Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Atendiendo a la hija y a la madre

Rosa y Santi nos hablan de una experiencia de dominación femenina que tiene ya 26 años. Parecen una pareja feliz, que el carácter dominante de Rosa ha llevado por buen camino. Lo que resalta de su experiencia es que Rosa haya obligado a Santi a que sirviera sexualmente a su madre; lo sigue haciendo después de tantos años.

Hambre insaciable

Esta mujer está asombrada, porque desde que ella y su pareja se introdujeron en la dominación femenina su hambre de nuevas experiencias y de nuevos niveles en esas experiencias no sólo no se sacia sino que se renueva a cada paso. Pensaba que una vez instalados en un estadio de la relación, asunto resuelto; pero al poco de llegar, ya está pensando en el siguiente.

Sutilezas de un sumiso

Daniel Solsona nos cuenta que es sumiso desde muy joven, pero que no ha tenido la fortuna de poder establecer una duradera y satisfactoria relación de dominación femenina. Y al hilo de su pregunta, DF.net reflexiona sobre la complicación que supone la obsesiva búsqueda de una mujer dominante para relacionarse e intimar con las mujeres.

Mucho trabajo y mucha psicología

Janet es una dominante muy experta, cuyo nivel de exigencia acabó por provocar un cierto estrés a su ajetreado marido. Su solución estuvo en consonancia con sus conocimientos sobre la psicología del varón sumiso, y consiguió transformar la forma en la que su marido vivía sus diferentes actividades.

Un juego sin final

Lo que para Josh comenzó como un juego se está alargando, tanto que parece destinado a convertirse en una forma de vida. Y él está encantado, pero a la vez preocupado, porque si deja de ser un juego, Josh pierde el control definitivamente y queda de verdad sometido a la dominación de su mujer, pero necesita asumirlo del todo para disfrutar de la sumisión.

Lamentable pérdida

Ellen se lamenta por la pérdida de su marido (14 años más joven que ella) y, sobre todo, por no haberle dejado disfrutar siquiera en una ocasión del coito con ella, de haberle mantenido virgen. Y hace un canto al amor que las dominantes deben profesar por sus sumisos, al tesoro que sus hombres deben ser para ellas.

No siempre sale bien

Carlota Hill nos cuenta su segunda experiencia de dominación femenina, de la que se extrae la obligada conclusión de nunca hay garantías de éxito en la relación entre dos personas, que tampoco la dominación femenina nos traslada a un mundo de ensueño en el que el éxito está asegurado. Merece la pena la cuarta visita de Carlota a estas páginas.

Fue y es dominación femenina

El sitio web de Elise Sutton le sirvió a Albert para descubrir que aquella experiencia que tuvo a los dieciocho años, y que tanto le marcó, era pura dominación femenina, y que no hay avergonzarse por ello. Ahora se ejercita en la tarea de contribuir al florecimiento de la naturaleza dominante de su mujer.

Un maravilloso inquilino

Gettu le alquiló una habitación a Tina. Ni se imaginaba como terminaría el asunto: retirado de trabajar y a su servicio. Gettu ni se planteaba una relación de dominación femenina; ahora la vive feliz. No obstante, le parece que Tina quiere llevar las cosas demasiado lejos al hacer público su forma de vida, y Elise Sutton le contesta que no hay necesidad de hacerlo público, pero la decisión es de ella y él tendrá que aceptarla.

Las Tablas de la Ley II

Bernardo nos cuenta cómo le va, y lo mucho que ha avanzado su relación de dominación femenina desde la primera vez que nos escribió, pero también sus dudas y resquemores sobre la castidad, la infidelidad y la asunción de la superioridad de las mujeres. Mucho ha cambiado: lo que hoy le genera algunas dudas le resultaba inconcebible hace tan sólo tres meses.


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