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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Comenzar</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>La única regla</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 05:00:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Wilson encontró la manera de superar la oposición de su mujer a la posibilidad de la dominación femenina. Pactó con ella una sola regla: “La única regla era que ella pusiera las reglas y yo las obedecería”. Wilson tuvo paciencia y perseverancia: un año tardó ella en plantearse que la relación iba a ser de dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Wilson Z</strong></p>
<p>Querida Sra. Sutton.<br />
Mi historia mostrará cómo la dominación femenina puede empezar inocentemente y crecer hasta un estilo de vida 24/7.</p>
<p>Cuando le enseñé su página web, mi esposa era reticente a intentar la dominación femenina. Leyó los foros, las historias y los artículos, pero no se creía que nada de todo aquello fuera real, y, si lo era, creía que los que lo hacían “estaban chiflados”. No sabía qué explicarle, excepto que yo respetaba sus ideas y que viviría de acuerdo con cualquier estilo de vida que ella eligiera para nosotros. Le expliqué que lo único que me importaba era que ella tomara el mando y que yo aceptaría cualquier cosa que ella quisiera.</p>
<p>Nunca creí que lo estuviera haciendo bien, pero, de alguna manera, di con un planteamiento que la introdujo en el poder de la dominación femenina sin manejarla desde abajo. Era sincero cuando le dije que lo único que quería era que ella tomase el mando. No teníamos por qué hacer cosas raras en el dormitorio, ni ella tenía que usar vestimentas <em>fetish</em>, ni teníamos por qué hacer nada de lo que había leído en la página de Elise Sutton. La única regla era que ella pusiera las reglas y yo las obedecería. Esto era todo, y ella estuvo de acuerdo.</p>
<p>Empezó poco a poco, sin demasiados cambios al principio, pero yo seguí a la mía, haciendo todo lo que me pedía. Mi esposa se dio cuenta y alrededor de un año más tarde releyó su página buscando un punto de partida. Encontró un articulo sobre mujeres que afeitaban las partes íntimas de sus hombres (Eve Hogan’s: “He said, She said” –pie de la página 17 en la Sección Principal de Artículos–). Decidió que quería que me afeitara, así que me dijo que debía afeitarme todo mi vello púbico.</p>
<p>Una cosa como esta parece inocente e inofensiva, pero el poder que ejerció sobre mí fue inmenso. Me sentía totalmente castrado. Estaba un poco avergonzado por mi estado, pero, evidentemente, estaba sexualmente excitado. Mi esposa disfrutaba tocando la suave piel de mis genitales y comentaba lo agradable que era encontrar unas bolas suaves.</p>
<p>Al principio sus reglas eran muy ligeras. Elegía lo que veíamos por la televisión y cosas así. No estaba acostumbrada a llevar el mando, así que al principio no daba grandes pasos. Pero a medida que pasaba el tiempo, empezó a ser más atrevida. Incluso me humilló un par de ocasiones acerca de mi “zona” depilada, y otra vez me reprendió duramente porque no me había afeitado durante dos semanas y había empezado a salir algo de pelo. Su solución fue cera depilatoria en la zona. Se la compró a su amiga, que es esteticista, y ella misma me la aplicó. Hablar de eso duele, pero quedé más suave que nunca. Después amplió mi “zona” para la cera hasta incluir mis piernas. Esto me hizo sentir más castrado todavía.</p>
<p>Mi esposa empezó a exigir que hiciera mayor parte del trabajo doméstico. Esto creció y creció, y actualmente hago la mayor parte de este trabajo.</p>
<p>Empezó a llevar más el control del dinero y a tomar la mayor parte de decisiones de nuestro matrimonio. Algunas de ellas se oponían a lo que yo quería, pero si alguna vez la contradecía o discrepaba, me recordaba nuestra regla: “la única regla es que ella pone las reglas y yo las obedezco”. Me recordaba que esta regla había sido idea mía.</p>
<p>El otro día estaba pensando justamente lo lejos que habíamos llegado. ¿Sólo había pasado un año? ¡Se había vuelto tan dominante en tan poco tiempo!¡Y pensar que esto era contrario a su forma de entender la vida! Ahora cuando lee su web ya no piensa que es rara o únicamente para gente “chiflada”. Todo le parece natural, y a mí también.</p>
<p>No hacemos B&#038;D ni S&#038;M, pero nuestro matrimonio es totalmente de dominación femenina. El último avance se dio cuando mi esposa nos acercó a algo a lo que yo estaba seguro que nunca llegaríamos. Hace un año habría apostado nuestra casa a que mi mujer nunca se interesaría por la infidelidad. Sin embargo, conoció a un hombre con el que había salido en la universidad: estaba en la ciudad por asuntos de negocios y la vio en una exposición que ella organizaba. Me dijo que iba a salir con él “como amigos” para recordar viejos tiempos. Fueron a cenar, a tomar unas copas, y terminaron en su hotel.</p>
<p>Llegó a casa muy tarde. Yo la esperaba despierto. Después de entrar en casa, antes de que pudiera preguntarle por la velada, metió la mano en mis calzoncillos, agarró mis suaves y depilados genitales, y los retorció mientras me llevaba al dormitorio. Se desnudó, me empujó a la cama, se montó a horcajadas sobre mí, y me dijo que acababa de tener relaciones sexuales con otro hombre. Me ordenó que le hiciera un “servicio de limpieza”.</p>
<p>Solo me ha sido infiel una vez, pero ahora sé que es capaz de hacerlo y que puede volver a hacerlo si quiere. Ha sido lo más difícil de admitir, pero cuando lo discutimos me recuerda que “la única regla es que ella pone las reglas y yo las obedezco”. Oírla hablar así me hace sentir cómodo. He llegado a confiar en sus decisiones y me siento realmente bien donde estamos como pareja.</p>
<p>Mi consejo para los hombres que están tan ansiosos como yo lo estaba por un matrimonio de dominación femenina, es compartir esta simple regla con sus esposas. No sé cómo una mujer puede resistirse a esta regla. No la presiona de ninguna manera y le permite llevar su forma de vida hacia cualquier dirección que desee. Lo único que ellos han de hacer es seguir su dirección.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Wilson, yo no podría haberlo explicado mejor. En los negocios hay un dicho conocido como el principio <em>KISS</em> (<em>Keep It Short and Simple</em>: Hazlo breve y sencillo). Su directiva marital, “la única regla es que ella pone las reglas y yo las obedezco”, es una filosofía sencilla con la que una pareja puede vivir. Es una sencilla filosofía sobre cómo vivir al estilo de la dominación femenina, pero que lo abarca todo.</p>
<p>La maravillosa revelación que ha tenido sobre la dominación femenina, no debe verse ensombrecida por la experiencia de la infidelidad. Ahí es a donde su esposa llevó su relación en esa noche en particular, y estoy segura de que algunos lectores masculinos de su historia se sentirán excitados por eso, y está bien, pero no debe ensombrecer la importancia de cómo introdujo a su esposa en este estilo de vida.</p>
<p>Usted le hizo a su esposa el precioso regalo de acordar someterse a ella sin importar hacia dónde decidiera llevar la relación. Ella podría haberla llevado en una dirección muy <em>vainilla</em>, sólo con elementos domésticos de dominación femenina. Y, si lo hubiera hecho, usted habría estado totalmente preparado para admitirlo. No se habría quejado porque había adquirido un compromiso con ella.</p>
<p>Su sumisión en temas menores (como dejarle decidir lo que veían en la televisión) le dio la fuerza para expandir su dominación a temas mayores. Esto condujo al afeitado de sus genitales y al ejercicio de mayor autoridad sobre usted asignándole más tareas, etc. Y su obediencia en estas áreas le mostró que podía ir más allá. Ahora usted tiene la clase de matrimonio que siempre soñó y no tiene nada que ver con fantasías, sino únicamente con usted sometido a una mujer.</p>
<p>Gracias por compartirlo con nosotros y espero que otros se beneficien con su ejemplo. ¡Cuídese!</p>
<p>[Traducción de Jorge Sánchez]</p>
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		<title>No me atrevo</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/no-me-atrevo/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Sep 2008 04:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio considera a su novia superior a él en casi todo, y sobre todo mentalmente. Y la chica se presta de buen grado a cualquier nuevo juego sexual que le plantea. Sin embargo, no se atreve a plantearle su nuevo descubrimiento: la dominación femenina. Tan valientes para unas cosas los chicos, tan apocados para otras.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Antonio García Rodríguez</strong> </p>
<p>Antes de preguntarte por primera vez, ya había leído algunos artículos de tu blog y, como me dijiste, leí en la sección Comenzar. Gracias a ellos ya tengo una base donde antes no tenía nada. Te explico: hasta hace un mes no sabía nada acerca de la dominación femenina, y he de reconocer que al principio lo veía como “algo raro”, pero he estado dándole vueltas al tema y cada vez me llama más la atención. Yo siempre he pensado que el hombre era el dominante, y el que llevaba la voz cantante hasta hace bien poco.</p>
<p>Tengo novia desde hace 4 años: es 3 años menor que yo (ahora tengo 23). Físicamente, es alta, de la misma estatura que yo, y de complexión fuerte, sin dejar por ello de ser femenina. Mentalmente, ella me supera a pesar de mi edad ,y desde el primer momento de la relación lo he tenido claro. A veces he llegado a pensar que es mucha mujer para mi.</p>
<p>La cosa está en que desde que empece a leer sobre la dominación femenina la veo de otra manera, como si se me hubieran abierto los ojos. Cuando la miro, veo a una persona superior a mi en casi todos los sentidos: fisicamente, mentalmente, profesionalmente&#8230; Digo casi todos porque en el tema del sexo siempre he sido yo el que ha dado los primeros pasos y el que propone temas nuevos. Siempre hemos sido muy abiertos en esta cuestión y nos gusta experimentar cosas nuevas. A ella le encanta todo lo que propongo y aún no me ha dicho que no a nada. De siempre he querido que sea ella la que un día me sorprenda y me diga que quiere probar algo totalmente nuevo, y se lo he dicho varias veces, pero al final siempre acabo dirigiendo yo.</p>
<p>A veces pienso que, si ella llevara las riendas, nuestra relación mejoraría mucho, ya no solo sexualmente, sino en todos los terrenos. El caso es que parece como si ella no se diera cuenta de su potencial, y lo que a mi me gustaría es eso precisamente: hablarle de la dominación femenina y despertar en ella esa “superioridad” y su curiosidad en el tema. Lo que pasa es que no sé cómo hacerlo sin que me mire como un bicho raro.</p>
<p>Yo la veo como a mi diosa particular y siempre intento hacer que se sienta bien y mirar por ella antes que por mí, aunque reconozco que a veces este punto puedo mejorarlo. También pienso que me encantaría ser dominado por ella en todos los terrenos, pero fuera de esta relación no creo que ni llegara a plantearme algo así, ya que es ella y solo ella la que despierta este punto en mi.</p>
<p>A ver si tu desde la experiencia en el tema puedes guiarme en el principio y darme algún consejo que otro. De todas formas seguiré leyendo y buscando información en tu blog.</p>
<p>Gracias por tu atención. </p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Vamos a ver, Antonio, lo que en realidad estás pidiendo es alguna forma en la que puedas obtener cierta seguridad para poder decirle a tu novia lo que no te atreves a decirle: que te gustaría intentar convertir vuestra relación en una de dominación femenina. No puedo ofrecerte esa seguridad.</p>
<p>No obstante, hay suficientes detalles en tu escrito para suponer que estás minusvalorando a tu novia cuando crees que te verá como “un bicho raro” si le planteas la cuestión. Dices que la consideras una persona superior a ti en casi todos los sentidos, y explicitas que es superior a ti mentalmente. Hasta el punto de que has llegado a pensar si no es mucha mujer para ti. Pues si tienes razón, la pregunta resulta obvia: ¿Cómo tienes tantas dudas de que una mujer a la que tan bien consideras sea capaz de entender lo que ahora te preocupa? </p>
<p>Pero hay algo más: “en el tema del sexo siempre he sido yo el que ha dado los primeros pasos y el que propone temas nuevos. Siempre hemos sido muy abiertos en esta cuestión y nos gusta experimentar cosas nuevas. A ella le encanta todo lo que propongo y aun no me ha dicho que no a nada”.</p>
<p>En resumen, que si es tan inteligente y si está tan dispuesta a probar cosas nuevas en el terreno sexual que nunca te ha dicho que no a nada, ¿por qué no contarle la “cosa nueva” que quieres probar ahora? ¿Por qué no contárselo con la naturalidad con la que me lo cuentas a mí, a una desconocida?: “he de reconocer que al principio lo veía como &#8216;algo raro&#8217;, pero he estado dándole vueltas al tema y cada vez me llama más la atención”. ¿Por qué no tener confianza en ella y, cuando menos, en su comprensión? A ver si vas a ser tú el que no te das cuenta de su potencial.</p>
<p>Antonio, yo se lo contaría tal cual, y le explicaría lo que has descubierto en este sitio web y, por lo tanto, le daría la dirección electrónica. No obstante, si no te atreves, puedes rebajar un punto la sinceridad: plantearlo como un juego sexual y, una vez probada la “cosa nueva”, poder ir después un paso más allá. Otra posibilidad sería comenzar como si fuera un juego no sexual: tu juegas, y se lo dices, a servirla en todo lo que se le ocurra, mientras que vuestra sexualidad permanece sin cambios, y más tarde se verá a dónde os lleva el camino. También podrías limitarte a seleccionar dos o tres artículos, los que te parezcan los más oportunos del blog, y dárselos a leer, diciéndole que te han llamado la atención, y preguntándole qué piensa ella de la cuestión.</p>
<p>Antonio, que no se acaba el mundo, que sois muy jóvenes y que lo único que quieres plantearle es darle una oportunidad a una nueva forma de llevar vuestra relación: lo peor que te puede pasar es que te diga que no&#8230; o que si te dice que sí, que no termine de funcionar. Riesgos como ése no parecen muy difíciles de correr, y menos a tu edad. Lo que digo a veces: tan valientes los chicos para unas cosas; y tan poquita cosa para otras.</p>
<p>Valor, y a por ello, Antonio. Cuanto menos dramatices tu situación, mejor; y cuanto menos anticipes la dominación femenina de ella, pero sin contar con ella, mejor. Y mira, no es tan difícil: si sale bien, bien; si sale mal, pues te quedas como estás&#8230; que no debes estar tan mal con una chica a la que tanto estimas después de cuatro años noviazgo.</p>
<p>Te deseo suerte, Antonio; pero trabájate esa suerte&#8230; atrévete.</p>
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		<title>Un comienzo apresurado III</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado-iii/</link>
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		<pubDate>Tue, 12 Aug 2008 04:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribe María Álvarez, la mujer de Jorge Sánchez, para pedir consejo sobre cómo introducirse en la dominación femenina, porque le está costando, dice. Y yo contestó, como acostumbro, tratando de darle la vuelta a algunos razonamientos, tratando de liberarla de parte de la responsabilidad que su marido ha cargado sobre sus hombros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>María Álvarez</strong></p>
<p>Hola Ana, soy María, la esposa de Jorge Sánchez. Te escribo estas líneas porque me gustaría que me orientases un poco sobre la dominación femenina. Como sabes, hace muy poco tiempo que nos hemos iniciado en la misma, los dos hemos leído sobre el tema, y por mi parte me está costando un poquito porque representa un cambio importante en nuestras vidas,  </p>
<p>En el terreno de lo sexual, tengo muy poca imaginación, y Jorge me dice que tengo que mejorar. Y en cuanto a los castigos, me cuesta bastante azotarle cuando veo que no se ha portado del todo bien conmigo.</p>
<p>En el campo doméstico, tengo que ir asumiendo que mi marido vaya haciendo más tareas, cuando hasta ahora las hacía casi todas yo. Pero me pregunto: ¿no sería posible que los dos las compartiéramos por igual?</p>
<p>Tenemos dos hijos en edades adolescentes y es difícil compaginar la dominación femenina con la vida cotidiana con ellos, ya que nos restan mucha intimidad y se dan cuenta de todo. </p>
<p>Este sábado nos vamos de vacaciones con el propósito de mejorar nuestras relaciones en el ámbito de la dominación. Esperando consejos tuyos, te doy las gracias por anticipado.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Como comprenderás, María, mis consejos o disquisiciones se tienen que limitar a lo poco que conozco de vuestra situación por Jorge (“<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado/">Un comienzo apresurado</a>” y &#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado-ii/">Un comienzo apresurado II</a>&#8220;) y a esta carta que me mandas. No es mucho, pero espero que la “conversación” conmigo pueda servirte de alguna ayuda y que, si es así, tenga interés para ti continuarla.</p>
<p>Comienzo por asumir que el hecho de que te aventures en la dominación femenina se produce a instancias de Jorge, y que te está “costando un poquito” porque ha sido una iniciativa que no ha partido de ti, que lo haces por ver si en efecto esa nueva forma de relacionaros pudiera revitalizar vuestra relación de pareja. Me gustaría asegurarte que así será, pero sólo puedo decirte no hay garantías. Lo que sí puedo asegurarte es que el deseo de Jorge de relacionarse contigo de esa manera no va a desaparecer aunque fracasara vuestro intento. Podría esconder su deseo, pero no desaparecerá; sus ansias de sumisión están muy dentro de él, no son una cuestión pasajera.</p>
<p>Por lo tanto, partes de una situación que en apariencia es pura contradicción: tu compañero dice querer someterse a tu autoridad, pero eres tú la que te ves obligada a hacer cosas por o para él. Sin embargo, esta contradicción con la que lidias suele resultar bastante habitual en los comienzos de muchas parejas con la dominación femenina, porque la mayoría de las veces son los hombres quienes proponen a sus mujeres esta forma de relacionarse. Y las mujeres que, como tú, se deciden a intentarlo lo suelen hacer más por sus compañeros que por ellas mismas, más impulsadas por su amor hacia ellos que por su propio deseo. De ese modo suelen comenzar estas historias, que acostumbran a terminan de dos formas: con la negativa de la mujer a asumir un comportamiento que no desea, o bien con la mujer disfrutando de su nueva posición de dominio en la pareja&#8230; y construyéndola a su medida en lugar de someterse a los dictados de quien se tiene por sumiso.</p>
<p>Para que la tuya pudiera ser una de las historias con “final feliz”, tienes que tener claro desde el principio que tu principal objetivo no es satisfacer a Jorge dándole lo que pide, sino descubrir si a ti realmente te interesa o te beneficia la nueva forma de relacionaros que él propone. Y para eso te hará falta tiempo y buenas condiciones, es decir, no sentirte agobiada por su presión. Cierto que también te hará falta un esfuerzo por tu parte, porque reconstruir una relación, como todo lo que merece la pena en la vida, no es cuestión que pueda hacerse sin esfuerzo. Pero ese esfuerzo debería tener como principal objetivo irte descubriendo a ti misma como dominante, poco a poco, muy poco a poco. Como dicen, María, las prisas son malas consejeras, y más si las prisas no son tuyas sino prestadas.</p>
<p>Si Jorge te dice que tienes poca imaginación en la cama, pues ya puedes empezar contestarle que el problema es suyo, no tuyo, que si quiere dominación femenina, que se preocupe por estimular tu imaginación con cosas que te complazcan a ti si es que él quiere tener su oportunidad de disfrutarlas. No te dejes acomplejar; aunque tampoco pienses que no puedes disfrutar de aspectos de la sexualidad que a lo mejor no practicabas en demasía. Sobre todo, desdramatiza la relación sexual que muy probablemente Jorge esté dramatizando en estos momentos. Piensa en ti, y piensa en cómo disfrutar un poco más de la sexualidad&#8230; pero a tu modo.</p>
<p>Como en tu caso lo desconozco todo de este aspecto, no puedo darte más que ese consejo general. Y quizá proporcionarte un par de ejemplos. En muchas ocasiones, cuando la pareja se está introduciendo en la dominación femenina, los hombres esperan grandes transformaciones y fantasean con sus mujeres transmutadas en dóminas en el dormitorio. Sin embargo, y por fortuna, son muchas las veces en las que las cosas comienzan de manera bien distinta: con las mujeres disfrutando de lo que realmente desean, que muchas veces es de una buena estimulación clitoridiana y de la adoración corporal de su hombre. Si eres una de esas mujeres, o si piensas que pudieras serlo, no te cortes: dile a Jorge que la sumisión en la cama comienza con su obligación de convertirse en un artista con su lengua y sus manos, que aprenda cómo darte placer oral y cómo acariciar todo tu cuerpo. ¿A qué mujer no le gusta estar tirada en la cama, o leyendo una novela, mientras su hombre la acaricia todo su cuerpo con devoción?</p>
<p>Por supuesto que entendería la pregunta: “¿Pero Jorge quedaría satisfecho si yo me limitara a disfrutar de su lengua o de sus caricias?” Pues si lo entiende como una decisión tuya, como una imposición tuya, seguro que estará satisfecho. Si además fueras capaz de decirle algo que le hiciera ver que no le queda otra que someterse a tu decisión, y pese a que se quede “a dos velas”, puedo asegurarte que Jorge estará satisfecho. Y si al poco tiempo te presionara con alguna “novedad”, pues a tú a lo tuyo, a tenerle ahí abajo y adorando tu cuerpo cuando te apetezca. Es sólo un ejemplo, pero no dudes de que si a ti te funciona, a él le funcionará. Y yo te recomendaría que, si piensas que podría funcionarte, te tomes la molestia de hacer el esfuerzo de disfrutar más a menudo de ese tipo de manjares eróticos. Y no te preocupes por él, porque, aunque te extrañe, su mayor satisfacción residirá en que tú vayas haciéndote con los mandos más que en lo que hagas con ellos.</p>
<p>Por consiguiente, si te “cuesta bastante azotarle” cuando “no se ha portado del todo bien” contigo, la solución que te propongo es muy sencilla: no le azotes. Si te costara sólo un poquito, quizá te diría que te forzaras, pero siendo “bastante”, no hay cuestión. Como te decía al principio, hay algunas cosas que podemos hacer por ellos, pero no las que nos molesten a nosotras o nos cuesten bastante, sino tan sólo las que, aunque no disfrutemos, no nos creen mayor problema. Y en esa línea, puedes pensar si estás dispuesta a castigarle (que no es obligatorio), pero de nuevo a tu manera, no a la suya. Es más, si de castigos se trata, pues que sean de los que a Jorge le gustaría evitarse. Son muchas las posibilidades si piensas que se porta mal y que se ha ganado un castigo: se acabó la dominación por esta semana&#8230; o hasta que te la merezcas; una noche de dormir en el duro suelo a los pies de la cama de su dama no resulta nada cómodo, y menos cuando uno está en la cincuentena; tener que ver la película de la televisión de espaldas a la televisión durante dos horas no es tampoco lo más grato (aunque podría convertirse en un premio si le permitieras acariciarte pies o piernas mientras tu disfrutas de la película); fregar el suelo de la casa no es para morirse, pero si lo tiene que hacer tres o cuatro veces seguidas (la arbitrariedad es uno de los manjares de la dominación), a lo mejor no le hace ninguna gracia. En fin, María, que posibilidades hay muchas, y que no tienen por qué ser las que el deseaba que fueran. Los hombres fantasean mucho con la dominación femenina y sus parafernalias, pero es tarea nuestra hacerles aterrizar en la cotidianidad de la dominación femenina, porque no todos los días son fiesta.</p>
<p>Y hablando de fregar el suelo, me preguntas por las labores dómésticas: “¿no sería posible que los dos las compartiéramos por igual?”. Te entiendo, María, cuando una ha hecho todo o casi todo el trabajo doméstico (incluido el de atender a los niños) durante tantos años, parece demasiado egoísmo dejárselo a él. Pero hay dos cosas que debes tener en cuenta: la primera, que él quiere que seas “egoísta”; la segunda, y te lo digo por experiencia, que se vive como una reina cuando te liberan de ese trabajo&#8230; y tú logras liberarte de las ideas preconcebidas y las costumbres. Ahora bien, eso no significa que tengas que dejar de hacer lo que quieras hacer para demostrar nada. Podrías plantearte, y poco a poco, qué cosas sí estás dispuestas a pasarle a él. Pero decídelo tú, que no sea un acuerdo; y entonces le comunicas que, a partir de ahora, ese trabajo es cosa de él. El que sea, y si no sabe hacerlo bien, a aprender tocan. Y dentro de un tiempo es posible que se te ocurra que estaría bien adjudicarle alguna otra tarea. Aprovecha para dejar de pactar, para ir imponiéndole tus decisiones. Cuando más lo sienta como una imposición, más le gustará. No te dejes enredar en continuas negociaciones o sugerencias sobre lo que sería bueno que hicieras o dejaras de hacer. Por el contrario, vete pensando las cosas y, cuando las tengas claras, las impones.</p>
<p>Terminas tu carta diciéndome que os vais de vacaciones “con el propósito de mejorar nuestras relaciones en el ámbito de la dominación”. Yo me lo plantearía, y se lo plantearía, de una forma algo distinta: “Nos vamos de vacaciones con el propósito de que yo vaya descubriendo qué cosas me apetece hacer y cómo hacerlas y de que tú vayas aprendiendo a reconocer qué es lo que gusta y cómo proporcionármelo”. Y te lo digo, María, porque si el éxito de las vacaciones se centra en lo que tú hagas, probablemente volveréis con la sensación de haber fracasado. Por el contrario, se trata de que la responsabilidad del éxito de las vacaciones recaiga en lo que él haga por ti, en lo que él sea capaz de descubrir para tu satisfacción. Es él quien tiene que cambiar primero, y lo suficiente para que a ti te interese seguir dándole una oportunidad a la dominación femenina. No dejes que la evaluada seas tú, dile con claridad que la prueba del éxito sólo puede estar en que tú te sientas satisfecha por cómo hayan ido las cosas, porque en eso consiste la dominación femenina.</p>
<p>María, quizá el principal consejo que puedo darte es que el éxito de la aventura en la que te estás metiendo depende mucho más de tu actitud que de las cosas que hagas. Creo que tu principal esfuerzo debería consistir en darle una auténtica oportunidad a la dominación femenina. Y soy consciente de que para ello te vas a tener que forzar un tanto, pero que el esfuerzo está básicamente relacionado con lo que piensas: intenta convencerte de que es verdad lo que él te propone, de que está dispuesto a hacer lo que tú quieras, y que es a eso a lo que tienes que dedicarte: a lo que tú quieras.</p>
<p>Puesto que la situación es nueva, lo normal es que aún no tengas muy claro qué quieres y cómo lo quieres. Pero tienes tiempo para irlo descubriendo, así que no te angusties y no te dejes presionar demasiado por él. Comienza por imponerle tu ritmo. En realidad, María, lo mejor que puedes hacer por Jorge, lo que más le satisfaría, es ir imponiéndote. Dicho de otra forma, no dejar que sea él quien se imponga. Porque la principal herramienta que tiene cualquier mujer para construir una buena relación de dominación femenina es su actitud. Una actitud dominante, o que vaya siendo dominante poco a poco, resulta mucha más efectiva que cualquier numerito erótico o de disciplina. En fin, María, que te recomiendo que creas a Jorge cuando dice que está dispuesto a someterse a tu autoridad, porque seguro que es lo que desea, pero debe ser cosa tuya, y no suya, ir viendo cómo se concreta esa autoridad que te concede el intercambio de poder que te ha ofrecido. Y que no te obsesionen sus obsesiones, por mucho que las presente como sugerencias. Tú, pasito a pasito, y al ritmo que te vaya pidiendo el cuerpo. Forzarte, sí, poco a poco, pero forzarte a lo que tú consideres que debes forzarte, y a nada que realmente te incomode.</p>
<p>Bueno, María, espero que lo que te escribo te valga para algo, siquiera para pensar algunas cosas desde otro punto de vista. Y si crees que te resulta útil seguir la “conversación”, no te cortes y escribe y pregunta lo que te apetezca, sobre las cuestiones importantes o los pequeños detalles. Un saludo y mi deseo de que todo te salga bien.</p>
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		<title>Comenzó por el sexo II</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jul 2008 04:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Joan Luigem nos escribe otra vez, para contarnos cómo Eva pasó de los experimentos sexuales a asumir el control de una relación que estaba haciendo aguas debido a las no muy razonables exigencias de Joan. Y la forma en la que ella se hace con las riendas está poniéndole a él donde realmente debe estar, que además es donde quería estar, aunque durante mucho tiempo no lo supo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Joan Luigem</strong></p>
<p>Hola Ana. En mi anterior escrito, “<a href="http://anaserantes.com/2008/comenzo-por-el-sexo/">Comenzó por el sexo I</a>”, me comentaste que me centraba demasiado en los aspectos sexuales. Tienes razón, pero para mí el valor de aquel escrito es más que el puramente erótico. Muchas veces se dice que las relaciones de dominación femenina empiezan a petición del hombre. Lo que quería mostrar es que, en mi caso, aunque en cierta manera también ha acabado siendo así, lo cierto es que ya existían muchas actividades de pareja con un fuerte componente de dominación por parte de mi mujer. Una manera de relacionarnos que se fue gestando simplemente como una evolución natural del sexo de la pareja.</p>
<p>Ahora te escribo otra vez, siguiendo con nuestra vida de pareja por orden más o menos cronológico. Creo que esta parte de nuestra vida puede ser más instructiva para mucha gente. </p>
<p>Puede que algunas mujeres, como Eva en aquella época, piensen en satisfacer en todo a sus maridos. Pero ahora sé que muchos hombres somos un poco egoístas por naturaleza, y que un hombre al que se le da todo en el sexo puede descontrolarse y hacer mucho daño. Y aunque en el texto puede que no se aprecie, todo los que nos pasó fue lo que me convenció de una idea. Una idea en la que ahora creo firmemente, y es que la única manera que algunos hombres tenemos de controlarnos en nuestros deseos sexuales y que no dominen nuestra vida es que estos deseos sean controlados por nuestras mujeres, de manera que sean ellas, mucho más centradas, inteligentes y calculadoras, las que controlen nuestra vida sexual.</p>
<p>Después de años de feliz matrimonio, en los que ya he descrito como evolucionó nuestro sexo, Eva y yo nos adentramos en el mundo liberal.</p>
<p>Fue a petición mía, y el motivo principal era mi fantasía de poder ver a Eva con otro hombre. Aún recuerdo la cara que puso cuando le propuse seriamente tal cosa. Pero con el tiempo sentíamos que nuestros lazos eran indestructibles y que estábamos en condiciones de experimentar sin que hubiera ningún riesgo. Y Eva siempre ha sido muy inquieta y muy abierta a nuevas experiencias.</p>
<p>Nuestros primeros encuentros consistieron en intercambios de pareja, pero enseguida Eva me hizo ver que ella no estaba cómoda viéndome a mi con otras chicas. Siempre me decía que a ella le encantaba estar con otros chicos, pero que verme a mi con otras chicas la hacía sentirse desvalorada. Sé que, visto desde fuera, puede parecer injusto, pero conociendo a Eva, en aquellos tiempos sé que no pretendía someterme y que con una simple frase mía diciéndole que yo tampoco estaba cómodo, aquello se hubiera terminado. Era más bien su inseguridad y también su sentido de la posesión sobre mí lo que la hacía actuar así.</p>
<p>Pero en una cosa tenía toda la razón: ella es emocionalmente mucho mas fría y estable que yo. Sabe separar y controlar perfectamente sus sentimientos. Sé que es casi imposible que se enamorare de otro hombre, pero por mi parte sé que yo no soy así. Ella me demostró que en más de una ocasión tuve un comportamiento demasiado obsesivo con las otras chicas&#8230; Y aún hoy me lo sigue recordando. Y razonando todo esto llegué a la conclusión de que yo no puedo permitirme una relación extramatrimonial, ya que el riesgo de que mezcle sentimientos más allá del puro sexo es demasiado grande, pero ella sí, y así se lo reconocí y se lo reconozco desde entonces.</p>
<p>En aquella época, a pesar de nuestras prácticas sexuales cada vez más dominantes por su parte, seguía sin conocer lo que era realmente la dominación femenina. Pero mis deseos de que me pusiera los cuernos fueron en aumento al ver que ella disfrutaba muchísimo con los tríos que conseguimos hacer. Al final acabé rogándole yo mismo el pasar a realizar exclusivamente tríos donde ella tuviera todo permitido con otros hombres mientras yo miraba. Y todavía seguimos haciendo este tipo de juegos cuando nos lo podemos permitir.</p>
<p>Sé que para muchos sumisos esto sería casi imposible de realizar en la vida real. Pero en aquella época a mi me pareció normal y emocionante. Creo que la diferencia es que yo no estaba dentro de una relación real de dominación. Cuando te sientes el esclavo de tu mujer, tu dependencia es tal que el hecho de ponerte los cuernos es una experiencia mucho más profunda y más difícil de digerir para el sumiso. Porque dentro de la dominación, cualquier cosa, desde un simple beso, cambia de significado para tener una relevancia mucho mayor.</p>
<p>Yo cada vez tuve un papel más pasivo en estos tríos. Ella hacía el amor con los chicos mientras yo miraba como otro hombre la penetraba por todas partes. Ella me miraba y a veces me hacía acercarme para besarme y decirme que me quería, mientras otro la penetraba. En un algunas ocasiones también tubo varios hombres para ella sola. </p>
<p>Después de estas sesiones, cuando llegábamos a casa, hacíamos el amor con una pasión increíble. Siempre acababa inmovilizado mientras se metía mi miembro y, apenas sin moverse, me decía lo cornudo que era. Yo tenía un orgasmo sin ningún movimiento suyo, solo por la excitación que me provocaba con sus palabras y por el ligero roce en el interior de su vagina.</p>
<p>Pero una vida tan centrada en el sexo tuvo al final sus consecuencias. Lo que os voy a contar es un poco ruin, y me siento avergonzado, pero debo explicarlo para que sirva de ejemplo a otras parejas liberales o sumisos mal encaminados, porque creo que es un peligro en el que muchos podemos caer.</p>
<p>Yo no estaba realmente sometido a Eva. Era una sumisión poco consistente porque en realidad Eva, aunque disfrutaba muchísimo con otros hombres, no hacía lo que ella realmente quería. Habíamos llegado a ese punto cumpliendo cada uno de mis deseos. Ella partía de ser una mujer insegura fuera de nuestra intimidad y se enfundaba en un papel para ella excitante pero agotador. Realmente, yo no era un sumiso, y su deseo de dármelo todo me otorgaban el poder final a mi. Era lo que yo llamo un falso sumiso.</p>
<p>Lo que esto provocó es que yo cada vez quería que Eva fuese una mujer más caliente, más espectacular, más sexy&#8230;. Nunca tenía suficiente. Le indicaba cómo debía peinarse, vestirse, etc. Y ella me seguía, pero llegó el colapso cuando ya no me pudo seguir.</p>
<p>Aunque había evolucionado mucho, Eva continuaba realmente siendo una persona insegura. Y cuando tienes una mujer que basa su seguridad en cumplir lo que le dice su marido, la situación puede volverse en cualquier momento en contra si su marido le falla. Y yo le fallé.</p>
<p>Empecé a desear que Eva se operase los pechos. En principio no fue un capricho más, había una base lógica, y és que Eva, después de dar el pecho a nuestros hijos y de adelgazarse, tenía los pechos muy vacíos. Pero ella no se quería operar. Era demasiado complejo de entender dentro de una familia conservadora y estricta como la suya. Económicamente, era un esfuerzo importante, y logísticamente lo teníamos muy difícil. Pero un hombre obsesionado no vé nada más. Después de mucho insistir durante más de un año, ella decidió ceder. Estaba incluso ilusionada con hacer aquello y sentirse aún más atractiva. Fantaseaba incluso con hacerlo como castigo, y me decía que no me permitiría ni tocarlas.</p>
<p>Lo peor fue el final de todo esto. Debido a nuestro entorno, Eva no tenía más remedio que ir sola a la clínica, y lo tenía todo programado, pero en el último momento me dijo que lo hacía por mí. Me sentí tan mal, la presión era tan grande, que no la dejé irse, y yo mismo anulé la operación. </p>
<p>Todo este lío fue una experiencia traumática. Lloró durante días por todo lo que la había hecho sufrir. Nuestro matrimonio entró en crisis y estuvimos al borde de la ruptura. Nuestros lazos emocionales se debilitaron muchísimo&#8230; Lo pasamos muy mal. Lo único que nos mantuvo unidos fueron nuestro amor forjado durante años y nuestros preciosos hijos. Pero sabíamos que no queríamos vivir como un matrimonio muerto.</p>
<p>Lo cierto es que había cierto odio de Eva hacía mi. Y fue en esta época en la que descubrí la dominación femenina.</p>
<p>Pasaron algunos meses. Todo cambió mucho entre nosotros, pero también Eva cambió como persona. En aquel momento, se propuso no hundirse anímicamente y ser más fuerte que antes como mujer. Y se marcó un objetivo claro: demostrar que era una mujer mucho mejor de lo que yo merecía. </p>
<p>Ella siempre ha sido bella, pero ahora estaba realmente radiante. Se compraba ropa cada vez más ajustada y corta. Siempre usaba algún tipo de zapatos con tacones altísimos. Empezó a ser simpática y abierta con sus compañeros de trabajo. Y se hizo ciertas concesiones que nunca se había hecho, como hacer deporte mientras yo estaba en el trabajo, o dejarme limpiando la cocina mientras ella se aseaba, depilaba, se trataba el cabello o la piel&#8230; Realmente su carácter cambió, y encima sus pechos iniciaron una progresiva recuperación. Eva nunca volvió ha ser aquella mujer influenciable y colgada de los pantalones de su marido. Sé que fue una transformación dura para ella, pero ahora sabemos que era necesaria. </p>
<p>Se produjo un verdadero intercambio de poder. Conmigo se mostraba inflexible. Le había hecho mucho daño y no me lo perdonaría fácilmente. A mí ya no me importaba nada más que recuperarla. Aunque ella me quería, yo perdí todo mi poder. Nunca más escuchó mis argumentos y empezó a dejarme claro que había sido un estúpido y que, a partir de ahora, ella llevaría las riendas de nuestra relación.</p>
<p>Cada vez que hacíamos el amor utilizaba más que nunca su superioridad en ese terreno. Me recordaba lo inútil y patético que había sido siempre, pidiéndole más a ella cuando yo no era ni siquiera capaz de satisfacerla unos segundos. A veces me lo decía mirándome a los ojos y sujetándome la cara. Se excitaba mucho y se corría mientras me sujetaba los brazos. Algunas veces me escupía diciéndome que había sido un cerdo y que por lo tanto me trataba como tal. A mi todo aquello me gustaba. Sentía que me lo merecía; me sentía culpable y deseaba su castigo. Y a la vez me daba cuenta de que yo también estaba cambiando. A veces la dominación traspasó la cama para pasar a la vida cotidiana. Era inevitable, me enamoré de aquella nueva mujer como el primer día, y la deseaba más que nunca.</p>
<p>Cuando ella se sintió fuerte, todo fue muy rápido. Su personalidad dominante afloró y durante algún tiempo tuvimos una relación que no considero del todo sana. Se basaba más en la venganza que en el amor. Pero incluso en esas circunstancias los dos disfrutamos mucho del sexo, ya que cambiaron muchos detalles que a continuación detallaré.</p>
<p>Me prohibió algunas expresiones verbales donde la trataba de manera coloquial, como mi cariñito o cosas así. Decidió que, cada vez que se me escapara alguna expresión donde ella pareciera a mi nivel, me daría una patada en los testículos o un tortazo estuviésemos donde estuviésemos. Sé que puede sonar bestia, pero, aunque lo hacía con cierta gracia, era así.</p>
<p>Cuando llegaba del trabajo, me daba un beso delante de los niños como siempre, pero ahora me metía la mano por dentro de los pantalones e introducía un dedo en mi culo mientras me besaba en la boca sin dejarme reaccionar. Cuando me realizaba una felación, nunca acababa. A la que veía que me iba a correr, paraba y me metía un dedo en el culo mientras me hablaba muy seriamente sobre lo que quería de mi a partir de ahora. Me decía que en el futuro no me quedaría más remedio que ser un cornudo sometido, que quería educarme para ser el hombre que ella necesitaba.</p>
<p>La mayoría de las veces me quedaba sin correrme, y me prohibió mirar más fotos y películas de Internet. Cuando me permitía correrme solía ser los sábados por la mañana, pero era una corrida un poco extraña. Se situaba encima mío para explicarme lo que ya tenía bien sabido, que era un cerdo y un imbécil por no haberla sabido valorar. Introducía mi miembro en su coño y me tapaba la boca con una mano, o incluso con las dos, muy fuertemente. No me permitía gemir, decía que no quería ninguna expresión de placer por mi parte. Pero, a la vez, ella me cabalgaba a toda velocidad, haciéndome sentir desbordado completamente. Me corría quieto, con la boca tapada y los ojos abiertos disfrutando en silencio del espectáculo que suponía una demostración de poder como aquella. </p>
<p>En esos días conocí lo que es ser verdaderamente un sumiso. Pensaba en ella 24 horas: la llamaba, le escribía y deseaba ser su esclavo, su perro, su gusano&#8230;</p>
<p>Esta etapa acabó con un trió con otro hombre: me presentó como cornudo y la sesión fue muy bien. Pero una vez me corrí, al día siguiente me sentía muy mal. Quiero dar fe de que la infidelidad dentro de la dominación es otra historia totalmente diferente para el marido. Sentía mucha inseguridad y no hablaba a Eva por temor. Ella me preguntaba que me pasaba, y acabé por decirle que pensaba aún en los pechos. Era mi manera de sentir que en algo la podía parar. Pero ella no se enfadó, sabía que no tenía ninguna razón para volver a repetir el tema de los pechos y vio perfectamente lo que me pasaba. Tenía miedo de perderla. Le dije que necesitaba tiempo con ella, que no sentía su amor. Me daba la impresión de que la dominación femenina no dejaba fluir el amor entre nosotros. Así que a petición mía dejamos la relación de sumisión unas semanas y nos centramos en distraernos con la casa, los niños, las salidas, etc.</p>
<p>Y funcionó. Fuimos recuperando la confianza y muchas cosa que habíamos perdido. Pero eso sí, los dos habíamos cambiado para siempre. Aunque tenemos la sensación de que nuestra pareja ha salido reforzada de todo esto.</p>
<p>Desde hace dos meses hemos vuelto de nuevo a reanudar una relación de dominación. Pero ahora tenemos los dos claro que ello no supone anular el amor. Yo me he entregado a ella totalmente, porque realmente a quedado demostrado que es superior, que sabe llevar el timón de la relación mucho mejor que yo.</p>
<p>Ahora intento centrarme en su placer. Eva tiene cada día como mínimo un orgasmo, ya sea con mis servicios o ya sea masturbándose y haciéndome algo más cornudo con sus pensamientos. Mi placer le pertenece y ella lo orienta como le da la gana. Y cada día para mí constituye un nuevo reto donde mi meta es complacerla y llegar a servirla como se merece. Ser, como ella dice, &#8220;un hombre de verdad&#8221;. Pero de cómo entendemos ahora nuestra relación espero poder hablarte en un último escrito.</p>
<p>Gracias Ana y haz con esto lo que quieras, porque sé que puede ser aburrido, largo y sin interés. Pero a mi me ha servido para desahogarme. Sigue con tu blog. Es fantástico y me ha hecho entender muchas cosas. !Hasta pronto! </p>
<p>Ana Serantes:</p>
<p>Estoy segura, Joan, de que los lectores de este blog, como yo, no estarán de acuerdo contigo en que lo que has escrito sea “aburrido, largo y sin interés”. Estoy segura de que también ellos esperarán ese “último escrito” al que te refieres en el que nos cuentes cómo va ahora vuestra relación. Y estoy segura de que todos deseamos que no sea el último.</p>
<p>Vuestra experiencia, es cierto, no es la más habitual entre las parejas en las que se acaba produciendo el intercambio de poder que provoca la dominación femenina, pero eso no significa, ni mucho menos, que vuestra historia resulte extraña. Por el contrario, tal y como la cuentas, aparece como una sucesión de estadios que explican, de forma que podríamos considerar “natural”, el florecimiento de la faceta dominante de la personalidad de Eva y tu descubrimiento de que lo que realmente deseas tú es someterte a ella más allá de la relación sexual.</p>
<p>Fuiste tú quién la provocó. Y ella quien acabó tomando las riendas que tú le ofrecías. Es verdad que el alumbramiento de la dominación femenina fue doloroso, pero ahora estáis en condiciones de construir una relación verdaderamente enriquecedora para ambos. Y eso es lo que os deseo, que consigáis lo que en este momento os proponéis. Y espero que os esté yendo bien y que lo podamos comprobar en el texto que nos anuncias. Un saludo, Joan, y mucha suerte.</p>
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		<title>Comenzó por el sexo</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2008 04:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Joan Luigem nos cuenta que hasta hace poco tiempo ni siquiera conocía el término dominación femenina, pero nos cuenta también cómo la pasión de Eva por superar a los hombres la ha llevado a dominarle sexualmente. En los últimos tiempos, después de leer este blog, le ha puesto nombre a su deseo, y desea más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Joan Luigem</strong></p>
<p>Hola querida Ana.</p>
<p>Mi nombre es Joan. Soy un simple seguidor de tu blog, y creo sinceramente que es fantástico. Hasta no hace mucho no sabía nada acerca de la dominación femenina, pero al leer tu blog me he sentido realmente reflejado en muchas de las inquietudes que siempre he tenido. Tu sitio me ha ayudado a entender muchas cosas sobre mi manera de pensar y sobre la de mi pareja. Así que gracias por todo.</p>
<p>El otro día leí una entrada en la que decías que la comunidad hispanohablante parece que no se anima mucho a contar sus experiencias. Si te parece bien, yo voy a intentarlo. Puede que la narración de nuestros inicios a muchos les parezca banal, pero yo creo que no se entendería bien nuestra situación actual sin saber como hemos llegado hasta aquí.</p>
<p>Soy un hombre felizmente casado con Eva, una preciosa mujer de la que sigo enamorado tras diez años de matrimonio. En la segunda mitad de la treintena, es una mujer realmente madura. Pero a veces sigue siendo algo insegura, a pesar de ser realmente bella y atractiva. Siempre lleva tacones altísimos y viste con ropa muy ajustada, y su manera de moverse atrae las miradas de los hombres.</p>
<p>Cuando conocí a Eva, ella tenía 25 años. Era una chica risueña, inocente e idealista; realmente guapa y deportista, algo especial respecto a las otras mujeres de su edad. Tuvo una educación muy conservadora y estricta. Y una infancia casi exclusivamente rodeada de chicos, los cuales se burlaban de su condición de niña y creo que por ello su carácter denota muchas veces admiración hacia ellos. Pero con los años, al sentirse mas segura, fue cultivando una especie de afán por superarlos, incluso por dejarlos literalmente en ridículo. Actualmente, aunque no lo reconoce demasiado, yo creo que disfruta incluso con la humillación. Ha podido dar más de una vez una lección de humildad alguno de esos machitos que corren por Internet.</p>
<p>Cuando nos conocimos, yo llevaba cierta ventaja en el terreno sexual. Ella sólo había tenido una relación con otro chico y una sola vez. ¡Así que era prácticamente virgen a los 25! Me sorprendió cuando me lo dijo, pero también me sorprendió que desde el primer día fuera tan activa. Dejándose llevar por sus instintos, siempre acababa encima mio, y yo completamente inmóvil entre sus garras mientras ella se movía salvajemente. Tanto me cabalgaba como me mordía, como me acariciaba con su cabello mientras me hincaba las uñas, como me chupaba todos, absolutamente todos los rincones de mi cuerpo. Creo que sus ganas de superar a los chicos y su inseguridad se tradujeron enseguida en unas ganas locas por superarme de largo en el sexo. Y con el paso de los años, fue creciendo y creciendo hasta que quedó clarísimo que ella tenía unas posibilidades por encima de lo que yo le podía aportar. No hacía falta comentar nada, todo fue un proceso natural.</p>
<p>Eva siempre se ha excitado mucho con la penetración. El problema es que, por la razón que sea, me provocaba y me provoca tal excitación que eyaculo precozmente. Lo curioso es que con otras mujeres no me pasa, pero con ella si, y con los años, a medida que se mostraba más activa y segura, yo me mostraba mas excitado y por lo tanto más superado física y psicológicamente.</p>
<p>Nos hicimos con un buen surtido de consoladores. Yo la quiero, y como pareja necesitaba sentir que estaba realmente satisfecha. Ella es una chica muy comprensiva y jamás se había quejado. Lo curioso es que en vez de hacer de esto un problema, creo que gracias a nuestro amor, lo convertimos en una fuente de inspiración.</p>
<p>Sin darnos cuenta, nuestro sexo empezó a derivar hacia prácticas que ahora entiendo como propias de la dominación. Ella se ponía siempre encima, me decía que no me corriera y que quería sentir mi polla a punto de explotar. Me cabalgaba unos segundos, y cuando notaba como mi pene se inflaba para eyacular, permanecía completamente inmóvil mientras me comentaba que ése era el estado en el que me quería tener constantemente, con mi miembro a punto de explotar, pero que no debía acabar de correrme. Ella se masturbaba mientras yo permanecía como una estatua, y solo cuando se había corrido me pedía que me corriera dentro de ella. Otras veces prefería sacarla y acabar masturbándome ella o yo mismo hasta correrme sobre su vientre.</p>
<p>Al contrario de lo que leo sobre muchas mujeres, a Eva lo que más le gusta no es que le practiquen sexo oral. Se había corrido muchas veces de esta forma, pero creo que es demasiado activa y disfruta más con la penetración. También disfruta mucho de poder dar ella placer oral, de la penetración anal, y incluso de la doble penetración. Sé que todo esto no corresponde al estereotipo de dómina, pero ella es así. Su manera de dominar es dar hasta superar al hombre. Creo que es un estilo diferente donde la superación se demuestra tanto física como mentalmente.</p>
<p>También en su manera de proporcionarme sexo oral evolucionó de una manera que ahora comprendo mucho mejor. Empezó a apretarme cada vez más el miembro con su mano. Y lo hacía rápida y salvajemente. Cuando me tenía a punto de eyacular, paraba. Y me metía un dedo por el ano. A mi me incomodaba, pero saltaba de placer con cada ligero roce de su lengua. Poco a poco me metía más dedos por el culo y, aún desconcertado, me la volvía a mamar. Mientras lo hacía, me miraba como una niña feliz por tenerme así. Aquello hacía que no pudiera disfrutar tanto del placer que me proporcionaba, pero la verdad es que me daba mucho placer mental que me hiciera esas cosas. Yo, entre jadeos y medio protestas, acababa corriéndome de manera entre incomoda y a la vez estimulante. </p>
<p>Otra práctica que introdujo espontáneamente ella misma fue lo que llamaba &#8220;follarme a mi&#8221;. En la cama me ordenaba ponerme de cara al colchón mostrándole mi dorso y culo desnudos. Empezaba a pasar su pelo por mi espalda, luego su lengua y, finalmente, se sentaba abierta de piernas encima de mi y empezaba a restregar su coño contra mi culo como si me estuviera penetrando. Movía sus caderas cada vez más rápido y yo notaba como su coño chorreaba flujos sobre mi culo. Su excitación en esta postura era altísima. Movía sus caderas como una bestia y hacía temblar la cama mientras me gritaba que le gustaría tener una polla y follarme de verdad. Me preguntaba si me gustaba sentir como me follaba, a lo que yo respondía que sí. Suerte que no tenemos vecinos porque a mi aquello me excitaba muchísimo, pero a ella la ponía a mil por hora. Llegaba siempre a tener un orgasmo monumental de esa manera y sin necesidad de tocarse ni con los dedos. Esto es algo que ahora aún practicamos, pero con variantes que ya os podéis imaginar y que puede que explique más adelante.</p>
<p>Debo aclarar que Eva nunca ha querido leer absolutamente nada sobre el tema de la dominación femenina. Todavía dudo sobre si debo insistir en que lo haga, porque ella es así de libre y salvaje. Yo muchas veces deseo tirarme a sus pies. Besarlos, darle el placer de estar relajada mientras su sumiso le adora. Y realmente le agradezco que a veces mis deseos de sumisión sean un poco correspondidos. Pero sé que lo que verdaderamente excita a Eva es superar activamente a un hombre. Y supongo que será siempre así. </p>
<p>Muchas gracias por dejarme este espacio para expresarme, Ana. En diez años hemos pasado por muchas experiencias. Desde el amor puro hasta los cuernos consentidos. Casi todas la épocas han sido fantásticas, pero también ha habido crisis muy dolorosas. Suerte que el balance a día de hoy es muy muy positivo, y solo puedo decir que nos queremos y que estoy enamorado de ella como el primer día.</p>
<p>Hasta pronto y felicidades por este sitio.</p>
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		<title>Un comienzo apresurado II</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado-ii/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 04:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Jorge Sánchez continúa indagando y pidiendo consejos que le permitan avanzar en la apuesta por convertir la relación con su mujer en una de dominación femenina. De la correspondencia se van extrayendo conclusiones y, sobre todo, creo que se abre un horizonte más optimista para él.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Sánchez</strong></p>
<p>En primer lugar, Ana, gracias por tu respuesta a pesar de que, como me adviertes, ha sido bastante dura, pero seguramente es la que me convenía (“<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado/">Un comienzo apresurado I</a>”). Como ocurre con la mayor parte de las respuestas que das en tu blog, creo que aciertas plenamente en tu diagnóstico, y no quiero buscar demasiadas disculpas o excusas para mi erróneo planteamiento de la situación, sino soluciones (aunque al final algo he intentado justificar; soy humano y hombre).</p>
<p>Entre otras cosas escribes:</p>
<p>“Además, la generosidad de la que ya está dando muestras tu mujer la hace merecedora de bastante más de lo que la ofreces, la hace merecedora, en realidad, de una auténtica sumisión por tu parte, de tus esfuerzos para “mejorar su calidad de vida” en lugar de la tuya, y de que aprendas, y de paso se lo vayas demostrando a ella, a contentarte y a disfrutar con los regalos que pueda hacerte la mujer a la que dices querer someterte.”</p>
<p>Y tienes toda la razón, ya te decía que ella es extremadamente (demasiado) generosa con todos y especialmente conmigo y, efectivamente, debo y quiero corresponder a su generosidad con mi sumisión (aunque de una manera ortodoxa quizá tendría que ser exactamente al revés (primero ofrecerle yo mi sumisión y luego ella su generosidad); pero bueno, quizá el orden de los factores&#8230;). Entonces, ahora, ¿qué crees que debo hacer? Evidentemente, dedicarme a ella y a sus necesidades, pero también dices que con hacer más tareas domésticas no es suficiente, y aquí empiezo a perderme. También me he estado esforzando por ser más cariñoso con ella, por hacerle masajes en las piernas mientras mira la televisión y preocupándome más por su satisfacción sexual que por la mía propia (cosa que me ha costado menos de lo que me pensaba y que me ha resultado más gratificante de los que esperaba, incluso alguna vez en que yo no he llegado al final y me he quedado con las ganas). Pero, en realidad, todo esto hay muchas parejas que lo hacen, especialmente lo de compartir tareas domésticas, sin que eso sea dominación femenina.</p>
<p>¿Qué más debo hacer? ¿Le digo que olvide todo lo que le he dicho hasta hora? ¿Que se olvide de las libretas? (a la compartida no es que le haya hecho mucho caso). ¿Que se centre sólo en sus necesidades? (de hecho esto se lo digo siempre, aunque le haya ido dando ideas, que, ciertamente, son las que a mi me gustaría que pasasen, y que tengo miedo de que si no se las doy es posible que ni siquiera se le ocurran ni como posibilidades).</p>
<p>Por otra parte, en algún artículo de tu blog creo que dices algo como que para que una relación de este tipo funcione a largo plazo, él, vamos a decir “sumiso” (aunque no es un término que me acabe de gustar), también ha de obtener algún tipo de satisfacción, y que esta no puede ser exclusivamente la idea de hacer y de ver feliz y satisfecha a su pareja, y en algunos otros sitios hablas de la satisfacción de los fetiches (como regalo, ya lo sé, y estoy de acuerdo), de que en el “tease &#038; denial” el “tease” también es importante, que no basta con el “denial”. En definitiva, saco la idea que de la mujer dominante también ha de hacer algún esfuerzo para que la relación funcione (si tú quieres muy inferior, y de otro tipo al que ha de hacer el “sumiso” y, también si tu quieres, después que el “sumiso” haya dado “pruebas suficientes” ,entiende las comillas, de la sinceridad de su sumisión).</p>
<p>Por lo tanto ¿es malo que yo espere también que mi vida mejore en la medida en que ella quiera que mejore? Seguro que primero debo empezar yo por mejorar la suya y no cargarla con más “deberes” (libretas y demás) y responsabilidades (controlar mi masturbación y buscarme tareas). Pero aquí hay algo que tampoco entiendo: el control de la eyaculación por parte de la mujer dominante parece ser una buena práctica, ¿no?, entonces, el reconocer mi problema y pedirle ayuda ¿no es, en cierta manera, ayudarla a ella, aunque por supuesto el esfuerzo “de contención” lo tenga que hacer yo, y desde luego la responsabilidad de lograrlo sea solo mía?</p>
<p>Mi mujer reconoce su “falta de imaginación”. De verdad que yo preferiría no haberle hecho sugerencias porque también estoy de acuerdo, y además por experiencia propia, con otro párrafo tuyo:</p>
<p>“Los regalos, Jorge, son más regalos cuanto más arbitrarios, cuando menos se esperan. Por lo tanto, no se exigen, no son de obligado cumplimiento y, claro está, no se pasa lista por ellos en una libreta. Te lo digo porque por mucho éxito que tuvieras, por mucho que tu mujer cumplimentara sus tareas y sus libretas, poca satisfacción encontrarías tampoco tú, porque te darías perfecta cuenta de que no era eso lo que buscabas, porque seguirías anhelando una auténtica relación de dominación femenina: una en la que no fueras tú quien pusiera los deberes”.  </p>
<p>Me dices en tu mail:</p>
<p>“Por otro lado, piensa si mi contestación pudiera tener interés para tu mujer, pero piensa en ella, no te dejes llevar por si te deja a ti en buen o mal lugar”</p>
<p>Esto no necesito ni pensarlo, por supuesto que puede tenerlo porque le da una visión y una opinión que no son la mía, por lo tanto no me he pensado dos veces el enseñársela (y también mi carta inicial y esta otra, porque también quiero que vea que estoy lleno de dudas y que en absoluto estoy “en posesión de la verdad” sobre este tema).</p>
<p> En realidad, precisamente para evitar que tenga solo mi visión del asunto, me gustaría que ella contactara directamente contigo, y así se lo he sugerido (también) varias veces, pero por ahora no se decide. Mejor dicho, después de leer todo esto parece que si que se va a decidir, y&#8230; no le he obligado, Ana. No le obligo a nada, aunque comprendo que según como le proponga las cosas, pueda sentirse obligada a hacerlas, pero siempre le insisto en que no debe ser así y en que ha de actuar libremente y que sólo lo ha de tomar como posibilidades que puede valorar, para ahora, para dentro de dos años, o para nunca. Bueno, no se que hará finalmente, al respecto.</p>
<p>Para terminar, el tema de las prisas. Claro que no se puede correr, ya lo sé, pero cuesta ser paciente cuando en el fondo de tu corazón tienes la sensación de que has “desperdiciado” más de 20 años de tu matrimonio (y a ese “desperdiciado” ponle todas las acertadísimas consideraciones que haces a la palabra “fracaso” aplicada a las rupturas matrimoniales en tu entrada “¿Matrimonio fracasado?”), y de que se los has hecho perder a tu pareja, aunque quizá no le importa tanto porque los ha llenado con otras cosas: el cuidado de los niños, de la casa, de mi mismo&#8230; Y no me refiero solo al sexo de los dos, que también, sino a mi falta de dedicación hacia ella en otros aspectos.</p>
<p>Bueno, Ana, me he enrollado muchísimo, lo siento, y, por favor, no me des otro palo (bueno, al menos espero que no haga falta), ayúdame en lo que puedas con tus consejos, porque quiero que esto salga bien para los dos y sobre todo para mi mujer, y si piensas que está última frase no es sincera, te equivocas. Cada día la quiero más.</p>
<p>Gracias por todo y hasta pronto.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Jorge, comenzaré por algo que me recuerdas en tu correo: por descontado que pienso que “el sumiso también ha de obtener algún tipo de satisfacción”, y que “la mujer dominante también ha de hacer algún esfuerzo para que la relación funcione”. Porque no hay relación de pareja sana que pueda mantenerse si no satisface a ambos, y porque construir una relación es siempre cosa de dos. De todas formas, no creo que tenga que recordarte que si intentas construir una relación de dominación femenina con tu mujer es precisamente porque no la tienes. Y además, por lo que escribes, tengo la impresión de que algo de las dos cosas ya se está produciendo en vuestra casa: tú disfrutas con la expectativa que se ha abierto entre vosotros y tu mujer está asumiendo un esfuerzo importante: el de verse como dominante, es decir, el de intentar transformarse en una dirección que nunca había contemplado. Insisto: es un esfuerzo importante para ella, y seguro que no anda sobrada de confianza para afrontar la tarea que le has plantado delante.</p>
<p>“¿Qué más debo hacer?”, me preguntas. Y yo trataré de darte una opinión sobre lo que me parecería razonable que hicieras: creo que tu primera preocupación ahora debería ser estar a la altura del reto que le planteas a tu mujer, y la segunda, lograr que ella se enamore del hombre sumiso que pretendes ser. Y el añadido inevitable: “Roma no se construyó en un día”.</p>
<p>Si quieres reconstruir vuestra relación sobre unas bases que no son las de ella, y puesto que ella se muestra generosa y se aviene a intentarlo, tienes que demostrarle y demostrarte que eres capaz de hacer lo que le estás diciendo que deseas hacer. Hace falta ser fuerte, Jorge, para someterse de veras a una mujer. Y ese es tu primer y por ahora principal reto. Desde esta perspectiva, no cabe que te sientas incapaz de hacer unas tareas domésticas o de dejar de masturbarte. “No soy capaz de hacerlo solo; necesito que ella me ayude”, decías en tu anterior carta. Y yo te pregunto:  ¿qué sumisión le ofrecerías a tu mujer si ni siquiera fueras capaz de asumir esas responsabilidades? Tu reto es demostrarte a ti, para luego demostrarle a ella, que en efecto la sumisión puede transformarte en un compañero mejor para ella, así que empieza por donde tú mismo considerabas que deberías hacerlo, y tomalo como un reto personal, como cosa tuya. </p>
<p>De verdad te lo digo, Jorge, si mi chico me dijera que no es capaz de dejar de masturbarse o de anticiparse a por lo menos algunas de mis necesidades domésticas, le diría: “Y tú te llamas sumiso. Y tú dices que quieres someterte a mí y hacer mi vida mejor&#8230; Te falta fuerza y hombría para la tarea”. Y no encontrarás esa fuerza si piensas que no es cosa tuya, que depende de que ella la estimule con determinadas prácticas (que por supuesto que no te vendrían nada mal). No, Jorge, es cosa tuya, y ponte a ella: seguro que encontrarás las fuerzas. Y no es sólo cuestión de sacrificio, se trata también de disfrutar de los pequeños cambios que se produzcan en ti y en la relación. Seguro que te agradará verte capaz de hacer esas cosas que te parecen difíciles, y seguro que, si te lo planteas bien, aprenderás a disfrutar de la sumisión desde los primeros estadios, del placer que proporciona la entrega “incondicional” a otra persona. Demuéstrate a ti mismo que eres merecedor del privilegio que anhelas: ser dominado por la mujer a la que quieres.</p>
<p>Y después, o a la par, demuéstraselo a ella. Enamórala. Jorge, los hombres sabéis cómo hacerlo&#8230; cuando queréis&#8230; que suele ser al principio. Pues como si estuvieras al principio: rodéala con tu dedicación y con tu amor. Bien está que hagas más en la casa, pero mejor aún que le hagas el amor como nunca se lo habías hecho ante, que los masajes que te propones aprender a darle sean una placentera novedad para ella, que los detalles que la mayoría de los hombres dejáis de tener en cuanto pasa el tiempo vuelvan a renacer en tu caso: una comida especial, cocinada por ti o fuera, unas flores, los besos, los abrazos, los mimos y, en fin, esas pequeñas cosas que sabes que le gustan, y que probablemente hace años que olvidaste. Pero sobre todo, Jorge, esfuérzate para que se sienta amada, para que sienta que la sumisión le está consiguiendo al hombre que creía haber perdido hace mucho tiempo: al que la amaba.</p>
<p>Este es tu reto. Jorge, hablas de matrimonio “desperdiciado” y de los años que “has hecho perder perder a tu pareja”. Y dices: “cada día la quiero más”. Pues bien, demuéstraselo. Y seguro que puedes hacerlo, porque ese “cada la quiero más” que sientes ahora esta ligado también a tu deseo de someterte a ella. Y no eres una excepción: son bastantes las parejas que han encontrado en la dominación femenina la forma de revitalizar su relación. Y sí, cuéntaselo. Cuéntale que el deseo de someterte a ella incrementa el amor que sientes y las ganas de hacerla feliz. Creo que puedo asegurarte que, si lo haces, ella se dará cuenta, que si encuentras la fuerza para hacerlo, ella se alimentará de esa fuerza para asumir su papel en la reconstrucción de vuestra pareja. Pero rodéala de amor, devoción y dedicación, no de exigencias extrañas para ella. Demuéstrale la fuerza de tu pasión, desde la sumisión, las ventajas que para ella puede tener la transformación que le planteas. Y para ella, como para cualquier mujer, esas ventajas están en lo que te digo, no en que le laves los platos (aunque a nadie le amargue un dulce).</p>
<p>¿Significa todo esto que debas olvidar las explicitaciones de la dominación femenina y los detalles que tanto ansías? No. No puedes dejar de contarle lo que te ocurre, lo que tanto deseas que te ocurra. Sincérate con ella, ábrele tu mente, entrégate a ella, confía en ella. Y disfruta de este proceso, no lo conviertas en instrumental, en una forma de conseguir de ella determinados comportamientos. Que ella sepa lo que te pasa y lo que deseas, pero no la abrumes con tus deseos, dale tiempo para que pueda descubrir lo que desea e imponer el ritmo que más le convenga. Puedes hablarle de las pequeñas cosas que te gustaría que ocurrieran entre vosotros, pero sin agobiarla y dejando claro que son súplicas, no exigencias, y no esperes que en poco tiempo te vaya a colmar de “regalos”. </p>
<p>Dale todo el tiempo que necesite, y déjale claro que dispone de ese tiempo. Y repítete a ti mismo, y a menudo, que no es tú satisfacción sino la de ella la que debe constituir la primera medida del éxito de la transformación en la que os embarcáis. Además, procura tener presente que una de las características de una buena relación de dominación femenina es que no suele concretarse tal cual la imaginaba el hombre sumiso, que hay espacio para la sorpresa, para que tu mujer pueda acabar sorprendiéndote con prácticas o matices que tú no esperabas, o sea, que la forma en que pueda acabar plasmando el dominio que le proporcione el intercambio de poder puede ser bastante distinta a la que tú esperabas o deseabas. Cuando los sumisos están prisioneros en exceso de sus fantasías, cuando esperan que se concreten más o menos como las imaginan, la relación de dominación femenina se complica sobremanera.</p>
<p>En resumen, Jorge, exígete, dedícate a ella, cuéntale, rodéala con tus atenciones y con tu amor, dale y date tiempo, y concentrate en disfrutar de los avances en lugar de lamentarte de que no se avance lo que a ti te gustaría. Y por lo que has escrito, ya parece que algunos avances hay, es decir, ya parece que hay motivos para el optimismo. Pues a disfrutarlos.</p>
<p>Espero que os vaya bien. Y recibir noticias de lo bien que os va. </p>
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		<title>Un comienzo apresurado</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jul 2008 04:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Jorge escribe y me pide ayuda porque, después de 22 años de matrimonio, desea iniciar su mujer en la dominación femenina. Pero, como tantas veces sucede, hay un error en el planteamiento inicial: piensa más en sus necesidades que en las de su mujer. Y además tiene prisa. Paso a paso. Y el primer paso es tener claro que lo que se plantea.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Sánchez</strong></p>
<p>Te comento un poco nuestra situación: somos un matrimonio “tradicional” desde hace más de 20 años, próximos a cumplir los 50 ambos y con dos hijos adolescentes. Desde que encontré tu anterior página web, sentí cierto interés por este “estilo” de vida y, como te dije hice un primer intento, poco exitoso. Al descubrir tu nuevo blog, mi interés se ha reavivado, y estamos haciendo un nuevo intento. Te explico.</p>
<p>Se lo volví a pedir a mi mujer y parece que, más o menos, está de acuerdo en intentarlo. Le he dado a leer varios artículos, y entre ellos el de “<a href="/2008/la-domina-corriente/">La dómina corriente</a>” que me recomendaste. Además de esto le he regalado dos libretas: una privada, para que anote todo lo que se le vaya ocurriendo a medida que vaya leyendo cosas sobre el tema, y que yo no debo mirar. Otra compartida, dividida en varias partes: en la primera escribí una lista de tareas domésticas de las que me hago responsable (que más o menos ya venía haciendo desde siempre, aunque de modo más irregular que ahora, pero que considero a todas luces insuficiente, en comparación con lo que hace ella) y que la animé a que fuera alargando (no ha añadido ni una sola); en la segunda le proponía que, de vez en cuando, o preferentemente a diario, me escribiera algún deseo especial que yo debería cumplir a lo largo del día. También le explique que me parecía conveniente que, más o menos semanalmente, evaluara mi actitud respecto a ambas partes, y me premiara o castigara según su criterio (sí, ya sé que esto requiere algún esfuerzo por parte de ella, pero creo que puede ser un buen incentivo para los dos). Finalmente, en la tercera parte, yo escribiría sugerencias que ella podía, o no, tomar en consideración.</p>
<p>¿Qué problemas o dificultades encuentro? Unos míos y otros de ella.</p>
<p>Los míos:</p>
<p>a) Me es difícil hacer de manera espontánea otras tareas domésticas distintas de las que ya hacía; básicamente porque no me gusta y porque prefiero dedicarme a mis aficiones. Evidentemente es una actitud totalmente egoísta y comodona que sé que he de cambiar, pero no soy capaz de hacerlo solo; necesito que ella me ayude. Pero no solo no lo hace, sino que tengo la sensación de que le da igual, de que para ella las cosas ya están bien como están. Quizá debería respetar esto, pero creo que su vida podría mejorar sustancialmente con la dominación femenina, y como mínimo podríamos llegar a una distribución más equitativa del trabajo doméstico</p>
<p>b) Tengo problemas de masturbación, y pasa lo mismo que con lo otro. He conseguido que ella me castigue por hacerlo dándome unos azotes, pero realmente lo ha hecho con poca contundencia. Es algo que entiendo que no he de hacer por todo lo que supone de “infidelidad” y de pérdida de interés hacia ella, pero me es difícil dominarme. Necesito su ayuda.</p>
<p>Los de ella (desde mi punto de vista):</p>
<p>a) Escasa “capacidad de dominación”, excesiva generosidad hacía todos pero especialmente hacía mi, resignación a la situación actual y poco esfuerzo y interés por cambiarla, y escasa tendencia a la “provocación sexual” y a “controlar mi sexualidad”, puntos que parecen ser bastante importantes para lograr los objetivos deseados. En general, yo diría también que es poco imaginativa, especialmente en el terreno sensual-sexual.</p>
<p>A su favor he de decir que me ha permitido darle placer oral (cosa que siempre ha sido muy complicado), que, como he dicho, ha hecho algún intento de “disciplinarme” por mi masturbación y que ha hecho alguna petición en la libreta.</p>
<p>Realmente, todo esto ha empezado hace un par de semanas, y supongo que tampoco se puede correr, pero no sé si vamos por buen camino, o si habría que hacerlo mejor.</p>
<p>Tampoco sé si el planteamiento inicial es el adecuado; pero lo que quiero es mejorar su calidad de vida y creo que ello pasa por superar mis dos problemas que te he contado (y seguramente por más cosas que irán saliendo, si ella quiere que salgan).</p>
<p>Gracias de antemano por tu ayuda, que sea cual sea apreciaré muchísimo.</p>
<p>Un saludo.</p>
<p>PD. Novedades de última hora: Efectivamente, Ana, hemos estado de fin de semana “largo” (nos hemos tomado también el lunes) y debo decirte que ha sido fantástico: ella ha sabido controlarme plenamente, ha sido más contundente en sus castigos, ha disfrutado de su sexualidad como nunca lo había hecho antes y también me ha hecho disfrutar a mí. También hemos compartido bastante las tareas domésticas, ya que estábamos en nuestra 2ª residencia, y, aunque quizá el objetivo debería ir más lejos en esto, pienso que no está mal para empezar. No obstante, los problemas que te he comentado más arriba, posiblemente siguen existiendo, aunque quizá algunos podrían estar en vías de superación.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Observo dos grandes cuestiones en tu carta, Jorge. Y la primera resulta quizá la más obvia: muchas prisas. No se puede pretender cambiar en “un par de semanas” la dinámica de un matrimonio que tiene veintidós años. Leyendo el texto se percibe tu urgencia, una prisa que no puede ser buena consejera. Y la postdata que añades en tu segundo correo es buena muestra de que tu análisis de la situación estaba en exceso influido por tu urgencia. Un proceso como el que intentas, Jorge, no puede ser cuestión de semanas, requiere bastante tiempo.</p>
<p>La otra cuestión importante siempre tiene que ser el sincero intento de comprender lo que planteas, en qué consiste de verdad el cambio que le propones a tu mujer. Si nos guiamos por lo que dices, está claro lo que pretendes: “lo que quiero es mejorar su calidad de vida”, porque “creo que su vida podría mejorar sustancialmente con la dominación femenina”. Y yo creo, Jorge, que te estás engañando a ti mismo. Y que es muy importante que no te engañes, que tengas claro el motivo o los motivos que te impulsan a hacerle a tu mujer la propuesta que le estás haciendo.</p>
<p>Si vuelves a leer atentamente tu carta, es posible que estés de acuerdo conmigo en que no hay en ella prácticamente ninguna alusión a nada que pudiera mejorar la calidad de vida de tu compañera, más allá de hacer alguna tarea doméstica añadida. No hay en lo que escribes ninguna preocupación sobre qué sería lo que podría enriquecer su vida. No, Jorge, en realidad has escrito sobre lo que te gustaría que ocurriera para mejorar <em>tu</em> calidad de vida, porque estás convencido de que <em>tu</em> vida podría mejorar sustancialmente con la dominación femenina. Y es muy probable que tu vida mejorara, pero no te engañes sobre el propósito que persigues, porque si ni siquiera tú sabes realmente en qué consiste lo que estás pidiéndole a ella, tus posibilidades de éxito serán escasas.</p>
<p>Y no sólo lo estás pidiendo para ti, sino que además le estás pidiendo que se encargue del trabajo y responsabilizándola del éxito de la apuesta, de una apuesta que no es suya. Hasta el punto de que, cual colegiala, le has comprado dos libretas para que haga los deberes, los deberes que tú esperas que te haga: que lea lo que a ti te interesa que lea; que haga las listas que tú esperas que haga; que te escriba el deseo que tú deseas que aparezca cada día; que se dedique a evaluar “tu actitud” hacia algo que por el momento tan sólo tú deseas, o sea, que a ella le es ajeno; y que te premie o te castigue en función de que te hayas portado como a ti te gustaría portarte. Y finalmente, le propones una tercera parte en la que, además, le escribirías sugerencias con las que podría mejorar sus esfuerzos por complacerte.</p>
<p>En mi opinión, Jorge, esa es la esencia de lo que planteas. Pero como decía, además cargas sobre sus hombres la responsabilidad de que funcione lo que sólo tú quieres que funcione. Tú, pobre, no puedes siquiera “hacer de manera espontánea otras tareas domésticas distintas de las que ya hacía”. “Sé que he de cambiar, pero no soy capaz de hacerlo solo; necesito que ella me ayude”. Tú, pobre, tienes “problemas de masturbación”, “pero me es difícil dominarme. Necesito ayuda”. Puesto que no eres capaz, puesto que te resulta difícil dominarte, entonces le traspasas a ella la responsabilidad por tu comportamiento. Y así de crudamente lo reflejas: “lo que quiero es mejorar su calidad y creo que ello pasa por superar mis dos problemas que te he contado”. ¿Tú crees de verdad que su vida será maravillosa si tu le friegas más platos y dejas de masturbarte, y siendo ella además la que tiene que tomarse el trabajo de obligarte a hacerlo?</p>
<p>Como ves, Jorge, no puede ser. No puede ser que todo tenga que ser responsabilidad y trabajo de ella y que todo sea, además, para conseguir un objetivo que no es más que tuyo. Eso no sería una relación de dominación femenina, sino una esposa dispuesta a sacrificarse, poco o mucho, para complacer las fantasías eróticas de su marido. Y afortunadamente para ti, y para unos cuantos hombres, son muchas las mujeres generosas y abnegadas, como demuestra la tuya, que ya se ha puesto a complacerte.</p>
<p>¿Me parece mal que lo haga? Por supuesto que no. ¡Cómo me va a parecer mal que una mujer haga cosas por su hombre! Ahora bien, eso no tiene nada que ver con la dominación femenina, sino con el amor o el cariño que tu mujer siente por ti, con lo que de verdad sustenta vuestra relación de pareja. No puede descartarse, porque no sería ni mucho menos la primera vez, que de ahí acabe surgiendo una relación de dominación femenina, que tu mujer acabe por verle las ventajas y sea capaz hacerse con las riendas. Pero tengo la impresión de que para que así sea va a necesitar bastante más ayuda, bastante más entrega e incondicionalidad por tu parte de la que reflejas en tu carta. No cautivarás a tu mujer, Jorge, con el ofrecimiento de un lavado de platos y un cunilingus de vez en cuando. No es bastante para una mujer; ni para la tuya ni para ninguna. Además, la generosidad de la que ya está dando muestras tu mujer la hace merecedora de bastante más de lo que la ofreces, la hace merecedora, en realidad, de una auténtica sumisión por tu parte, de tus esfuerzos para “mejorar su calidad de vida” en lugar de la tuya, y de que aprendas, y de paso se lo vayas demostrando a ella, a contentarte y a disfrutar con los regalos que pueda hacerte la mujer a la que dices querer someterte. </p>
<p>Los regalos, Jorge, son más regalos cuanto más arbitrarios, cuando menos se esperan. Por lo tanto, no se exigen, no son de obligado cumplimiento y, claro está, no se pasa lista por ellos en una libreta.  Te lo digo porque por mucho éxito que tuvieras, por mucho que tu mujer cumplimentara sus tareas y sus libretas, poca satisfacción encontrarías tampoco tú, porque te darías perfecta cuenta de que no era eso lo que buscabas, porque seguirías anhelando una auténtica relación de dominación femenina: una en la que no fueras tú quien pusiera los deberes.</p>
<p>Siento resultar tan cruda, Jorge, pero espero que me disculpes, que estés de acuerdo conmigo en que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta, en que lo mejor que puedo hacer por ti es darte mi opinión sincera –que por supuesto no es garantía de nada– sobre lo que has escrito. Y lo he intentado sobre lo que considero el fondo de lo que has escrito. No obstante, es probable que te decepciones lo general de mi respuesta, pero seguro que habrá momento para entrar en detalles, porque espero que todo os vaya bien y que siga abierta la correspondencia.</p>
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		<title>Un buen comienzo</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 05:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Miquel García lleva diez años de relación con su compañera, y el mismo tiempo sin saber qué hacer  para encontrar un poco de satisfacción a su deseo de sumisión. Pues bien, parece que el reciente cambio en su forma de afrontar la cuestión comienza proporcionar sus frutos, y tiene interés para los interesados en introducir a sus compañeras en la dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Miquel García</strong></p>
<p>Hola a TODAS y todos:</p>
<p>Les quisiera explicar mi experiencia: soy un hombre de 38 años, ya llevamos 10 años viviendo juntos mi compañera y yo; la amo y ella también me ama, pero como en la mayoría de los casos le he escondido mis deseos masoquistas desde siempre. Después de visitar muchas páginas de dominación femenina, y de leer sobre el tema, he llegado a la conclusión de que puedo separar mis fantasías y deseos masoquistas de mis deseos de sumisión.</p>
<p>Ella no entendería una relación de dominación-sumisión tal y como algunos lectores han apuntado, AMA-esclavo. Tuvo ocasión de interesarse sobre el tema cuando un día me pilló mirando ciertas páginas en Internet: estuvimos hablando sobre la cuestión, yo le explique que no me interesaba mirar páginas pornográficas, sino que lo que visitaba eran páginas relacionadas con la dominación de la mujer sobre el hombre. Le enseñé la página de womanworship, que reflejaba mis fantasías más profundas y mis deseos de que ella se convirtiera en la parte dominante en nuestra relación; se río y me dijo que un día tendría que comprarse un látigo, pero la conozco muy bien y sé que no entendería jamás una relación de ama-esclavo.</p>
<p>Ha sido hace una semanas cuando entendí que lo que debía hacer, gracias al articulo sobre el Coeficiente de Utilidad del Sumiso publicado en su web. Centraré todos mis esfuerzos en serle de utilidad, en hacerla feliz. De hecho, mi único objetivo en esta vida es hacerla feliz: ya llevaba años cocinando y las tareas domésticas siempre las hemos compartido, ahora de una manera muy sutil me dedico a hacer aquellas tareas que hacía ella: por ejemplo, siempre que acabamos de cenar ella era la encargada, ya que yo había cocinado, de dejar la cocina limpia, fregar las ollas y poner los platos y cubiertos en el lavavajillas, ahora siempre me adelanto y lo hago yo. Procuro tener la casa siempre en perfecto estado de revista para que ella no tenga jamás que coger una escoba o una fregona. Otra de las tareas que me he dedicado a hacer es planchar, no sin su oposición: “No se te ocurra planchar mis cosas, entendido”, me dice, la excusa es que no le dejo la ropa como a ella le gusta, pero yo sé que es porque se siente culpable de no colaborar en la tareas domésticas. Poco a poco, he ido convenciéndola, hasta tal punto de que sus comentarios han sido: “Cariño, ¡has aprendido a planchar de maravilla!”, o “¡Ahora sí que me dejas la ropa como quiero! De todas maneras, cuando disfruto más es cuando me riñe porque la he plegado mal o por alguna cosa que no está lo suficientemente limpia. </p>
<p>Ella tiene un carácter dominante, y yo lo único que tengo que hacer es aprovecharlo. De todas maneras, cuando más disfruto, porque sé que la hago inmensamente feliz a ella, es cuando después de cenar se dispone a trabajar en el ordenador, entonces yo me estiro a sus pies y le hago un masaje que puede durar horas. Al principio se extrañó y se sintió incómoda: “Cariño ya basta, este no es tu sitio, así a mis pies, ¡pareces mi esclavo!”, me dijo el primer día. Yo me derretía por dentro porque eso es lo que deseo con más fervor, pero lo único que le comenté es que se tranquilizara que me encontraba muy cómodo en esa posición y que se merecía el masaje que le estaba dando. Nunca más se ha negado, cada día, sin excepción, cuando se sienta, yo me levanto y me humillo a sus pies, no importa lo sucios que los lleve, o si lleva medias, mis deseos de sumisión los traslado a sus pies durante horas. No me importa, al contrario, después de diez años he encontrado la manera de poderme expresar como sumiso sin tener que forzarla a ella, de una manera natural: yo estirado a sus pies masajeándolos, lamiéndolos (sí hace poco que me atreví a lamérselos, a besarlos, a ella le encantó), percibiendo su ignorancia sobre mi persona, sintiendo como ella puede trabajar tranquilamente teniendo a su hombre lamiéndole los pies, para mí es de lo mas excitante, y sobre todo sus comentarios cuando acaba de cerrar el ordenador y se digna a observar mi adoración hacia ella: “Pero cariño has estado tres horas lamiéndome los pies, tu no eres un perrito, no me merezco tanta felicidad”. Y yo que le digo que sí soy su perrito, y ella que se ríe, y yo que la sigo a cuatro patas hasta el lavabo y le continuo lamiendo los pies, y ella que me continua pidiendo que pare. Pero en el fondo, creo que le gusta porque me deja repetirlo a diario, se ha convertido en una rutina. Ella ya lo espera, sin mirarme sabe que, cuando se sienta, debe retirar la silla para dejarme sitio a sus pies, bajo la mesa; se saca los calcetines y pone sus dulces pies en mi cara. </p>
<p>Estoy empezando a entender que a veces no hace falta esperar a que tu mujer coja un látigo para hacerla feliz y serle de utilidad. Aquí está la clave: un hombre debe saber qué le hace feliz a su mujer y trabajar para satisfacerla a ella, no a sus fantasías. Está claro que me encantaría que mi mujer me abofeteara y me humillara verbalmente, y luego me diera ella la orden de lamerle los pies. O que me llevara con una correa como un perrito por la casa, o que me hiciera limpiar la casa o planchar, o cualquier tarea doméstica desnudo o con un vestidito de criada, mientras ella me observa sentada en el sofá tomando una copa de cava, pero esas son mis fantasías. </p>
<p>Lo que he entendido es que si puedo planchar por ella, lo hago; que si yo realizo el máximo de tareas del hogar, ella lo agradece; que si a ella le gusta que le den masajes, pues a darle masajes; y si puedo, me arrastro a cuatro patas, entre risas, como un juego, para ella lo es, para mi es una demostración más de mi sumisión a ella. Ahora, que he visto que no le disgusta que le bese los pies, aprovecho cualquier ocasión que tengo para postrarme, sin que sienta incómoda, como quien no quiere la cosa, y besarle los pies. Una vez allí, si a ella no se la ve a disgusto con mi actitud, sigo postrado lamiendo y besando sus divinos pies por el tiempo que ella me permita, si son horas, durante horas.</p>
<p>En fin, espero no haberles hecho perder el tiempo con mi experiencia y les deseo que sigan con su tarea de orientar a maridos ignorantes e indecisos para que se pongan manos a la obra y empiecen a pensar en sus mujeres y no en ellos mismos, y después piensen de qué manera les pueden ser de más utilidad.</p>
<p><strong>DominacionFemenina.net</strong> (Ana Serantes):</p>
<p>Miquel, por supuesto que no nos ha hecho perder el tiempo con su experiencia. Es más, la consideramos muy ilustrativa y útil para que muchos hombres que leen esta revista tomen buena nota sobre lo que es un buen comienzo.</p>
<p>Lo primero que destaca en lo que escribe es que finalmente se ha dado cuenta de que resulta imprescindible cambiar el punto de vista: disfrutar de lo que se tiene en lugar de lamentarse por lo que no se tiene, dedicarse a complacer a su compañera en vez de a añorar lo que ella debería estar haciendo para complacerle a usted. Una decisión inteligente.</p>
<p>Pero en la forma de hacerlo hay un matiz particular: además de servir domésticamente a su pareja, ha encontrado usted una manera de sublimar su sumisión que a ella le está resultando también placentera. Su dedicación a adorar y a masajear los pies de su mujer constituye una solución reseñable. Sobre todo por una razón fundamental: usted está ya disfrutando de la sumisión. No sólo se entrega y sirve a su compañera (lo que también proporciona disfrute), sino que durante esos largos ratos en los que adora sus pies, usted está gozando (“es de lo más excitante”), a la vez que la hace disfrutar a ella. Por lo tanto, la práctica que ha instaurado nos parece perfecta.</p>
<p>Por nuestra parte, vamos a recomendarle que piense en una ampliación de esa práctica que puede darle continuidad a la experiencia que están teniendo y al placer que ambos obtienen ya de ella: si disfrutan de un masaje de pies, qué no disfrutarán si el masaje es de cuerpo entero o de una mayor parte de él. Por supuesto que un masaje corporal obliga a su mujer a una quietud que no le permitiría la actividad que realiza mientras le masajea los pies, pero no tiene que ser una práctica diaria: de vez en cuando, es una maravilla que te proporcionen un relajante y completo masaje. Y es seguro que por las mismas razones lo disfrutarán los dos, aunque obviamente con mayor intensidad que el que se limita a los pies.</p>
<p>Existe también la posibilidad de que el masaje se haga en buena parte del cuerpo; mientras, ella podría estar leyendo un libro o viendo la televisión. Una solución intermedia es añadir a los pies el conjunto de las piernas. Aprender a dar masajes de forma satisfactoria resulta relativamente sencillo, y no hace falta ser un profesional: un buen libro sobre la materia debiera ser suficiente para adquirir la pericia necesaria. Una obra muy recomendable para esta tarea es la de Gordon Inkeles, “El nuevo masaje sensual”, de Ediciones Urano. En muy poco tiempo, y con la ayuda de este texto, su mujer puede estar disfrutando de las delicias del masaje de forma casi perfecta&#8230; y usted de las delicias de masajear el cuerpo de su amada.</p>
<p>Pero la solución que ha encontrado, Miquel, nos parece perfecta también porque creemos que le abrirá a usted puertas para adentrarse en nuevos territorios de la dominación femenina. Nos dice de su pareja: “sé que no entendería jamás una relación ama-esclavo”. Y desde aquí le contestamos: “Nunca digas nunca jamás”. Como el título de la película, puede que su certeza termine por convertirse en pronóstico erróneo. De hecho, ya hay implícitos dos en su propia carta: el primero, cuando nos describe cómo su oposición a que le planchara la ropa, y que usted sabía que era porque se sentía culpable de no colaborar, terminó por convertirse en auténtica satisfacción: “¡Ahora sí que me dejas la ropa como quiero!”. Y algo debe estar iniciándose cuando nos dice que, después de hacerle prácticamente todo el trabajo doméstico, “me riñe porque la he plegado mal o por alguna cosa que no está suficientemente limpia”. La segunda presunción errónea que podría haberse hecho sería a raíz de comenzar a masajear sus pies: “Al principio se extrañó y se sintió incómoda”. El cambio volvió a ser notable: “Ella ya lo espera”.</p>
<p>No da la impresión de que deba descartarse un florecimiento del carácter dominante de su mujer que pueda terminar por sorprenderle. Lo decimos también por otra cuestión. Es cierto que creemos que ha entendido bien lo que debe hacer y que ha escogido una forma inteligente de hacerlo: “Estoy empezando a entender que a veces no hace falta esperar a que tu mujer coja un látigo para hacerla feliz y serle de utilidad. Aquí está la clave: un hombre debe saber qué le hace feliz a su mujer y trabajar para satisfacerla a ella, no a sus fantasías”. Bien, completamente de acuerdo, y lo repetimos siempre que tenemos la oportunidad. Pero hay más.</p>
<p>Esa es la forma correcta de plantearse introducir a una mujer renuente en la dominación femenina. Pero la vida sigue, y las fantasías de sumisión del varón no desaparecen. ¿Por qué? Porque son algo más que fantasías, son parte de su propia personalidad, de su sexualidad. Así que una relación de dominación femenina sólo será verdaderamente enriquecedora para las dos partes si contempla esa necesidad profunda del varón. Por supuesto que esa necesidad no tiene por qué hacerse realidad en la forma exacta en la que la fantasea el hombre, sino que debe adaptarse a la conveniencia de la mujer dominante. Pero en cualquier caso no puede ignorarse si se pretende construir una relación de pareja plena.</p>
<p>No le recomendamos que haga nada en este momento más allá de lo que está haciendo y de algún pequeño añadido como el que le hemos propuesto. Disfrútelo y tómese su tiempo para hacerlo. Pero más adelante, Miquel, tendrá que comenzar a pensar en abrir más las vías de comunicación con su mujer para contarle algo que tan fundamental es para usted. Y le recomendamos que entonces lo haga con naturalidad, empezando poco a poco, pero planteándole cómo es usted y las cosas que más desea. No, claro está, que le gustaría que le abofetearan y le humillaran, sino algo más real y abordable: que le gustaría sentirse suyo, que ella comenzara a imponerse en los pequeños aspectos de la vida que prefiriera, que le gustaría que le supervisara sus tareas domésticas y le exigiera la perfección, que le podría ayudar mucho que de vez en cuando le exigiera los masajes, etc. Con el tiempo, usted descubrirá mejor que nadie qué tipo de cosas son las que no van a molestarla y que en poco tiempo pueden incluso agradarla. Las cosas de una en una; pero una vez que se empieza con una, es más fácil averiguar cuál puede o debe ser la próxima. Lo que hay que tener presente es que este tipo de cosas deben acoplarse al ritmo de ella y descartarse las que ella tenga claro que quiere descartar. Usted tendrá que exprimirse la mente para ofrecerle posibilidades que, por lo menos, no la contraríen.</p>
<p>Pero todo esto, Miquel, es para más adelante. Lo que está haciendo en este momento nos parece muy acertado y bien enfocado. Le agradecemos el trabajo que se ha tomado para compartir su experiencia con todos los lectores de la revista, y esperamos saber más de usted dentro poco, cuando nos escriba para contarnos cómo ha mejorado su relación.</p>
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		<title>La dómina corriente</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2008 05:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Ms Rika anima a las mujeres que quieren iniciarse en la dominación femenina pero que no se sienten atraídas por las parafernalias habituales: “El éxito en las relaciones, de cualquier tipo, se basa en el compromiso. Intento en este artículo que encuentres la manera de ser feliz con tu pareja. Entender  por qué lo está pidiendo os permitirá a ambos encauzar rápidamente sus intereses y energías hacia algo más productivo y que sea deseable también para ti”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ms Rika </strong></p>
<p><strong>Trucos para disfrutar la D/s cuando no se es una dominatrix </strong></p>
<p>Tu pareja te ha comentado que tiene una petición que hacerte. Sabes que es importante, pero no tienes ni idea de lo que podría ser. Está ruborizado, excitado, nervioso y un poco dubitativo. Sin lugar a dudas, se trata de algo muy importante para él y, lo más probable, para ti también. Entonces lo suelta: “Quiere que seas su ama. Quiere servirte&#8230; como un esclavo&#8230; para siempre”.</p>
<p>Sólo las palabras “ama” y “esclavo”, “dominación” y “sumisión” hacen que un escalofrío recorra tu espina dorsal. Evocan las imágenes de mazmorras, cadenas, potros de tortura, látigos, hombres débiles y patéticos siendo azotados y torturados por mujeres irascibles vestidas de cuero, con látigos y tacones altos. En este artículo me referiré a algunos aspectos especialmente importantes para que enfoques tus esfuerzos y los hagas más efectivos. Te enseñaré qué buscar y, más importante, qué vigilar y evitar. Intentaré explicar por qué algunas formas de tratar el tema funcionan mientras que otras están destinadas al fracaso.</p>
<p>Quizá hayáis hablado del tema con anterioridad, quizá hasta hayáis practicado estos papeles durante el sexo o, incluso, podría ser que haya salido el tema sin saber de dónde. Tu reacción puede ser desde “me repele lo que dices, ¿no es eso algo raro?”, hasta “siempre he querido un esclavo, y ahora es el momento”, pasando por “mi interés lo despierta algún juego morboso”.</p>
<p>Lo más probable es que tu reacción se situé en algún punto cercano al extremo más conservador; de hecho, si siempre has esperado que un hombre sea tu esclavo las 24 horas del día los 7 días de la semana, probablemente este artículo no te interese; aunque, aún así, podría arrojar algún foco de luz alternativo sobre tu forma de abordar la cuestión. Este texto está enfocado hacia la mujer que nunca consideraría a su pareja como un subordinado; desde luego, no las 24 horas del día, los siete días de la semana&#8230; y para siempre.</p>
<p><strong>¿Qué te gusta?</strong></p>
<p>Puede que no sea de tu agrado la parafernalia que dejan traslucir palabras como “dominación” y “sumisión”, “ama” y “esclavo”. Aún así, quizá te guste la idea de tu pareja pendiente de tus necesidades, totalmente chiflado por ti y excitado, dándote masajes y haciendo las tareas en casa, centrado en tus pensamientos e ideas; en suma, tratándote como a una reina.</p>
<p>Personalmente, no tengo ningún interés en hacer daño a mi pareja ni en que se arrodille cuando entro a la habitación,  pero sin lugar a dudas me encanta pensar que fue idea suya que nos sentáramos a conversar después de haberlo recogido todo tras la comida que ha preparado, y que le excite físicamente doblar la ropa limpia. No le culpes por usar ese otro tipo de palabras para referirse a ello; son las que utilizan en las revistas y las películas que ha visto. Quizá no sepa expresarlo mejor. </p>
<p>El éxito en las relaciones, de cualquier tipo, se basa en el compromiso. Lo que intento en este artículo es ofrecer una forma verificada de abordar la cuestión para que encuentres la manera de ser feliz con tu pareja. Entender  por qué lo está pidiendo, y llegar a la raíz de lo que te está pidiendo, os permitirá a ambos encauzar rápidamente sus intereses y energías hacia algo más productivo y que sea deseable también para ti. A través de esta aproximación, ambos seréis capaces de alcanzar mayores niveles de realización en vuestra relación.</p>
<p>Podrías preguntarte: ¿Por qué tener en cuenta su petición? Para responderte, te diré que hay algo que deberías saber: el hombre que quiere ser tu “esclavo”, normalmente, habrá estado pensando en serlo la mayor parte de su vida sexual. Habrá fantaseado con el asunto con regularidad. Habrá leído y visto películas, y habrá soñado, literalmente, con serlo. A menudo, identifica las relaciones sexuales, y el poder asociado con el sexo, con la dominación y la sumisión. Cualquier mujer que ve por la calle, sobre todo si viste prendas de cuero o botas, es en potencia la dómina con la que fantasea. Para él, la caballerosidad es sumisión. Lo más probable es que haya intentado llevar a cabo algunas de sus fantasías con alguna pareja anterior, con una dómina profesional o, incluso, él por su cuenta. Para cuando el asunto ha llegado a ti, se puede decir que él ya tiene el “Doctorado en las artes de la sumisión”. No puedes pretender que es algo que no existe. No es algo que vaya a desaparecer si no haces caso de la cuestión; el asunto se enquistará y buscará una válvula de escape.</p>
<p>Lo irónico es que el mismo interés que los hombres ponen en la dominación y sumisión a lo largo de sus vidas, que les hace tener una percepción muy gráfica de lo que creen que es, es al mismo tiempo la razón fundamental que provoca sus repetidos fracasos cuando intentan llevar la fantasía a la realidad. Pregúntale a cualquiera que haya intentado realizar sus fantasías sumisas, y te contará su historia de fracasos: mujeres a las que nunca les interesó, perdieron el interés o no sabían dominarle correctamente (ésta es mi favorita). Las razones pueden ser muchas, pero en esencia siempre confluyen en el mismo sitio: una visión de la sumisión egocéntrica, una fantasía hecha a medida y reforzada por unos medios (revistas, películas) concebidos para vender al hombre lo que demanda. Toda mujer que alguna vez haya  intentado satisfacer las fantasías de dominación de un  hombre acaba por darse cuenta de ello y sentirse ofendida;  a menos que cobre por ello.</p>
<p>La buena noticia es ésta: cuando se ha acercado a ti para decírtelo es porque está dispuesto a probar lo que sea. Por lo tanto, la manera en que respondas a su petición inicial es muy importante. Lo más probable es que no debieras simplemente ignorarlo; de hecho, no creo que puedas hacerlo. Así que, asumiendo que no estás por completo cerrada a sus ideas, puedes estar tentada a proporcionarle lo que quiere. Tienes dos opciones: intentar aprender a ser su dómina soñada, y que te guste, o convertir sus deseos de servir en algo que se adapte a vuestras formas de ser y que ambos disfrutéis. Supongo que sabrás por dónde se encamina este artículo; aún así, es interesante comentar la primera opción, aunque sea para comprobar por qué no es una buena idea. </p>
<p><strong>Por qué no convertirse en la dominatrix de sus sueños</strong></p>
<p>Supongamos que has decidido convertirte en la dómina de sus sueños. ¿Cómo sabrás lo que tienes que hacer? ¿Cómo lo aprenderás? ¿Quién va a enseñarte? Lo más probable es que esto sea algo en lo que tus amigos o tu familia no vayan a ayudarte. Por tanto, lo más probable es que vayas directamente a tu pareja; después de todo, él sabe lo que quiere y parece ser un experto en la materia. Te centras en él para que te dé ideas, técnicas y fuentes de información en las que puedas investigar. Por supuesto, estas fuentes de información serán probablemente las mismas que él ha estado estudiando durante años y, de esta forma, tu investigación te llevará al mismo nivel de entendimiento en que se encuentra él.</p>
<p>Ahora te enfrentas a un problema básico: ¿Cómo vas a poder determinar si lo que has aprendido es lo correcto? ¿Qué elementos de juicio tienes para saber si eres una “buena ama”? ¿Lo juzgarás en base a su nivel de satisfacción? Son innumerables las veces que he oído: “Es que ella no sabe cómo dominarme”. Esto no suena muy prometedor, ¿verdad? Me refiero a que, por un lado, él trata de servirte, pero, por otro, es su felicidad el indicador de si lo estás haciendo bien o no. Esta forma de proceder es la receta infalible para el fracaso y, en consecuencia, completamente equivocada.</p>
<p>Nota: No le permitas convencerte de que ésta es una de las paradojas por las que la D/s es famosa. La idea según la cual es el sumiso quien realmente controla la relación es algo que se puede aplicar a relaciones basadas en escenas y a la cyber sumisión, pero no a las relaciones de sumisión orientadas al servicio a la mujer. Cualquier hombre que intente limitar el nivel o controlar el grado de servicio está deliberadamente tratando de devaluar el potencial de servicio en la relación. No debes tolerar esto en nombre de una paradoja.</p>
<p>Supongamos que has aprendido la dinámica del juego, ahora ya sabes cómo tratar a un “esclavo”, has aprendido lo que quiere y cómo dárselo. ¿Qué ocurre a partir de ahora? Lo primero de todo, observa sus reacciones. Es muy tentador disfrutar de la reacción que provocas cuando te ve vestida de cuero, blandiendo tu látigo y calzando tus botas. Los chicos normalmente alucinan. Te sientes como una triunfadora. Pero&#8230; ¿es esta reacción por ti o por lo que llevas puesto y por cómo actúas? Puesto que la forma en la que vistes y tu forma de actuar puede que no sean como eres interiormente, el disfrute puede ser muy efímero. Este hecho resulta todavía más evidente si lo comparas con su nivel de atención hacia ti cuando no estás interpretando tu personaje. Empezarás a darte cuenta que sólo está interesado en ti cuando interpretas tu papel. </p>
<p>Quizá ya hayas dejado todo esto atrás, has expandido sus fantasías, te sientes cómoda con sus reacciones y todo marcha bien&#8230; Pero entonces, ¡él parece querer más! Las fantasías D/s son como una droga: necesitan cada vez dosis mayores. A menudo, los hombres necesitarán mayores dosis para que mantengas su atención y, puesto que has establecido como criterio del éxito de la relación cómo se siente él, comprobarás que lo que antes funcionaba bien ahora ya no lo hace y, por tanto, te ves en la necesidad de experimentar para comprender qué es lo que quiere ahora. No hay forma posible de competir contra la imaginación de un hombre cuando se trata de las prácticas eróticas que le gustan. Si sigues por este camino, tratando de ser como él quiere, te encontrarás para siempre en un bucle infinito, un círculo vicioso del que no podrás salir.</p>
<p>Finalmente, hay un problema añadido: el hombre que trata de ser en base a sus fantasías D/s puede no tener ningún atractivo para ti; pues lo que te pide son aquellas prácticas que siempre ha asociado con sus fetiches, como por ejemplo: adoración de los pies, feminización, azotes, ataduras, castidad, esclavitud financiera o dependencia total. Al final, reconoces que ése no es el hombre del que te enamoraste. Puede ser divertido jugar un rato con un hombre atado, como si fuera un redondo de ternera, pero no es ése el tipo de hombre con el que quieres pasar cada día del resto de tu vida.</p>
<p>¿Entiendes ahora por qué intentar ser su dómina soñada no es la mejor de las ideas? El desafío es este: ¿cómo mantienes en el proceso tu propia identidad, salvaguardando el respeto por tu pareja, y encuentras al mismo tiempo la gratificación y el placer que también satisfaga sus necesidades? El desafío te puede parecer la cuadratura del círculo, pero afortunadamente lo que él te pide no es necesariamente lo que necesita. No todos los hombres son iguales, pero, aún así, los hombres sumisos tienen una serie de deseos secretos: quieren hacerte feliz, quieren ser atendidos, quieren que estés interesada y seas parte activa en la pareja y, sobre todo, quieren que expreses abiertamente tu poder femenino. No hay nada que sea más atractivo para un sumiso que una mujer que se muestra segura de sí misma en su sexualidad y en los efectos que tiene para él. </p>
<p>Claro que todo esto no suena para nada como lo de ser una dómina, ¿verdad? No tiene nada que ver con látigos, cadenas, cuerdas y unas buenas azotainas en el trasero. De hecho, tiene mucho más que ver con nuestra propia actitud y conciencia. Entonces, una cierta actitud y conciencia es todo lo necesario, ¿verdad?&#8230; Pues de hecho, no. Es necesario que exista comunicación de nuestras intenciones. Puedes ser todo lo segura de ti misma que quieras pero, a menos que ambos estéis de acuerdo en vuestra respectiva posición, no tendrá nada que ver con la D/s.</p>
<p><strong>Cómo ser una dominante</strong></p>
<p>Entremos, por tanto y sin más dilación, en cómo ser una mujer dominante. Puesto que tu pareja se ha movido y se ha ofrecido a ti, estás en disposición de ser tú quien haga el siguiente movimiento. Todo lo que tienes que hacer para ser una mujer dominante es aceptar su oferta de sumisión, pero aceptarla según tus términos y condiciones.</p>
<p>Recuerda que antes dije que el éxito en las relaciones, de  cualquier tipo, se basa en el compromiso; aún así, no tienes por qué comprometerte en exceso. Te puede parecer una contradicción, pero es él quien se tiene que comprometer con tus términos y condiciones. Este es uno de esos rarísimos momentos en la vida en los que puedes disfrutar del lado dominante de un compromiso unilateral. Aunque no te parezca justo, él no lo discutirá ni se rebelará, porque entiende por completo que lo lógico es que la parte dominante del proceso de intercambio de poder tiene derecho a insistir en que las cosas sean a su manera. Él debe ceder en la forma en que lo ve para que esté de acuerdo con cómo lo ves tu. Para él es un compromiso necesario, porque es así como tu accedes a su petición y le permites someterse a ti, pero el truco está en los detalles&#8230; detalles que eres tú quien estableces.</p>
<p>El trato que le ofreces es el siguiente: estás de acuerdo en aceptar su sumisión, que es tu parte en el acuerdo, siempre y cuando lo que él te ofrezca se amolde a tu propia definición de la sumisión, que es su parte del trato. Le ofreces la oportunidad de que acepte tus términos y condiciones, y le detallas lo que quieres que haga para que así tome una decisión. ¿Podrá vivir de acuerdo a tus condiciones o no? Tus condiciones no deben de basarse en lo que él piensa que la dominación debería ser o en lo que le agradaría que fuera, ni siquiera en  la imagen que tu tengas de la dominación. Los términos que elijas se deben de adaptar a tu vida, a tus intereses y a tus deseos. No es el momento de pensar en hacer algo por él o para él&#8230; es el momento de pensar en lo que puede hacer él para ti.</p>
<p>Aquí tienes, a modo de ejemplo, mis condiciones (las tuyas pueden ser diferentes, pero siéntete libre para utilizarlas si te gustan):</p>
<p>— Si voy a ser servida, y se trata de que mi vida sea más fácil, sólo voy a fomentar y apoyar aquellas ideas que, desde luego, hagan mi vida más cómoda. Puesto que él dice que quiere servirme, ¿qué interés podría tener en hacerme la vida más difícil o compleja?</p>
<p>— Aspectos que considero perjudiciales: castigos, tener que dar órdenes, discusiones, pereza, falta de consideración, darme la lata con insistencias repetitivas.</p>
<p>— Aspectos que considero beneficiosos: quitarme obstáculos,  reducir mi carga de trabajo, incrementar su consideración, caballerosidad, honor, servicio y obediencia.</p>
<p>— Hay momentos para complacer y momentos para ser complacida. Puesto que es él quien se somete a mí, la cantidad de tiempo que dedicará a complacerme será muchísimo mayor que la que yo dedicaré a complacerle. Si él puede encontrar la felicidad en saber que me está sirviendo bien, estará gratamente   complacido por el simple hecho de servirme.</p>
<p>— Las ideas que tiene sobre sus fetiches y la esclavitud pueden servirme para hacerle maravillosos regalos, si así lo decido y durante cortos períodos de tiempo. Sin embargo, su decisión de servirme debe de basarse en la posibilidad que nunca quisiera satisfacer sus fetiches; si así lo resolviera, y debe estar dispuesto en tal caso a no presionarme jamás para que lo haga o con que su nivel de servicio sea directamente proporcional a la satisfacción que obtenga de sus fetiches.</p>
<p>— Siempre sumisión activa, jamás sumisión pasiva. Prefiero un sumiso que sea activo. No quiero a mi pareja esperando que le diga qué es lo que tiene que hacer. No quiero tener que estar dándole órdenes. No estoy enamorada de él porque no tenga empuje ni pueda pensar por sí mismo. Estoy enamorada   de su forma de ser, de su “independencia” y de su motivación.   Son características maravillosas que debe de poner a trabajar para mí. No estoy desde luego dispuesta a perderlas.</p>
<p>— En resumen, mis condiciones son simples: su obligación es pensar y actuar de acuerdo a mi mejor interés, de tal forma que él compruebe que me sentiré complacida. Quiero que me demuestre su creatividad, quiero sentir su ahínco y motivación con el único fin de complacerme. Quiero que se esfuerce en anticiparse a mis necesidades y que actúe de acuerdo a ellas, aún antes de que tenga que pedírselo, decírselo u ordenárselo. Sé que no podrá conseguir algo así siempre, pero quiero tener constancia de que lo intentará en todo momento.</p>
<p>— La creatividad ayuda a definir las “rutinas”. Le animo a sugerirme formas en las que cree que podría ayudarme. Puesto que espero de él que se anticipe a mis necesidades, es natural que me sugiera procedimientos que puedan convertirse en rutinas. Lo bueno que tienen las rutinas es que, una vez establecidas, no requieren esfuerzo por mi parte para que produzcan su efecto. Él es el responsable de seguir el programa establecido. Mi vida es más sencilla si lo tengo a él para que se preocupe de cómo y cuándo tienen que hacerse las cosas. Cuantas más tareas y trabajos pueda sugerirme, mejor; sin embargo, siempre serán aquellas con las que esté de acuerdo y me complazcan.</p>
<p>Sus ideas terminan organizadas en tres categorías: 1) Las que me gustan y deseo que se conviertan en una rutina. Son, como es natural, por las que más reconocimiento va a obtener. 2) Las que, en realidad, sólo le atraen a él, pero que no por eso las encuentro carentes de gusto. Son las que puedo proporcionarle como regalos cuando me apetezca. 3) Las que no me gustan en absoluto y, por tanto, quedan excluidas por no serme de utilidad alguna. Al finalizar el primer mes de este acuerdo, tendrá una lista de tareas que hacer y un programa que cumplir para llevarlas a cabo. Por lo que a mí respecta, no necesitaré pensar más en ellas, sólo disfrutar de los beneficios que me producen.</p>
<p>Por mi parte, también adquiero dos compromisos con él, porque que no estamos hablando de un proceso unidireccional. Le prometo que tendré en cuenta y reconoceré sus esfuerzos para servirme, y que le daré indicaciones sobre lo bien que se esté comportando y le ayudaré para que aprenda a servirme mejor. Gracias a este compromiso, mi participación en nuestra especial relación de intercambio de poder se convierte en activa y plenamente comprometida.</p>
<p>Hay algunos aspectos beneficiosos añadidos a tener en cuenta al adoptar este procedimiento: primero, es obvio que, puesto que su objetivo es siempre complacerme, seré yo quien tenga la última palabra en la mayoría de los   aspectos. Aún así, no debemos de perder de vista la realidad; puede que no esté de acuerdo conmigo en algunas tareas cotidianas y que, incluso, se llegue a dar el caso que discutamos. Pero, en esos casos, le recordaré rápidamente su compromiso con mi felicidad y, por tanto, tendrá que doblegarse cuando yo no quiera cambiar de parecer. También hay que tener en cuenta que, estando su sumisión centrada en su servicio a mí, su éxito se juzga en base a cómo me complazca. Soy, por tanto, juez y jurado para decidir si lo está haciendo bien. Este mecanismo es mucho más adecuado que si fuera yo quien me tuviera que   anticipar a sus necesidades.</p>
<p>Ahora te aviso: los tíos que están en  posesión del “Doctorado en las artes de la sumisión” no piensan de forma natural en este tipo de sumisión orientada a servirte. Necesitan que se les ayude para entenderla. La mejor forma de hacerlo es mantenerte inflexible. Insiste en que su sumisión tiene que ser a tu manera, o no habrás sumisión ninguna. Vuelve siempre sobre esta lógica irrefutable: como parte dominante de la pareja todo tiene que ser a tu manera. Busca siempre el compromiso unilateral por su parte.</p>
<p>Por último, ten en cuenta que un acuerdo en estos términos no le convierte en una marioneta sin voz ni voto. De hecho, es todo lo contrario. Le animas a pensar, a buscar nuevos caminos y formas de servirte. Tampoco es algo que le convierta en sujeto pasivo en la cama. Me gusta que un hombre sea agresivo y me demuestre sus deseos, y este acuerdo no le impide serlo. No obstante, me reservo el derecho de ser complacida como a mi me guste; lo que puede incluir, o no, que llegue al orgasmo. Por ejemplo, si me agrada que me seduzca y me lleve a la cama, que me proporcione un orgasmo oralmente, incluso que lleguemos a la penetración, pero que se detenga antes de llegar al orgasmo y, después, tenerle dándome un masaje en la espalda hasta que me duerma, y que él tenga que mantener su erección media hora más hasta que se vaya a dormir empalmado y frustrado&#8230; Pues eso es precisamente lo que tendrá que hacer. ¿Que parece que odiará algo así? Bueno sí, es muy probable&#8230; Pero me lo agradecerá a la mañana siguiente cuando se de cuenta hasta qué punto se siente dominado. ¿Aprecias ya la imagen de conjunto?</p>
<p><strong>¿Y sobre las cosas que a él le gustan?</strong></p>
<p>Reconozcámoslo, tienes una relación con él y, por tanto, quieres verle también feliz, quieres ser capaz de ofrecerle el sexo que a él le gusta y quieres, de vez en cuando, hacer realidad sus más tórridas fantasías. Si no es algo que descartes por completo; adelante, siéntete libre para ello. Aún así, lo que debe de quedar muy claro es que no confunda las actividades de estos juegos con el acuerdo al que ambos habéis llegado. Debería entender estas reglas: 1) Tú decides si jugáis y cuándo. 2) Son sencillamente regalos que le das; ni es algo que se haya ganado ni tampoco algo que tú le debas. 3) Nunca debe confundir estos juegos con el verdadero servicio; son actividades para él, que nacen de tu buen corazón. 4) Cuando el juego ha terminado, todo vuelve a la normalidad; es decir, a que te sirva a tu manera.</p>
<p>Creo que pueden interesarte algunos trucos sobre cómo ofrecerle estos regalos, pues, a menudo, las prácticas que le interesen puede que te parezcan increíbles. ¿Cómo le pueden gustar unas pinzas en los pezones y pesos colgando  del escroto? Si decides darle algún regalo y llevar a cabo sus fantasías debes de tomar en consideración los siguientes consejos:</p>
<p>— Disfrutará mucho más si le ofreces su regalo aparentando que también estás interesada en la actividad.</p>
<p>— Incluso aunque sea idea suya, actúa como si fuera tuya también. Si quiere hacer algo que, en verdad, no te podías imaginar que le gustara, es porque probablemente quiere ser “obligado” a hacerlo; así que “oblígale”. Hazle entender que es importante para ti que realice esa práctica en concreto. Si   parece que, en el momento de llevarla a cabo, se arrepiente de su propia idea, quizá esté esperando que tú le impidas volverse atrás, por tanto, oblígale a realizarla.</p>
<p>— Si quiere que le hagas sentir indefenso, ayúdale a sentirse indefenso. Puedes atarle, hacerle sentirse incómodo, hacerle cosquillas, jugar con hielo teniéndole atado, jugar con su respiración, hacerle un poco de daño&#8230; Cualquier práctica   que le demuestre su total indefensión para escapar a tus deseos.</p>
<p>— No le preguntes si lo estás haciendo bien, sólo hazlo. Si quieres que te aporte sugerencias, dile antes de empezar que puede hacerlas. La confianza mutua es fundamental.</p>
<p>— La humillación verbal y burlarte de él es muy efectiva. Hazle hablar también.</p>
<p>— No conocerás sus límites hasta que los hayas traspasado, pero hazlo con sumo cuidado. Si es una práctica que implica dolor, lenta y progresivamente llévale hasta el punto en que te suplique que pares. Él no lo disfruta tanto si nunca le haces esforzarse para ganarse el alivio.</p>
<p>— A los sumisos les encanta suplicar. Prolongar cualquier sensación placentera a base de arrastrarle a otra de incomodidad mientras él suplica para que no lo hagas así es un camino seguro para hacer de tu regalo la más placentera de las experiencias.</p>
<p>Y, con esto, ya hemos hablado bastante de complacerle a él.</p>
<p>¿Qué hacer cuando se muestre indisciplinado?</p>
<p>Lo primero que debes tener en cuenta es que me he referido a “cuando”, no a “si” lo hará, porque puedes estar segura de que, en algún momento, se mostrará indisciplinado. Tendrá días en que no se sienta de humor para servir y, de hecho, necesitará ayuda para volverse a concentrar en hacerlo, y que lo que le preocupe no interfiera en su mente. Si su idea de la sumisión solía ser la de “dejarse hacer mientras se siente indefenso”, se mostrará descontento por  no disfrutar tan a menudo como le gustaría de escenas de ese tipo. A menos que sepas cómo mitigar estas circunstancias, no dejes que se salga con la suya por ese camino. Ten en cuenta que quizá te esté poniendo a prueba. No se lo permitas. Jamás le permitas que te obligue a tener que hacerle los regalos que quiere. Ten confianza en ti misma y mantente en tu posición. Ten todo esto en cuenta especialmente durante el perverso “tiempo de rebote”: las 24 horas siguientes a su último orgasmo. No permitas que su nivel de concentración y de dedicación a servirte se evapore durante el tiempo en que su deseo sexual está en los niveles más bajos.</p>
<p>Así que te preguntarás: ¿Qué puedo hacer para recuperar su concentración? Hay tres alternativas que pueden venirte a la mente, pero sólo una de ellas funciona: 1) castigarle, 2) ignorarle, y 3) razonar con él. </p>
<p>La primera alternativa, castigarle, no es nada buena; de hecho, es precisamente lo que algunos sumisos quieren que hagas. Actúan así para que les castigues, pero el castigo supone más trabajo para ti, y te complica la vida. Aún en el caso de que disfrutes castigándole, no hay nada que puedas hacer para castigarle que no pudieras hacer de cualquier otra forma sin más razón ni motivo que tu propio placer; por tanto, no hay ningún beneficio intrínseco para ti en el castigo. Un problema añadido es que entrar en esta dinámica supone fomentar su mal comportamiento, para que así su reacción provoque unas prácticas que a él le gustan. Y estás actividades deben de estar reservadas para cuando estimes oportuno concederle un regalo. En consecuencia, el efecto que provoca esta forma de actuar es socavar tu posición, al permitir que se salga con la suya en respuesta a algo que haya hecho, independientemente que haya sido positivo o negativo.</p>
<p>He escuchado a algunos decir: “Si el castigo es una práctica que, en realidad, no les gusta entonces no lo disfrutarán; por lo tanto, no actuarán nunca de una forma que provoque un efecto desagradable”. No estoy de acuerdo. A un sumiso le encantará tenerte tan centrada en él que tengas que forzarle a hacer o soportar algo que, en realidad, no quiere. No es más que un ejemplo de la egocéntrica sumisión masculina, aún en el caso de que nos refiramos a una actividad en concreto que no disfrutan. No lo permitiré.</p>
<p>La siguiente alternativa, ignorarle, puede parecer la más fácil pero, a largo plazo, no funcionará. Si ignoras su forma de comportarse lo entenderá como que no te preocupas por vuestro acuerdo. Si no insistes en su servilismo, esperándolo y demandándolo, sentirá que no tienes interés alguno en que se comporte así. Este es el factor más desmoralizador para cualquier sumiso. Al mismo tiempo, tampoco se le olvidará que esta fue “tu idea” sobre lo que querías de él. Por tanto, si quieres hacerle pensar que servirte de acuerdo a tus condiciones es algo que te complace, no le ignores cuando no lo haga.</p>
<p>Así que la tercera opción, razonar con él, es la mejor. Siéntate con él y pon las cartas boca arriba. Hazle saber que no estás contenta con su forma de servirte y que no está cumpliendo con su parte del trato. Explícale que esto es lo que ÉL quería. Fue ÉL quien te dijo que quería servirte, y tú le has dado la oportunidad de hacerlo. Si no puede hacerlo de todo corazón, entonces mejor que no lo haga de ninguna manera. Dale la opción de servirte por completo o no mencionar más el tema. Durante la conversación, cuanto más hable él, mejor. Las palabras que salgan de su boca tendrán más impacto que las tuyas. Hazle preguntas de las cuales sabes las respuestas: “¿Qué fue lo que me pediste?” “¿Quién vino a quién para sugerir esta dinámica?” “¿Qué efecto tiene tu comportamiento en librarme de preocupaciones en la vida?” “¿Cuáles son los puntos del acuerdo que tu comportamiento incumple?” “¿Qué puedes hacer para mejorar?” Sé enfática, categórica y tajante. No te interesan para nada sus excusas ni vas a permitir que te eche la culpa. Es de nuevo la lógica de ese compromiso unilateral por su parte&#8230; Y es una lógica muy potente.</p>
<p>Si se anda por las ramas, quítale el privilegio de servirte durante un corto periodo de tiempo, dile que durante las próximas 24 horas ya no es tu “esclavo”. Ten confianza. Intentará hacerte ver que eso no le importa. Déjale que siga jugando de farol y dobla el tiempo en que no le permites ser tu “esclavo” a 48 horas, o hasta que te suplique serlo de nuevo. Cuando vuelva a suplicártelo, y ten por seguro que volverá, aún tendrás más el control.</p>
<p><strong>En conclusión</strong></p>
<p>Con todo esto, lo que he intentado decirte a lo largo del artículo es que tengas siempre presente que el objetivo es satisfacer su necesidad de servirte de una forma no sólo que sea tolerable para ti sino que la desees a largo plazo. Las sugerencias que he hecho han funcionado en mi caso y en el de muchas otras parejas con las que he tratado; no obstante, son sólo sugerencias. Eres tú quien tienes que establecer lo que disfrutas y él tendrá que aprender también a disfrutarlo así. Si tienes curiosidad o fantaseas con ello, proporciónale escenas con sus fetiches preferidos de vez en cuando a modo de regalos, con la frecuencia o falta de ella con la que te sientas cómoda. Déjale bien claro que esas escenas no tienen que ver con su sumisión, sino con tu generosidad. Y, recuerda, no recomiendo que las escenas se conviertan en motivo de recompensa, considéralas sólo como regalos.</p>
<p>La comunicación y una participación entusiasta y activa son las claves del éxito para cualquier relación. Te recomiendo encarecidamente que leas mis otros artículos sobre la D/s en las relaciones; en concreto, los más relacionados con éste son: “Una definición de la ‘auténtica’ sumisión”, “Añadir la dominación/sumisión a la relación”, “Obsequios frente a recompensas”, y “Regalos prácticos”. Como siempre, estoy ansiosa por escuchar vuestros comentarios. Puedes contactar conmigo directamente, en inglés, en la dirección: Ms_Rika@hotmail.com.</p>
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		<title>Cómo iniciar a su compañera en la dominación femenina</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Apr 2008 05:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comenzar]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Elise Sutton escribe sobre la forma en que los varones sumisiones pueden colaborar en la iniciación de sus compañeras en la dominación femenina, sobre la forma de despertar su naturaleza dominante, que no suele ser la que se les ocurre a tantos hombres.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Elise Sutton</strong></p>
<p>Hombres: ¿por qué limitarse a soñar con servir a una mujer superior y dominante, cuando podría estar ya viviendo con una? Todas las mujeres son superiores a los varones, y todas son dominadoras en potencia, aunque la mayoría no se da cuenta porque han estado sometidas en una sociedad dominada por los hombres. Cada mujer posee un poder femenino oculto que, si se libera, la convertirá en la segura, audaz y superior mujer que estaba destinada a ser.</p>
<p>La aletargada naturaleza dominante de la mujer debe ser seducida, y su poder femenino despertado por la naturaleza sumisa del varón. Una vez que este oculto poder femenino despierta, ella no tendrá problemas para ocupar su lugar como mujer dominante y controlar la relación.</p>
<p>Por tanto, si usted es un hombre sumiso, que está casado o mantiene una relación seria con una mujer, no necesita seguir buscando una dominadora. La tiene en frente. El desafío para usted consiste en despertar el lado dominante de ella, por medio de su naturaleza sumisa. No es siempre fácil, pues la mayoría de las mujeres han sido educadas desde que nacen para que se sometan a los hombres. La sociedad ha malinterpretado la delicadeza y amabilidad de las mujeres como debilidad y sumisión, mientras que la rudeza y los comportamientos machistas de los hombres han sido sinónimo de fuerza. Los hombres son más fuertes sólo en sentido físico. Las mujeres son el género que posee la autentica fuerza: la derivada del intelecto, las emociones, lo espiritual y la sexualidad. Desafortunadamente, pocas mujeres se dan cuenta de ello. Aquellas que liberan su poder dominante femenino tienen a los hombres suplicando por servirlas. Si no lo cree, compruebe cuántas dominadoras profesionales se anuncian actualmente en Internet.</p>
<p>Existen muchos más hombres conscientes de ser sumisos que mujeres que asuman estar al mando y ser dominantes. Así pues, muchos varones sumisos viajan hasta los confines de la Tierra y pagan grandes cantidades de dinero para ser dominados por una mujer. Ellos saben que ese es su destino. Defiendo a la dominadora profesional porque está respondiendo a una necesidad creciente; sin embargo, una profesional nunca podrá realizar completamente al hombre sumiso, del modo que puede hacerlo una relación auténtica e íntima.</p>
<p>Para conseguir que su mujer libere su naturaleza dominante, debe seducirla con su sumisión. No le enseñe material sobre D/s o B&#038;D y espere que se entusiasme con ello. Probablemente, piense que esas actividades son extrañas o incluso que usted es raro. Sin embargo, si seduce a su naturaleza dominante, la despierta, y comienza a verse con normalidad, puede iniciarla en actividades de D/s o B&#038;D. Entonces, ¿cómo seducir a la naturaleza dominante de su mujer mediante su naturaleza sumisa?</p>
<p>Comience por tratarla como una Reina. Empiece sirviéndola como si fuera ya la mujer dominante con quien sueña. Sea humilde y sumiso cuando estén juntos. No discuta, no le levante la voz, incluso no la contradiga.  Su propósito en la relación es servirla. Lo que ella dice no admite discusión, por tanto apréstese a estar de acuerdo.</p>
<p>Otra cosa que puede usted hacer para seducir al lado dominante de su mujer es ofrecerse para darle masajes en el cuerpo y los pies. Cuando regrese a casa, después de un duro día de trabajo, no se siente delante de la televisión y la ignore. Un sumiso existe para atender las necesidades de su mujer. Vaya y arrodíllese cerca de ella, quítele los zapatos y frote sus pies cansados. A medida que se relaje a causa del placer, déle masaje en las piernas mientras las estira ligeramente. Hágalo habitualmente; mientras lo hace, dígale lo mucho que la ama, la adora y que sólo existe para servirla.</p>
<p>A continuación, puede aventurarse más mientras sigue frotando sus pies. Podría comenzar besándolos y lamiéndolos. Yo no lo haría la primera vez, pero si ella responde positivamente a los masajes, continúe añadiendo acciones. Podría lamerla y besarla desde los pies hasta las piernas y finalmente en la entrepierna. Correcto: adquiera el hábito de satisfacer oralmente a su mujer. Bese su cuerpo entero y hágale el amor con la boca y la lengua. Nunca intente la penetración, a menos que ella se lo pida. No piense en sus necesidades; en su lugar, concéntrese en las de ella. Complázcala sexualmente como a su Reina. Recuerde que ella es superior a usted. No se atreva nunca a tomarse ninguna libertad si su consentimiento.</p>
<p>Finalmente, podría querer comprar un vibrador o consolador para darle placer. Ella puede dudar al principio, por eso no le pregunte si quiere que lo use con ella. Primero, llévela a un estado de máxima excitación mediante besos, masajes y satisfaciéndola oralmente. Entonces, haga aparecer su nuevo juguete, y lenta y cuidadosamente empléelo con ella. Si le desagrada, se lo dirá, y usted debe siempre respetar todos sus deseos.</p>
<p>El objetivo es que ambos, usted y ella, compartan que la razón de ser del sexo es el placer de la mujer. Será también para el placer del hombre sólo si la mujer lo decide. Lo cual nos conduce a otro modo en que usted puede seducir a su naturaleza dominante: cada vez que ella le permita penetrarla, o cuando le este dando placer, pida siempre permiso antes de alcanzar el clímax. Probablemente, volverá a sorprenderse de que usted incluso pida permiso, pero terminará por gustarle la idea de que es ella quien controla sus orgasmos.</p>
<p>Otra forma de seducir el perfil dominante de su mujer es ser muy obediente cuando le pida hacer algunas tareas. Primero, empiece por hacer todas las propias que usted ya sabe que a ella le gustaría que hiciera. No espere a que se lo pida, baje la basura, corte el césped, lave los coches, o haga cualquier cosa que se suponga que debe hacer. Ella se sorprenderá si usted empieza por servirla haciendo sus tareas con tanta dedicación. El siguiente paso es preguntarle si puede usted ayudarla con sus tareas. Pídale que le deje hacer la colada o ayudarla a limpiar la casa. Dígale que usted existe para su servicio y que hará cualquier cosa que ella le pida.</p>
<p>Otra manera de seducir el lado dominante de su mujer es comprándole pequeños detalles: llévela flores, y escriba poesía para ella. Vayan a cenar o de compras, o quizá podría usted cocinar y servir la comida como un camarero. Puede preparar un baño de espuma, quitarle la ropa, bañarla, llevarla al dormitorio y servirla oralmente. Puede comprarle una falda o unos pantalones de cuero y halagarla diciéndole lo sexy que está, y lo sumiso que usted se siente cuando la ve llevando ropa de cuero.</p>
<p>Todas esas “pequeñas” cosas seducirán su naturaleza dominante y harán que vaya creciendo. En cualquier ocasión  que ella pregunte por qué la trata tan bien o por qué es tan sumiso con ella, respóndale que es porque la ama y que se ha dado cuenta que las mujeres son por naturaleza superiores y, como tales, debieran ser tratadas como Reinas. Dígale que ella es su Reina y que existe para servirla.  En este momento sea cuidadoso y no sobreactúe. Cuéntele de sus sentimientos acerca de cómo quiere servirla, y déjelo así. Ella podría preguntarle qué le ha hecho sentirse así;  si lo hace, se le presenta a usted una auténtica oportunidad.</p>
<p>Dígale que ha tenido sentimientos de sumisión hacia ella desde hace algún tiempo, pero que tenía miedo de expresarlos. Entonces, cuéntele que ha estado leyendo mucho en Internet acerca de la dominación femenina y cuanto se identifica con ello. Nuevamente, permítala conocer sus sentimientos pero no caiga en la exageración. No saque a relucir el B&#038;D en este momento.</p>
<p>¿Cuándo sacar a relucir  la D/s y el B&#038;D? Cuando ella comience a responder positivamente a su sumisión y le pregunte más cosas acerca de la Dominación Femenina. Entonces puede iniciarla en la dominación femenina mostrándole un sitio web no pornográfico como éste. Anímela a desarrollar “El Psicoanálisis del varón sumiso” con usted [procedimiento que se puede encontrar en inglés en la página de Elise Sutton]. No lo lea primero, pues puede empobrecer la experiencia. El que ella desarrolle este análisis provocará que usted se sincere, y que ambos se sientan incluso más estrechamente unidos. Ella comenzará a entenderle, y el porqué de su deseo de servirla.</p>
<p>A partir de este punto, iníciela poco a poco en el D/s y el B&#038;D. Cómprele algunas ropas, o quizá una fusta de cuero o un látigo. Recuerde: sólo debe avanzar según el ritmo de ella. Si siente que deja de ser receptiva, abandone las actividades de D/s y vuelva a centrarse exclusivamente en servirla. No todas las mujeres reaccionaran de la misma manera, y no todas las mujeres avanzarán al mismo ritmo. Sin embargo, pienso que si usted es constante y persiste, su mujer superará realmente sus inhibiciones y permitirá que su naturaleza dominante aflore libremente. Entonces, ella gobernará completamente el reino de vuestra relación y se realizará como la mujer dominante que estaba destinada a ser. Buena suerte.</p>
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