Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Una vida sin complicaciones

Samantha nos describe su feliz matrimonio que dura ya ocho años. Una pareja que vive la dominación bajo la batuta de una mujer liberada que ama a su marido, que trabaja para ella fuera y dentro de casa mientras Samantha vive la vida, da cursos de arte, juega al tenis, disfruta de sus amantes y cuida de su marido, es decir, le ayuda a ser un hombre mejor y a profundizar su sumisión. En suma, un matrimonio feliz.

Servir a dos mujeres

David persiguió a Diana, y no se arredró cuando le dijo que era lesbiana, que no estaba interesado en una relación sexual y le propuso una relación de servidumbre. David no sabía de lo que le hablaban. Pero acabó sabiéndolo. Han pasado años de sumisión y de servicio a una dominante lesbiana y a su novia. Una bonita historia de amor.

Correspondencia sobre un comienzo peculiar

La correspondencia que se publica aquí es larga, pero no tiene desperdicio: comenzó con la carta “Unos cuantos exabruptos”; después, nos llegó la de la novia, a la que contestamos privadamente con un plan para someter al díscolo “machito”; cuatro meses más tarde, nos escribe Carolina para relatarnos el éxito del plan, y nos adjunta una nueva carta del novio.

Mi primera experiencia

Carlota Hill nos cuenta su primera experiencia de dominación femenina, la que la introdujo en esta forma de vida y supuso el comienzo de su conversión en la experta mujer dominante que hoy revelan sus escritos. Esta experiencia contiene varios asuntos que nos pueden permitir pensar en algunos aspectos importantes de la dominación femenina.

La gallinita ciega

Gary está completamente sorprendido y se pregunta “¿qué ha disparado toda esta transformación en mi mujer?, que de comportarse como una esposa tradicional ha pasado ejercer un dominio absoluto sobre él, planteando formas típicas de la dominación femenina que Gary nunca hubiera sospechado.

Dos mejor que uno

Nos dice Carmén que siempre parece muy complicada la dominación femenina: “Para mí no lo fue. Soy una mujer segura de mí misma y que siempre he procurado imponer mis puntos de vista (ahora sé que lo que soy es una mujer dominante, pero antes no lo sabía)”. Pues de no saberlo a convivir con dos sumisos a su servicio. Hay mujeres que lo tienen claro, y si no, lean la experiencia de Carmen.

El trabajo se multiplica

La experiencia que nos cuenta Jason demuestra que el poder de una dominante puede ser empleado en su beneficio más allá de la relación de pareja, y el terreno profesional es un área donde las ventajas para la mujer pueden resultar importantes. Jasón lo sabe, porque tiene la impresión de no poder evitar lo que le está ocurriendo.

Las jóvenes lo tienen claro

Una joven norteamericana nos cuenta cómo crece el número de mujeres dominantes entre las estudiantes universitarias de ese país, y cómo dominan a sus compañeros masculinas con naturalidad y un nivel de exigencia desconocido hasta hace poco tiempo.

Cuando salí de Cuba

¡Vaya experiencia la de Julián! Una discusión matrimonial, una bofetada y una transformación de la relación nadie hubiera esperado. Muy poco a poco, el mundo de la pareja terminó por cambiar radicalmente, hasta el punto de que Julián tiene que compartir su adoración y sumisión hacia Delia con el otro sumiso que ella introdujo en sus vidas.

Una dominación sin sexo

Sal se quedó con las ganas de más, pero ella se limitó a adiestrarle como sirviente sin proporcionarle ningún aditivo sexual. Sal acumuló una experiencia positiva y aprendió a servir a una mujer en el terreno doméstico. Quizá no sea mucho, pero hay muchos que para sí lo quisieran.


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