varón o el control de su eyaculación son maneras de denominar a un asunto que ocupa bastante espacio en las preocupaciones de los practicantes de la dominación femenina y, por lo tanto, en las páginas de Internet sobre esta forma de relación en las parejas. El objetivo básico que se persigue con esta práctica resulta evidente: evitar el bajón en la adoración y sumisión hacia su dominante que se produce tras la eyaculación del varón, o dicho de otra forma, tratar de mantener su deseo en niveles lo suficiente altos como para que no decaiga su dedicación al servicio de la mujer a la que se ha entregado.</p>
<p>Para conseguir este objetivo, la mujer asume el control del orgasmo de su sumiso. Unas veces, decidiendo simplemente cuándo le permite alcanzar el orgasmo por medio de la penetración; en algunos casos, hay mujeres que acaban negando a sus sumisos la posibilidad de penetrarlas, y les hacen eyacular cada cierto tiempo de la manera que estiman más conveniente. Y a esta conducta se suma, en algunas ocasiones, la decisión de “enjaular” al sumiso con un aparato o cinturón de castidad, que garantice que no podrá masturbarse a espaldas de su dominante y que, a la par, constituya un recordatorio permanente de su sometimiento a ella.</p>
<p>Pues bien, teniendo en cuenta, lo relativamente extendida que está esa actividad entre las parejas que practican la dominación femenina, me extraña sobremanera no haber leído nunca nada sobre una forma de sexualidad que parece constituir la herramienta perfecta para obtener el objetivo que se persigue con la castidad: me refiero a lo que se denomina sexualidad taoista o tántrica, en fin, a lo que algunos llaman el “orgasmo seco” o el orgasmo sin eyaculación. Y me extraña no haber encontrado referencias a esta forma de sexualidad porque su éxito en Occidente en los últimos tiempos es bastante notable. Hace años que el libro de Mantak Chia y Douglas Abrams Arava, <em>El hombre multiorgásmico</em>, se convirtió en un <em>bestseller</em>, y desde entonces se reedita sistemáticamente. Este éxito editorial tuvo unas cuantas secuelas, entre ellas la de esos mismos autores, a los que se sumaron sus respectivas parejas, publicada años después con el título de <em>La pareja multiorgásmica</em>.</p>
<p>Con esta sexualidad taoista se consigue que el varón pueda tener varios orgasmos sin llegar al punto de no retorno que provoca la eyaculación, y permitiría resolver la contradicción que a veces asalta a ciertas mujeres dominantes entre el placer que para ellas supone el coito y la pérdida de atención que provoca en su sumiso. La mujer puede controlar perfectamente cuándo y cómo eyaculará su hombre sin tener que privarse por ello de ninguna forma de sexualidad, podría disfrutar de que su sumiso la penetrara cuando le apeteciera sin que eso conllevara la eyaculación del varón y la disminución temporal de la intensidad de su adoración por ella. Sin olvidar que facilita notablemente que el ritmo de la sexualidad se adapte a la conveniencia y al deseo de la mujer, a su capacidad de obtener varios orgasmos sin que llegue el momento en que su hombre suspire más por la almohada que por ella.</p>
<p>Además, y al margen de la penetración, esta técnica permite no solo mantener sino incrementar el nivel de deseo del hombre, su excitación, sin que comporte la eyaculación. En palabras de los autores, y comprobado por quien escribe, permite incrementar la “energía sexual” del varón, lo que traducido en términos de sumisión significa aumentar su devoción y pasión por atender a la mujer a la que se ha sometido. Con esta práctica de la sexualidad, el hombre puede masturbarse sin eyacular, y unas cuantas veces, sin que disminuya su deseo por su dueña; al contrario, se incrementará o mantendrá en sus niveles más altos. En consecuencia, la mujer puede acrecentar la excitación de su sumiso con toda facilidad: no tiene más que mandarle que se masturbe sin que eyacule, y si quiere hacerlo de forma un poco más humillante no tiene más que ponerle de rodillas delante de ella, o mientras ella realiza otra actividad, y hacerle masturbarse cuantas veces quiera. El resultado es que después de sus orgasmos, el deseo del sumiso habrá alcanzado sus mejores niveles, y su devoción y su amor por ella serán ciertamente los que ella se merece.</p>
<p>Los beneficios de está práctica sexual me parecen claros para las dos partes que componen la pareja: se mantienen las ventajas de la abstinencia del varón y se le suman unas cuantas más. Por otra parte, el aprendizaje de esta técnica no requiere de grandes habilidades ni gran esfuerzo (aunque algunos varones la aprendan con más facilidad que otros). En suma, las ventajas de esta práctica en cualquier relación de pareja son significativas, pero aún lo son más en las relaciones basadas en la dominación femenina. Esa es la razón que explica mi extrañeza por la escasa, por no decir nula, extensión de esta forma de sexualidad entre las parejas que practican la dominación femenina. Porque si se conociera, parece lógico suponer que serían muchas las mujeres dominantes que mandarían a su sumiso a la librería a por el texto y le pondrían a ejercitarse en dicha técnica sin más tardanza.</p>
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		<title>Utilizar un cinturón de castidad</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/utilizar-un-cinturon-de-castidad/</link>
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		<pubDate>Wed, 16 Apr 2008 05:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Ms Rika escribe: “El uso del cinturón de castidad centra el asunto en la órbita masculina, buscando la sensación de “hazme mientras estoy obligado”. Por lo tanto, yo lo sitúo en la categoría del recreo y los obsequios. Personalmente, no utilizo el aparato directamente para forzar la abstinencia. Sin embargo, hay efectos que el aparato provoca en un hombre por los que puede usarse para incrementar el divertimento mutuo del recreo”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ms Rika</strong></p>
<p>En los últimos meses, he alojado un chat IRC titulado <em>Cinturones de castidad masculinos</em>. Muchas opiniones y fantasías surgen ahí; se comparten también algunas ideas erróneas. Al escribir este artículo intento compartir mis puntos de vista sobre transformar la fantasía de la castidad en una realidad en la esfera de la vida de D/s; también detallar mis preferencias personales en el uso de esta clase de utensilios. Una vez más, las opiniones aquí no se presentan como el punto final, o la sabiduría absoluta acerca de los cinturones de castidad. Son sólo mis humildes opiniones, que han surgido de mis intereses y experiencias en este área. Vuestro recorrido puede variar.</p>
<p><em>La fantasía de la castidad</em></p>
<p>En mi artículo, “Añadir la D/s a vuestra relación”, me refiero al ‘regalo del orgasmo’ como atributo de la sumisión a tu especial pareja. No cabe duda de que entregar el control de tu placer a manos de tu compañera, refrenar el orgasmo durante el tiempo que ella decida, sin quejarse, es un acto de pura sumisión.</p>
<p>Parece lógico que el uso de un cinturón de castidad fuera una extensión natural de este acto sumiso. No obstante, he estado examinando las fantasías compartidas en mi canal IRC, y las de estupendos sitios web como el de Altarboy, y se me ocurren unas pocas observaciones. Los asuntos que surgen suelen ser bastante comunes, generalmente se mueven alrededor de la colocación del utensilio (voluntariamente, coaccionado u obligado) y su uso durante extensos períodos de tiempo (he leído historias de un uso de más de 5 años –sin ordeñar–). Frecuentemente, la ‘víctima’ sufre el adulterio; obligado a contemplar como su compañera disfruta del sexo con otros mientras él carece de esperanza de alivio. El hombre suele demandar o sentir que se merece ese tratamiento (ha sido infiel, no puede controlar su masturbación, etc.) y, casi unánimemente, se convierte en un mejor servidor, más atento, más cariñoso, etc. En resumen, gracias a este instrumento y al control del nivel de su testosterona por parte de su compañera, de repente se vuelve sumiso. Existen incluso sitios web, supuestamente escritos por mujeres y dedicados a ellas, que nos muestran los beneficios de mantener a nuestros hombres en cinturones de castidad (sospecho que esos sitios web han sido redactados por hombres con la esperanza de que los lean sus mujeres&#8230; pero no tengo pruebas de eso).</p>
<p>Si lees mis artículos, probablemente ya conocerás mi opinión sobre esas fantasías. Son fantasías estupendas para el recreo o como obsequios, pero no tienen nada que ver con la sumisión. El hecho es que un hombre auténticamente sumiso se mantendrá casto sin tal utensilio y trabajará duro para evitar que su nivel de testosterona afecte a su actuación como sumiso.</p>
<p>La mujer dominante debería esperar todos los ‘beneficios’ sin necesitar recurrir a la utilización de medios físicos o artificiales de ‘refuerzo’. ¿Dónde encaja entonces el uso de un cinturón de castidad en la relación de D/s como modo de vida?</p>
<p><strong>Utilizar el aparato</strong></p>
<p><em>El recreo</em></p>
<p>El uso del cinturón de castidad centra el asunto en la órbita masculina, buscando la sensación de “hazme mientras estoy obligado”. Por lo tanto, yo lo sitúo en la categoría del recreo y los obsequios. Personalmente, no utilizo el aparato directamente para forzar la abstinencia, porque no espero un mejor comportamiento de mis sumisos debido a su uso. Sin embargo, hay efectos que el aparato provoca en un hombre por los que puede usarse para incrementar el divertimento mutuo del recreo.</p>
<p><em>Control físico adicional</em></p>
<p>Hay rasgos de los utensilios de castidad que introducen elementos de control más allá de la disciplina mental. En primer lugar, la mayoría de los aparatos limitan físicamente la cantidad de erecciones que un hombre puede llegar a tener. Los hombres describen la sensación de ser incapaces de llegar a tener una erección completa como ‘enloquecedora’&#8230; ¡me encanta escuchar esa palabra! Algunos aparatos impiden cualquier estimulación del pene o el escroto. La mayoría obliga a los hombres a orinar sentados, limitando también su libertad fuera de la relación de D/s. Los hombres mencionan también el efecto de ‘permanente recordatorio’, al llevar el utensilio facilitan a sus compañeras el control físico de sus genitales incluso cuando están separados.</p>
<p><em>Provoca, provoca y, entonces, provoca algo más (es todo para divertirse)</em></p>
<p>Desde el momento en que le coloco el aparato al hombre hasta el momento en que se lo quito, mi objetivo es hacerle sentir los efectos del utensilio&#8230; profundamente. Empieza con el clic de la cerradura. Los policías te dirán que el momento más peligroso cuando aprehenden a un criminal se sitúa entre la aplicación de la primera y la segunda esposa. No hay rechazo que tenga ese impacto mental en el hombre que el escuchar la cerradura y saber que no hay marcha atrás. Lo mismo ocurre con el cinturón de castidad. No importa cuanta autodisciplina haya adquirido el sumiso, la realidad física del aparato le conmocionará. Entonces, utiliza ese momento delicadamente para reforzar su vulnerabilidad. Estoy segura de la cerradura emite un bello sonido al cerrarse, mantengo el utensilio una vez cerrado, estrujo sus pelotas un poco (dependiendo del aparato y si puedo o no tocarlas). Diré algo bonito, como: “de ahora en adelante&#8230; se acabaron las erecciones para ti&#8230;”; o “no te diré cuanto tiempo lo mantendremos esta vez”. Algunas veces le tengo arrodillado con sus manos tras la espalda, entonces sitúo mi pie bajo el aparato y lo zarandeo desde abajo con mis dedos a la par que le abofeteo suavemente ambos lados de su cara, mientras el me agradece el uso del aparato. Siempre juguetona, pero siempre jugando con el impacto del momento.</p>
<p>A menudo el siguiente paso será para mí. Le haré darme un largo masaje, prepararme el baño y cepillar mi pelo. Se que el aparato limitará la erección que tendría durante este tipo de actividades, y eso está bien, mi objetivo es elevar y contraer la curva de su excitación. Tras el período de tiempo en el que lleva el cinturón (el más prolongado para mi esposo, enjaulado sin descanso, fue una pequeña tentativa de tres semanas), yo jugaré con sus fantasías y fetiches. Le llevaré a la erección en su confinamiento una y otra vez. Para mi marido es significa repetidos contactos con el olor del cuero, de mi pie, de mi zapato y de mi.</p>
<p>Muchas mujeres ignoran el poder de las palabras (tanto las que tu dices como las del sumiso). Disfruta provocándole verbalmente; ridiculiza su situación. Asegúrate de que agradece su regalo. Asegúrate de que te sugiera maneras que te permitan frustrarle más. Agitar el aparato es siempre muy efectivo&#8230; en muchos casos, ¡es la única estimulación que podrá tener!</p>
<p>AVISO: No pierdas de vista la auténtica sumisión.</p>
<p>Este es el peligro de llegar a una larga ‘sesión’ de 3 semanas. Recuerda: es tiempo de recreo y es un regalo (que dura más tiempo del que normalmente le dedicarías a un sumiso). No pierdas la consciencia de lo que realmente significa, porque es trabajo adicional para ti. Si durante el curso del tiempo que está enjaulado, no te apetece provocarle, no lo hagas.</p>
<p>Sus responsabilidades como sumiso no están suspendidas durante ese tiempo. Continúa teniendo que esforzarse por anticipar tus necesidades y hacer tu vida más fácil. Precisamente porque le estas premiando debe ser un buen sumiso.</p>
<p>Si te parece que se ha distraído de sus promesas de sumisión o que está intentando incitarte para que le provoques cuando tu no quieres, quítale el aparato y se termino el recreo (ver el Poder de la ironía).</p>
<p>En ocasiones, cuando mantiene el propósito apropiado, puedes comenzar a tener la sensación de que está equiparando su sumisión con el aparato y concediéndole demasiada importancia. Si ocurre, no te preocupes. Déjale disfrutar su fantasía. Terminará cuando tú decidas, y el retornará mejor que nunca.</p>
<p><em>Resumen</em></p>
<p>Sin duda, puedes controlar la sexualidad de tu sumiso sin utilizar un cinturón de castidad. De hecho, es mejor para él aprender la autodisciplina que se requiere antes de utilizar el aparato. Sin embargo, para el tiempo de juego, regalos y divertimento, hay pocas cosas que puedan provocar el placer cíclicamente repetido de atormentar y provocar a un hombre enjaulado en un cinturón de castidad. Yo he usado dos clases con mis sumisos, el tipo Tollyboy y, recientemente, el CB 2000.</p>
<p><strong>SEGUNDA PARTE</strong></p>
<p>Una carta que he recibido recientemente, y mi respuesta. He cambiado el nombre de quien la enviaba para mantener el anonimato.</p>
<p>Hola, Ms Rika:</p>
<p>Estaba leyendo artículos en Internet sobre poder y control (desde una perspectiva sociológica) cuando me crucé con la utilización de los cinturones de castidad como una forma de control. Me interesó este asunto y empecé a preguntarme acerca de la utilización de los cinturones de castidad durante largos períodos de tiempo. Me gustó su sitio web porque sus puntos de vista parecían basarse en el realismo y en el pragmatismo.</p>
<p>Me casaré pronto; y mi futura esposa está muy inquieta por la posibilidad de que pueda tener aventuras con otras mujeres (puede ser porque sabe que solía tener muchas novias en mi juventud o puede ser simplemente que se deba a su propia psicología, no lo sé).</p>
<p>Lo que empeora las cosas, en su mente al menos, es que mi trabajo requiere largos viajes, la mayoría de ámbito nacional, y, por lo tanto, pasar algún tiempo fuera de casa. Está preocupada por si yo pudiera utilizar esa libertad para tener ligues esporádicos. He intentado asegurarle que no ocurrirá, pero ella continúa preocupada.</p>
<p>Como usted parece tener mucha experiencia en este área, me preguntaba qué consejo podría ofrecer sobre la conveniencia o no de que los cinturones de castidad pudieran ser una solución efectiva a nuestro problema. He oído que si son para utilizarlos durante largo tiempo, entonces deben ser caros y de mucha calidad (por el confort y por minimizar el riesgo de poder salir de él sin que ella lo sepa).</p>
<p>No me importa tener que usar uno si así ella estuviera tranquila, y no creo tampoco que se opusiera a la idea. Estoy preocupado, sin embargo, por si darle las llaves de mi cinturón de castidad cambiara las dinámicas de la relación y depositara demasiado poder en sus manos (en ocasiones, ella trata de controlarme). También espero si pudiera decirme si utilizar un cinturón de castidad ayudaría a proporcionarle la seguridad que necesita. Apreciaría cualquier opinión que pudiera darme. Gracias, Jeremy.</p>
<p>Jeremy:</p>
<p>Gracias por sus cumplidos con respecto a mis escritos. Probablemente, no tengo la respuesta que esperas. No recomiendo el uso de aparatos de castidad en el sentido de asegurar la fidelidad en el matrimonio. Además, si tu mujer no puede confiar en ti sin tal utensilio, me pregunto, en primer lugar, por qué quiere casarse contigo.</p>
<p>Los cinturones de castidad resultan muy divertidos y pueden usarse de diferentes formas; sin embargo, la confianza es una piedra angular de una relación y no puede reforzarse física o artificialmente. Antes de que te cases, necesitas mirarte en el espejo y responder a la cuestión honestamente: “Estoy deseando imponerme autodisciplina por el bien del matrimonio y, quizás un día, por mis hijos”. Si no puedes responder a esa pregunta francamente, entonces no te cases.</p>
<p>Sobre la otra observación, en la que consideras el ‘cambio’ de las dinámicas en la relación: por usar un cinturón de castidad de la manera en que lo describes, no estás trasladando el poder a tu esposa, lo que efectivamente estás trasladando es la RESPONSABILIDAD de tu fidelidad hacia ella. Y eso es egoísta, perezoso y enfermizo.</p>
<p>Te sugeriría discutir este asunto con tu prometida. La confianza es algo que se gana con tu actuación. Tienes que convencerla con tus acciones. Entiendo que esto no es excitante –una solución de fantasía–, pero acudiste a mí porque ofrecía una aproximación realista y pragmática&#8230; y la conseguiste.</p>
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		<title>Una polémica sobre la castidad</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 05:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay quien piensa que la práctica de la castidad supone una aberración o un abuso. Elise Sutton contesta: “casi siempre esta actividad surge de la sexualidad del hombre, no de la de la mujer. Las mujeres, simplemente, se han percatado de los beneficios de mantener castos a sus hombres, y ese es el motivo por el que esta práctica va siendo cada vez más popular”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querida Elise, ha opinado frecuentemente que, para que una mujer obtenga el control absoluto de su matrimonio, es necesario que prohíba a su marido tener orgasmos durante períodos de tiempo prolongados (por otra parte, ella puede disfrutar de cuantos desee). Algunas mujeres, incluida usted misma, nunca permiten a sus maridos siquiera penetrarlas (parece que su propia biología constituye un insulto para la mujer superior). ¿Es el principio de esta prohibición, es sus propias palabras, aplicable también a la intimidad en su sentido más general? ¿Puede su marido darle un abrazo, estrecharla cálidamente y besarla, espontáneamente, sin tener primero que pedirle permiso?</p>
<p>¿Tiene idea de que obligarle a la abstinencia le hará estar completamente frustrado y pensando en el sexo 24 horas al día? Es cruel, incluso aunque sea excitante. ¿Se dan cuenta las mujeres que siguen su consejo de que, obligando a sus parejas a permanecer castos, crean una situación en la que la vida cotidiana se centra constantemente alrededor del sexo? ¿Es una buena situación? “El amor es una enfermedad en la que te invade el deseo de ser deseado”, como alguien escribió. Pero no veo cómo ese particular deseo se plasma en un matrimonio de dominación femenina 24/7.</p>
<p>Pienso que resulta irónico cómo algunas mujeres, que se quejan de que sus maridos están obsesionados con el sexo, aprueban la idea de mantenerles castos. Lo que necesitas (sea sexo, intimidad o el deseo de ser dominado), pero que no tienes, absorberá gran parte de tu mente. Como cualquier cosa que te excita. Básicamente, no permitir el alivio sexual de su marido durante extensos períodos de tiempo reducirá su entera existencia al sexo. Su vida será completamente unidimensional, no dejando energía mental para abordar otros aspectos de su vida: familia, amigos, trabajo, estudios, aficiones, etc. ¿Cómo es que no se considera esto un abuso?</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Puede argumentarse que el hombre sexualmente obsesionado es aquel que se masturba habitualmente y que, por tanto, es menos atento con su mujer. Se ha dicho que los hombres piensan en el sexo cada siete segundos (resulta imposible comprobar la validez de dicha afirmación, pero las investigaciones nos muestran que los varones están obsesionados con el sexo). Apenas puedo creer que la prohibición del orgasmo incremente esa obsesión masculina con el sexo. Es esa obsesión masculina la que proporciona poder a las mujeres, y las mujeres están comenzando a utilizar la conducta sexual de los varones en su propio beneficio.</p>
<p>Como otras muchas actividades de la dominación femenina, la prohibición del orgasmo y la castidad nacen en las mentes de los hombres, no en la de las mujeres. No han sido las feministas o crueles mujeres las que sacaron a colación el concepto y colocaron aparatos de castidad a sus compañeros. Fueron los hombres quienes suplicaron a sus mujeres que les condujeran a la castidad. Todo lo que tiene que hacer es navegar por Internet y acudir a los forums sobre la denegación del orgasmo masculino y la castidad forzada, y será testigo de que la mayoría de los mensajes provienen de hombres que buscan una mujer que les obligue a la castidad. Sus preguntas muestran un escaso entendimiento de la naturaleza y la sexualidad del varón sumiso.</p>
<p>¿Por qué los hombres quieren que se lo prohíban? Quizás es porque los hombres están comenzando a asumir realmente su propia sexualidad. Muchos hombres no disfrutan con el bajón emocional y sexual que sigue al orgasmo. Empiezan a darse cuenta de que no alcanzan el nivel de intimidad y pasión que sus mujeres necesitan y desean. Obligado a la abstinencia, el hombre mantiene plena la pasión que le permite mantenerse centrado en las necesidades de la mujer. Usted lo denomina insana obsesión con el sexo; yo lo defino como la manera de canalizar la energía sexual para alimentar la pasión y la intimidad. Un hombre puede estar obsesionado con el sexo, pero no tener ni idea de lo que es la pasión y el romance. De nuevo: el masturbador compulsivo está obsesionado con el sexo, y obtiene múltiples orgasmos al día, pero ¿es capaz de dedicarse a las necesidades de su mujer?</p>
<p>Sus ideas sobre este asunto (aunque sinceras y bien expuestas) resultan contradictorias con la realidad. Es el hombre apasionado el que colmará a su mujer de abrazos y besos, y quien hará lo que sea por obtener su cariño. Es el hombre que eyacula frecuentemente el que desatenderá a su mujer y la tomará por el pito del sereno. La razón por la que las mujeres están comenzando a practicar la denegación del orgasmo masculino se encuentra, simplemente, en los resultados que provoca. Las mujeres están hartas de la situación tradicional, quieren un hombre que sea más apasionado y que se centre más en sus necesidades y deseos. Y han descubierto que al prohibirle la eyaculación su compañero se vuelve más obediente y más ansioso por complacerlas. Así que la denegación del orgasmo satisface a las dos partes, realiza los deseos sumisos del compañero casto y la necesidad de femenina de atención, pasión y, sí, control.</p>
<p>Tras mis conversaciones con gran cantidad de hombres sumisos que muestran el deseo de que se les deniegue el orgasmo, he llegado al convencimiento de que esta fantasía masculina es la forma en la que el hombre comunica al género femenino su solución a la ausencia de intimidad y romance en la pareja. Es el hombre el que le dice a la mujer: “!Ayúdame para que te ayude¡” El hombre sabe que su compañera desea más pasión y atención, pero es incapaz de ofrecérselo a causa de sus frecuentes orgasmos y del bajón emocional y sexual que sufre tras ellos. El hombre sabe que, para estar concentrado en su compañera, necesita que su deseo sexual permanezca vivo en su mente, pero bajo el control de la mujer. El hombre sumiso no quiere estar concentrado todo el tiempo en su carrera profesional o en sus aficiones a expensas de su relación de pareja. El hombre denegado, que utiliza un aparato de castidad, se motiva más fácilmente en otras áreas, en tanto que su mujer puede ahora canalizar su energía sexual hacia el servicio a ella. Este proceso no ocurre en una noche, sino que necesita un tiempo y una comunicación abierta.</p>
<p>¿Por qué he incorporado la denegación del orgasmo a mi propio matrimonio? Porque funciona. Hemos estado practicando la denegación del orgasmo masculino durante muchos años, y mi marido se muestra lleno de pasión. Le permito el derecho de besarme y abrazarme siempre que quiera, porque me gusta que un hombre muestre abiertamente su devoción y su amor por mí. La dominación nos permite mucha más intensidad de la que disfrutarán la mayoría de las parejas tradicionales en toda su vida sexual. Así nos comprometemos también en otras parcelas de nuestra intimidad. Mi marido prefería disfrutar de más orgasmos, pero el sería también el primero admitir que después del orgasmo su nivel de servicio y su devoción hacia a mí declinan durante un corto período de tiempo. Si no fuera así, yo le permitiría tener más de uno o dos orgasmos al mes.</p>
<p>Cada pareja es diferente, y la denegación del orgasmo varía de una a otra. Una mujer debe descubrir la apropiada cantidad de eyaculaciones que funcionará para su compañero. Si un hombre puede mantener su nivel de obediencia y su dedicación con uno o dos orgasmos a la semana, entonces su mujer bien puede permitírselos. Eso puede ser posible con los varones jóvenes, pero con los años los hombres requieren de períodos más largos de tiempo entre orgasmos para mantener viva su pasión. Cada pareja es diferente, y no todas las mujeres prohíben la penetración. Algunas mujeres limitan los besos y los abrazos, y otras mujeres se encaminan a la denegación permanente del orgasmo masculino; pero siempre es una forma de vida acordada entre dos adultos, y no un abuso. Otra vez: casi siempre esta actividad surge de la sexualidad del hombre, no de la de la mujer. Las mujeres, simplemente, se han percatado de los beneficios de mantener castos a sus hombres, y ese es el motivo por el que esta práctica va siendo cada vez más popular. Las mujeres se están dando cuenta de que el sexo es para su placer, y de que un hombre al que no se le permite el orgasmo es un hombre obediente.</p>
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		<title>En la noche de bodas</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2008 05:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[La conoció cuando tenía más de 40 años; él, 21. Tuvo que esperar dos años, hasta la noche de bodas, para que ella consintiera en recibir el regalo de su virginidad. Y pocos orgasmos llegaron después, sin embargo, Sam se muestra fervorosamente agradecido a su dueña: “ha hecho de mí un auténtico hombre”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sam J</strong></p>
<p>Querida Elise, te escribo para contarte lo maravillosa que es mi mujer. Cuando la conocí, a los 21 años, aún era virgen. Ella tenía más de 40 entonces, y la cosa tuvo mucho que ver con las urgencias hormonales de la juventud. Me hizo llevar un cinturón de castidad desde que comenzó nuestra relación, y el contacto sexual casi no se producía en aquellos momentos. Naturalmente, estaba caliente todo el tiempo que pasaba con ella, y siempre fantaseando acerca de ella. Pensaba en su pelo, su sonrisa, sus pechos, etc., lo que hacía que me excitara más y, por lo tanto, me quedara más frustrado. Después de tres meses de hacer tareas y recados para ella, me preguntó si me gustaría tener alguna intimidad sexual. Mi respuesta fue: sí.</p>
<p>Al principio me desilusionó comprobar cuál era su idea de la intimidad sexual, que no significaba quitarme el cinturón de castidad y follar. Se trataba de que le proporcionara sexo oral. Era eso o nada. Me volvía tan loco pensando en ella que el menor contacto con cualquier parte de su cuerpo aceleraría mi respiración y me provocaría dolor entre las piernas. Fue entonces cuando se inició mi experiencia de lamer el coño. No sabría cómo describirlo. Ahora me encanta, pero entonces casi me abrumaba. Me recuerdo casi desbordado y embriagado por el olor, el sabor y el absoluto poder que emanaba de todo. Cuando ocurrió fue, de lejos, más intenso que mis pasados orgasmos provocados por la masturbación. La actividad se convirtió poco a poco en regular. Todavía no encuentro las palabras para describirlo, pero me sentí física y sexualmente frustrado a la par que profundamente satisfecho mentalmente, como si fuera el mejor sexo de mi vida. Creo que solamente protestaba mi pene, pero la oposición fue suavizándose a medida que me entregaba más a la profunda satisfacción que se producía al complacerla hasta el orgasmo. Nunca se me había ocurrido que un hombre y una mujer pudieran sentirse tan intensamente satisfechos y realizados en la intimidad sexual sin el orgasmo del varón.</p>
<p>Ella sabía que yo era virgen, y una vez le dije que estaba absolutamente preparado y deseoso de complacerla durante la noche con mi pene; pero parecía obtener más satisfacción con mi frustración mientras la complacía oralmente. Me entregué porque la amaba.</p>
<p>En una ocasión, dejó de pedir sexo oral, así que me quedé perplejo y pregunté por qué. La verdad es que me había vuelto adicto a proporcionarle sexo oral. Ella me dijo que tenía el periodo. Su respuesta me conmocionó y no supe qué responder. Sin embargo, estaba tan excitado y la deseaba tanto, que algo se apoderó de mí y le dije: “de todas maneras, quiero chuparte”. Me miró sorprendida. Ahora, me doy cuenta de que tuvo valor al inclinar la cabeza y levantarse la falda para mí. La experiencia no fue desagradable, me golpearon sus esencias íntimas de la menstruación, pero mi deseo y mi amor por ella hicieron que me resultara fácil concentrarme en su placer y desconectara de todo lo demás. Antes de que me diera cuenta, llegó al orgasmo. Después de esta primera experiencia, he continuado proporcionándole sexo oral incluso durante sus periodos.</p>
<p>Hace unos pocos meses, le propuse matrimonio, porque la amaba. Ella accedió, con la condición que continuara usando el cinturón de castidad. Como regalo de boda le entregaría mi virginidad, y en lo sucesivo se me permitiría llegar cada dos meses. Me veía entregándole mi virginidad, me sentía tan agraciado imaginándome cómo me corría dentro de ella.</p>
<p>Cuando ocurrió, en nuestra noche de bodas, me puso lo menos cuatro condones sobre mi erecto pene, después de quitarme el cinturón de castidad, y por primera vez en mi vida me montó una mujer. Ella tuvo dos orgasmos; yo gemía y suplicaba por el mío. Me besó y levantó sus caderas para quitarme los condones. Me dijo: “ahora cariño, dame tu virginidad, dame toda tu simiente”. La miré como si fuera el más maravilloso ángel. Murmuré un sí, y manteniéndose arriba se hundió sobre mi pene. Llegué enseguida, pero pareció que fuera eterno. Habían sido cerca de dos años de deseo reprimido y excitación. Me sentí como si explotara por dentro. Con cada pálpito, me rendía más a ella. Fue el momento más intenso de mi vida.</p>
<p>Ahora, que continúo llevando puesto el cinturón de castidad, mis ojos y me mente jamás se desvían de mi mujer. Toda mi atención y mi energía se dedican a complacerla. Soy consciente de que mucha gente dirá cuánta suerte tiene por poseer un joven y fervoroso marido, pero la verdad es que soy yo el afortunado. Ella me ha proporcionado experiencias que sólo hubiera podido soñar; ha hecho de mí un auténtico hombre.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Eso es lo que yo llamaría una noche de bodas muy especial. Haciéndote esperar hasta la noche de bodas para obtener el derecho a penetrarla, se aseguró que sería una noche que jamás olvidarías. Te entrenó en las maneras de complacer sexualmente a una mujer antes de permitirte que disfrutaras tú de ese placer. Una mujer inteligente. Te adiestró en la adoración a la mujer, y tu sumisión y apasionamiento para servir le demostraron que eras merecedor de ella.</p>
<p>Como has descubierto, una mujer puede recibir placer oral y experimentar orgasmos durante su ciclo mensual. Es sorprendente como muchos hombres no se dan cuenta de ello, porque no quieren acercarse a la mujer mientras menstrúa. Algunas mujeres prefieren apartarse del sexo por los dolores o el malestar, pero otras disfrutan de que les chupen y laman el clítoris durante los días de periodo. Una mujer puede llevar un tampón y disfrutar de las placenteras sensaciones de que le laman el clítoris y el ano. Esa actividad las lleva al orgasmo, y se relaciona con la dominación femenina en tanto que tienen a su sumiso y dedicado sirviente complaciendo oralmente a su Reina durante la menstruación. Tu eres sin duda uno de esos hombres, y tu devoción por complacer a tu Reina es lo que te ha convertido en un auténtico hombre. Mis mejores deseos.</p>
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		<title>Permanecer virgen para servir mejor</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jan 2008 02:11:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Castidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio T nos cuenta su experiencia de sumisión a Anna, (mujer lesbiana con la que terminará casándose, por conveniencia social de ella). Sumisión sin relación sexual porque el joven Antonio permanece virgen porque así lo quiere quien le domina. Pese a lo cual, y a los dos años transcurridos, Antonio respira amor y devoción por Anna.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Antonio T </strong></p>
<p>Un saludo, Ms Sutton, le escribo desde Italia. Hasta hace dos años vivía con mi hermana Cristina. Estamos muy unidos; Cristina cree en la superioridad de la mujer, lo mismo que le pasaba a su madre. Cris conoce mis tendencias sumisas, como las de mi padre. Nuestros padres murieron y nosotros nos hicimos cargo de la familia. Hace dos años conocía a Anna, una amante lesbiana de mi hermana, tiene 34 años, mucha experiencia y es mayor que yo, que tengo 22. Cris le pidió que me acogiera como su criado personal, porque pensaba que era la mejor solución para continuar con mi educación en la superioridad de la mujer. Desde un principio, Anna dejó bien claro que debería permanecer absolutamente casto, obedecerla sin objeciones y realizar el trabajo sin necesidad de que se me ordenara.</p>
<p>Así que dejé mi trabajo como camarero y comencé mi nueva vida con Anna. Durante los últimos dos años me ha ayudado mucho a convertirme en un auténtico sumiso y le estoy enormemente agradecido. Lo que más aprecio de ella es su entendible ausencia de fe en los hombres. Con su excelente trato, Anna me ha enseñado a asumir mi sumisión. Ella sostiene que cada hombre podría estar al servicio de una lesbiana durante su juventud y así podría evolucionar, bajo la guía femenina, sin ser distraído por el sexo. Uso un aparato de castidad porque Anna se muestra contraria al orgasmo masculino, nunca suelto ni una gota de semen bajo su techo. Sólo he tenido poluciones nocturnas, y para evitar este mal hábito utilizo pañales sanitarios sobre mi cinturón de castidad. Anna me trata con respeto y amabilidad, y soy muy feliz. Me deja navegar por Internet, ver la televisión y gastar algún dinero para mí. Salimos por ahí a restaurantes, cines, teatros y fiestas. El año pasado estuvimos dos semanas de crucero por el Mediterráneo. La vida con Anna es genial.</p>
<p>Hace tres meses, Anna me pidió que me casara con ella, porque le convenía para su carrera profesional (en Italia el matrimonio tradicional es muy importante). Le dije que sí, pero siente inquietud porque no sé si seré capaz de conseguir el alto nivel de castidad que ella demanda. Estoy siempre caliente, mis testículos están siempre llenos y mi aparato de castidad es a veces doloroso de llevar. Normalmente, tengo dos tres poluciones nocturnas cada mes y un par de accidentes cuando lavo su ropa interior o cuando huelo sus panties. A ella no le importan mis sueños húmedos, dice que están bien para limpiar mis cañerías y que no haya necesidad de abrir el cinturón de castidad.</p>
<p>Sin embargo, soy joven y me avergüenza admitir que permanezco virgen; nunca he tenido ningún contacto sexual con una mujer debido a las reglas impuestas por Cris, sólo he experimentado en secreto la masturbación hace tiempo cuando vivía con ella, y me siento culpable por haberlo hecho. Ahora, como marido de Anna tendré que permanecer casto de por vida.</p>
<p>He suplicado muchas veces a Anna para que me permitiera llegar, pero cree que el orgasmo puede ser peligroso para mi actitud aunque no lo sea para mi salud. Dice que es mejor que permanezca virgen, porque de esa forma aprenderé rápidamente a concentrarme en ella y alcanzaré un alto nivel de felicidad: “Lo peor y más cruel que puedo hacer por ti es permitirte un poco de sexo”. Sostiene que me quiere virgen, casto y sumiso, así que tengo que dejar de molestarla y agradecerle lo que está haciendo. Me siento un poco culpable, porque Anna es muy feliz ahora, y su felicidad es más importante que unos pocos segundos de placer animal. En el fondo de mi mente, se que tiene razón: tengo que admitir que soy más sumiso y respetuoso ahora que hace dos años, y que obtengo mucho placer psicológico sirviéndola. No puedo explicar la felicidad que siento cuando huelo sus panties y goteo en mi pañal: el dolor que provoca el cinturón de castidad es duro, pero el placer es fantástico.</p>
<p>Temo los posibles accidentes húmedos por encima de todo. ¿Es normal o anormal que un hombre joven derrame esperma cuando huele los panties de una mujer? Tengo miedo de confesárselo a Anna por si se enfadara, porque me prohibió lamer, besar o oler su ropa interior o sus zapatos, algo que le resulta desagradable.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>No tienes que vivir atemorizado o sentirte culpable por desobedecer a tu Ama, así que te sugeriría que discutas el problema con Anna. Pídele si quizás consideraría permitirte tener orgasmos supervisados de la manera que aconsejaran sus creencias en la superioridad de la mujer. Podrías tenerlos de formas que fueran humillantes para ti y entretenidas para ella. Puedes mostrarle mi sitio web y mi lista de maneras de proporcionar orgasmos humillantes a un hombre. Algunas de esas propuestas podrían complacer a Anna y hacer que le interesara dominarte de esa forma. De ese modo, podría disfrutar ella y tú obtener el alivio sexual que necesitas. La comunicación abierta y sincera es siempre mejor que hacer algo que está prohibido por tu Ama. El placer físico puede ser fantástico, pero el sentimiento de culpabilidad provocado por desobedecerla no lo es; lo físico es temporal, pero las consecuencias psicológicas permanecen en ti.</p>
<p class="akst_link"><a href="http://anaserantes.com/?p=3&amp;akst_action=share-this"  title="Comparte esta publicaci&oacute;n en technorati, meneame, etc." id="akst_link_3" class="akst_share_link" rel="noindex nofollow">Comp&aacute;rtelo</a>
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