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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Experiencias</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>Paso a paso</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2009 04:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Jorge lo intentó en “un comienzo apresurado”. Y sus angustias y sus prisas fastidiaron el comienzo. Sin embargo, él y su mujer aprendieron de aquel “comienzo apresurado”, y ahora intentan ir paso a paso. Y paso a paso podrán descubrir su propia manera de construir una relación de dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jorge Sánchez</strong></p>
<p>Pronto va a hacer un año desde que hice mi primera intervención en el Blog de Ana, explicando mi deseo de reconvertir nuestro matrimonio en uno de Dominación Femenina, y mis erróneos planteamientos iniciales (&#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado/">Un comienzo apresurado</a>&#8220;). Después vino el comprensible varapalo de Ana, otro escrito mío (&#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado-ii/">Un comienzo apresurado II</a>&#8220;), acompañado por la respuesta, esta vez más cariñosa, de Ana, y un nuevo escrito, esta vez de mi esposa María (&#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/un-comienzo-apresurado-iii/">Un comienzo apresurado III</a>&#8220;), a la que Ana también aconsejó sabiamente.</p>
<p>Después de todo esto, considero que debo algo tanto a Ana como a los lectores y seguidores de este blog, y muy especialmente, a quienes con sus comentarios, nos aportaron también su ayuda. Y ese algo, es lo que ha pasado a lo largo de este año y a qué punto hemos llegado, aunque no sea mucho.</p>
<p>Pues bien, después del “apresurado comienzo” descrito en las tres entradas citadas, iniciamos las vacaciones de verano con ganas y entusiasmo, que nos llevaron a vivir las dos o tres semanas mejores de nuestra vida. Pero&#8230; un suceso inesperado, sin relación alguna con la Dominación Femenina, y que prefiero no detallar, me hizo caer en un estado depresivo que nos estropeó las vacaciones, y me llevó a dejar de lado nuestro intento. No puedo culpar a mi esposa: lo estaba intentando con todo su esfuerzo y, como me dijo Ana, yo lo fastidié.</p>
<p>Esta situación se prolongó prácticamente hasta Navidades, momento en el que cierta correspondencia privada mantenida con Ana, así como la traducción para su blog de algunos artículos, que, presentaban situaciones de alguna manera muy parecidas a la nuestra (&#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/la-unica-regla/">La única regla</a>&#8221; y, sobre todo &#8220;<a href="http://anaserantes.com/2009/mucha-paciencia/">Mucha paciencia</a>&#8221;  y alguno más quizá no publicado), me decidieron a preguntarle a María si me perdonaba por todo lo sucedido y si le gustaría intentarlo de nuevo, pero esta vez a su manera, a su ritmo, sin presiones y tratando de aplicar la “regla de Wilson” o “la única regla”. Previamente, ella me había confesado que la breve experiencia veraniega le había gustado y le había parecido interesante.</p>
<p>Y en eso hemos estado desde entonces y hasta ahora; con altibajos, con paciencia salpicada de impaciencia de vez en cuando, a su servicio para todo lo que ha querido, hasta que, ocasionalmente y en las últimas semanas, hemos llegado a momentos parecidos a los del verano pasado.</p>
<p>¿Todo hecho y resuelto? No, ni hablar, afortunadamente queda mucho por andar.<br />
¿Problemas?  Sí, claro. Algunos que veo:</p>
<p>Por mi parte:</p>
<ul>
<li>Mi impaciencia, mi maldita impaciencia que a veces se me escapa.</li>
<li>Mi ansia de “regalos”, de sus preciosos regalos; sus “sesiones de dominación” que siempre se me hacen cortas y escasas y que, de todos modos, le agradezco profundamente.</li>
<li>Mi comodidad, que en algunos momentos se opone a cumplir sus deseos.</li>
<li>Mi falta de imaginación (sí, ahora también me falta a mí) para hallar nuevas maneras de complacerla.</li>
<li>En resumen, un egoísmo, asentado de años, que cuesta superar, y que, demasiado a menudo me impulsa a buscar el intercambio en vez de la entrega incondicional, o el hacer solo por cumplir, con poco esfuerzo y con poca entrega.</li>
</ul>
<p>Por la suya:</p>
<ul>
<li>Su generosidad, que le hace difícil exigirme más tiempo y entrega.</li>
<li>Su entrega y su espíritu de servicio a la familia a los que le cuesta renunciar.</li>
<li>Su poca dureza hacia mí y mis fallos, que siempre trata de disculpar, aunque sean inexcusables.</li>
<li>Su escaso empleo de “trucos” para mantenerme bajo su control (sí, ya sé que eso es mi responsabilidad, pero hay cosas que también ayudan).</li>
<li>En resumen, una resignación a la situación vivida durante tantos años, que le cuesta romper y le hace conformarse con lo que haya sin buscar nada más.</li>
</ul>
<p>Como se ve, pues, nada está hecho. Me falta entrega, pero también estímulos (sí, claro que disfruto haciéndola feliz, pero a veces querría algo más). Y a ella le falta un sano egoísmo para anteponer sus deseos y sus necesidades a los míos, y unos buenos deseos de exploración de este nuevo mundo.</p>
<p>Seguimos en el intento y&#8230; cualquier consejo nos puede ayudar.</p>
<p>Quiero también aprovechar este escrito para agradecer a Ana, públicamente, toda la ayuda (pública y privada) que nos ha brindado, y para animarla  a continuar con este blog que a nosotros tanto nos ha ayudado (sé que vuelve a pasar momentos bajos al respecto y animo a todos los seguidores del blog a que la reconfortéis con vuestro apoyo).</p>
<p>Un saludo para todos, y uno muy especial para Ana.</p>
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		<title>A buen ritmo</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/a-buen-ritmo/</link>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 05:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Eduardo nos cuenta su experiencia reciente en el camino de la sumisión. De la sumisión a su mujer, que parecía no tener claro el asunto de la dominación femenina, pero que avanza en ella con una determinación y un ritmo que muchos lectores encontraran envidiable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Eduardo Torres</strong></p>
<p>Apreciada Sra. Serantes:</p>
<p>Le escribo desde Caracas, por instrucciones de mi Señora, para darle las gracias por ayudarnos en nuestro proceso, tal como le contaré. En el mes de agosto del pasado año, decidimos formalizar nuestra relación, en la cual mi Señora ejerce funciones de gobierno de nuestro matrimonio. </p>
<p>Durante muchos meses nos esforzamos para darle un sentido explícito a esta situación, pero no nos había sido posible. Inclusive tuvimos sesiones de dominación femenina, pero no terminábamos de acordar un estilo explícito. En agosto, conocimos el blog de<a href="http://frauendienst.blogspot.com/"> Frauendienst</a>, y mi Señora sintió que lo que se escribía ahí, llenaba sus expectativas. “Así es como yo quiero ser adorada por ti y que seas un sumiso mío, pero no me gusta eso de las humillaciones y maltratos que hemos leído en otras páginas”. Firmamos un acuerdo de Adoración, en el cual establecimos lo que para ese momento sentimos eran las pautas sobre las cuales debemos asentar nuestra relación. Cuando fuimos a suscribirlo, me miró a los ojos y me señaló: “Es tu última oportunidad, si lo firmas, me estarás autorizando a gobernarte y a que me adores permanentemente”. Le dije que sí y lo suscribí. </p>
<p>Esa misma semana empezamos a visitar su blog, por medio del cual hemos aprendido a partir de las experiencias de otras parejas. Sus continuos comentarios han sido de gran ayuda para nosotros. Es encontrarnos con una manera profunda de tratar cada situación, a través de comentarios sencillos. Las fotos y dibujos también son muy agradables. </p>
<p>Con motivo del año nuevo, tuve un error de apreciación. Por algún momento pensé que el acuerdo tenía un vencimiento y que debíamos discutir cómo lo renovábamos. Mi Señora trajo el contrato y me lo hizo leer, y la única cláusula para terminar la relación, así como para modificarlo era de su completa decisión. Sin embargo, aceptó conversar sobre cambios en el mismo. No hubo ninguno, sólo una reflexión de cómo me sentiría, o me debería sentir, si Ella decidía utilizar su derecho a tener relaciones con terceras personas, cuestión que de plano me está vedada.</p>
<p>Desde esa conversación, se ha acentuado más su decisión de gobernarme. En el lenguaje ya no utiliza el “por favor”, sino el “haz”; de “nuestro cuarto” y “tu lugar en la cama”, al “Mi Cuarto” y al “lugar que a veces ocupas”; mis incorrecciones son ahora objeto de reclamo y de regaño. </p>
<p>Estoy encargado de la limpieza de la vajilla (en realidad, desde agosto), pero ahora no tengo su ayuda. Cuando mi suegra pasa por la casa, e intenta lavar algo, mi Señora sólo le dice: “Eso es de Eduardo, no te maltrates las manos”. Ahora soy un sirviente en la casa: haz esto o lo otro, traeme un vaso de agua, ya no tengo el control de la TV, y los domingos en los que antes me dedicaba a holgazanear, ahora son de limpieza de la casa. En la casa, debo andar sin ropa con un delantal, ya que Ella quiere verme como Su sirviente. Aunque me permite comer en conjunto con Ella, debo hacerlo de pie, dispuesto a cumplir con sus deseos o necesidades al instante. Pocas veces me invita a sentarme para acompañarla. Cuando me siento, jamás debo cruzar las piernas. Debo estar siempre dispuesto y accesible. </p>
<p>En la cama, desde antes, Ella decide el cómo y el cuándo. Sus orgasmos son sagrados, los míos si Ella quiere (debo decir, que casi siempre los quiere). El goce de su sexualidad constituye la finalidad de nuestros encuentros sexuales.<br />
Tengo que disponer de un mediodía semanal (en días laborables) para atenderla Lo ha llamado los DDE (tal y como lo enseña La Dama). Ya tuvimos uno, el pasado miércoles. Todavía puedo estar en Su cama sin que tenga que solicitarle permiso, pero ya no tengo acceso a Su baño, salvo para usar la regadera, hasta que Ella decida que no la utilice mas. Tiene otro baño la casa, perfecto para liliputienses, al cual yo tengo acceso.</p>
<p>Desde antes, mi Señora salía a la calle con ropa sugestiva. Cuando salía conmigo se la colocaba más sugestiva aún. Me decía que, como andaba conmigo, quien la veía sabía que estaba emparejada. Ahora, ya ha salido muy llamativa, pero sola. Sólo dice que ahora se siente con derecho a salir como Ella quiere, sin importarle si anda conmigo o no. Ha empezado a manejar la cuenta bancaria donde tengo mis ingresos laborales: me da una mesada semanal, pero el uso de la cuenta ya no es solo disposición mía.</p>
<p>Los niveles actuales en su gobierno eran impensables hace 6 meses. Cómo se desarrollará y hasta donde llegará no lo sé. Sólo el tiempo lo dirá.</p>
<p>¿Qué creo que Ella definirá en poco tiempo? </p>
<ol>
<li>1. Creo que Ella va a definir como tratar mis imperfecciones, bien sea por fallas u omisiones en el trabajo de la casa o por intemperancias en mi trato hacia Ella. Ayer noche, señaló que dormiría sin cobija por una respuesta destemplada. Al final no realizó el castigo, pero ya lo tiene en mente. No le gusta el castigo físico con azotes (que entiendo que a ti si te lo aplican, bien por corrección o por entrenamiento), aunque ya habla de un cilicio, por lo que algo inventará.</li>
<li>2. Ella va a limitar mi acceso a sus decisiones, bienes y afectos. En gran medida porque será quien dispondrá el cómo, cuándo y cuánto. Desde los asuntos pequeños (el uso exclusivo de una mantequilla, de los refrescos y líquidos, de los dulces), hasta lo que ella crea conveniente. </li>
<li>3. La presentación pública de nuestro acuerdo. Ya ha pensado en un tatuaje y fantasea con una presentación ante sus amigas. Me ha dicho que quiere saber las reacciones frente a un rasurado general de mi cuerpo, para poder exhibirlo en una piscina (por ahora). También me ha comentado que está pensando en publicar un blog, con nuestras experiencias, comentarios y fotos.</li>
</ol>
<p>Perdone lo largo de esta carta, pero seguro que le servirá para que vea que su blog tiene adeptos en esta parte del Atlántico.<br />
Suyo (pero sobre todo de Ella),<br />
Eduardo.</p>
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		<title>Mucha paciencia</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/mucha-paciencia/</link>
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		<pubDate>Fri, 20 Feb 2009 05:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Curt tuvo paciencia, bastante... pero no pareció suficiente, así que decidió rendirse: le dijo a su mujer que quería abandonar la dominación femenina y volver a su antigua forma de vida. Pero la semilla había germinado, y la mujer no estaba dispuesta a volver a atrás, a perder las ventajas de los nuevos modos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Curt L</strong></p>
<p>Querida Sra. Sutton: Mi relación de dominación femenina con mi esposa ha sido para mí una montaña rusa psicológica. Justo cuando creía que ella estaba progresando, algo me indicaba que no lo estaba haciendo. Cuesta mucho ser un hombre que ha desnudado su alma y que esta esperando ser aceptado. Combine esta ansiedad con lo que parecen ser obvios beneficios para ella y el anhelo de servirla y tendrá, de varias maneras, el perfecto montón de problemas. He pensado mucho sobre ello, pero sabía que si hablaba demasiado ella podría volverse atrás. Ciertamente, no la he presionado mucho por el lado de las actividades D&#038;S en el dormitorio, pero querría que comprendiera cuánto mejor sería que se encargara de mí (firme, estricta y constantemente). Incluso exponer esto en un mal momento podía irritarla, aunque otras veces se mostraba intrigada.</p>
<p>Un día le dije que quería volver a estar como estábamos (sinceramente, no podía aguantar mucho más). Ella respondió inmediatamente que eso no iba a pasar y me preguntó cosas como: “¿Ahora no vamos a hacerlo?”. Su reacción mostraba claramente que, sin duda, disfrutaba de los beneficios (tareas domésticas hechas, mucha atención a sus necesidades y bastantes cosas más). Le dije que necesitaba que tuviera una actitud dominante y exigente para que yo me sintiera realizado y la pusiera siempre a ella primero. Le pedí que fuera más firme, estricta y constante, y que me administrara algo de disciplina cuando fuera necesario. Desde mi perspectiva, las cosas mejoraron un poco, pero no mucho. Continué sirviéndola insistentemente durante un tiempo y tras algunas semanas le pregunté otra vez si quería volver a los viejos tiempos. Esta vez se enojó muchísimo y me dijo definitivamente que no y que no se lo volviera a preguntar otra vez. Me quedé con la sensación de que había progresado, pero todavía estaba atormentado por las razones antes indicadas y no percibía que ella se sintiera dominante sobre mí.</p>
<p>Mientras pasaba todo esto (hace 4 ó 5 meses), siempre tenía en mente su consejo de mantener un espíritu de servicio y de seducir su naturaleza dominante poco a poco (por ejemplo, sin presionarla). Este consejo me ayudaba a no volverme loco y a centrarme en sus necesidades y no en las mías. Es fácil decirlo, pero la realidad de nadar entre dos aguas es dura, y los riesgos que conlleva para lo que percibes como tu virilidad la convierten en una propuesta muy difícil de mantener. Por difícil quiero decir, no presionarla para que sea la parte dominante hasta extremos que no son usuales en nuestra sociedad. Me hallé a mí mismo dándole vueltas y todavía sigo luchando con la ambigüedad. </p>
<p>Un día me preguntó qué era lo que iba mal. Debió notar algún cambio en mi actitud porque, inesperadamente, me informó de que tendríamos sesiones de disciplina semanales con efecto inmediato. Sé que estuvo ojeando su libro de vez en cuando, y sospecho que de ahí tomó algunas ideas, pero desde entonces las cosas cambiaron. Además de las sesiones, se ha vuelto muy mandona. Ha habido un claro cambio de actitud por su parte; dice cosas como: “Quiero que cortes <em>mi césped</em> cuando vuelvas del trabajo”. Me controla constantemente y me mantiene atado en corto (¡literal y metafóricamente!). Podría seguir, pero ha habido un claro intercambio de poder, y ella ahora lo siente y yo también. En este momento siento que no pasará mucho tiempo sin que se haga más dominante de lo que yo le había propuesto. Ya he perdido algunos privilegios y me ha ordenado hacer cosas con las que yo no estaba de acuerdo o no quería hacer (pero siempre la obedezco).</p>
<p>También está mejorando en nuestras sesiones semanales. La otra noche me preguntó si quería una felación. Naturalmente, le dije que sí (especialmente porqué me había denegado el orgasmo durante algún tiempo) y realmente creía que me la iba a hacer (hace 4 ó 5 meses de la última). Lo que conseguí fue que me llenara la boca con un arnés consolador con las ordenes expresas de tragármelo todo, etc. mientras decía: “Tu lo pediste, y ya lo tienes. Y no hay vuelta atrás”.</p>
<p>Antes de mi proposición de una relación de dominación femenina, nuestro matrimonio tenía problemas. No quiero decir que fuéramos de cabeza al divorcio, pero ninguno de los dos era especialmente feliz. Como resultado directo de nuestra nueva relación, nunca en mi vida me había sentido más cerca de ella, o de alguien. Además, no creo que sea capaz de preocuparme por alguien tan profundamente como lo hago ahora por ella. Recientemente ella me ha dicho esencialmente lo mismo, e incluso lloró un poco (de buenas maneras) mientras me lo decía.</p>
<p>Mi sensación ahora es que hemos superado el bache. Estoy aprendiendo rápidamente a servirla, y ella está aprendiendo a controlarme y a dominarme. Ahora siento que me puedo relajar y disfrutar del viaje y que habrá novedades. También me gustaría darle las gracias por su trabajo, ya estoy seguro de que sin él no estaríamos, ni llegaríamos, al nivel en el que estamos ahora en cuanto a amor y compromiso entre nosotros, y en la forma de vida que nos ha ayudado a conseguirlo.</p>
<p>Desde el principio de todo esto, traté de seguir sus consejos todo lo que pude. Debo admitir que no estaba de acuerdo con todo lo que usted escribe y enseña, pero a lo largo de esta experiencia he comprobado que usted estaba en lo cierto en todo. Espero que se sienta orgullosa por el impacto positivo que debe tener en muchos otros. Sin nada más que decirle, me gustaría agradecerle otra vez de todo corazón su ayuda para conseguir llegar donde estamos y hacia donde nos dirigimos.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Aprecio sus amables palabras, pero usted debe darle las gracias a su esposa por tener el coraje de aceptar su naturaleza dominante y el estilo de vida de la dominación femenina.</p>
<p>Usted plantó las semillas mostrándole los beneficios al centrarse en servirla, y esto finalmente dio su fruto. Pero la clave fue su paciencia. Sostuvo sus luchas, y puede ser duro para un hombre sumiso aparcar sus deseos de D&#038;S sexual para centrarse en los aspectos domésticos de un matrimonio de dominación femenina, pero no hay que perder la paciencia. Como el granjero que planta sus semillas y es paciente mientras las riega y cultiva el suelo. Pueden pasar semanas e incluso meses sin que parezca que las semillas hayan germinado, pero, de repente, brotan llenas de vida.</p>
<p>A menudo, una mujer debe superar algunos temores internos mientras asume sus necesidades sexuales. Dar el salto de lo doméstico a lo sexual no es siempre un cambio fácil para algunas mujeres. Hay un proceso educativo, un camino  de búsqueda personal y un proceso de descubrimiento del nivel de comodidad adecuado.</p>
<p>El hombre está preparado para empezar y sabe lo que quiere, pero la mujer puede no estar tan segura. Sabe que le gustan esas emociones dominantes que siente dentro, y que la autoridad femenina le sabe bien, pero dependiendo de su educación y de sus expectativas sociales, puede necesitar tiempo (y mucho tiempo) para aceptar plenamente la dominación femenina en el dormitorio. Aquí es donde entra en juego su paciencia: necesita regar estas semillas con su servicio doméstico y su actitud de adoración.</p>
<p>Su historia es un testimonio de que seducir la naturaleza dominante de una mujer a través del servicio auténtico y de una vida sacrificada funciona si el hombre mantiene el rumbo a pesar de los altibajos. La mujer puede dar tres pasos adelante y dos atrás, pero es importante que el hombre no pierda de vista el conjunto. Es cuando la mujer duda cuando el hombre debe ser incluso más comprensivo y estar más deseoso de situar las necesidades de la mujer por encima de las suyas, y esto puede significar aparcar las actividades del dormitorio mientras se exploran los aspectos domésticos y sociales de la dominación femenina.</p>
<p>Estoy segura de que dará testimonio de que la recompensa valió la espera. Una vez que la vida sexual se encarrila, la combinación de amor e intimidad supera las expectativas de mucha gente. Téngalo en cuenta y reciba mis mejores deseos.</p>
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		<title>Las raíces de mi sumisión</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/las-raices-de-mi-sumision/</link>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2009 05:25:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Álvaro reflexiona sobre las raíces de su sumisión, que él retrotrae fundamentalmente a la educación que le proporcionó su madre, a las exigencias de su hermana y a la sumisión de su padre hacia la madre. Experiencias tuvo después que no han hecho más que confirmarle que en su familia están las raíces de su sumisión.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Álvaro P</strong></p>
<p>Qué tal Ana, Soy Álvaro, de la ciudad de Mèxico, he pasado varias horas conociendo tu blog y disfruto mucho de la información y las experiencias que en él se publican. Mi historia como sumiso empezó desde muy niño sin darme cuenta ni entender mis instintos e inclinaciones, por ello quiero compartir un poco en reciprocidad a todo lo que he descubierto y confirmado en este blog. Felicito a todos por su seriedad y compromiso al escribir que hacen de este sitio un verdadero puente para unir caminos e ideas.</p>
<p>Mi historia está severamente marcada por mi mamá. Fui su primer hijo siendo ella muy joven, y aunque fue todo entrega, responsabilidad y cariño, en el plano estrictamente personal no vivió y desarrollo cabalmente sus proyectos profesionales y sociales de vida, lo cual inevitablemente reflejo en mi educación. Su poca experiencia le dictó que debía ser muy severa conmigo, al grado tal que en ocasiones para evitar que me relajara me pedía hacer cosas poco comunes, como preparar su baño de tina, bolear sus zapatos siempre que terminaba de usarlos, me prohibía abusar de mi tamaño y fuerza frente a niños mas pequeños que yo, me obligaba hacer sacrificios por las niñas con las que convivía, desde cederles un asiento, dejarlas pasar primero, preguntar y atender su opinión en cualquier actividad, desde los juegos hasta las tareas, todo ello con la complacencia de mi papá, que dicho sea de paso, con el paso de los años se ha convertido en un sumiso de leyenda. En fin, no me explico como no fue que los efectos no fueron graves o más severos.</p>
<p>Mi historia se agravo con mi hermana pequeña, pues fue quien heredo los beneficios de una educación matriarcal. Desde niños hasta estos días he estado a su servicio. Hasta aquí parecería una vida ideal para un sumiso, pero lejos estuve de gozar esos días: siempre me inconformé y cuestioné mi suerte. Sin embargo, hoy, el recordar los orígenes de mi sumisión me causa mucho placer.</p>
<p>El proceso para entenderme y aceptarme nada tuvo de sencillo. Mis primeras relaciones con amigas y novias me provocaban una insatisfacción inexplicable, intentaba involucrarme con mujeres que en el papel resultaban ideales, sin embargo, siempre terminaban por aburrirme o bien aburrirse de mi falta de interés. El primer destello de identificación con la causa sumisa fue más confuso que iluminador, pero por primera vez seguí un instinto por encima de mi razón. Mi estricta formación me ayudo a ser un estudiante modelo, de esos que en la niñez y adolescencia nadie admira; en otras palabras, mi popularidad era raquítica por decir lo menos. Sin embargo, desde entonces y por siempre he considerado que tengo mucha suerte con las mujeres, aún no me explico a qué se debe, y sin merito alguno hice a la niña mas guapa de la escuela mi novia, confieso que, más allá de la bocanada de aire a mi ego, no fue una relación especial. Sin razón, nunca me esforcé por hacerla sentir especial, lo que la obligo a volver con su ex novio y, aún herida por mi apatía, se encargó de inventar historia para difamarme. Fui la botana de toda la escuela y, aunque ella no me importaba, mi desprestigio como su obra postuma me provocó una satisfacción inédita: no hice nada para componer mi maltrecha fama, atónitamente gocé que una mujer nuevamente abusara de mi.</p>
<p>Con el tiempo, a cada nueva relación, descubría e incluso provocaba la experiencia gozosa, que lejos de enorgullecerme, me avergonzaba, me autoexcluía y me confrontaba con todo lo demás en lo que creía. Pero seguía buscando compañeras equivocadas, o mejor dicho, contrarias a lo que en verdad me desbordaba. Cuántos de los participantes en este blog se sintieron confundidos, ajenos, extraños, vaya, hasta impuros&#8230; me gustaría saberlo. Nunca perdía oportunidad de someterme a los deseos de una mujer, pero no sé si los demás sumisos están de acuerdo, nada se disfruta más al ser sumiso que tener en la conciencia que la mujer dominantes asume plenamente su rol, por eso en esa etapa además de pasar por raro debido a algunas insinuaciones para encontrar a alguna cómplice, no hay ninguna anécdota memorable.</p>
<p>En la universidad, asumía cada vez más mi condición, fue el periodo de autoaceptación, y sin duda es el que me estremece más hasta el día de hoy. Nuevamente mi suerte me pone en la mira de la mujer más deseada de la universidad. No exagero al decir que permanentemente la rodeaba una jauría de lobos que la acechaban y a la vez mimaban para ganar su preferencia. Nuevamente mi estructura mental me confrontaba con lo que veía y me molestaba imaginarme siendo uno más de sus súbditos. Estoy seguro de que, de haberlo intentado de la misma forma que los demás, hubiese sido uno de los que menos posibilidades hubiera tenido de convencerla. A esa edad, una mujer ya controla a la perfección y lucra con maestría todos los encantos a su alcance que nos fulminan sin cuestionamiento. Esta mujer era una verdadera artista en la materia, de ahí que le resultaba ilógico que yo no sucumbiera y bailara a su ritmo; grave error, porque enseguida lo asumió como un reto. Despues de ocuparse en el camino de dos elementos que asi como le resultaron atractivos los alternó sin pudor, como quien se mira al espejo para elegir con que vestirse y tirar las prendas que no fueron elegidas, al grado de afectar severamente su estima y seguridad. Lo que sigue es lo de menos, pueden imaginarlo: aunque no con poca resistencia, finalmente caí. Pero su obsesión y reto no consistían en mantener una relación conmigo, sino en convertirme en el mas entregado, noble, incondicional, fiel y abnegado de sus súbditos. En su familia nadie dudaba de que lo conseguiría rápido y, después, se aburriría. Fiel a su categoría de campeona invicta, las confesiones de quienes la conocían afirmaban que era un acto común ver a un desfile de varios pesos pesados hincados rogándole e implorándole por no terminar. </p>
<p>En otro correo quisiera contar con detalle las anécdotas vividas y aquellas que me contaron con la investidura de leyenda, que la ubican como una mujer dominante y autoritaria de los pies a la cabeza. En mi opinión, el ejemplar más emblemático de carne y hueso que he conocido, pero no quiero dejar de adelantar que hacía llorar rutinariamente a sus novios, era infiel por naturaleza, cínica por convicción. No cumplirle un capricho, además de una escena publica, costaba una humillación, si no publica, por lo menos ante algún testigo (uno de sus exnovios comentó desconcertado en la universidad que atestiguó como obligo a su propio padre a pedirle perdón de rodillas porque rayo accidentalmente su coche cuando salía del garaje donde trabaja; el padre la justifico diciendo que de niña no había forma de que perdonara que no se cumplieran sus caprichos, mas que hincándose). No ileso, pero sin daños severos, termine la relación; no a tiempo, pero sí antes de que me destrozara. Lo curioso es que aunque ese ha sido el pasaje más estimulante de mi sumisión, mi miedo no me dejó disfrutarlo hasta varios años después como un recuerdo vibrante que te mueve la entraña adictivamente.</p>
<p>Me extendí mas de lo que calculé que me tomaría contar mis raíces sumisas, sólo quiero finalizar diciendo que a mi ultima pareja le conté abiertamente mi tendencia sumisa, y más con morbo y como apoyo que convencida, ha experimentado conmigo este mundo. Aun así, y aunque han sido las experiencias que más he disfrutado consciente, claro, y compartiendo mi pasión por ser sumiso ante una mujer severa y segura de sí misma, nada cambia mi idea de que bolearle los zapatos a mi mamá; prepararle su baño con mucha dedicación para que me corriera severamente para poder desnudarse y meterse antes de que se enfriara su tina; su filosofía de no halagar mis atenciones con el fin de que siempre buscara superarme; los abusos y chantajes de mi hermana y su arraigada creencia de que mi función era servirle; mis primeros tropiezos y confrontaciones con las pequeñas tiranas que se desarrollaban confiadas en que todo estaba bajo su control, hoy me permiten orgullosamente saber que hacerle voluntariamente las tares a las niñas, confesar travesuras no cometidas para evitarles un castigo, poner a su disposición todo el dinero que obtienes, perdonar infidelidades, plantones y desplantes, humillarte para pedir perdón aunque sólo sea un chantaje más&#8230; Todas esas cosas fueron las que me convirtieron en un auténtico sumiso. </p>
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		<title>Como una reina</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Nov 2008 05:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Quién le iba a decir a Doreen que acabaría viviendo como una reina gracias a su cuñado! Cuando él, 20 años más joven, y después de separarse de su hermana, se ofreció a servirla, le pareció una estupidez. Hoy, que le domina con vara firme, termina su carta diciendo que, en efecto, “es bueno ser una Reina”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Doreen B</strong></p>
<p>Querida Elise:</p>
<p>Le escribo para darle las gracias por su interesante web y por los útiles y prudentes consejos que da a sus corresponsales.</p>
<p>Durante los últimos 15 meses, he mantenido una relación de dominación femenina, y deseo explicarle mi historia y como llegué a ella. Soy una viuda de 56 años, y llevo 10 viviendo en el Reino Unido. Desde que murió mi querido esposo, no había tenido relaciones con ningún hombre. En efecto, sólo había salido media docena de veces con un compañero de trabajo por cuestiones estrictamente laborales. Mi marido me dejó en una buena situación y, después de aceptar su pérdida, decidí vender nuestra casa y comprar una más pequeña. Volví a trabajar a media jornada, y con mi salario, mi pensión de viudedad y mis inversiones, me sentía cómoda desde el punto de vista económico.</p>
<p>Hace justo dos años, mi hermana dejó a su marido y se fue a vivir con otro hombre al extranjero. Naturalmente, mi cuñado quedó destrozado y yo mantuve el contacto con él como parte de la familia. Unos meses después de que mi hermana le dejara, Timothy me llamó y me preguntó si podía invitarme a comer, porque había algo de lo que quería hablar conmigo.</p>
<p>Durante la comida, me dijo que siempre me había admirado y que me encontraba muy atractiva (a pesar de ser 20 años mayor que él). Yo me preguntaba qué vendría después. Entonces me sorprendió diciéndome que siempre me había considerado dominante y controladora (yo nunca me había visto así a mí misma) y que durante años había deseado someterse a mí y ser mi sirviente personal. ¡Quería lavar, limpiar, planchar y cocinar para mí!</p>
<p>Me temo que le contesté que nunca había oído nada tan ridículo en toda mi vida.<br />
Él, naturalmente, estaba totalmente avergonzado, y no hacia más que disculparse y pedirme perdón. Le dije que el asunto estaba cerrado y que no quería volver a oírle hablar del tema en el futuro, y me llevó a casa.</p>
<p>Entonces pasó algo extraño: me di cuenta de que no podía dejar de pensar en lo que me había dicho. No dejaba de darle vueltas en la cabeza. También me di cuenta de que a él tenía que haberle costado admitir de aquella manera sus sentimientos hacia mí. Decidí que aquello no podía quedar así, por lo que le llamé y le pedí que viniera a casa para que pudiéramos aclarar cualquier malentendido y normalizar nuestra relación. ¡Al menos esa era la idea!</p>
<p>Cuando llegó, le pedí que me explicará algo más sobre lo que había estado pensando durante esos años y cómo se le había ocurrido todo aquello. Confesó que era un asiduo lector de varios sitios de Internet relacionados con la dominación femenina, entre ellos el suyo. Fue muy serio y sincero, y a pesar de la ridícula naturaleza de la conversación, empecé a encontrarme cada vez más interesada. ¡Creí que me había vuelto loca! Le dije que consideraría si había alguna forma en que pudiera ayudarme haciendo algún recado o algún trabajo especial, y que le llamaría cuando hubiera tomado una decisión.</p>
<p>Entré en su web y empecé a leer las cartas, preguntas y, más importante, sus ideas y consejos sobre los diversos temas relacionados. De repente, me di cuenta de las ventajas que me podía reportar una relación de dominación femenina, y cuanto más leía, más me excitaba.</p>
<p>Naturalmente, había varios problemas, de los que el menor no era mi hermana y lo que diría al ver a su ex haciendo mi colada.</p>
<p>Durante este tiempo, Timothy estaba ocupado terminando la venta de su casa, robando tiempo de su trabajo. Le sugerí, que se pasará por casa cuando pudiera para enseñarle que tareas necesitaba y como quería que las hiciera. Le dije categóricamente, que no habría nada sexual en nuestra relación (él ya me había indicado desde el principio que no estaba buscando una aventura) y que su satisfacción vendría de mi placer logrado con su esfuerzo.</p>
<p>Empezó a venir 3 ó 4 veces por semana, cuando no estaba trabajando u ocupado con la venta de su casa, y yo le encargaba algunos trabajos de la casa (cosas que habían estado esperando durante años, pero que no corría prisa arreglar). Me di cuenta de que cuando le encargaba tareas más domésticas, como fregar el suelo, pasar el aspirador, sacar el polvo o limpiar los baños, se ponía nervioso y un poco excitado. Pronto empecé a entrenarlo para que hiciera las cosas como yo quería y con los resultados que yo esperaba.</p>
<p>Para abreviar esta larga historia: durante los últimos quince meses he estado disfrutando de un estilo de vida de dominación femenina 24/7. Cuando Timothy vendió la casa, se mudo a mi dormitorio más pequeño y me ofreció lo que había ganado con la venta. Yo lo invertí en una cuenta conjunta, de manera que, si algo me sucediera, él pudiera recuperarlo sin problemas. Timothy empezó a trabajar a tiempo parcial, y su salario era ingresado en mi cuenta. Recientemente ha dejado de trabajar por completo, ya que no necesitamos sus ingresos. Ahora puede dedicar todas sus energías a servirme.</p>
<p>Un día normal empieza para él sobre las 6 de la mañana con sus tareas matutinas y, a la hora que yo le he indicado, me despierta trayéndome a la cama un desayuno de cereales tostados y café. Mientras desayuno, me prepara la ducha y una toalla caliente. Me prepara la ropa que le he dicho que me pondré, me saca el coche, y comprueba que todo está a punto. Cuando estoy lista, me sirve más café en el piso de abajo y toma notas de los recados, llamadas o trabajos extras que quiero que haga durante el día.</p>
<p>Mientras estoy trabajando, comprando o con mis amigas, él está limpiando, lavando, planchando y haciendo las compras domésticas, asegurándose de que todo esta perfecto para cuando yo vuelva. Ahora tiene la rutina de asegurarse de que la casa está perfectamente limpia de arriba abajo cada semana y de que todo está repasado y completo cada día. Cuando llego a casa, tiene café o un vaso de vino esperándome, según la hora. Por la noche, mientras leo, escucho música o veo la TV, me prepara la cena y está atento para que tenga todo lo que necesite.</p>
<p>Siguiendo sus consejos y mis propias observaciones sobre él, he tomado el control de sus orgasmos y se los restrinjo a uno o dos al mes según su comportamiento. Siempre lleva un dispositivo de castidad. Probamos un par que compré por Internet, pero le eran incómodos y no proporcionaban el nivel de seguridad que yo quería, así que, hace unos ocho meses le hice hacerse un <em>piercing</em> y conseguí uno hecho a medida que cumple perfectamente.</p>
<p>Cada semana valoro el trabajo que ha hecho durante la semana y le explico en qué debe mejorar o esforzarse más. A continuación decido si se merece un castigo (¡siempre se lo merece!), y le informo de cuántos azotes le daré con la correa o la vara, y/o cuantos días extra tendrá que seguir con su dispositivo. Debe marcar la fecha de su próxima liberación en el calendario, y actualizarla si añado más días. Sabe que es mejor no decir nada si le añado más días, pero es evidente su desilusión mientras va a tachar la fecha anterior y a marcar la nueva. Siempre me divierte ver como, a medida que se acerca el día de su liberación, se vuelve más atento, y como se esfuerza por no disgustarme o hacerme enfadar.</p>
<p>También le castigo por las faltas que comete a lo largo de la semana y que, por cualquier razón, me hacen enfadar, pero la evaluación semanal se ha convertido en una parte importante de nuestra relación. Mejora los niveles que espero, cierra una semana e inicia una nueva con una hoja en blanco. Timothy dice que es especialmente importante para él, ya que se siente “limpio” y perdonado de sus errores o faltas, y preparado para concentrarse en hacer las cosas bien la semana siguiente. No hace falta decir que rara vez debo comentarle la misma falta dos veces, porqué sabe la severidad del castigo si esto sucediera.</p>
<p>Al principio tenía dudas sobre el castigo corporal, pero a lo largo de los meses he descubierto por medio de ensayo y error que Timothy puede aguantar una paliza bastante severa y que ahora parece que la necesite para lograr un estado de paz después de la evaluación. Actualmente no escatimo la vara, y siempre me digo a mí misma que me he convertido en una experta en descargar golpes con mi vara de una manera ordenada y cuidada. Cuando termino, se arrodilla a mis pies, me agradece que le haya corregido y me promete que en el futuro trabajará aún más para mí.</p>
<p>A pesar de lo que le había dicho a Timothy sobre el sexo al principio de nuestra relación, nos hemos ido aproximando cada vez más a medida que pasaban los meses y la relación se hacía más profunda e íntima. Ahora, dos o tres veces al mes permito que me lleve hasta un delicioso clímax con su lengua. He llegado a disfrutar mucho con su atención y me siento más relajada que nunca en mi vida.</p>
<p>Aunque oculto los detalles de mi relación a la mayoría de mis conocidos, le he hablado a una amiga muy próxima sobre Timothy,  y disfruta viniendo a comer o a cenar lo que él cocina y sirve con todo respeto. Actualmente es muy eficiente en la cocina y disfruta sirviendo la comida que hace a la vez vistosa y sabrosa. Ella le incordia despiadadamente sobre su domesticación, y él siempre termina rojo como una remolacha por tanta humillación. Extrañamente, sé que a pesar de su sonrojo, le gusta el asunto y espera su visita con una mezcla de excitación y aprensión.</p>
<p>Cuando hablamos, lo que hacemos a menudo, Timothy me cuenta que nunca ha sido tan feliz, y yo le creo. Es un hombre inteligente y bien educado, y disfruto estando con él, confiando y relacionándome con él. También es bueno tener un hombre en la casa después de todos estos años.</p>
<p>Desde mi punto de vista, aunque todavía tengo problemas con mi hermana, que no puede entender lo que está pasando (pero que creo que gradualmente lo va aceptando). Me siento más feliz que nunca desde hace años –desde que murió mi marido– y creo que su trabajo ayudando a las mujeres a lograr este estilo de vida será positivo a largo plazo.</p>
<p>Una de sus últimas corresponsales comentaba que “es bueno ser Reina” y yo no puedo menos que estar de acuerdo con ella.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Mis reconocimientos para usted, Doreen. Usted y Timothy han descubierto mutua y consensuadamente un estilo de vida que les satisface a los dos. El hecho de que él estuviera casado con su hermana no debe ser un factor, ya que ella decidió dejarlo, lo que le convertía en un hombre libre. Usted es una mujer libre, y dos adultos pueden vivir con la forma de vida que elijan.</p>
<p>Debo dar a Timothy mis reconocimientos por tener la fuerza de descubrirle sus sentimientos hacia usted. Fue honesto, y su honestidad le abrió las puertas a usted para explorar este estilo de vida, y el resultado es una relación única y sofisticada en la que cada uno de ustedes satisface las necesidades del otro.</p>
<p>La vida es corta, y la gente gasta mucho tiempo precioso preocupada por lo que los otros piensan, o intentando conformarse a los estándares sociales. Parece como si usted y Timothy estuvieran en una explosiva exploración de la dominación femenina. Timothy tiene mucha suerte de tenerla a usted, y usted tiene razón: “Es bueno ser una Reina”. Cuidaros.</p>
<p>[Traducción de Jorge Sánchez]</p>
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		<title>Es demasiado, corazón</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/es-demasiado-corazon/</link>
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		<pubDate>Thu, 13 Nov 2008 05:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[John consiguió lo que deseaba: una fuerte relación de dominación femenina con su mujer. Pero... consiguió también lo que no deseaba: que su mujer se acostara con otro hombre. Y no le parece que la infidelidad sea una buena cosa en el matrimonio. Así que está disgustado. Sin embargo, hay un problema: también está excitado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>John Z</strong></p>
<p>Querida Sra. Sutton.</p>
<p>Aunque admiro su página por su inteligencia, creo que está haciendo un flaco servicio a los hombres y, especialmente, a los maridos.</p>
<p>Soy un hombre sumiso que ha tenido fantasías sobre dominación femenina durante toda la vida. Me excité mucho cuando encontré su página por primera vez: me gustaron las historias y los dibujos, y su columna de consejos. Me sentí impulsado a hacer de la dominación femenina parte de mi matrimonio.</p>
<p>Mi mujer sabía de mis fantasías sumisas desde que nos prometimos. Le había explicado que me gustaba someterme a las mujeres y ella había hecho algunos juegos de rol sobre D&#038;S conmigo. Estábamos enamorados, y todavía lo estamos, pero cuando nos casamos tratamos de vivir un matrimonio más bien <em>vainilla</em> y tradicional. El sexo estaba bien, pero no era fantástico porque yo sólo me estimulo cuando se crea una dinámica de dominación femenina en el dormitorio. Mi esposa lo sabía, pero se sentía feliz con nuestro matrimonio tal como era.</p>
<p>Entonces cometí un gran error. Encontré su página y seguí sus consejos para seducir su naturaleza dominante. Y funcionó, vaya si funcionó. No a la primera, pero en cosa de un año, mi mujer decidió que éramos más felices y que nuestra vida sexual era mejor cuando ella era dominante y yo sumiso. Y, lentamente, empezó a hacerse cargo de todo. Este proceso se hizo por etapas, los dos éramos felices, y nuestra vida sexual era la mejor que nunca habíamos tenido.</p>
<p>Algunas de las cosas que hacíamos en el dormitorio eran la denegación del orgasmo, juegos con el arnés consolador, <em>bondage</em> y disciplina suaves, y su favorito: la adoración a su cuerpo. El sexo se convirtió en su principal necesidad y se volvió una mujer sexualmente egoísta. Esto afectó otras áreas de nuestra vida: se transformó en una <em>prima donna</em> y una niña mimada. Yo le compraba todo lo que quería, la colmaba de regalos, le hacía casi todo el trabajo doméstico y ella empezó a satisfacer todas sus aficiones e intereses. Cuando algo no era de su agrado, se enojaba y quería que yo lo arreglara. Si no lo hacía, me castigaba.</p>
<p>Aunque esto iba de mal en peor, todavía podía soportarlo. Yo sabía que había hecho renacer a esta <em>prima donna</em>. Mi esposa siempre había sido una niña de papá, pero había madurado mucho desde que nos casamos. Ahora es peor que nunca. Me hice responsable de mis actos y, a pesar de todo, todavía éramos muy felices.</p>
<p>Entonces ella decidió que debíamos explorar la infidelidad. Quería variedad en su vida sexual y pensaba que era lo que yo necesitaba para ser mejor sumiso. Me pregunto de dónde sacó esta idea.</p>
<p>La fantasía me excitaba, y no podía resistirme a mi bella esposa cuando actuaba de forma dominante hacia mí. Había aprendido muy bien a ser dominante y sabía como hacer conmigo lo que quisiera. Ahora odio no poder resistirme. No la odio a ella sino que me odio a mí mismo por mi falta de coraje.</p>
<p>El gran problema llegó con un nuevo vecino. Es un hombre soltero, más joven que nosotros, alto, rubio y con muy buena presencia. En cuanto él y mi mujer se conocieron se hicieron amigos. Él es autónomo y trabaja fuera de casa. Mi mujer hace el segundo turno como enfermera en el hospital local. Yo hago horario de oficina, así que mi esposa y nuestro nuevo vecino tenían mucho tiempo a su disposición a lo largo del día. Sabía lo que iba a pasar y lo veía venir, pero, de todos modos, dejé que pasara.</p>
<p>Una noche llegué a casa y encontré a mi esposa sonriendo de oreja a oreja. Tenía la cara ruborizada y parecía una mujer satisfecha. Me dijo que quería tener una sesión de dominación conmigo aquella noche. Quizá tuvimos la mejor sesión de D&#038;S de nuestro matrimonio. Su energía y su sexualidad fueron lo más erótico que nunca había experimentado con una mujer y estuvo increíblemente dominante. Me puso a tono azotándome, atándome a la cama y golpeándome el pene, agarrando y retorciéndome las bolas, asfixiándome con su culo, excitándome hasta el borde del orgasmo, pero negándomelo y finalmente penetrándome con su arnés consolador. Mientras hacía esto último, me informó de su gran día. Me he dado cuenta a través de las historias de infidelidad, de que esta es la manera favorita de las mujeres para informar a su marido de que es un cornudo, y debo confesar que es muy eficaz.</p>
<p>Mientras me follaba con el arnés, me explicó que aquel día había tenido sexo con el vecino y que era fantástico en la cama. No podía dar crédito a mis oídos, pero estaba excitado y me sentía cubierto por una ola de sumisión. Seré honesto: me gustaba como me sentía, y en aquel momento, mientras mi esposa me explicaba como me había sido infiel, caí profundamente en la sumisión y me sentí más sumiso que nunca en mi vida. Caí definitivamente en el “espacio de la sumisión”. Fue la mejor experiencia sexual de mi vida y ni siquiera me corrí. Mi mujer me hizo darle placer oral durante al menos una hora justo después de usar su arnés. Yo notaba que estaba recreando una y otra vez en su mente lo que había pasado aquella tarde, mientras la estimulaba oralmente hasta alcanzar múltiples orgasmos. Me dolía el cuello y la lengua, pero estaba tan excitado que tenía una enorme cantidad de energía. Mi mujer me dijo que fue mi mejor sesión de sexo oral.</p>
<p>Fue una gran sesión de D&#038;S y una gran noche de sexo para los dos. Todo lo que usted ha escrito sobre esto en su página es cierto. Nunca me había sentido tan sumiso a una mujer como me sentí hacia mi esposa. Estábamos unidos a un nivel más profundo y estuve en este “espacio de la sumisión” durante días. Sin embargo, y sobre esto no se ha hablado bastante, cuando vuelves a la realidad, ésta te golpea en la cara. La realidad es la realidad, y la realidad es que mi mujer está teniendo de forma habitual sexo con otro hombre, y eso no está bien.</p>
<p>Están teniendo sexo habitualmente durante el día mientras estoy en el trabajo. No cada día, pero sí varias veces por semana. Ella me lo cuenta todo, y si alguna vez me muestro enfadado, me castiga y me disciplina. Siempre me vuelvo atrás ante ella y  una vez más se sale con la suya. Mientras tanto me quedo luchando con mis emociones.</p>
<p>Mi esposa me dice que nunca me dejará y que yo soy su único amor. El vecino es su juguete sexual que ella utiliza para el sexo. Esto suena bien, pero no mejora la situación. Estoy convencido de que nunca dejará la seguridad que le he dado con su bonita casa, su bonito coche y la satisfacción de todas sus necesidades. Ella no abandonaría todo esto para escaparse con un surfista inmaduro. Sin embargo, él se está tirando a mi mujer y yo no. ¿Cómo puede ser esto bueno para un matrimonio?</p>
<p>Yo todavía amo a mi mujer, y sé que ella todavía me ama, pero, en su retorcida manera de pensar, ha llegado a creerse que es así como debe ser el matrimonio. Cree que la mujer tiene derecho a follarse a otros hombres pero que el marido deber seguir siendo bueno, obediente, leal, monógamo, denegado sexualmente, controlado por el sexo y sin coraje. Mi esposa se cree esto de verdad y no admite discusión. Si intento hablar de esto con ella, cree que me he vuelto un marido rebelde que debe ser castigado. Lo siento, pero esto no es normal. Así no es como debe funcionar un matrimonio.</p>
<p>Sé como responderá a esta carta, y está en su derecho. Todo es culpa mía. Yo abrí esta puerta y es responsabilidad mía. Todavía podría sobreponerme a ella y forzarla a cambiar, pero soy demasiado débil para hacerlo. He elegido. Me he psicoanalizado a mi mismo y he decidido decirle que debe dejar de ver al vecino o si no la dejaré. Pero en cuanto abro la boca, mis palabras cambian y acabo sometiéndome a lo que ella quiere. No puedo sobreponerme a ella porque es tan sexy y tan dominante&#8230; La amo y no quiero dejarla nunca, me haga lo que me haga. A una parte de mí le gusta lo que está haciendo, pero insistir en ello sé que es un error.</p>
<p>Sra. Sutton, yo no la culpo por lo que ha pasado en mi matrimonio, pero espero que publique esta carta para que otros puedan leer lo que me ha sucedido. Mi esposa todavía tiene sesiones conmigo, y la amo, pero me cuestiono a mi mismo la moralidad de ser un hombre sumiso hasta el punto de permitir que una mujer me pisotee. No puedo imaginar que sea el único hombre que piensa así. ¿No ha considerado nunca que quizá la dominación femenina no sea tan buena para el matrimonio? Le agradezco el tiempo que me dedique.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>John, cuando recibo una carta como esta, intento dejar a un lado las palabras, que han sido escritas desde las emociones, e intento leer entre líneas. Su carta es maravillosa porque usted es sincero sobre cómo se siente. Usted tiene en consideración lo bueno y lo malo. Hay muchas cosas en su historia que indican un matrimonio en plenitud: habla sobre cómo ha tenido el mejor sexo de su matrimonio y sobre cómo los dos habéis tenido las mejores sesiones de D&#038;S de vuestro matrimonio. Habla de que sólo puede excitarse sexualmente cuando su mujer le domina y como el sexo vainilla nunca lo logró. Habla de cómo su sumisión ha alcanzado nuevos niveles y de cómo está unido a su esposa de un modo cada vez más profundo. Habla de cuánto ama a su esposa y de cómo nunca podría dejarla y habla de cómo ella le ha dicho que nunca le dejará. Por definición, yo diría que usted goza de un buen matrimonio, ¿no le parece?</p>
<p>Ahora, vayamos con la infidelidad, por qué éste es el gran problema. En primer lugar me costaría decir que su mujer lo hizo de la manera que recomendarían la mayoría de mujeres que lo han hecho con éxito: sin su conocimiento y sin su consentimiento. Ella podría haberle preparado, diciéndole que podría hacerlo algún día y que estaba de acuerdo con la filosofía de la infidelidad, pero no lo hizo de la manera correcta: no le incluyó a usted. No hizo que usted la preparara para su gran cita. No hizo que usted la presenciara, la escuchara o estuviera presente de alguna manera. No lo convirtió en parte de una sesión de D&#038;S, en la que ella hiciera sexo con ese hombre físicamente y al mismo tiempo con usted mentalmente. En otras palabras: usted no estaba preparado para esto.</p>
<p>Es cierto: la sesión posterior a la infidelidad con usted fue potente y cargada de sexualidad, así que practicó sexo mental con usted mientras le espetaba las novedades. Pero habría sido igual de potente y de excitante si durante esa sesión le hubiera dicho que iba a tener sexo con el vecino y que usted iba a prepararla para su gran cita. De este modo, ella habría podido medir su nivel de excitación y podría haber hecho una valoración sin haber convertido todavía la fantasía en realidad. Estoy totalmente en contra de saltar a una D&#038;S avanzada sin el consentimiento de los dos miembros de la pareja. Su esposa tomó la decisión de que quería acostarse con ese tío sin importarle como pudiera afectarle a usted. Estoy de acuerdo con usted: no es bueno para un matrimonio.</p>
<p>Pero no crea que voy a ponerme totalmente de su parte, porque no voy a hacerlo. ¿No dijo usted que cuando ella le contó que le había sido infiel usted entró en el “espacio de la sumisión”? Por tanto, entiendo que eso es señal de que le gustó. Incluso si su mujer hubiera actuado del modo correcto y le hubiera contado lo que iba a pasar, habría interpretado su lenguaje corporal y su reacción sexual entendiendo que usted también estaba excitado con la infidelidad: usted le habría dado luz verde, así que no actúe ahora como si fuera la víctima. Ella le había estado observando desde hacía mucho tiempo y sabía cómo iba a reaccionar. Puede que ella haya actuado por motivos egoístas, pero probablemente juzgó que usted también disfrutaría. ¿De dónde se sacó eso? No de alguna página de Internet, sino de usted.</p>
<p>Me alegra ver que usted se hace responsable de haber desatado la naturaleza dominante de su mujer y me alegra ver que está comprometido con ella y con su matrimonio. No ha pasado nada que no pueda rectificarse. Sí, usted es un marido cornudo y esto no se puede deshacer. Pero puede dejar que su mujer conozca sus sentimientos, ella necesita conocer su dilema. Si no puede decírselo a la cara, escríbale una carta como esta. Comparta con ella sus verdaderos sentimientos. No le de sermones pero sea sincero. Ella debe saber que usted no se siente a gusto con su aventura sexual con el vecino.</p>
<p>Usted puede ser sumiso y ella puede ser egoísta pero todavía deben comunicarse entre ustedes. Muchas mujeres son egoístas, incluso en las relaciones más vainilla. Muchas mujeres protestan si no se salen con la suya. Esto no tiene nada que ver con la dominación femenina y sí mucho con como han sido criadas por sus padres. Ella espera salirse con la suya, y su forma de vida puede haber alimentado su egoísmo (y podría añadir que a la mayoría de los hombres sumisos les gusta que las mujeres sean egoístas), pero usted admite que ella siempre fue egoísta. Apuesto a que esta fue una de las  cosas que le atrajo de ella por qué apelaba a su naturaleza sumisa.</p>
<p>Si usted no se comunica con ella, es culpa suya. Le aconsejo encarecidamente que no le “prohíba ver a su vecino” porque eso solo empeoraría las cosas. Usted puede tocar su lado amable explicándole que acepta su derecho filosófico a ver a otros hombres (no ataque su sistema de creencias), pero que no ha alcanzado el estado de sumisión que le permita soportarlo emocionalmente. Apele siempre a la buena naturaleza de la mujer y a su corazón. No caiga en algún tipo de ego masculino amenazándola con dejarla o prohibiéndole hacer lo que sea. ¿Quién es el sumiso? Ella no, por lo tanto usted debe aproximarse de una manera respetuosa y reverencial. Si no puede hacerlo cara a cara, explíqueselo en una carta amorosa dentro de un sobre romántico. Empiece la carta regalándola con alabanzas y contándole lo mucho que la ama y lo mucho que disfruta sometiéndose a ella. Después confiésele sus conflictos internos y pídale que le ayude.</p>
<p>No puedo garantizarle cómo responderá, pero al menos será más consciente de sus sentimientos. Usted ha abierto esta puerta y no puede hacer que las cosas sean como suelen ser (y dudo que usted lo quisiera), pero pueden continuar creciendo juntos en este estilo de vida y, posiblemente, ambos se preferirán mutuamente y siempre serán conscientes de las necesidades del otro.</p>
<p>Finalmente, la dominación femenina no puede reducirse a una simple expresión o a una fórmula mágica. Cubre una amplia variedad de formas de vida. No todas las parejas de dominación femenina se involucran en la infidelidad; muchas no lo hacen. Pero, en general, la mayoría de parejas que aceptan la dominación femenina tienen matrimonios felices. La dominación femenina nunca debe ser la base de un matrimonio, sino que debe cimentar un buen matrimonio, y sabemos que ha salvado unos cuantos matrimonios faltos de sexo. El sexo crea intimidad y la dominación femenina conduce a un buen sexo; usted mismo lo dice.</p>
<p>A pesar de sus debates internos, intente renovar su mente con las cosas positivas. Hay muchas cosas positivas en su carta. Agradezca estar casado con una mujer abierta a la exploración de esta forma de vida con usted. Hay muchos hombres que están buscando una mujer como la suya. A algunos les gustaría tener una mujer infiel, algunos lo suplican. Su historia es un gran ejemplo de que un hombre debe tener cuidado con lo que quiere porque puede hacerse realidad. A pesar de todo usted debe estar agradecido a su mujer y necesita pensar en todo lo bueno que ella ha aportado a su vida y en que tiene la suerte de servirla. Les deseo lo mejor a los dos.</p>
<p>[Traducción de Jorge Sánchez]</p>
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		<title>¿Cuestión de límites?</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2008 04:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Javier tiene con su pareja una potente relación de dominación femenina. Pero ella quiere más. Y a él le asalta el miedo y trata de parapetarse tras sus “límites”. Y yo le contesto que no la provoque con los límites, que traspasarlos se puede convertir en un reto para una dominante, que apele a la comprensión y a la complicidad de su pareja.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Javier Marcial</strong></p>
<p>Ana, antes que nada, quiero agradecerte toda la información seria que brindas a través de tu revista sobre este tema. Tengo una consulta que puede resumirse de la siguiente manera: soy sumiso, pero no todo el tiempo. Voy a explicarme mejor: soy sumiso todo el tiempo, deseo serlo, pero no con el grado de severidad o entrega que veo en comentarios en esta pagina y que mi pareja desea.</p>
<p>Mi relación con Carla empezó normal. Ella un poco mandona. Pero lenta y naturalmente evolucionamos hacia una dominación más profunda, reconociendo el hecho innegable de la superioridad femenina. Y ahí esta el problema: los límites.</p>
<p>¿Qué he aceptado yo? Que asiduamente cumpla con su máximo placer: sodomizarme y feminizarme. Muchas veces he salido a trabajar con ropa interior femenina, y tengo que decir que lo he disfrutado; aunque primordialmente por ver la cara de placer de ella al humillarme de esa manera.</p>
<p>Igualmente he aceptado que ella proceda a saciar sus “impulsos sexuales naturales” –propios de la mujer, según ella y yo acordamos– con otros machos. He compartido fiestas y almuerzos con compañeros de trabajo de ella que sé que se la cogen, y muy bien. Disimulamos frente al mundo, como si yo no supiera nada, y me avergüenza imaginar como se reirán de mi. Pero hay un dejo no menor de excitación y gozo en esa humillación. Lo mejor para ambos –creo– es cuando ella vuelve de sus aventuras y me mira con carita de satisfacción, agradeciéndome. Sí, agradeciéndome. Porque el placer sexual, la cuestión carnal, se la soluciona otro; pero soy yo en quien ha encontrado el &#8220;combo&#8221;: amor, comprensión, cuidados, entrega y sexo libre. Soy yo el que posibilita su verdadero gozo, que excede las barbaridades (sí, barbaridades) que algunos amantes de turno le hacen. </p>
<p>Hasta ahí todo bien. Pero ella quiere más. </p>
<p>Quiere –por ejemplo– que yo vea cuando otro la posee. Si bien la imagen de ella disfrutando con otro me excita mucho (hasta he visto un video en que me la sodomizan), la realidad es que no quiero humillarme frente a otro hombre, me parece demasiado. Yo quiero darle placer a ella, no a otro hombre, por más que eso le de  también placer a ella.</p>
<p>Otro de sus requerimientos es que yo no tenga sexo con ella sino en situaciones muy especiales. Nosotros sí tenemos sexo, y del bueno. Tal vez no tan asiduamente porque ella viene cansada de sus “sesiones” con alguno de sus amantes (Esteban la deja muy cansada). Yo respeto su agotamiento y no le pido sexo, ahí nomás. Nos abrazamos. A veces me cuenta lo sucedido y otras compartimos aquel espectacular momento abrazados.</p>
<p>Sin embargo, yo sí necesito actividad sexual, y permito que ella elija el momento y qué se hace y qué no. Pero no soportaría no evacuar periódicamente. Es que tengo miedo de que su deseo no provenga tanto de su necesidad de someterme y humillarme, sino que esté tan satisfecha con sus amantes, que estos sean mucho mejor en la cama y que, por lo tanto, ya no me necesite.</p>
<p>Claro que sé que hay hombres que le dan cosas que yo no puedo darle. A ella le encanta salir con hombres diferentes a mi –extrovertidos, fuertes y algo guarangos–, por lo que es obvio que con ellos llena un vacío que yo no le doy. Y cuando hablo de llenar un &#8220;vacío&#8221; que yo no lleno, lo digo también literalmente. Me refiero al ano. Ella no me lo da. Dice que para el sexo anal hace falta alguien más rudo, más imponente, con más control. Por eso ella me sodomiza a mi, pero yo no a ella. </p>
<p>Pero todo esto simplemente significa que otros hombres la satisfacen en modos que yo no, y ello es lógico. Pero directamente no tener sexo conmigo significa que ya no me necesita, y me parece mucho. </p>
<p>Hay otros requerimientos, como que beba mi propio semen, o que haga de perrito para ella (lama las botas, etc.), que no me gustan, pero a los que accedería. </p>
<p>El problema entonces está en que ella quiere cortar la relación si no accedo a todo eso. Dice que no soy un autentico sumisillo, como ella me llama. Yo creo que si lo soy, pero con limites. ¿No es una contradicción un sumiso con límites?, ¿no debería ser la entrega incondicional?</p>
<p>Yo la amo y no quiero perderla. Yo sé que ella me ama también, tal vez no tanto como yo, pero sé que lo hace. No sé si ceder (de lo que hay vuelta atrás), o arriesgarme a perderla. </p>
<p>Besos y gracias.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Javier, comenzaré por aclarar un par de cuestiones previas. La primera tiene que ver con “hechos innegables” e “impulsos sexuales naturales”. Comienzo por tu primera afirmación: “el hecho innegable de la superioridad femenina”. No debe resultar tan innegable cuando la inmensa mayoría de las personas –en la que me incluyo– niegan el hecho. Algo parecido ocurre con tu opinión de que entre los “impulsos sexuales naturales de la mujer” esté el acostarse “con otros machos”. Otra vez no. Mujeres hay que gustan de tener relaciones sexuales fuera de la pareja, como mujeres hay que no muestran mayor interés en tenerlos; así que de “impulsos naturales” nada, porque nadie ha demostrado que lo sean ni que no lo sean, por lo tanto, lo dejamos en opciones o preferencias personales. No obstante, si tú crees estas cosas, o si te excita creerlas, pues perfecto, pero de ahí a convertirlas en “hechos innegables” o “impulsos naturales” va un trecho, y es largo.</p>
<p>La segunda cuestión es que me tu carta me ha generado algunas dudas sobre la realidad de la experiencia que nos cuentas. Te pondré un par de ejemplos: me extraña que el “máximo placer” de tu compañera resida en sodomizarte y feminizarte. Sí, me extraña que el “máximo placer” de una mujer dominante sea hacer cosas para ti en lugar de que tú las hagas para ella. No discuto que una mujer encuentre placer emocional al poner de manifiesto su poder sobre su hombre sodomizándole y feminizándole. En efecto, sé por experiencia que esa sensación puede resultar placentera. Sin embargo, sorprende que su “máximo placer” no esté relacionado con prácticas que le proporcionen placer físico directo además del emocional. El otro ejemplo: “Dice que para el sexo anal hace falta alguien más rudo”. La verdad, también me extraña que una mujer ponga el acento en la rudeza cuando de sexo anal se trata. Voy a suponer que sean cosas que te diga para excitarte o conclusiones tuyas algo exageradas.</p>
<p>Y ahora al problema central que planteas en tu carta: el de los límites. En realidad, un asunto siempre presente y relevante tanto en la dominación femenina en particular como en el BDSM en general, pero en muchas ocasiones ligado al establecimiento de los límites a la hora de recibir castigo físico que marca el cliente de una dómina profesional o quien participa en una ocasional sesión de dominación. Sin embargo, tu apelación a los límites se enmarca en un contexto distinto, en el de una relación de pareja, no es por lo tanto una cuestión de detalle, sino que está afectando al fondo de la relación. Y así es como te lo preguntas: “¿No es una contradicción un sumiso con límites?, ¿no debería ser la entrega incondicional?”. </p>
<p>Pues no, no es una contradicción ser un sumiso con límites, como la entrega no es tampoco nunca incondicional. La ausencia de límites y la incondicionalidad absoluta solamente se producirían si habláramos de auténtica esclavitud. Y aquí no hay esclavos de verdad, la utilización del término “esclavo” en la dominación femenina es en realidad un recurso que podemos llamar literario. En consecuencia, si eres libre para relacionarte con tu compañera, o para dejar de hacerlo, significa que estás en condiciones de marcarte los límites que no estás dispuesto a traspasar.</p>
<p>Claro está que también ella es igualmente libre de marcar sus límites y de establecer aquellos que considera imprescindible que tú traspases para mantener la relación que tiene contigo. Cuando hablamos de límites y de dominación femenina parecería que nos refiriéramos a un asunto muy especial, pero no es así, en realidad, estamos ante una situación que se produce en todas las relaciones de pareja: buscar la manera de conciliar los deseos y las necesidades de cada uno de los integrantes de la pareja. Y en las relaciones de dominación femenina, estas desavenencias se resuelven básicamente de la misma forma que en todas las parejas: tirando de negociación, y utilizando en ella el poder y la capacidad de persuasión que cada uno tiene para imponer o convencer al otro de la conveniencia de satisfacer sus deseos.</p>
<p>La diferencia en las relaciones de dominación femenina estriba en el muy distinto poder que tienen los dos miembros de la pareja, en que la mujer que domina es consciente de que su poder es muy superior al del hombre que se somete, porque se ha producido un intercambio de poder en favor de ella que constituye, precisamente, la característica diferencial de este tipo de relación (además, ese poder se ve acrecentado por la desigual relación que existe entre el número de mujeres dominantes y el de hombres sumisos).</p>
<p>Y ahí reside en realidad el problema al que tienes que hacer frente. Ella está negociando las condiciones por las que se va a regir vuestra relación con todo el poder que tiene, que es mucho. Mientras que tú tienes un límite, el verdadero límite: el escaso poder del que puedes hacer uso en la negociación. La prueba de que eso es lo que está sucediendo se encuentra en tu propio texto. Hay quien negocia con tanta fuerza que prácticamente llega a imponer: “ella quiere cortar la relación si no accedo a todo eso”. Y hay quien se encuentra en una posición tan débil que&#8230; casi se encuentra ya perdido: “Yo la amo y no quiero perderla”. “No sé si ceder o arriesgarme a perderla”. En realidad, Javier, en la primera frase está la respuesta a la duda que plantea la segunda: cederás, porque la amas y no quieres perderla. Y yo añado otro par de razones por las que cederás: porque te resulta muy difícil resistirte a su dominio, y porque eres consciente del privilegio que para ti supone que te domine, osea, de la dificultad para encontrar otra mujer que te domine de ese modo. </p>
<p>Lo que digo no significa, ni mucho menos, que tú no tengas vela en este entierro, que tengas que limitarte a acatar sus decisiones. La cuestión es negociar con inteligencia, y no me parece que lo sea centrar esa negociación en los términos en los que lo haces. Porque si de tus límites se trata, es posible que no estés haciendo otra cosa que impulsarla a traspasarlos. Si bien lo piensas, le estás planteando un reto casi de manual para una dominante: “Puesto que esos son tus límites, mi dominio sobre ti no será todo lo completo que quiero hasta que te haya llevado más allá de esos límites”. ¿No será precisamente eso lo que está ocurriendo cuando dices: “Hasta ahí todo bien. Pero ella quiere más”?</p>
<p>Quizá tu problema, Javier, como el de tantos sumisos, es que piensas mucho en la dominación y poco en la relación de pareja. Quizá la mejor forma de abordar el miedo que te provoca lo que te pide sea desde la relación más que desde el intercambio de poder. Son dos tus temores: que te obligue a presenciar, o incluso a participar, en su relación sexual con otros hombres, y que te prive, según lo dices, de tener sexo con ella. Pues habla con ella de esos temores, dile que te da miedo tener que participar en sus aventuras sexuales, que no sabes cómo te puede afectar psicológicamente, en fin, hazle partícipe a tu pareja del miedo que te embarga en lugar de plantearle límites que ella puede considerar perfectamente traspasables. Dale muestras de tu inquietud o de tu angustia, ríndele tu corazón, pero bien abierto. No conseguirás una buena relación si no eres capaz de comunicarle bien lo que sientes.</p>
<p>Además, las dos cuestiones no revisten la misma gravedad. Obligar a un hombre a participar en la relación sexual con otro puede, en efecto, tener consecuencias psicológicas que no son de despreciar. Hay hombres que lo afrontarán sin grandes problemas, mientras que a otros les puede resultar verdaderamente difícil de asumir. Creo que tu mujer se equivocaría gravemente si te obligara a participar con ella en una relación sexual con otro hombre contra tu voluntad.</p>
<p>No obstante, también en esta cuestión hay grados y tiempos. Un primer grado podría ser el de permanecer en otra habitación mientras ella hace el amor con otro hombre. Un segundo grado consistiría en ser visto por su amante. Mientras que el último sería tener que participar en la relación sexual con él. Puesto que tú mismo reconoces que la idea te excita, no creo que supusiera un grave problema para ti que ella te obligara a aceptar el primer grado. Pienso que para que fueras capaz de sobrellevar medio bien el segundo requerirías tu tiempo. Y es posible, aunque no pueda saberlo sin conocerte, que nunca estuvieras en las condiciones psicológicas apropiadas para alcanzar el tercer grado.</p>
<p>Estoy convencida, Javier, si como dices se trata de una relación en la que los dos os amáis, que ella no puede ignorar tu bienestar, que será receptiva a tus razonamientos sobre tus miedos y angustias. Por lo tanto, habla con ella de ellos, y háblale como se habla a tu pareja, es decir, a la persona que está comprometida contigo. No pienses en ella exclusivamente como la mujer que te domina, sino también como tu compañera de fatigas. Y no te obceques con el asunto de los límites, que seguro que algunos de los que ahora tanto te preocupan te pueden parecer en un tiempo muros de arena.</p>
<p>Tu otro temor, Javier, que pretenda negarte el privilegio de penetrarla, me parece bastante menos serio. Por supuesto que necesitas “actividad sexual” y que no “soportarías no evacuar periódicamente”. Pero la actividad sexual no se reduce exclusivamente al coito, ni esa es la única manera de “evacuar periódicamente”. En esta cuestión sí que te debería ser sencillo pedirle que se lo plantee como un proceso, que la cosa vaya de poco a poco, y que se vea cómo va funcionando. Sobre tu miedo a que “esté tan satisfecha con sus amantes” y que eso signifique que “ya no te necesite”, sólo puedo decirte que probablemente ese miedo no desaparecerá nunca del todo, que constituye el precio de la práctica de la infidelidad. Y el riesgo, porque ¿quién puede descartar que tu mujer acabe por enamorarse de uno de sus amantes? Nadie puede descartarlo, Javier, así que conviene saber que, cuando se juega con fuego, puede uno terminar abrasado.</p>
<p>En fin, Javier, agudiza el ingenio, apela a la comprensión y a la complicidad de tu pareja y, claro está, prepárate para asistir a la voladura de alguno de tus límites, porque estáis construyendo vuestra relación desde posiciones bastante diferentes: ella desde el poder; tú desde el sometimiento a su poder. En eso consiste precisamente la dominación femenina, en la desigualdad consentida que supone el intercambio de poder en la relación. Espero que de algo te valga lo que escribo, y te deseo lo mejor.</p>
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		<title>Más que dominación femenina</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/mas-que-dominacion-femenina/</link>
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		<pubDate>Sat, 04 Oct 2008 04:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Francisco tiene lo que tantos hombres sumisos añoran: una mujer que le domina con determinación. Pero busca lo que casi todos buscamos: establecer una relación de pareja con ella. Y ella, que es joven, no tiene prisas, ni siquiera tiene seguro que vaya a ser él el elegido. Así que se entiende la preocupación de Francisco.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Francisco Sánchez</strong></p>
<p>Estimada Ana:</p>
<p>Soy un hombre sumiso de 33 años, lector asiduo de tu blog-revista, que me interesa especialmente debido a la sensatez y sentido de realismo que destila. No es inhabitual que este tipo publicaciones contengan artículos, experiencias o recomendaciones por completo surrealistas, irrealizables, irresponsables o meramente fantásticas. De hecho, sospecho que una buena parte de ellas están dirigidos por personas sin la más mínima experiencia personal y directa en la dominación femenina.</p>
<p>Como tantos otros, comencé leyéndote siendo todavía un sumiso en busca de una Dominante. La revista me ayudó a enfocar las cosas desde un punto de vista realista y pragmático, y a desprenderme de algunas ideas preconcebidas. El tipo de relación que busco es muy parecido al que mantenéis vosotros: dominación femenina y sumisión masculina, respeto mutuo y complicidad como pareja. Idealmente, esperaba construir una relación de pareja y sobre estos cimientos ir edificando la relación dominación-sumisión. De ello se infiere que en mi búsqueda primaba lo personal sobre lo sexual y la compatibilidad mutua sobre la dominación-sumisión.</p>
<p>Sin embargo, las cosas rara vez surgen como se ha planeado. Finalmente, he encontrado a mi Ama. Posee cualidades únicas: es extraordinariamente dominante, sus gustos coinciden con los míos de una forma que sólo puedo calificar de sorprendente (feminización, cuernos, humillación verbal y física), y además es extraordinariamente bella y sexy, de forma que con sólo mirarla me siento completamente subyugado (tal es el poder sexual que ejerce sobre mí). No es extraño que el deseo de ser suyo y servirla surjan en mí de forma espontánea y natural. En poco tiempo ha tomado el control de mi vida, y debo decir que lo hace con responsabilidad, sometiéndome sin perjudicarme.</p>
<p>Como es natural, ha sido ella la que ha establecido las pautas y el tempo de la relación. El problema viene porque lo ha hecho de forma completamente opuesta a la que yo consideraba más conveniente (primero la relación, luego la sumisión). Desde un principio, ha dejado claro que busca la sumisión completa de un hombre, y desde el primer momento. Me ha exigido ser completamente sumiso desde un principio, y nuestro primer encuentro no fue una excepción. A modo de ritual de iniciación, quedamos directamente en un hotel donde, sin apenas intercambiar palabra, fui sometido rindiéndome por completo a ella. En el momento culminante, fui sodomizado en diversas posturas, quedando muy claro que de este modo ella tomaba posesión de mi. Por lo demás, todo fue muy correcto, respetuoso, y debo añadir que sí, que fue cariñosa y responsable.</p>
<p>Mis dudas vienen a colación de dos cuestiones relacionadas. En primer lugar, no estoy seguro de que esta forma de encauzar la relación sea la más conveniente (primero la sumisión total, luego, si llega, la complicidad como pareja). En segundo lugar, ella es diez años más joven que yo, lo que constituye una barrera generacional y personal que no se puede ignorar (aunque ella no le da la menor importancia). De alguna manera, se me ocurre que la forma que ella tiene de encarar el asunto está relacionado con su edad y con una perspectiva poco realista de la situación. Todo esto me da miedo, ya que me estoy involucrando sentimentalmente –en mi es inevitable–, y si las cosas se tuercen voy a pasarlo mal.</p>
<p>Como mujer dominante y experimentada, ¿qué te parece la situación?, ¿te parece viable? En cuanto a la diferencia de edad ¿es un obstáculo serio? Todo esto lo he hablado con ella, y no le da mucha importancia: señala que la relación de pareja llegará en su momento (si es que se da el caso) y que la diferencia de edad es poco menos que una circunstancia accesoria (debo decir que es bastante madura, aunque no tanto). </p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Tal y como está el blog, quizá lo primero que hagan algunos es mostrar su incredulidad, cuestionar la veracidad de la experiencia que nos cuentas, Francisco. Porque ciertamente no resulta muy habitual encontrarse una mujer de 23 años tan dominante. No obstante, haberlas haylas, aunque a algunos les cueste creerlo, aunque a algunos les cueste creer que las mujeres no somos esos seres angelicales que ellos se figuran. Y la joven que con tanta determinación te domina es una buena prueba de ello, de que algunas jóvenes han dejado atrás los complejos y los miedos, y que no se cortan un pelo a la hora de conseguir lo que quieren y de la forma que lo quieren. Mujeres liberadas, para todo: para lo bueno y para lo malo.</p>
<p>Como a mí tu experiencia me parece real, pues entraré en materia. Y la materia es clara en este caso: “ no estoy seguro de que esta forma de encauzar la relación sea la más conveniente”, porque “esperaba construir una relación de pareja y sobre estos cimientos ir edificando la relación dominación-sumisión. De ello se infiere que en mi búsqueda primaba lo personal sobre lo sexual y la compatibilidad mutua sobre la dominación-sumisión”. Está claro.</p>
<p>Está igualmente claro que la relación camina de forma bien distinta. Y me preguntas: “¿qué te parece la situación?, ¿te parece viable? En cuanto a la diferencia de edad ¿es un obstáculo serio?”. Como te imaginarás, no me resulta fácil contestarte de forma clara e inequívoca. Así que comenzaré por lo más sencillo: a vuestra edad, diez años es una buena diferencia de edad, pero no me parece, ni mucho menos, que constituya un obstáculo insalvable. Son multitud las parejas que funcionan bien con esa diferencia de edad, por lo tanto, creo que deberías hacer un pequeño esfuerzo y asumirla como ella lo hace, como “una circunstancia accesoria”.</p>
<p>A lo difícil: ¿qué me parece la situación? Pues que, como tú mismo dices, no has conseguido más que una parte de lo que buscabas: no tienes una relación de pareja, aunque has logrado encontrar una mujer que te domina. Para mí no es la situación ideal, porque creo que una buena relación de dominación femenina está ligada a la relación de pareja. Y esa relación, como te dice ella, puede llegar o no llegar, y también me parece normal que, a los 23 años, le dé menos importancia que tú: tiempo tiene por delante.</p>
<p>Pero la realidad es que no es solamente porque tenga 23 años, sino porque seguro que es consciente de que la “situación” y su “viabilidad” dependen básicamente de ella. Siento decírtelo, pero vuestro futuro juntos es mucho más cosa suya que tuya. Porque no es más que una parte de la verdad lo que dices: “el deseo de ser suyo y servirla surjan en mí de forma espontánea y natural”. No, no es sólo “espontánea y natural”, sino que está también provocada, y mucho, por algo que no surge de ti, sino de ella, por la manera en que ella te domina. Y ella lo sabe, porque lo tiene que saber una mujer que, desde el primer momento, te ha dominado con la resolución con la que lo ha hecho.</p>
<p>Y también tú lo sabes: “ha sido ella la que ha establecido las pautas y el tempo de la relación. El problema viene porque lo ha hecho de forma completamente opuesta a la que yo consideraba más conveniente (primero la relación, luego la sumisión)”. Simplemente, lo ha hecho de la forma en la que lo ha querido hacer. Como estoy escribiendo en estos días, Francisco, la fuerza de tu sumisión, que ella ha sabido acrecentar, es mayor de lo que tú mismo puedas pensar en ocasiones. Hagámosnos unas preguntas: ¿crees que te es posible resistirte a su dominio?, ¿piensas que podrías imponerle tus criterios y condiciones a una mujer que empezó por sodomizarte y a la que tú te rendiste desde el primer momento? Libre de hacerlo eres, desde luego, pero ¿te imaginas ejerciendo esa libertad? Por lo que cuentas de ella, por su determinación para dominarte y, además, por esa belleza que te subyuga, yo no te imagino capaz de ejercerla, ni a ti ni a la inmensa mayoría de los hombres sumisos que estuvieran en esa situación.</p>
<p>Así que, insisto, dependes de ella, porque ahora dependen de ella tu situación y tu futuro. No estás en condiciones de “controlar desde abajo” a una mujer tan dominante, tu sumisión es en este momento tan fuerte que te deja en manos de ella. Ahora bien, ¿no es esa precisamente la situación con la que fantaseáis los hombres sumisos (aunque ya sé que un hombre no es sólo sumiso, que es más cosas)?, ¿no ese vuestro deseo más profundo? Como se dice, cuidado con lo que deseas&#8230;</p>
<p>Lo dicho no significa, no obstante, que tú no puedas hacer nada para conseguir lo que quieres: una relación de pareja. ¿Qué hacer? Pues tratar de convertirte en la mejor pareja que ella pueda tener. No te limites a obedecer sus órdenes o a cumplir con tus obligaciones, ve un paso más allá: intenta descubrir sus deseos y ponte a trabajar para hacerlos realidad; intenta adelantarte a sus necesidades y haz por resolverlas antes de que ella te lo pida; y rodéala con todo tu amor y tu devoción. En suma, y como te decía, conviértete en el hombre de sus sueños. Y si así acaba por verte, pues entonces puede que tengas éxito en tu objetivo de construir una relación de pareja con ella. Tienes mucho trabajo que hacer, y es mucho porque tienes que hacer más de lo que incluso a ti te parecería suficiente si quieres asegurarte de que se lo parezca a ella. </p>
<p>Además, y mira que es faena, ni siquiera haciéndolo todo tienes garantizado el éxito en el objetivo que persigues, porque podría ser que a ella no le pareciera suficiente o, simplemente, que terminara por enamorarse de otro hombre. Desgraciadamente, no está sólo en tu mano. Por eso entiendo que te de miedo, que te estás involucrando sentimentalmente –¡cómo no ibas a involucrarte!– y que, por supuesto, si las cosas se tuercen, lo vas a pasar mal.</p>
<p>Por descontado que en ese caso lo pasarías mal. Pero me pregunto: ¿es tan grave pasarlo mal?, ¿hay que renunciar a las experiencias por los riesgos de que fracasen? Yo creo que no, Francisco, que la experiencia que estás viviendo constituye una fuente de satisfacciones para ti. ¿Renunciarías a ella si supieras que tiene fecha de caducidad, que no iba a durar, por ejemplo, más de uno o dos años? Seguro que no. ¿Te arrepentirías de haberla vivido una vez pasado el duelo de la separación? Seguro que no. Todo con más razón si ella, como dices, está ejerciendo el control sobre ti “con responsabilidad, sometiéndome sin perjudicarme”, o sea, que no parece que corras peligro en sus manos de salir malparado en otro terreno que no sea el sentimental.</p>
<p>En fin, Francisco, disfruta de lo que tienes –que bien que te lo envidiarán muchos de los hombres que leen el blog–, y disfrútalo a fondo, y esfuérzate para que te dure, es decir, trabaja para que ella pueda acabar eligiéndote como pareja. Y te deseo que tengas aún más suerte de la que ya tienes.</p>
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		<title>La chica de pueblo ya tiene idea</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 04:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experiencias]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Dice Cindy que era un “era una chica de pueblo que no tenía ni idea de esos asuntos”, pero la joven aprendió rápido y le ha proporcionado a su marido toda la dominación femenina que esperaba... y poco más. Y ahora Cindy dice, sabiendo lo que dice:“ este tipo de vida es perfecta para nosotros”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cindy B</strong></p>
<p>Hola Elise: mi nombre es Cindy, tengo 26 años y trabajo como asistente legal mientras termino los estudios de Derecho. Quiero compartir contigo la historia de cómo he progresado como mujer Dominante, y cómo he adiestrado a mi marido, antes “macho alfa”, para ser mi esclavo.</p>
<p>Crecí en el campo, lo que de alguna manera me llevó a una vida muy protegida. Cuando salí para la Universidad, a los 18 años de edad, era bastante cándida sexualmente. En mi primer año de estudiante, conocí a mi actual marido, Brian, que era tres años mayor que yo. Nos enamoramos como locos muy rápidamente. Éramos jóvenes, rebeldes y estábamos enamorados, así que decidimos casarnos.</p>
<p>En aquel tiempo, nuestra vida sexual era muy activa y buena. Teníamos sexo prácticamente todos los días y yo era muy generosa a la hora de proporcionarle sexo oral y “trabajos manuales”. Es importante señalar que él era muy macho: era el típico cachas con un montón de testosterona. Por supuesto, así era su personalidad, y yo le amaba con todo mi corazón.</p>
<p>Todo parecía perfecto. Él terminó los estudios y consiguió un magnífico trabajo. Yo me quedé embarazada cuando tenía 19 años, y otra vez cuando tenía 21. Tenemos un hijo y una hija preciosos. Tuve que dejar mis estudios, pero sus ingresos eran suficientes para que todos nosotros viviéramos confortablemente.</p>
<p>Entonces todo cambió un día. Hace como diez meses, nuestros hijos estaban en casa de sus tíos, y yo estaba de compras con mis amigas. Mi marido estaba solo en casa, y no esperaba que yo regresara tan pronto. Bien, vaya SHOCK: entré en nuestro dormitorio y le vi masturbándose mientras llevaba puestas un par de mis pantys. Se asustó, obviamente avergonzado. Yo no sabía si reír o llorar; me fui de allí porque estaba muy confundida. Hablamos por teléfono esa noche y al día siguiente nos sentamos a hablar de la situación. Me confesó que era fetichista y que le gustaban los pantys, mallas y medias. También me confesó que era muy sumiso y que le gustaba la idea de que yo tomara el control.</p>
<p>¿Fetiches?, ¿deseos sumisos? Yo era una chica de pueblo que no tenía ni idea de esos asuntos. Así que hice algunas investigaciones: con ayuda de tu sitio web y de muchos otros, me enteré del significado de esos términos, de los cuales era totalmente ignorante hasta ese momento.</p>
<p>Debería haber imaginado algo sobre su fetichismo con los pantys: en varias ocasiones me había comprado cosas en la tienda de lencería para que me las pusiera, y siempre incluía medias. Y, volviendo la vista atrás, puedo recordar que, siempre que me ponía medias o mallas, le volvía loco. Me contó que no me había dicho nada sobre sus fetiches antes por causa de su propia vergüenza, pero en mi investigación encontré que muchos, muchos hombres tienen el mismo fetiche.</p>
<p>Cuanto más lejos llegaba él con su sumisión… más leía yo sobre el asunto y mas me llamaba la atención. Aunque antes no me lo hubiera podido imaginar, la idea de que el importante pez gordo y machote de mi marido fuera mi esclavo y yo una reina Dominante que obtiene todo lo que pide me excitaba enormemente.</p>
<p>Tiempo para un cambio de tipo de vida. La primera cosa que le hice saber es que sus días de masturbarse habían terminado. Ahora me aseguro de que no cae en ese pequeño hábito egoísta manteniéndole encerrado en un CB-2000.</p>
<p>No hace falta decir que se han acabado los días de darle sexo oral. Ni ninguna necesidad de tener relaciones sexuales. Ya tenemos dos preciosos chicos, y no teníamos planes de tener ninguno más. Al principio, él suplicaba, lloraba y me imploraba que no se lo negara, pero yo ahora soy la encargada, y defino las reglas. Le tomó un tiempo aceptarlo completamente, pero ahora está cómodo con el hecho de que yo controle cuándo y si tiene permitido tener un orgasmo. Por supuesto, tengo mis propias necesidades sexuales, de las que él se ocupa sirviéndome oralmente o con uno de mis juguetes sexuales: hace un trabajo maravilloso en estas tareas y mis deseos están siendo colmados.</p>
<p>En cuanto a su fetichismo con los pantys, lo utilizo como una recompensa por buen comportamiento. De cualquier forma, monitorizo y regulo estrictamente su acceso a sus pequeños fetiches. Primero de todo, cerré con llave mi propia ropa interior. Obviamente, le gustaba la idea de ponérsela él, así que cogí todas mis medias, pantys, mallas y ligueros y las quité de en medio y las encerré con llave: están en una caja con llave de combinación. En segundo lugar, me la pongo muy a menudo, pero no le permito que me toque con ellas.</p>
<p>A veces me gusta provocarle “accidentalmente” restregando mi pierna contra la suya y sonreírle como si no hubiera ocurrido nada. O a veces me gusta ponerme pantys debajo de los pantalones y permitirle restregarme la pierna y decir cosas como: “Oh, se siente muy bonito. Los pantys que llevo bajo los pantalones son muy suaves. Se sienten muy bien contra mis piernas cuando las restriegas. ¿No es una pena que no puedas tocarlas?”. Entonces… al final de la semana (o mas frecuentemente si él ha sido MUY bueno), si la casa esta impecable, si los niños fueron bien llevados a la cama, si la cena estaba bien cada noche, le doy un premio. Hay toda una variedad de maneras en las que lo hago: llevando medias y dejándole besarlas y restregarse, o dejándole ponérselas a él durante un buen rato.</p>
<p>Cuanto mas me gusta negarle sus orgasmos, menos atractiva me resulta la idea de ordeñar un hombre. Para la salud de su próstata, le permito tener un orgasmo cada seis semanas aproximadamente. Se masturba poniéndose un par de medias de malla rosa y enrollándolas hasta debajo de su pene. Entonces se tumba en el suelo y se hace una paja (sin permitirle lubricante), mientras me dice lo bonita que soy, lo mucho que me quiere y cómo soy una Diosa.</p>
<p>Elise, muchas gracias por tu sitio web. Me ha ayudado mucho en esta experiencia. Como te puedes imaginar, la abstinencia y denegación del orgasmo han cambiado a mi marido para mucho mejor: es mucho más cuidadoso, atento y adorable. Prácticamente no tenemos discusiones, y estamos los dos muy felices y contentos. Nos amamos mucho más el uno al otro y este tipo de vida es perfecta para nosotros. Gracias por tu atención, Elise.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>No necesitas darme las gracias, sino que deberías dar gracias por el día en que cogiste a tu marido con tus pantys puestos. Aquello le obligó a superar su ego masculino y confesarte qué es lo que realmente deseaba sexualmente. Tenía su sexualidad secreta que temía compartir contigo debido a su orgullo masculino. Pero tú lo averiguaste y tuvo que afrontar la realidad de lo que él era y lo que necesitaba. Esto te abrió la puerta para que pudieras unirte a él de una manera más íntima, y ahora tu vida sexual puede basarse en la realidad y no una falsa sexualidad basada en expectativas sociales.</p>
<p>Por descubrir su pequeño secreto, se produjo un intercambio de poder en tu matrimonio, y suena como si vosotros dos estuvierais ahora mucho mas completos y felices. Estás usando su fetichismo por las medias para educarle, utilizando juegos de provocación y denegación para mantenerle centrado en ti y en tus necesidades. Esto también tiene el maravilloso beneficio de hacer las tareas mundanas (como las domésticas y de cuidado de la casa) excitantes para él, debido a que vé la realización de esas tareas como la manera de ganar una recompensa que desea desesperadamente. Esto lo hace divertido para vosotros dos.</p>
<p>El sexo se ha convertido en todo para tu placer, pero en el fondo, él lo quiere de esa forma y ello hace que el sexo sea también más divertido para él. Tus juegos mentales son mucho más excitantes para él y sexualmente le satisfacen mucho más que la sexualidad que compartíais antes de descubrir este tipo de vida. Algunas personas no comprenden esta dinámica y piensan que la esposa está siendo cruel, pero si hablaran con tu marido (o con cualquiera de los otros miles de maridos sumisos en un matrimonio similar), descubrirían que la naturaleza sumisa del hombre adora ser controlada de esta forma y nunca querría retroceder. Gracias otra vez por compartir tu experiencia.</p>
<p>[Traducción de Fernando de Rojas]</p>
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		<title>La vida misma</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jun 2008 02:01:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
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		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[José Luis nos cuenta su experiencia respecto a la dominación femenina: pocos éxitos; pero una actitud racional y realista a la hora de afrontar el hecho de no haber podido hacer realidad su deseo de construir una relación estable y duradera que le hubiera permitido entregarse a la mujer que buscaba.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Luis</strong></p>
<p>Soy un ya veterano investigador del mundo de la dominación femenina. Empecé muy joven a descubrir mi tendencia sumisa con respecto a la Mujer. Y puntualizo ese singular, pues he buscado siempre una, y solo una, mujer a la que entregarme. No he entendido nunca a esos sumisos que en cuanto ven a una señora, se lanzan a sus pies para besarlos y dicen que la pertenecen de por vida (mucho menos los puedo entender cuando cinco minutos después de haber hecho eso, hacen lo mismo pero ante otra mujer).</p>
<p>Me casé muy joven –los motivos no vienen al caso–, y le expliqué a mi también joven esposa lo que me atraía. Pero, fatalmente, a ella no le interesó lo más mínimo. Años después me enamoré como un colegial –pasé la etapa del acné casi a los 40 años, al parecer–, pero tampoco mi &#8220;amour fou&#8221; estaba por la labor de dominar (consideraba desviados a las/los dominantes y sumisas/os).</p>
<p>Lógicamente, he tenido experiencias. Enseguida de llegar a la adolescencia ya &#8220;busqué&#8221; algo que pudiera colmar mis deseos; aunque, claro, pagando. Lo único que saqué en conclusión es que yo debía de ser mucho más raro aún que los esclavos y Amas que veía en las revistas, entonces aún importadas.</p>
<p>El caso, es que por mi profesión, escribí bastante sobre el tema SM (antes de llevar el BD delante) en revistas especializadas –por fin había algo sobre el tema en España– y tuve acceso a Amas profesionales con las que conversé mucho y variado, sin querer pertenecer a ninguna.</p>
<p>Todo ello me condujo a unas conclusiones: no me interesaba, básicamente, nada de la parafernalia sadomasoquista al uso. Me parece mucho más excitante que una mujer dominante castigue a Su sumiso dándole con una libreta de espiral vertical que con una fusta, dado que está última rara vez se encuentra en un domicilio corriente. Y, sobre todo, me importa un pito el físico de la mujer que me domine. Pero eso sí, que sepa hacerlo. Que consiga que no sólo la adore sino que la admire por su inteligencia y por su manera de proceder. O sea, que está todo ahí arriba, en el cerebro (sí, ya se que estoy descubriendo la sopa de ajo, pero hay mucho personal por ahí que no la ha descubierto todavía, y quizás si no se lo dicen no lo descubra nunca).</p>
<p>No diré que no me gustan unas piernas bonitas o unos pies cuidados (aunque de esto último debería encargarse el sumiso, que para eso le gustan tanto). Pero si la mujer me conquista mentalmente, sus piernas y sus pies, sean como sean, serán para mí lo más divino del mundo y, además, los únicos.</p>
<p>En una ocasión, invitado a una fiesta <em>fetish</em> en un local de mi ciudad, un Ama se acercó a mí, y sonriendo (con cara de &#8220;Ama&#8221;, o sea, con una mueca extraña que la emparentaba mucho con Humphrey Bogart) me dijo: &#8220;Arrodíllate y bésame los pies, esclavo&#8221;. La miré con cierta pena y le dije que &#8220;no, gracias, pero yo no me voy arrodillando por ahí delante de la primera persona que se me presenta&#8221;.</p>
<p>Me ha ocurrido a veces que, al margen de sumiso soy educado, confundan la velocidad con el tocino. No hablo del mundo BDSM sino del &#8220;normal&#8221; –hay que ver a lo que llamamos normal–, en el que muchas veces, al contratarme para un trabajo, mi forma de ser educada les hacía pensar que podían explotarme a conciencia. Con esto vengo a decir que a veces las apariencias engañan. Y que, a lo mejor, la mujer más dominante (segura de sí, inteligente y convencida de lo que desea) puede aparecer bajo una apariencia educada, con clase y que además resulte que no grite como un oficial de las SS en plena instrucción ni ponga caras de tener úlcera de duodeno.</p>
<p>Bueno, por último diré que he encontrado alguna de esas mujeres maravillosas que buscaba. Pero –debo ser lento o haber nacido en mala fecha– estaban ya en pareja. Con lo que sólo me ha quedado sentir eso que llaman &#8220;envidia sana&#8221; de sus aparejados (o sea, envidia pura y llana, de sana nada), pero he disfrutado y disfruto de su amistad. En algún caso, alguna de estas maravillas me propuso avanzar en nuestra amistad y tener una pequeña relación de dominación-sumisión. Se lo agradecí mucho. Pero la amistad, anterior a la proposición, que tenía ya con quienes eran parejas suyas, me impidió aceptar. Probablemente en el caso de que no hubiera conocido aún a su pareja, hubiera aceptado agradecido.</p>
<p>Tuve una relación extraordinaria, por fin, con otra de esas mujeres. Y era genial. Inteligente, y por tanto atractivísima, culta, elegante y con un sentido del humor extraordinario, con ella disfruté los mejores momentos de mi vida y compartimos nuestras tendencias, nuestras pasiones (musicales, literarias, etc..), y éramos amigos por encima de todo. Aunque, de pronto, ella dijera la palabra mágica y yo ya no pudiera estar de igual a igual. Pero&#8230; ¡qué fantástico estar así, expuesto a que, en cualquier momento, Ella ordene que me ponga en mi lugar.</p>
<p>Bueno&#8230; acabó porque ella volvió a su país por motivos familiares. No tuve el valor de dejarlo todo y largarme detrás. La edad, el idioma&#8230; en fin, la cobardía tiene muchas razones.</p>
<p>¡Uf! veo que se acaba la página del correo. Vaya rollo he largado. Y eso que tengo fama de hablar poco. En fin, gracias por leerme (si alguien llega a hacerlo) y felicidades por el blog.</p>
<p>El guerrero del antifaz (por lo antiguo y por lo feo). También me llaman, aunque casi nadie, José Luis.</p>
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