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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Infidelidad</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>Con la posibilidad basta</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 04:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Justin no sabe si su mujer le es infiel o no, porque ella se lo planteó de tal modo que Justin prefirió no seguir preguntándole, aunque tiene claro que a partir de entonces su mujer es libre de serle infiel si así lo quiere. Elise Sutton piensa que Justin estaba buscando lo que tiene.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Justin M</strong></p>
<p>Querida Elise, Nathalie, mi esposa, es una mujer inteligente y segura de sí misma. También debo decir que es atractiva y que estoy profundamente enamorado de ella. Nunca ha sido aparentemente dominante, aunque ha conseguido dirigir la mayor parte de los aspectos de nuestra vida, incluyendo los negocios que iniciamos tras nuestro matrimonio.</p>
<p>Si pudiera elegir, preferiría tenerla para mí solo y ser el dueño de cada segundo de su vida, y el objeto de cualquiera de sus deseos. Pero las cosas no siempre son así. Como probablemente sucede en otras parejas, en algún momento de nuestra relación tuve que renunciar a estas pretenciosas ambiciones y adaptarme al hecho de un matrimonio real, cuando Nathalie me pidió, y obtuvo, su libertad y sus derechos para decidir sobre su propia vida, incluso en algunos aspectos delicados de la relación.</p>
<p>Algunas mujeres y hombres, hacen comentarios en su web, sobre las aventuras extramaritales de algunas esposas que desean tener una vida sexual satisfactoria, y lograr que sus maridos entiendan que no tienen otra opción que aceptar que ellas tienen absoluto derecho a decidir sobre sus propias vidas sexuales. No sé si Nathalie ha tenido alguna vez una aventura extramarital, pero a partir de los acontecimientos que describiré, queda claro que tenerla o no, es asunto suyo.</p>
<p>Todo empezó casi hace dos años, cuando mi esposa y yo volvimos a casa después de cenar con uno de los principales clientes de nuestro negocio. Nathalie me comentó que mi hermano no debería haber permitido que su mujer estuviera con Charles, nuestro cliente, en su casa de la playa. Cuando le pregunté por qué pensaba eso, ella me respondió: “Vamos, Justin, ya ves que es obvio que está teniendo una aventura con él, es&#8230; es cómo&#8230; quiero decir&#8230; que Antoine le permitió a Michelle tener una aventura con Charles.”</p>
<p>Nathalie volvió a hacerme comentarios sobre esto en algunas otras ocasiones, con respecto a situaciones que le hacían pensar que mi cuñada engañaba a mi hermano, pero nunca pensé demasiado en este problema.</p>
<p>Desafortunadamente, durante una reunión de negocios, Charles me dijo que iba a pasar unos días en Black Forrest, en una casa de su familia. Sin pensar en las implicaciones, le comenté que Nathalie siempre había querido visitar esa región, y Charles se ofreció inmediatamente a llevarse con él a mi mujer. Aunque no me gustó la idea, solo conseguí decirle que le preguntaría a Nathalie si quería ir.</p>
<p>Me sentía algo incómodo con la proposición de Charles, pero al final, decidí hablarle a Nathalie sobre la invitación. Al principio me miró desconcertada, pero al rato me dijo que estaba de acuerdo, que iba a aceptar su invitación.</p>
<p>Los días que estuvieron fuera estuve inquieto; estaba celoso y recordaba constantemente los comentarios de mi mujer sobre mi cuñada.</p>
<p>Cuando Nathalie volvió del viaje, mis celos persistían, y estaba ansioso por saber qué había ocurrido durante el tiempo que había pasado con Charles. Necesitaba algunas palabras de consuelo de mi mujer, diciéndome que durante esos días me había sido absolutamente fiel. Desafortunadamente, estaba tan impaciente por obtener una respuesta tranquilizadora de mi mujer, que le di la bienvenida a Nathalie con la pregunta más torpe y falta de tacto que se me pudo ocurrir; una imprudencia gratuita que ahora lamento profundamente.</p>
<p>Sin pensar en las consecuencias, le dije a Nathalie: “Bueno, ¿lo has pasado bien en Black Forrest? ¿Era tan bonito como esperabas? Y sobre Charles&#8230; ¿recuerdas lo que me dijiste sobre Michelle y él?&#8230; Estoy seguro de que contigo fue diferente&#8230; que tú y él os comportasteis&#8230;”</p>
<p>Nathalie me miró con severidad, e interrumpió mis comentarios diciendo: “¿Recuerdas quien aceptó la invitación de Charles para llevarme a Black Forrest, a pesar de lo que te había dicho sobre él y Michelle? Recuerdo claramente que fuiste tú, y no puedo entender por qué lo aceptaste, a menos&#8230; ¿tu querías que tuviera tiempo para hacer lo que te dije que hacía Michelle? ¿Lo querías? Ya sabes, al dejarme pasar todo el tiempo que quisiera con Charles, a solas con él&#8230; varios días y noches&#8230; sintiendo su atracción viril&#8230; cerca de mí&#8230; y sin riesgo de que te enteraras de lo que hacía&#8230; estoy segura de que sabías que me estabas poniendo en una situación muy tentadora&#8230; una situación tentadora con un hombre muy atractivo&#8230; el hombre que sabías que tenia una aventura con tu propia cuñada&#8230; parece como si quisieras que yo hiciera lo mismo&#8230; nunca pensé que me preguntarías si quería aceptar su invitación&#8230; después de lo que te había contado.”</p>
<p>Traté de tartamudear otro comentario, pero Nathalie terminó abruptamente la conversación diciendo: “Me dejaste ir con él a pesar de lo que sabías. Si pasó algo fue porque lo permitiste. Por lo tanto, es obvio que no tienes derecho a preguntarme sobre lo que he hecho, ¡y no quiero oír el menor comentario sobre todo esto nunca más!”</p>
<p>Intenté dejar mis preocupaciones de lado, y todo fue bastante bien hasta el verano. Ese verano, Charles nos invitó a Nathalie y a mí a su casa de la playa durante el mes de Agosto. Dijo que él estaría en ella durante Julio, y que para Agosto tenía planeado un viaje al extranjero. La parte angustiosa del ofrecimiento era que también había invitado a Nathalie a tomarse un par de semanas de vacaciones en Julio, y a pasarlas con él en su casa. Empecé a discutir con Nathalie para que no aceptara la proposición, pero ella consideraba que no había razón para preocuparse, puesto que ya había estado con él anteriormente.</p>
<p>Nathalie pasó con Charles las dos últimas semanas de Julio, y yo me encontré con ella en Agosto. Tuvimos toda la casa para nosotros, Charles le había dicho a Nathalie que estuviéramos tranquilos; como si estuviéramos en nuestra casa. Incluso le dijo que usáramos el dormitorio principal. Lo que volvió a encender mis celos fue encontrar la ropa de mi esposa en el armario del dormitorio principal. Todo lo que se había llevado estaba en aquella habitación, hasta unas ropas usadas a punto de lavar. Mis comentarios tratando de confirmar si mi esposa ya había utilizado aquella habitación fueron descartados por mi Nathalie como fantasías estúpidas.</p>
<p>Sin embargo, mis sospechas me causaron tal ansiedad que, finalmente, le dije a Nathalie que necesitaba saber si estaba o no teniendo una aventura con Charles. Contrariamente a mis esperanzas, su respuesta me heló la sangre.</p>
<p>Nathalie me miró tranquilamente y dijo: “Te contaré lo que quieres saber si realmente quieres saberlo, pero debes pensar en las consecuencias de hacerme esa pregunta. Si te he sido fiel, consideraré que me estás haciendo esa pregunta porque no confías en mí y consideraré poner fin a nuestro matrimonio. Por otra parte, si he tenido sexo con Charles, puedo querer que continúe, y tú tendrás que elegir entre poner fin a nuestro matrimonio, o aceptarlo y dejarme tener un amante. Bien, quizá prefieras dejar que las cosas sigan como están&#8230; nos olvidamos de tus preguntas y yo sigo viendo a Charles como hasta ahora. Tú decides. ¿Quieres hacerme alguna pregunta?”</p>
<p>Me sentí muy asustado por lo que hubiera podido pasar si le hubiera vuelto a preguntar a mi esposa sobre lo que había pasado aquellos días y cumplí: “Creo que es mejor dejar las cosas como están&#8230; Yo&#8230;”</p>
<p>Nathalie me preguntó de nuevo si estaba totalmente seguro de mi decisión, y le dije que lo estaba. Sin embargo, ella quería dejar totalmente claros los términos de mi acuerdo, y me volvió a preguntar: “¿Me dejarás ver a Charles siempre que quiera?”</p>
<p>Estuve de acuerdo, y Nathalie me preguntó otra vez. “¿Sabes que puedo tener sexo con él cuando nos vemos, y a pesar de eso vas a permitir que nos veamos?”</p>
<p>Nunca me había sentido más atrapado, pero tenía que cumplir. La otra opción era algo que temía mucho más que permitir que Nathalie visitara a Charles. Nathalie continuó: “Pero, cariño, esto es casi como consentir que tenga sexo con Charles. Dime, ¿quieres decir que puedo ver a Charles cuando quiera y que sabes que puedo tener sexo con él?”</p>
<p>No quise responderle, a pesar de que era obvio que le estaba permitiendo tener sexo con otro hombre si quería hacerlo. Pero Nathalie quería una respuesta e insistió: “Cariño, dime; quiero oírte decirlo; dime que eres consciente de que puedo tener sexo con Charles cuando le visite pero que tu no interferirás en mis visitas.”</p>
<p>Cumplí, la cara me ardía cuando le dije a Nathalie: “Sí, querida, lo sé&#8230; lo sé&#8230; puedes tener&#8230; sexo&#8230;con Charles&#8230;no interferiré&#8230;”</p>
<p>Nathalie me abrazó y me besó, mientras yo estaba a punto de romper a llorar, y dijo: “Gracias, cariño, estoy contenta de que seas un marido tan comprensivo y amoroso. Te amo. Realmente, te amo muchísimo, aunque eso no significa que no pueda encontrar algún otro hombre muy atractivo, o que no pueda disfrutar de algo de sexo ocasional con un hombre atractivo. Y estoy contenta de que estés tan deseoso de admitir lo que la mayoría de maridos nunca admitiría, que no interferirás si quiero poner un poco de picante a mi vida sexual, a veces va bien un poco de picante.”</p>
<p>Nunca volvimos a discutir sobre este asunto. No sé si tiene una aventura con Charles o no. De cualquier modo, me he sometido a sus deseos, y sé que le cedería cualquier derecho que yo pudiera tener a decidir u opinar sobre su vida sexual. Incluso renuncié a la posibilidad de saber qué hacía, y nunca me atreveré a preguntárselo otra vez. Esto la ayuda a mantener su poder sobre mí. Me he adaptado al hecho de que ella me controla completamente mientras disfruta de una absoluta libertad. Sea lo que sea lo que quiera, yo no interferiré.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Bien, Justin, seguro que te metiste tú solo en todo esto ¿verdad? Tu esposa es una mujer inteligente, y realmente es la mano derecha de vuestro matrimonio. Fue absolutamente correcta en lo que te dijo. Tú le abriste la puerta, y si ella la atravesó, solo puedes culparte a ti mismo. Ella encuadró la situación tal como es en la realidad, y te dio la oportunidad de descubrir la verdad, pero tu la declinaste y creo que los dos sabemos por qué.</p>
<p>Querías que te fuera infiel y que tuviera ese poder sobre ti. Abriste la puerta a que tuviera una relación con Charles porque querías ser un marido cornudo. No dudo de que estés celoso, pero si realmente fueras un marido celoso, le habrías exigido saber que hizo con Charles. Pero ella pudo leerte y logró hacerte retroceder exponiéndote la situación de tal manera que no te atreviste a cuestionarla.</p>
<p>Así que ahora el problema, realmente, no es si ella es fiel o no lo es, porque en tu mente ella lo es y eso le da el poder. Una mujer no necesita usar su liberación para ser libre. Es libre de tener sexo con otro hombre porque tú le has dado esa libertad. Lo que ella haga con esa libertad es asunto suyo y de su consciencia. De nuevo, tú le abriste esa puerta. Cualquier cosa que hiciera tenía tu bendición. Y creo que a ti te gusta la idea de que te sea infiel, y quizá, la verdadera razón por la que no quieres que ella te cuente lo que va a pasar no es porque temes que te diga que tiene sexo con Charles, sino más bien porque temes que te diga que no lo tiene; por si lo único que tiene con Charles es una amistad que no conmueve tus pasiones sumisas de la manera que lo haría la infidelidad. Me parece que quieres que te sea infiel y necesitas ser un cornudo. El no saberlo deja abierta la posibilidad de que lo seas, y eso es lo que satisface tu sumisión en tu matrimonio, y lo que hace poderosa a tu esposa.<br />
Cuidaos.</p>
<p>[Traducción de Jorge Sánchez]</p>
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		<title>¿Infidelidad consentida o a traición? II</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/infidelidad-consentida-o-a-traicion-ii/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Feb 2009 05:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Alvaro nos cuenta toda una colección de infidelidades de su mujer, que en mi opinión son auténticas infidelidades que poco tienen que ver con la dominación femenina, pero que al parecer les llevaron finalmente a que ella terminara dominándolo. Peligroso camino, aunque se recuerde con pasión si hay final feliz.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Álvaro P</strong></p>
<p>Como dije, no ha sido fácil, se generó un debate interno entre la razón y la pasión, la desconfianza me cegó, hasta que me di cuenta de que lo que me dolía realmente no eran los actos por sí mismos: me mataba la ansiedad de ignorar lo que pasaba a mis espaldas. Curiosamente, al contarme poco a poco cada una de sus infidelidades sentía mayor alivio.</p>
<p>Así llegue a pasar por alto sus infidelidades a cambio de enterarme de su propia voz, no quiero entrar en detalles en este momento, me gustaría narrarlas en otro plano, cuando el experimento que actualmente realizo se logre con éxito. No son poca cosa, por mencionar algunas, hice un viaje largo que a ella le incomodaba, pero nunca lo dijo. A cambio, conoció la tarde que yo volaba hacia mi viaje a un tipo a quien le facilito el camino del cortejo, le pidió dar un viaje a un pueblo de descanso cercano, para visitar a una amiga, y provocó que se hiciera tarde para pasar la noche juntos. Lo mejor fue que a partir de ahí lo volvió loco, la busco con insistencia para repetir la hazaña, de ahí que me entere después de mi regreso. En ese mismo viaje, un tipo extranjero que estudiaba temporalmente en México y a quien le facilitamos las cosas para que se adaptara al país, aprovecho mi ausencia y el disgusto de ella para lograr lo que difícilmente hubiera logrado en circunstancias normales. </p>
<p>Hasta donde sé y deduzco, las infidelidades fueron constantes en ese tiempo, la más humillante fue varios meses después a manera de despedida de la gran aventura que construyeron juntos. Tiene muchos elementos para destacarla, aquí van: fue en Nochebuena, yo mismo la llevé a una ciudad distinta y regresé para cenar con mi familia, me pidió que volviera por ella al día siguiente. Contó todo con naturalidad, sin mencionar el encuentro, explicó que se sintió cansada, que se fue a dormir al mismo tiempo que él en habitaciones conjuntas. A cambio, yo le llevé de regalo navideño un viaje a Paris para pasar año nuevo. Fuimos a una boda a otra ciudad distante de la nuestra, al día siguiente se jugaba la final del último mundial, todos los invitados que nos hospedamos en el mismo hotel bajamos a verla al restaurante, ella me dijo que quería seguir durmiendo, no le di importancia y bajé, pero un amigo (entonces cercano) quien la halagaba a la menor oportunidad, aprovechó la enajenación futbolera colectiva para consumar lo que no podía evitar que se notara. </p>
<p>Estas y otras historias las conocí tiempo después, con confesiones parciales y ejercicios de memoria intensivos para hilar lo que en su momento no tenía conexión, pero que en conjunto ofendía por obvio. Aunque siempre temí lo que mi desconfianza me insinuaba con insistencia, inesperadamente, la confirmación me devolvió la calma, y además provoco un deseo incontrolable por mi mujer, no puedo asegurar quién se sorprendió más con mi reacción, si ella o yo, lo cierto es que la calma volvió y nuestra relación cambió drásticamente para bien.</p>
<p>No puedo explicar mi sentimiento para mi, y menos para los demás, pero nunca he deseado y gozado tanto con una mujer. Sus historias rebasan mil límites mentales y me llevan por sensaciones, emociones, y pensamientos nunca antes vividos, asociados con la plenitud. Sumisión extrema que cuando pienso que ha llegado a su tope, se incrementa con nuevas reacciones de ambos.</p>
<p>Casi como un premio (no a mi comprensión o perdón) sino a la proclamación irrevocable de su dominio absoluto sobre mi, vivimos juntos un acto de infidelidad que en la historia de mi vida sexual no tiene comparación con nada, cambiaría la mitad de mis momentos placenteros por revivirla.</p>
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		<title>¿Infidelidad consentida o a traición?</title>
		<link>http://anaserantes.com/2009/infidelidad-consentida-o-a-traicion/</link>
		<comments>http://anaserantes.com/2009/infidelidad-consentida-o-a-traicion/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 14 Feb 2009 05:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Sensaciones encontradas las de Álvaro ante la infidelidad de su pareja, que no fue muy infiel, la verdad, y que él participaba del juego, pero así es: la infidelidad es una herramienta de difícil manejo también en las relaciones de dominación femenina, también cuando no es infidelidad porque es consentida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Álvaro P</strong></p>
<p>Ana, cada tema tocado en tu blog me devuelve más la tranquilidad de que no estoy solo en mis sentimientos, impulsos y pasiones.</p>
<p>La infidelidad es, sin duda, el tema más provocador pero también complejo para todo aquel que se precie de ser sumiso hasta los huesos. Tengo la teoría de que nadie en general es fiel, simplemente es parte de nuestra naturaleza, que fue regulada o limitada como norma social.</p>
<p>En el plano de la sumisión, no hay muestra de poder, dominio y superioridad más implacable que gozar, obtener y brindar placer sexual a costa de los celos, el orgullo y dignidad del sumiso incondicional a su Dominadora, es irónicamente opuesto al valor principal de todo sumiso, su fidelidad incondicional.</p>
<p>Los sentimientos complejos o encontrados son aquellos que nos mueven más, nos confirman contundentemente que estamos vivos, pero no garantizan salir bien librados de una mala experiencia.</p>
<p>Mi sumisión no es ajena a este tema, por el contrario, es un pensamiento recurrente, que no siempre me hace bien. Una de las razones que me llevaron a compartir mi sumisión con mi ultima pareja fue que, sin ser completamente cierto, al principio de la relación pensaba que moría por ella. Esta falsa percepción le permitió cometer ciertos abusos, entre otros, alguna(s) infidelidad(es) parcialmente aceptadas por ella. Al contrario de lo que ella creía, me fui involucrando en la relación poco a poco, por lo que esa primera etapa de abusos y engaños no me provoco dolor, pero si una enorme desconfianza. Cuando por fin estaba al 100% involucrado con ella, tuve un crisis de confianza que me hacía dudar de todos sus actos; finalmente la tormenta pasó, aunque no fue rápido, ¡lo más curioso y ácidamente irónico fue que lo superamos con un par de actos de infidelidad consentida!</p>
<p>El primero, como suele pasar en los experimentos iniciales, no fue muy arriesgado, estaba completamente bajo control, por esa razón lo hicimos, se trataba de un tipo con el perfil más discreto y la personalidad más sumisa que podríamos haber encontrado, y la prueba consistió en lograr que este tipo se perdiera completamente por ella y que, una vez perdido, abusara sin piedad de él hasta que él mismo se retirará derrotado. Tenía ganas de ver su poder desde la barrera, y así fue: mucho más rápido de lo esperado, cayó rendido y se retiro luego de que no soportó mas que le vieran la cara, y aunque ella le advirtió que salía con otra persona (le contestaba el teléfono cuando teníamos relaciones para que escuchara y el siempre se quedaba en línea para oír). En este ventajoso experimento, nunca marcamos limites, en teoría, valía todo, pero sólo fueron algunas salidas condimentadas con ropa y actitudes provocadoras, aunque siempre estuvieron a flor de piel los celos, el morbo y la imaginación, nunca explotaron.</p>
<p>A partir de ahí, mi desconfianza paso a un segundo término y mi deseo se abría de par en par para imaginar mil y una formas en la que ella podía ser infiel. Por supuesto que notaba y disfrutaba la manera de hacerle el amor, con más intensidad y ansiedad, a pesar de que el sexo siempre lo hemos disfrutado plenamente, era más sensual y placentero que nunca, lo que dio pie a que admitiera parcial y atenuadamente sus infidelidades de las primeras semanas de la relación, y para mi sorpresa, me provocaron aún más, y exaltaron mi sumisión. Mi favorita es la primera: a menos de dos semanas de comenzar, llegué de viaje de trabajo, iba rumbo a mi oficina, cuando me llamó para pedirme que pasara por ella y su amiga al trabajo, sin dudarlo, cambie la dirección al extremo opuesto, sin importarme lo lejos que estaba, cuando llegue recibí un mensaje en mi celular que decía que se iba a tardar un poco, que si quería me podía ir, me pareció broma y contesté que esperaría. Insistió un par de veces más hasta que salió a decirme que iba a tardar mucho mas, más decepcionado que molesto me fui, pero a la mitad de mi camino pensé que por la tarde no tenía un plan mejor que estar con ella, así que di media vuelta, compré un ramo de flores y me fuí a esperarla a su casa. Pasaron tres horas y no llegó, quise avisarle, pero su celular estaba apagado, tuve un ligero presentimiento al que no le di importancia: siempre me dijo que había sido una emergencia de trabajo, sin embargo, cuando se sinceró, me dijo que durante años tuvo una fuerte atracción truncada con un tipo de su trabajo, el que fuera casado y que ocupara un cargo directivo en la empresa la había mantenido en simple atracción, atracción que consumó mientras yo la esperaba. Aunque jura que sólo a través de un beso amistoso, la verdad es que me provoca desenfrenadamente un sentimiento mezcla de muchos otros opuestos entre sí. </p>
<p>Mi sumisión mezclada con estupidez para esperarla abnegadamente contrasta con su egoísmo y egolatría para pensar en sí misma y no sentir compasión. Pase tres horas entre lluvia, aburrimiento y cruel inocencia mientras ella disfrutaba la tarde sin prisa o agobio alguno. La cereza del pastel fue que al día siguiente me pidió que pasara por ella muy temprano para llevarla al salón de belleza y a comprar un disfraz para una fiesta que tendríamos por la tarde. Yo ignoraba lo que había pasado, y ella con aplomo y sin cargo de conciencia, vigilaba que su manicura y pedicura quedaran bien, mientras, yo esperaba con la misma paciencia del día anterior para pagar. Mi espera se vio interrumpida sólo porque, a medio arreglo de uñas, me pidió que saliera a comprarle un café.</p>
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		<title>No quiero ponerle los cuernos</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/no-quiero-ponerle-los-cuernos/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Apr 2008 05:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Elise Sutton aborda el espinoso asunto de la infidelidad: “En mi opinión, se trata de fortalecer los matrimonios a través de la Dominación Femenina, no de dañarlos. Sin embargo, no puedo ignorar que el deseo de ser cornudo es fuerte en algunos hombres sumisos y que la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es una práctica en continuo crecimiento en parejas cuyo estilo de vida es la D/s”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ms Sutton, permítame darle las gracias por su reflexiva página web sobre la Dominación Femenina. Me gustaría hacerle una pregunta sobre el tema de las mujeres que ponen los cuernos a sus maridos. He leído relatos y su opinión sobre el tema, pero lo que todavía no entiendo es por qué un marido enamorado desearía que su mujer le fuera infiel. Este principio parece ir en contra de las más básicas emociones humanas, pero aún así, por lo que he leído en su web y en otras, parece que es un deseo bastante frecuente entre los maridos sumisos.</p>
<p>En mi caso, estuve anteriormente casada y tuve una aventura extramarital. No estoy tratando de justificar lo que hice, pero me pilló en un momento de debilidad. El resultado fue un infierno. Mi ex-marido estaba desolado. No tuvo ningún efecto la cantidad de veces que le pedí perdón, ni el número de sesiones que tuvimos con un consejero matrimonial, él no pudo superar mi infidelidad ni perdonarme. Finalmente, nuestro matrimonio acabó en divorcio.</p>
<p>Me sentí dolida pero perseveré, conocí a mi actual marido y me enamoré perdidamente de él. A los tres años de nuestro matrimonio descubrí que mi nuevo marido tenía deseos de sumisión. No sabía nada acerca de este tipo de relaciones, pero me intrigaba el tema y estuve de acuerdo en irlo descubriendo con él. Su página web y toda la información que contiene ha sido una ayuda tremenda. Según empezamos a profundizar en su sumisión descubrí que tenía predilección porque le pusiera los cuernos. Después de lo que me había pasado con mi anterior marido rechacé de plano su idea y le dije, sin que le pudiera quedar el más mínimo resquicio de duda, que le prohibía terminantemente volver a sacar el tema.</p>
<p>Sin embargo, era un asunto recurrente que de cuando en cuando volvía a aflorar en nuestras conversación sobre las relaciones D/s, y podía ver su entusiasmo y excitación cada vez que mencionaba que le pusiera los cuernos. Desde luego, no salgo de mi asombro. Sé por experiencia personal el dolor que la infidelidad puede causar y, aunque hablemos de una actividad mutuamente consentida entre adultos, no puedo llegar a entender que el resultado de poner los cuernos a mi marido sea otro que hacerle daño. ¿Hay algo que se me escapa para no entenderlo? He prometido a mi marido que tendré una mentalidad abierta en cuanto se refiere a las relaciones D/s ,pero ésta es un área en concreto que no acabo de entender. Por favor, aconséjeme.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>La infidelidad del cónyuge es una de las circunstancias más emocionalmente dolorosas de las que se pueden experimentar en la vida de pareja. He aconsejado a hombres que me han confesado que la muerte de su mujer no fue tan emocionalmente devastadora como su infidelidad. Es algo que incluye mucho más que el mero acto sexual. El adulterio es una acción tanto de la voluntad como del corazón. Para una mujer casada, representa el rechazo en su más dolorosa expresión. Supone la ruptura de los votos matrimoniales y del pacto que representan. Espiritualmente es desgajar en dos lo que previamente era una sola parte. Es dolorosísimo, y puede provocar que nuestros sentimientos se hundan en la depresión y el caos.</p>
<p>El adulterio es engaño. El sexo es la culminación de esa traición, pero no es lo más importante del adulterio. Lo es en realidad todo lo que lo precede: la decepción, la ruptura de los votos matrimoniales por decisión propia, el rechazo por parte de nuestra pareja al intimar y mantener un romance con otra persona. Es ceder nuestro corazón a otra persona.</p>
<p>El efecto que el adulterio puede causar en una relación puede ser devastador. Algunas relaciones son lo suficientemente fuertes como para conseguir encajar este efecto traumático, pero la mayoría no lo pueden aguantar y, por tanto, acaban como lo hizo tu primer matrimonio. Para un hombre, la infidelidad de su mujer puede ser especialmente dolorosa debido a la fragilidad del ego masculino. Da la impresión que tu anterior marido no pudo superar el golpe emocional de lo que hiciste. Es algo bastante negativo puesto que, si de verdad fue un hecho aislado, no había razón para que entre ambos no hubierais podido salvar vuestro matrimonio. Te entregaste a él durante todo el tiempo que duró tu matrimonio excepto una noche, pero a él le perseguían sus pensamientos y no pudo perdonarte. Lo repito, es algo bastante negativo, pero que demuestra el dolor y el potencial negativo que alberga la infidelidad.</p>
<p>He excluido casi por completo de mi página web la práctica de poner los cuernos por los efectos potencialmente dañinos de la infidelidad. En mi opinión, se trata de fortalecer los matrimonios a través de la Dominación Femenina, no de dañarlos. Sin embargo, no puedo ignorar que el deseo de ser cornudo es fuerte en algunos hombres sumisos y que la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es una práctica en continuo crecimiento en parejas cuyo estilo de vida es la D/s. Por tanto, en vez de ignorar este controvertido tema, decidí que lo mejor era incluirlo y comentarlo con mentalidad abierta y positiva.</p>
<p>Poner los cuernos como herramienta de Dominación Femenina es una práctica cuyas claves se encuentran en los motivos e intenciones. Desgraciadamente, también hay mujeres que se aprovechan de la naturaleza sumisa de sus maridos para llevar una vida sexual promiscua. Algunas parejas continúan por este camino, la mayoría no. Existe una delgada línea entre la infidelidad en el estilo de vida que comporta la D/s y la infidelidad egoístamente entendida, y de ahí a llegar a comportamientos destructivos para la relación hay un paso.</p>
<p>Una vez dicho esto, hay que tener en cuenta que hay parejas que sí han sido capaces de incorporar con éxito esta práctica a su matrimonio de Dominación Femenina. Poner los cuernos puede tener significados distintos para diferentes parejas pero, por lo que respecta a la Dominación Femenina, hablamos de una práctica que la mujer utiliza para conducir a su marido a un grado de sumisión más profundo a través de una intensa humillación. Es también una reconversión de tipo social, que se enfrenta a la tradición de siglos en la que el marido tenía aventuras extra maritales sin que la mujer pudiera hacer nada al respecto debido a su dependencia económica.</p>
<p>En última instancia, la práctica de la infidelidad es una herramienta más de las que la mujer dominante puede servirse. Es potencialmente peligrosa si se usa de forma incorrecta, pero lo mismo se puede aplicar a usar mal un látigo, un arnés o cualquier otra herramienta de dominación y disciplina. Pero usadas con los debidos conocimientos, motivación y enfoque pueden llevar al hombre al espacio de sumisión que le corresponde. Y, por supuesto, lo mismo se puede aplicar al hecho de ponerle los cuernos.</p>
<p>Correctamente realizada y con el adecuado enfoque, es una práctica que puede ser excitante para la mujer, puesto que le permite ejercer tanto la autoridad femenina como la liberación. Este hecho inicial le da una increíble ventaja de poder sobre el cornudo sumiso, y esta dinámica termina por extenderse al resto de las prácticas D/s de la relación de pareja. Poner los cuernos, en el marco de una relación de Dominación Femenina, no tiene que ver tanto con el sexo como con el poder; y es precisamente ese poder femenino y la liberación que conlleva lo que permite a la mujer usar la humillación generada para transportar al marido a un profundo nivel de sumisión en el que su autoridad es incontestable.</p>
<p>En otras palabras, es la estimulación y la dominación psicológica la que lleva al marido a un nuevo nivel de sumisión. El acto de ponerle los cuernos comienza en el momento en que la mujer puede usarlo como herramienta de dominación, pues a partir de ahí está en condiciones de dominar los pensamientos de su marido con esa imagen mental. No se trata tanto de la realización del acto sexual en sí, que por supuesto puede haberlo, sino de utilizar ese acto en concreto como una herramienta de dominación psicológica que tiene una duración temporal mucho mayor.</p>
<p>Píensalo de esta manera, tu anterior marido se vio sistemáticamente perseguido por la imagen mental de tu aventura sexual. En realidad, tu desliz sólo duró una noche, pero para él esa imagen le atormentaba noche tras noche. Por eso, cuando se ponen los cuernos en una relación de pareja de Dominación Femenina, la mujer se sirve de una imagen mental para excitar, atormentar y humillar repetidamente al marido, lo que dispara su naturaleza sumisa y le proporciona placer mental y sentirse realizado como sumiso. Si el marido además está presente y es obligado a presenciarlo, la imagen mental se intensifica; y lo mismo puede decirse si es obligado a escucharlo o participar de alguna manera humillante.</p>
<p>Todo esto no excluye que, cuando se encuentre fuera de su espacio de sumisión (digamos, por ejemplo, en el trabajo o conduciendo solo), pueda verse afectado por pensamientos negativos y dolorosos. Nunca debemos olvidar que la infidelidad es un ataque directo al núcleo del ego masculino y, por tanto, precisa también de una muy sutil mujer dominante que sepa guiar los sentimientos de su marido hacia la sumisión en vez de hacia los celos. No es nada fácil, pero bien hecho es uno de los efectos más beneficiosos de ponerle los cuernos; de ahí, el potencial que tiene como herramienta de Dominación Femenina. Un hombre que se excita con la idea de ser cornudo, lo más probable es que no caiga en los celos.</p>
<p>Una vez dicho esto, quiero reiterar que la infidelidad no es algo válido para todas las parejas que viven la Dominación Femenina. El marido debe estar psicológicamente preparado para ello, y no debemos pasar por alto que el hecho de que la fantasía lo excite no implica necesariamente que tenga la preparación emocional que se requiere para soportar el acto en sí.</p>
<p>Asimismo, la mayoría de las mujeres no están interesadas para nada en tener un amante; pues muchas de ellas se inician en la Dominación Femenina precisamente para fortalecer la relación que tienen con su marido sumiso. Por tanto, ambos deben estar bien preparados para esta práctica o, de lo contrario, terminará siendo una experiencia negativa.</p>
<p>Creo que es importante que la mujer se de cuenta que tiene el derecho y la autoridad sobre su marido para ponerle los cuernos si ella así lo decide. Es un verdadero acto de sumisión que el marido se entregue a la autoridad y a liberación de su mujer de esta manera; incluso en el caso de que ella no tenga la intención o el deseo de consumar el acto propiamente dicho, pues no por ello deja de ser una cierta póliza de seguro que recordar con periodicidad al marido si llegara el caso de que no supiera valorar la mujer que tiene.</p>
<p>Por consiguiente, mi consejo es que uses los deseos de tu nuevo marido contra él, haciéndole saber que tienes todo el derecho del mundo a tener otros amantes; pero que lo llegues a hacer ya depende enteramente de ti. Excítale con ello, pero puesto que va en contra de tu conciencia déjalo estar como fantasía. No le permitas que te presione a hacer algo que no deseas hacer. Tu eres la dominante y, por tanto, eres tú quien toma las decisiones. Si le excitas de esta manera y juegas psicológicamente con tu derecho a tener otros amantes por la autoridad que tienes sobre él, eso bastará para proporcionarle la estimulación mental y sexual que satisface sus deseos de sumisión. De esta forma, puedes usar sus deseos para dominarlo y, al mismo tiempo, mantenerte firme en los valores que te dicta tu conciencia. </p>
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		<title>Los peligros de la infidelidad</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/los-peligros-de-la-infidelidad/</link>
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		<pubDate>Tue, 25 Mar 2008 06:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Mario nos cuenta que después de siete años su matrimonio estaba mortecino, su reconversión en una relación de dominación femenina lo hizo reverdecer. Sin embargo, en esta ocasión, pese a comenzar bien, la práctica de la infidelidad acabó mal, acabó en divorcio. Y es que la infidelidad es una práctica que comporta no pocos peligros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mario M</strong></p>
<p>Elise, mi nombre es Mario y tengo 43 años, era un bien entrenado y leal esclavo de mi mujer, Andrea. He estado leyendo con gran interés tu sitio web y, particularmente, las experiencias de la vida real. Mi interés se concentraba en las historias sobre la infidelidad y la humillación, así como en aquellas relacionadas que incluían a otras personas en la relación, y me he sentido identificado con algunas de ellas.</p>
<p>Estoy de acuerdo con la mayoría de las opiniones que sostienen que tener una relación abierta y entender que el Ama puede tener los amantes que le plazca, mientras el sumiso permanece casto, constituye la mayor humillación para cualquier esclavo, y quizás lo mejor para que se dé cuenta de quién manda. A pesar de que ambos, el Ama y el esclavo, pueden disfrutar de las consecuencias de las relaciones de infidelidad que practica la primera, creo que pueden ser peligrosas si no se tienen en cuenta ciertas circunstancias. Siento que tiene razón cuando dice que, esclavo o no, el marido debe ser el número uno de la relación para ella.</p>
<p>Esta es mi experiencia personal, y espero que pueda resultar útil para sus lectores. Comencé a salir con Andrea cuando ambos teníamos veintitantos años, y poco después nos casamos. Durante casi siete años tuvimos un feliz y normal matrimonio. De hecho, yo había fantaseado acerca de convertirme en el esclavo de una bella mujer desde que era un adolescente, pero nunca tuve la oportunidad de hacer realidad mi fantasía. Había intentado introducir a mi mujer en las formas de la dominación femenina desde los primeros momentos de nuestra relación, pero ella se mostró renuente y nunca fuimos más allá de algunos juegos “inocentes”.</p>
<p>Después de siete años, y por numerosas razones, el matrimonio estaba casi arruinado y la relación se acercaba a su final. Todavía teníamos fuertes sentimientos amorosos hacia el otro, pero no éramos capaces de encontrar la forma de vivirlos y canalizar el amor que sentíamos por el otro hacia una relación satisfactoria. El sexo no era malo, los dos estábamos razonablemente satisfechos, pero estaba claro que las dos partes estábamos buscando algo nuevo. Quizás era que todo había llegado a ser en cierta forma aburrido y la necesidad de nuevas experiencias era demasiado fuerte.</p>
<p>Fue entonces cuando me decidí a pedirle a Andrea que convirtiéramos nuestro moribundo matrimonio en una relación de dominación femenina 24/7, como una forma de buscar la situación nueva y excitante que necesitábamos. No tenía ni idea de cuál podría ser su reacción, pero sorprendentemente aceptó mi propuesta con gran entusiasmo. Nació una nueva relación. Nuestra comunicación se convirtió en mejor que nunca, y el amor que sentíamos creció de nuevo y lo vivíamos fluida y satisfactoriamente bajo las bases de la dominación femenina a tiempo completo. Desde los primeros instantes, Ella impuso algunas reglas simples, que conformarían la base de nuestra nueva relación. “El Ama manda y el esclavo obedece” era la más simple y fácil de seguir, pero la principal fue que mi servicio como su esclavo iba a ser en cualquier circunstancia asumido voluntariamente. Podría pedir a mi esposa/Ama que me liberara en cualquier momento que lo deseara, pero tenía que explicar mis razones para ello, y siempre teniendo presente que una vez liberado no sería posible retornar al estatuto previo de esclavo.</p>
<p>Por la otra parte, ella tenía todo el derecho a usar y abusar del esclavo a su servicio y disfrutarlo de cualquier modo que le pareciera apropiado, sin más límites que las necesidades razonables de la salud y las relacionadas con la privacidad necesaria. Podría incluir a cualquier persona que le apeteciera en la relación, y prestar o incluso vender al esclavo a cualquiera. También tendría el derecho a poner fin a la relación sin mayor explicación.</p>
<p>Yo estaba al cargo de todas las tareas de la casa y, especialmente, de servirla como esclavo personal. De hecho, ese era mi principal y más importante trabajo. Mis obligaciones incluían sobre todo mimar a Andrea de cualquier modo. Después de poco tiempo, me había entrenado para satisfacer cualquiera de sus necesidades incluso antes de que lo pidiera. Tuve que seguir también algunos cursos sobre masaje, cuidado del pelo, manicura y otras atenciones personales. En casa, o en lugares privados, tenía que permanecer desnudo o con un traje de baño de baño femenino, y tenía prohibido mirarle a la cara (se entendía que en su presencia tenía que dirigir la mirada al suelo), o hablarla si no se dirigía a mí o lo autorizaba expresamente. En su presencia, debía estar arrodillado cerca de mi Ama, esperando por si se me requería algo, a menos que estuviera realizando una de mis tareas.</p>
<p>Yo era entonces director comercial en una compañía editorial y recibía unos ingresos razonablemente buenos, así que mi Ama me concedió su permiso para mantener el trabajo, pero todo el dinero tenía que ser transferido a su cuenta bancaria, quedándome yo una pequeña asignación para el autobús, el almuerzo y algún regalo para ella. Tenía que solicitar permiso para cualquier otro gasto. Más tarde, me pidió que colocara todo a su nombre, incluso el coche, las tarjetas de crédito, los recibos del teléfono, la luz y el gas, excepto el piso, que era más complicado cambiarlo de titularidad por el crédito hipotecario que lo gravaba. En nuestro país, estar casado significa automáticamente que todas las propiedades son compartidas al 50%, y los acuerdos prematrimoniales no tienen validez legal, así este asunto era más ritual que práctico, pero puedo asegurar a cualquiera que me hizo sentir como un esclavo humillado e inferior.</p>
<p>Sus maneras eran suaves y educadas, y Andrea nunca solía castigarme físicamente. Era muy exigente y estricta, pero sus requerimientos siempre se insertaban en un ambiente de cuidado y cariño. Y tengo que decir que nunca me sentí tan amado y cuidado antes de haberme convertido en su esclavo.</p>
<p>Desde los primeros estadios, comenzó a salir con otros hombres, y tener relaciones sexuales con ellos formaba parte de su nueva vida y también de la mía. En esas situaciones, mi trabajo era prepararla para las citas que solía tener. Andrea acostumbraba a salir los fines de semana, y generalmente ligaba con algún amante y regresaba tarde a casa (quizá debería decir temprano), de madrugada tras una noche de sexo y disfrute. Yo estaba seguro, no sólo por sus palabras, sino sobre todo por su actitud de que esas citas no significaban para ella nada más que un buen polvo y la satisfacción de su “biológica necesidad de sexo”, como solía decir. Era un juego y un auténtico intercambio de poder, en el que yo era humillado por mi esposa/Ama de cualquier forma que ella pudiera imaginar, y las relaciones sexuales con otros eran simplemente una herramienta para ese objetivo. Acostumbraba a explicarme que era una mujer libre, y que tener un esclavo reflejaba su derecho a disfrutar de una vida mejor, pero que nunca tendría relaciones sexuales con un esclavo. </p>
<p>Para el sexo, prefería escoger un “hombre de verdad”, y disfrutar del esclavo para su servicio personal y para humillarle. Solía decirme que siempre me tenía en mente cuando otros hombres la follaban, que su auténtico placer estaba en pensar en su marido/esclavo esperando a que volviera para servirla. En otras palabras, aquellos hombres de verdad eran simples herramientas para ponerla lo suficientemente caliente para disfrutar de un orgasmo pensando en mí. También solía masturbarse, siempre asegurándose de que la viera; y pedir a su esclavo que la complaciera oralmente acabó siendo habitual, particularmente después de un buen y relajante baño o masaje.</p>
<p>Por lo que a mí respecta, me mantenía en un régimen sin sexo. En realidad, todas las actividades sexuales fueron reducidas para mí a masturbarme cuando me lo ordenaba, a su discreción, sin ninguna regularidad establecida. Había veces en las que me ordenaba masturbarme en tres o cuatro ocasiones en un día, o incluso más, y otras de largos períodos de abstinencia que se podían prolongar algunas semanas, y en los que yo acababa subiéndome por las paredes a la espera simplemente de que me requiriera para masturbarme. Por supuesto, tenía prohibido pedir permiso para masturbarme, independientemente de lo excitado que estuviera.</p>
<p>Cuando mi Ama tenía una cita, tenía que seguir sus órdenes e instrucciones, que cambiaban constantemente, pero que eran tan humillantes como fuera posible. Algunas veces, tenía que conducirla a un restaurante y permanecer por los alrededores discretamente; otras, tenía que conducirla con su amante a un motel y esperarles fuera en el coche.</p>
<p>Nuestra vida fue mejor que nunca. Los dos estábamos fascinados con la nueva forma de la relación. Ella disfrutaba del poder absoluto que tenía sobre mí, y yo estaba fascinado al ser dominado por la hermosa mujer de la que estaba enamorado. Estaba como en el cielo, sintiendo constantemente su amor y su cuidado a través de su dominación. Incluso ahora, algunos años más tarde, me sorprendo al pensar que todo fue una creación suya. Viviendo en un país de lengua española, y no teniendo Andrea conocimientos de inglés, sus oportunidades para leer acerca de la dominación femenina eran casi nulas. Lo que hay en Internet esta casi todo en inglés, como la mayoría de las revistas o artículos que uno encuentra por ahí. Uno de mis trabajos era navegar por Internet a la busca de fuentes sobre la dominación femenina que pudieran interesarle y traducírselos, pero nuestra relación y su dominio fue construido sobre todo por medio de su imaginación.</p>
<p>Quizás lo mejor de la vida como esclavo, y probablemente de toda mi vida, llegó cuando llevaba tres años a su servicio. Los amigos más íntimos de Andrea conocían nuestra relación y mi papel de esclavo. Al final, después de varias dudas, Andrea encontró un amante que terminó por incluir en el juego. Fue quizás la humillación definitiva, pero, como siempre, lo que parece la situación más humillante imaginable se convierte en habitual y el esclavo se acostumbra. Llegada la ocasión, me pidió que pusiera sábanas limpias en su cama, porque iba a venir a casa su amante, y yo iba a servirles a los dos. Estuve a punto de pedirle que me liberara, pero finalmente afronté la situación como un desafío y cumplí su orden.</p>
<p>Fue así de simple, el chico (10 años más joven que ella) vino a casa y durmió con mi Ama, después de una noche de caliente sexo, mientras yo permanecía arrodillado en la puerta de su habitación escuchando todo lo que hacían. Durante aquella actuación, yo estuve todo el tiempo convencido de que era simplemente buen sexo para Andrea. Debo confesar que me sentía celoso, pero pronto acepté que una mujer libre tenía absoluto derecho a disfrutar del sexo con un hombre de verdad. Después, mi Ama solía pedir alguna bebida y aperitivo, o algún otro servicio personal, y por la mañana tenía servirles el desayuno y masturbarme arrodillado enfrente de ellos mientras el chico la besaba y acariciaba. Nunca me pidió que sirviera sexualmente a aquel hombre, pero mi esposa/Ama siempre estaba diciéndome que esa situación podría producirse en cualquier momento. Yo estaba aterrorizado, porque estaba seguro de que llegada la ocasión terminaría haciendo cualquier cosa que mi Ama me pidiera.</p>
<p>Entre nosotros, todo estaba basado en el auténtico amor. Yo podía contarle a Andrea mis sentimientos, y aunque dependía de ella los que atendería, siempre pensaba en mi realización. “Un esclavo satisfecho es el mejor”, solía decir. Según se fue sintiendo más segura en su papel, encontró otras personas con las que compartía la forma de vivir, especialmente a través de Internet. Empezó a tener correspondencia con otras Amas, alguna en español, otra en francés, lengua que habla muy bien, y la mayoría en inglés, teniendo que encargarme yo de las traducciones.</p>
<p>Estas cartas fueron muy importantes para Andrea, porque descubrió un mundo de ideas sobre la dominación femenina que podían resultarle útiles. La mayoría de estas nuevas amigas fueron desvaneciéndose después de no mucho tiempo, pero hubo una mujer americana que se convirtió en auténtica amiga de mi Ama, y que le enseñó mucho acerca de cómo disfrutar una relación de dominación femenina. Fueron amigas por correspondencia durante un largo tiempo, por lo que sé, aún permanecen en contacto, pese a que mi antigua Ama ha dejado de practicar este modo de vida.</p>
<p>Quizás el momento más intenso de este excitante estilo de vida se produjo cuando Andrea decidió coger una esclava para su servicio. Había estado fantaseando sobre ello durante un largo tiempo, y finalmente encontró a la persona adecuada. Para mí, como su esclavo, fue una experiencia fantástica tener a una bella joven sirviendo a mi lado. La esclava, llamada Brenda, era una guapa joven deseando servir. Era tímida y delicada, pero mostraba una devoción y dedicación a su Ama que rápidamente se convirtió en la mejor esclava que uno pueda imaginar. </p>
<p>Fue también una gran experiencia para mí, y debo decir que disfrute sirviendo a mi Ama junto a una chica. Nos hicimos amigos íntimos, pero después de algunos meses de servicio pidió que la liberara, y acabó por convertirse ella misma en un Ama. Brenda vive actualmente en otra ciudad, y tiene un esclavo a media jornada. Todo lo que puedo decir es que aquella esclava joven y tímida se convirtió en una bella y exigente Domina.</p>
<p>La cuestión es que Andrea encontró un día un hombre que le hizo perder la cabeza. Era un hombre extranjero de buen ver que le encantó. Decía que era un auténtico caballero y muy bueno en la cama, así que comenzó a salir con él. La situación se prolongó, y la relación con aquel hombre llegó a ser algo más que simple sexo para cubrir una necesidad biológica, y se transformó en auténtico amor. Para resumir el asunto, mi Ama se enamoró de él. Yo era aún su esclavo, y ella disfrutaba de mi servicio, pero dejé de ser el número uno.</p>
<p>Ella deseaba tenerlo todo, incluso fantaseaba con que su novio se viniera a casa y mantener a su esclavo para servirles a los dos, pero lo que sucedió era obvio: él no aceptó su forma de vivir, y Andrea tuvo que escoger entre su papel como Ama servida por un esclavo o ser la pareja de un “auténtico hombre”. Le escogió a él, y me despidió. Nos divorciamos y se mudó con él. Ahora, casi tres años después, está casada y tiene una niña.</p>
<p>Continúo enamorado de mi antigua Ama y esposa. De hecho, no he servido a nadie desde que me despidió, y no me siento capaz de servir a otra mujer. Todas mis actividades se han reducido a algún juego de dominación con Brenda. No tengo más actividad sexual que la masturbación, con una periodicidad que decide mi amiga Brenda.</p>
<p>Para terminar, quiero decir que envidio realmente a la gente que puede mantener un matrimonio de dominación femenina 24/7. Puede que un día encuentre a otra mujer a la que adorar y servir.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Mario, tu historia constituye un excelente recordatorio para las parejas de que existe una cara peligrosa en los juegos de infidelidad. La infidelidad sólo funcionará si el marido ocupa el lugar central para la mujer. El propósito de la infidelidad es utilizarla como una herramienta de humillación y dominación sobre el marido. Parece como si tu esposa hubiera desequilibrado la balanza entre su propia realización sexual y la de tu sumisión. Eras su número uno, y esa es la razón por la que rememoras aquellos años con tan sentidos recuerdos. Pudo ser aventurera, y pudo expandir constantemente tus límites, pero te quería y fue su amor lo que convertía la relación en enriquecedora para ti. La dominación femenina salvó vuestro matrimonio y lo transformó en una poderosa relación de profunda intimidad. La intimidad pudo cesar en el terreno físico, pero se intensificó en el mental y en el social. Esto es difícil de comprender para mucha gente, pero tu deseo de encontrar otra relación de ese tipo es un testimonio del poder de la dominación femenina.</p>
<p>El problema con la infidelidad es que la sexualidad construye intimidad física, así que una mujer debe proteger su corazón si elige echarse un amante. Su corazón debe pertenecer a su marido, incluso aunque entregue su cuerpo a otro para realizarse sexualmente. Si una mujer baja la guardia, se abre a la tentación. Ese es el motivo por el que la infidelidad no es para la mayoría de las parejas que practican la dominación femenina. Algunas mujeres pueden mantenerse en el fiel de la balanza, y permanecer ancladas correctamente y centradas en el objetivo de la infidelidad. Desgraciadamente, algunas mujeres no pueden, por lo que la mujer no debe lanzarse nunca a practicar esta actividad sin entender completamente su propósito.</p>
<p>Parece que tu mujer lo había entendido y lo hizo funcionar, pero en algún lugar del camino bajó la guardia, y tú te convertiste en la víctima de su liberación. Esto puede ocurrir, así que los maridos no deberían ser tan intrépidos al sugerir la práctica de la infidelidad a sus mujeres. La decisión no se debe tomar a la ligera. Mario experimentó el poder y el disfrute de esa manera de vivir, pero también experimentó su lado negativo y doloroso.</p>
<p>Mario, espero que encuentres a otra mujer a la que amar y servir. Pareces un hombre especial que se merece esa felicidad. Cuídate.</p>
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		<title>La práctica de la infidelidad</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Mar 2008 06:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Ms Lilly nos habla sobre la infidelidad en la dominación femenina, sobre las formas en las que ella la practica y los criterios que deben primar en esta actividad, y pocos artículos habrá sobre el tema más informados que el de esta experta mujer dominante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ms Lilly</strong></p>
<p>Soy una mujer dominante y buena amiga de Elise. Recientemente me entrevistaron para una publicación de Dominación Femenina sobre la infidelidad. Después de leer la entrevista, Elise me pidió si podría resumirla y compartirla en su sitio web. Es un placer para mí hacerlo.</p>
<p>He estado casada con mi maravilloso marido durante 25 años. Nos casamos cuando yo tenía 25 y él 26, así que ya sacáis vosotros la cuenta para saber los que tenemos ahora. En nuestros 25 años de matrimonio le he puesto los cuernos a mi marido durante 15 años. Así que los años en los que le he puesto los cuernos superan a aquellos en los que no lo he hecho.</p>
<p>Los primeros seis años de nuestro matrimonio fueron muy tradicionales y convencionales. Éramos la pareja perfecta, lo hacíamos todo juntos y disfrutábamos mucho del sexo. Sobre el sexto año empezamos a interesarnos por la D/s, este hecho en sí ya sería una historia muy larga de contar ahora, así que no entraré en los detalles. Durante los dos primeros años de D/s nos rotábamos para ser dominantes. Sobre el octavo año de matrimonio, acordamos mutuamente que yo era la dominante por naturaleza y él el sumiso; y así sigue siendo 17 años después.</p>
<p>Como es el caso con la mayoría de las mujeres dominantes, una vez que descubrí y acepté mi naturaleza dominante no ha habido vueltas a atrás, y continuo ese camino hacia delante. Estos últimos 17 años han sido los mejores de mi vida, especialmente por lo que se refiere a mi sexualidad. Sólo una mujer que descubre y da rienda suelta a su energía dominante es capaz de experimentar el sexo en este nivel superior. Solía pensar que disfrutaba de buenos orgasmos, pero una vez que descubrí la Dominación y la Supremacía Femenina, el sexo y los orgasmos adquirieron una nueva dimensión de intensidad y placer.</p>
<p>Y esto me lleva a desembocar en el tema de la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina. Elise habla con elocuencia sobre los aspectos potencialmente negativos de poner los cuernos y las cuestiones morales que implica. Estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho al respecto, pero voy a centrarme en los aspectos positivos y en las satisfacciones que conlleva. La infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es como la dinamita: usada correctamente es muy poderosa, pero usada con incorrección te explotará en las manos. A lo largo de los años, he hablado y aconsejado a mujeres que han fastidiado sus vidas y sus matrimonios por haber practicado la infidelidad. Pero según iba escuchando experiencias de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y hogares destrozados me daban ganas de gritar: “Maldita estúpida, no tienes que echarle la culpa a nadie que no seas tú misma. No puedes acercar una llama a la mecha de un cartucho de dinamita y esperar que no te ocurra nada”.</p>
<p>Hay dos verdades absolutas que he aprendido acerca de las mujeres: primera, todas las mujeres son superiores a los hombres. Segunda, no todas las mujeres son igualmente inteligentes ni tienen el mismo sentido común.</p>
<p>Las reglas sobre el sexo seguro cuando nos referimos a poner los cuernos no son diferentes de las reglas sobre el sexo seguro cuando se refieren a una mujer soltera: se usa condón siempre, y punto. Sin excepciones. Existen peligros ahí fuera, así que mejor que seamos inteligentes y que hagamos uso de nuestro mejor juicio y sentido común.</p>
<p>¿Por qué ser infiel? Las dos razones políticamente correctas que se esgrimen sobre el tema son:</p>
<p>– “Le pongo los cuernos a mi marido porque quiero conducirlo hacia  un mayor grado de sumisión”.</p>
<p>– “Le pongo los cuernos a mi marido porque él también lo disfruta. Si no fuera así, no se los pondría”.</p>
<p>Ambas razones son correctas, y deberían formar parte del proceso siempre, pero yo además le pongo los cuernos a mi marido porque soy un putón egoísta. Me gusta disfrutar del sexo con otro hombre, y ocasionalmente con otra mujer, mientras niego ese placer sexual a mi marido y además le humillo. Lo admito, me gusta salir con otros hombres. Me gusta el proceso de principio a fin. Amo a mi marido y lo incluyo en el proceso de ponerle los cuernos porque quiero tenerle humillado, quiero conducirle hacia un mayor grado de sumisión y considero que es su deber serlo en un matrimonio orientado hacia la Supremacia Femenina. Ponerle los cuernos es una parte importante de cómo entiendo mi relación con él y de lo que considero que es correcto. No es un simple juego D/s, es una declaración de principios y un modo de vida.</p>
<p>Como he dicho, me gusta el proceso de principio a fin. Me gusta ligar con hombres atractivos. Me gusta pedirle a un hombre una cita. Me gusta excitar a mi marido sobre ello. Me gusta hacer que me ayude a arreglarme para mis citas. Me gusta salir para tener una cita. Me gusta conocer y relacionarme con un hombre nuevo para mí. Me gusta el primer beso, la primera caricia, la pasión y sí, me gusta el sexo. Me gusta atormentar y humillar a mi marido durante y después del sexo. Me gusta el poder que siento y me gusta lo que me hace experimentar como mujer dominante. Y, por encima de todo, me gusta el efecto que tiene en mi marido como sumiso. No se sabe lo que es el poder y el control sobre un hombre hasta que no se le han puesto los cuernos, especialmente si a ello se añade la privación de sus orgasmos.</p>
<p>Me gustaría hacer hincapié en la importancia de la privación de sus orgasmos en relación con el proceso de ponerle los cuernos. Todo el proceso en sí refiere a la liberación Femenina y a la aceptación masculina de la superioridad de las mujeres. Se trata de un completo y absoluto intercambio de poder entre el marido sumiso y la mujer dominante. Refiere a la humillación del marido para el placer sexual de la mujer.</p>
<p>Cuando me refiero a la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina, no me estoy refiriendo a nada que tenga que ver ni con el intercambio de parejas ni con las orgías. Puede que, en alguna rara ocasión, permita a mi marido servirme o serme de alguna utilidad mientras disfruto del sexo con mi amante, pero aún en ese caso será porque me aporte mayor placer y esté de humor para permitírselo esa noche. Aún así, a mi marido no le permito jamás tener un orgasmo en presencia de mi amante. Mi marido existe para servirme a mí, no para satisfacer egoístamente su placer. Todo gira alrededor de mi placer, y mi placer se incrementa cuando además mi marido está excitado, frustrado y privado de disfrutarlo.</p>
<p>Como bien nos enseña la Supremacía Femenina, no creo en el orgasmo masculino, ni lo autorizo. Sólo permito el orgasmo de mi amante porque se que hace mayor la humillación de mi marido. Lo mismo se aplica a la penetración sexual. A mi marido no le permito la penetración sexual conmigo, pero permito ese privilegio a mi amante sólo porque se que hace mayor la humillación y la vergüenza de mi marido. Para algunas mujeres lo mismo puede decirse acerca de realizar la felación a un hombre. La mayoría de las mujeres que abrazan la Supremacía Femenina jamás harán un acto de tal bajeza a ningún nombre por ninguna razón. Pero hay algunas mujeres que, rara vez, harían una excepción con su amante porque es una práctica que quieren añadir a la humillación y frustración de su marido.</p>
<p>¿Con qué frecuencia y por cuánto tiempo privo a mi marido del orgasmo? En los últimos 15 años ha disfrutado de cero orgasmos a través de la penetración sexual. Le permito el privilegio de la penetración dos o tres veces al cabo del año, sólo porque quiero que jamás olvide el placer que se está perdiendo los otros 362 días del año. En las raras ocasiones que le permito la penetración, soy yo quien se pone arriba y no le permito mover un músculo. Puede que aguante hasta permitirle que sienta la humedad de mis jugos o que incluso lo cabalgue con pasión durante unos instantes para recordarle lo que se está perdiendo. Pero después de unos muy breves minutos, lo desmontó y le hago retornar a la frustración. Al mismo tiempo, durante todo el tiempo que me está penetrando, le susurro dulcemente para excitarlo cómo a mis amantes sí les permito este placer todo el tiempo, pero que a él no le volveré a permitir correrse dentro de mí. Todo esto me permite hacerle sentir mucha más la dominación psicológica.</p>
<p>Además de estar privado de la penetración, mi marido está privado de cualquier tipo de orgasmo la mayoría del tiempo. Intenté que la privación fuera permanente, pero al final no lo hicimos. Podría tenerlo así durante un mes o seis semanas pero al final siempre tendría un sueño excitante o un orgasmo de forma accidental durante nuestras sesiones D/s. Incluso teniéndole con un cinturón de castidad puesto, podría tener un orgasmo al penetrarle analmente con el arnés-consolador. Por tanto, decidí que, en vez de perder mi valioso tiempo buscando el procedimiento para prevenir estos accidentes, o tener que hacer el exhaustivo esfuerzo de darle un masaje prostático, lo más sencillo y divertido era permitirle uno o dos humillantes orgasmos al cabo del mes. Lo he hablado con otras mujeres y estamos de acuerdo que si el orgasmo masculino se permite de una forma no íntima y que sea degradante, aún así todavía podemos hablar de privación permanente. ¿Qué diferencia hay entre que lo experimente a través de un masaje prostático o a través de la humillación? Por eso, mi marido sólo “disfruta” de uno o dos orgasmos supervisados y lo más degradantes posibles al cabo del mes. Además, desde la perspectiva de la Supremacía Femenina, es algo que disfruto, porque sus esporádicos orgasmos me divierten. Mi forma favorita es hacer que se la restriegue con un objeto delante de otra mujer mientras yo lo humillo verbalmente. Según la idea que me venga a la mente, hago que se la restriegue contra el suelo, una silla, la cama, las botas que llevo&#8230;</p>
<p>Mi marido lleva puesto un cinturón de castidad la mayor parte del tiempo, para que así no se comporte mal a mis espaldas. Tenemos tres modelos CB2000 (www.cb-2000.com), Tubo de Castidad (www.lockmeup.com/cb/remy.html) y Access Denial (www.lockmeup.com/cb/access.html). Se los cambio con cierta frecuencia, aunque él parece estar más cómodo con el modelo Access Denial. El modelo CB2000 es el mejor para los viajes.</p>
<p>¿Es duro para él estar frustrado y privado de orgasmos? Por supuesto que sí, y me encanta que sea así. No sería divertido para mí si a él le gustara estar privado de los orgasmos. Le hace ser más sumiso hacia mí, así que ese aspecto sí le gusta, pero en realidad ningún hombre disfruta siendo excitado y privado del orgasmo todo el tiempo. Bueno, mentalmente sí, pero sexual y físicamente no. Su incomodidad y frustración se añaden a mi excitación y satisfacción.</p>
<p>¿Con quién le pongo los cuernos a mi marido? Este es el aspecto más importante de todo el proceso. Básicamente, le pongo los cuernos con un hombre por el que me sienta muy atraída, y del que sepa que mi marido se sentirá celoso. ¿Qué sentido tendría ponerle los cuernos con un hombre que él aprueba? No tiene ningún derecho a cuestionar mi elección, y debe aceptar y someterse a la decisión que tome. ¿Quién es la mujer liberada? ¿Quién manda aquí? Por eso, no tiene nada que decir al respecto. Si no lo siento incómodo, con algo de celos y envidia, no se sentirá humillado y, por tanto, no será una experiencia que le conduzca a un estado de sumisión más profundo. Quiero que su elección se decante por la sumisión en vez de por los celos, pero tengo que ponerle ambas cosas por delante para que haga su elección.</p>
<p>Me gusta salir con hombres jóvenes y atractivos. Quiero que mi marido se sienta emocionalmente amenazado. Quiero que redoble y triplique sus esfuerzos por servirme y por asegurarse que estoy feliz y lo más atractiva posible para mi cita. Cuanto más emocionalmente amenazado se sienta, más disposición tendrá a complacerme. Le dije al inicio de todo esto que jamás le dejaría por otro hombre, y se lo decía totalmente en serio. No hay hombre sobre la faz de la tierra con el que estaría casada que no fuera mi marido, pero no por ello dejo de utilizar sus inseguridades para convertirlo en un mejor sumiso. Le sigo diciendo que le amo y que nunca le abandonaré, pero también hay ocasiones en las que le excito y atormento sin compasión haciéndole saber que mi amante es en la cama mejor de lo que fue él nunca.</p>
<p>Una vez dicho eso, busco un hombre por el que me sienta atraída y que me excite sexualmente. Siempre le he puesto los cuernos con un hombre que sea muy sexy. Quiero un hombre que sea más joven que mi marido, de mejor tipo físico y más musculoso que él y, si además es posible, mejor dotado. Si le vas a poner los cuernos a tu marido, ¿por qué hacerlo con un hombrecito con una polla diminuta? Hazlo con un semental que tenga polla de semental. Hazlo con un hombre al que te quieras follar.</p>
<p>¿Dónde encuentro a mis amantes? Quiero empezar diciendo dónde no los encuentro. Nunca tengo una cita con un hombre a quien conozca por mi trabajo. Nunca elijo a un hombre que haya conocido en un bar. Nunca salgo con ningún amigo o compañero del trabajo de mi marido. Nunca me hago pasar tampoco por soltera cuando hablo con un hombre. Hay que ser siempre honesta sobre el estado civil.</p>
<p>La mayoría de los hombres que he encontrado en los últimos años ha sido a través de un grupo de Dominación Femenina y a través de Internet. Tengo un anuncio personal en Alt.com y recibo muchas respuestas, pero si quien me contesta no sigue al pie de la letra las instrucciones del anuncio, no le respondo. Quiero una fotografía y que sea un sumiso comprometido con la Dominación Femenina. Cuando soy yo quien contesta un anuncio, hago preguntas directas y personales y no me ando por las ramas. Digo desde el primer momento que estoy felizmente casada, y que estoy buscando un amante. Y que lo quiero sumiso, pero no pasivo. Quiero que mi marido sea pasivo, no mi amante. Pido su nombre completo, edad, fecha de nacimiento, ocupación, altura, peso, tipo físico, medida del pene e historia sexual. He encontrado dos amantes excepcionales a través de Alt.com pero se tiene que ser extremadamente paciente para separar el grano de la paja.</p>
<p>La mejor forma para encontrar amantes es a través de un grupo de Dominación Femenina con el que colaboro. Somos un pequeño grupo de sólo cinco parejas y no tengo intención alguna que crezca. Si una pareja lo abandona, se reemplaza con otra. Empezamos con la intención de crear un gran grupo de soporte para la Dominación Femenina, pero se ha convertido en un buen yacimiento donde encontrar sumisos solteros. Tengo también una página web que sólo puede encontrarse a través de Alt.com y otro servicio de contacto. En mi página hablo de nuestro grupo y comento que buscamos un reducido y selecto grupo de hombres solteros para servir a mujeres dominantes. Recibo un gran número de respuestas y deben de pasar un proceso de selección antes de que les invite a una sesión del grupo. Les hago las mismas preguntas que ya he mencionado anteriormente, salvo que omito las relativas a la medida de su pene y su historia sexual. Exijo sin excusas una foto. Si el candidato despierta mi interés, concierto con él una conversación telefónica. Si después continua interesándome, le invito a una reunión del grupo. Es entonces el momento para examinar tanto su cuerpo como su personalidad. En la mayoría de nuestras reuniones solemos ser las cinco parejas y un selecto grupo de sumisos solteros.</p>
<p>¿Cómo hago para que los mismos sumisos solteros no vengan a todas las reuniones? Les hago saber desde el primer momento que, puesto que somos un grupo pequeño con limitado espacio, y puesto que son tantos los sumisos que quieren asistir, sólo serán invitados a una reunión inicial. Una vez al año echamos la casa por la ventana, y en una mazmorra de gran tamaño invitamos a todos los seleccionados, pero no a las reuniones mensuales. A menos que haya algún sumiso soltero con el que yo, u otra de las mujeres del grupo, esté interesada en tener una cita. En ese caso, la mujer interesada le llamará y le pedirá una cita. Si se convierte en el amante de una de las mujeres entonces sí es invitado a las reuniones mensuales. La clave de mi porcentaje de éxitos es el proceso de selección. La mayoría de los candidatos no llegan a pasar el proceso de selección para conseguir una invitación a nuestras reuniones.</p>
<p>¿Durante cuánto tiempo salgo con uno de mis amantes? Durante bastante tiempo, hasta que me canso de él. Me aseguro de que el amante con el que salgo tenga muy claro que es una relación que sólo durará un periodo de tiempo limitado puesto que soy una mujer casada. Soy totalmente honesta con él. Le digo que le encuentro atractivo, pero que mi intención es usarle para mi placer egoístamente. Si es sumiso, esta forma de hablarle suele excitarle. He salido con algunos hombres tan sólo en dos ocasiones mientras que el record está en dos años.</p>
<p>¿Es duro dar por finalizada la relación con el amante? En la mayoría de los casos no. Normalmente, es el amante quien decide dar por terminada la relación antes de que lo haga yo, porque después de haber conocido a una mujer soltera, prefiere una relación a tiempo completo, que es algo que yo no le puedo ofrecer. En realidad, es esta la forma en que prefiero que ocurra, porque odio tener que romper la relación con un hombre que ha llegado a estar tan unido a mí. Desafortunadamente, ha ocurrido algunas veces, y nunca llego a acostumbrarme, pero es parte del proceso. Mi amante suele figurarse que mi relación con él se acaba cuando empiezo a animarle a que salga con mujeres solteras.</p>
<p>¿Me han hecho daño alguna vez? Sí, el hombre con el que salí durante dos años se convirtió en mi mejor amigo, aparte de mi marido, y llegué a estar más unida a él de lo que había planeado inicialmente. Rompí algunas de mis reglas más firmes, como la de irme de vacaciones con él o permitirle que viviera con nosotros durante unos meses. En ambos casos fue una mala idea. El amante que vive en casa es el camino más rápido para provocar problemas. Efectivamente, tres son multitud bajo el mismo techo. Las fricciones entre mi marido y él me hicieron invitar a mi amante a que dejara de vivir con nosotros, lo cuál él nunca me perdonó y rompió la relación. Me dolió, pero actué correctamente. Disfruté mucho del sexo con él y tengo muchos recuerdos agradables. Lo mejor de estar casada es que tu marido está siempre ahí, para abrazarte y consolarte después de romper una relación; no estás sola, y resulta más fácil superarlo. Aun así, el mejor consejo que puedo dar es mantener la distancia debida y no involucrarse emocionalmente en exceso con los amantes; lo cual es más fácil de hacer para unas mujeres que para otras.</p>
<p>¿Disfruto del sexo con todos los hombres con los que tengo una cita? No, pero esa es mi intención. Sólo salgo con un hombre cuando tengo la esperanza de llevármelo a la cama. Raramente el sexo ha sido como ha terminado nuestra primera cita, y también ha habido hombres por los que me he sentido tremendamente atraída, pero después de dos citas he cambiado de opinión. Lo bueno de estar casada es que siempre tienes la escapatoria perfecta cuando quieres romper el contacto después de un par de citas. Sólo tienes que decir que no puedes seguir adelante con todo esto por tu marido. Funciona siempre de maravilla.</p>
<p>¿Tengo siempre un amante? No, pero lo normal es que lo esté buscando. Alguna veces he necesitado un descanso y he llegado a estar hasta un año sin amante. En los 15 años que llevo poniéndole los cuernos ha mi marido puedo decir que he salido con unos 15 hombres y al menos 10 de ellos han sido mis amantes. Así que he tenido también largos periodos sin amante. Aunque siempre atormento a mi marido con que he salido y me he acostado con muchos más hombres desde que nos casamos que cuando estaba soltera. Otro pensamiento más con el que humillarlo.</p>
<p>Ahora describiré todo el proceso de poner los cuernos a mi marido y una típica cita:</p>
<p>A la mayoría de los maridos les gusta preparar a su mujer para una cita y el mío no es una excepción. Es una oportunidad a no perder para humillarle y hacerle sentir la sumisión. La rutina de preparación para un cita varia. Puede que le permita que me bañe si tenemos tiempo para ello pero, en cualquier caso, me ayudará a elegir lo que me voy a poner y a vestirme. Es entonces el momento de añadir todo tipo de humillaciones verbales a nuestra conversación normal, para hacerle saber lo excitada que estoy ante mi inminente cita. Le permito besarme y adorar mi cuerpo mientras me viste. Una vez que estoy vestida, le permito adorar mis pies y piernas ya con las medias puestas. Siempre le hago que me reconozca mi derecho a salir con otros hombres y desearme una placentera cita.</p>
<p>Si el hombre con el que he quedado me recoge en casa, no le permito entrar antes de la cita. No quiero que los dos hombres se vean. Hago que con quien voy a salir me avise con el claxon de su coche para salir a su encuentro. Si se tienen vecinos entrometidos, lo mejor sería quedar en un lugar diferente.</p>
<p>Normalmente le doy a mi marido una lista de tareas y recados que hacer mientras estoy fuera. Esto supone una humillación añadida y, además, mantiene su mente ocupada. Durante el transcurso de la cita también es usual que haga varias llamadas al móvil de mi marido y no desaproveche oportunidad alguna de humillarlo diciéndole lo bien que lo estoy pasando y lo atraída que me siento por el hombre con el que he salido. También puede que le atormente diciéndole que mi amante no es capaz de quitarme las manos de encima.</p>
<p>Siempre le hago saber a mi marido la hora a la que espero volver a casa. Si voy a llegar tarde, le llamo y se lo digo. Si me apetece acostarme con mi amante y es él quien me lleva a casa, haré que se espere en el coche mientras preparo a mi marido. Al entrar en casa ordeno a mi marido que adopte una postura sumisa y le informo de mi deseo de acostarme con mi amante. Lo que haga con mi marido en ese momento depende del humor con el que me encuentre. Si es la primera o segunda vez que me acuesto con mi amante, normalmente llevo a mi marido a su habitación y lo ato a la cama. También puede que le deje con un consolador en su ano. Por supuesto, siempre que he salido a una cita o le estoy poniendo los cuernos, lleva el cinturón de castidad puesto. Siempre dejo la puerta abierta para que pueda oírlo todo. Una vez que mi marido está preparado, dejo entrar a mi acompañante. En algunas ocasiones tomamos una copa o picamos algo, pero lo normal es que vayamos directamente al grano. Siempre soy dominante con el hombre con el que salgo aunque le permito ciertas libertades. Mi marido, en cambio, debe permanecer echado en su cama y escuchar cómo disfrutamos ardientemente del sexo.</p>
<p>Una vez que hemos terminado, acompaño a mi amante a la puerta y me despido de él. Si me quedan fuerzas, es uno de los mejores momentos para dominar y humillar a mi marido. Le excito haciéndole saber lo buen amante que es, lo dotado que es y cosas por el estilo. Casi siempre, en este momento, hago que  me limpie con su lengua y le permito adorar mi cuerpo. En algunos casos quizá le azote también y le penetre con mi arnés-consolador mientras le humillo.</p>
<p>Después de varias citas con mi nuevo amante, puede que permita a mi marido estar presente en el dormitorio. Según me dé en ese momento, puedo atarle frente a nosotros y hacerle contemplarlo todo. Si es así, le prohíbo hablar y no permito a mi amante que le mire. Mi marido debe mirar cómo me folla otro hombre y sentirse humillado y avergonzado. Mientras le pongo los cuernos mantengo todo el tiempo que puedo el contacto visual con mi marido y suelo humillarle verbalmente. Y por supuesto, mis gemidos de placer son bien audibles como efecto añadido.</p>
<p>Ha habido ocasiones en las que he permitido a mi marido ayudarnos. Puede que le permita lamerme los pezones mientras mi amante está lamiendo entre mis piernas. No es algo frecuente, y sólo se lo permito después de que me haya demostrado varias veces que es capaz de estar sentado tranquilamente viéndonos.</p>
<p>Nunca permito que los dos hombres tengan contacto alguno. Mi marido no tiene ninguna inclinación homosexual, y creo que sería ir demasiado lejos hacerle algo así. Sé de algunas mujeres que sí lo hacen, pero no es mi caso. Una de las mujeres de nuestro grupo de parejas si hace que su marido se la chupe a su amante como calentamiento antes de follarla a ella. En fin, a cada cual lo suyo. Creo que en el caso de mi marido algo así le repugnaría, así que es cuestión de conocer a tu marido y decidir lo que es aceptable. Tuve un amante que de hecho me pidió si podía tener sexo con mi marido. Denegué su petición, para su desconsuelo y satisfacción de mi marido.</p>
<p>También disfruto del sexo con mi amante en su casa. En esos casos, llamo a mi marido por teléfono y le digo los planes que tengo. He llegado incluso a hacer que escuche por teléfono mientras disfrutaba con mi amante. Pero la mayoría de las veces le cuento los detalles cuando llego a casa mientras le humillo.</p>
<p>¿Con qué frecuencia tengo citas? Si tengo una relación con un amante, normalmente una vez por semana. Es una frecuencia que permite por un lado mantener la distancia suficiente como para no llegar a intimar demasiado y, por otro, esperar con excitación algo cada semana. No empleo mucho tiempo durante la semana en hablar por teléfono con mi amante, prefiero mantener el contacto una vez por semana, porque tengo un trabajo y un marido al que atender. Mi amante es sólo para mi placer y dos relaciones a tiempo completo requieren mucho esfuerzo. Lo hice una vez, y no lo volveré a hacer jamás, no se lo recomiendo a nadie. Tengo citas para divertirme, para disfrutar del sexo y para expresar mi liberación femenina; pero no estoy buscando otra relación estable. Con una es suficiente.</p>
<p>¿Cuáles son algunos de los momentos memorables de estos últimos quince años? Cuando tenía 42 años salí con un semental de 21 años que tenía una polla de 22 centímetros. Mi marido estaba muy celoso de él, y ha sido con el amante con el que lo he llegado a ver más humillado. Le tuve como amante durante seis meses por su magnífica polla. No tenía nada en común con él y ni siquiera disfrutaba de su compañía después de la segunda cita, pero no se puede dejar pasar un bombón así. Que nadie se enfade conmigo, pero hasta se la chupé en varias ocasiones. Ha sido al único a quien se la he chupado en los últimos 17 años, pero tenía que hacer que mi marido me viera hacerlo. Y sí, lo disfruté.</p>
<p>También tuve un amante negro muy musculoso que tenía una polla de 20 centímetros. El detalle inter-racial también hizo sentirse a mi marido muy celoso y humillado. Sólo salí con él cuatro veces, y en nuestras cuatro citas disfrutamos del sexo. Descubrí que tenía otras amigas y, por su promiscuidad, terminé la relación por miedo a algún riesgo de salud. Tengo mis reglas y si un hombre no las cumple, a la calle.</p>
<p>Una vez, mi marido y yo fuimos de vacaciones y me encontré con un compañero de instituto. Me sentía muy atraída por él, así que le invité a cenar con nosotros. Coqueteé con él durante toda la noche delante de mi marido y después le envié a nuestra habitación. Le dije al que había sido mi compañero de clase el acuerdo que tenía con mi marido y tuve la única experiencia de una sola noche de mi vida. Me olvidé antes de incluirlo en la lista, así que han sido once amantes en los últimos quince años.</p>
<p>He experimentado también con la bisexualidad en dos ocasiones diferentes. Se lo recomiendo a toda mujer, al menos una vez. Es muy satisfactorio si se hace con la mujer adecuada. Aún así, creo que mi marido disfrutó demasiado viéndonos.</p>
<p>¿Estamos mi marido y yo más unidos hoy que antes de ponerle los cuernos? Sí, lo estamos; pero es un tipo de intimidad diferente. Nuestro nexo de unión es muy íntimo puesto que controlo prácticamente todo lo que le concierne, él es mucho más sumiso hoy de lo que era antes de que empezara a ponerle los cuernos, y yo soy mucho más dominante. Siendo honesta, confieso que sólo le veo como mi marido para satisfacer mis deseos de Supremacía Femenina, pero lo cierto es que nuestra relación es más entre Ama y esclavo que entre marido y mujer, como lo era hace 17 años. Él hace lo que yo digo, y yo hago lo que quiero. Todavía le permito satisfacerme oralmente en ocasiones y eso, unido a nuestras sesiones D/s, nos mantiene unidos con intimidad en un nivel especial. Ningún otro hombre disfruta ese tipo de relación tan especial conmigo.</p>
<p>Recapitulando, me gustaría reiterar lo que Elise ha dicho: la infidelidad como herramienta de dominación en la pareja no es algo válido para cualquier pareja interesada en la D/s. Pero si tu deseo es controlar por completo a tu marido, humillarlo y expresar sin tapujos tu condición de mujer liberada, entonces ponerle los cuernos con otros hombres, o incluso otras mujeres, es el camino. Eso sí, asegúrate siempre de incluirle en todo lo que hagas, y disfrútalo.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Gracias Ms Lilly por compartir tu experiencia con los lectores de mi web. Eres desde luego una mujer muy dominante, pero quienes te conocemos sabemos además que eres una mujer muy dulce y amable. La gente que lea tu entrevista quizá no perciba que tienes un matrimonio feliz. Os he conocido a ti y a tu marido y puedo decir que ambos estáis enamorados mutuamente. El vuestro es uno de los matrimonios menos tradicionales que he visto, pero sólo hace falta estar en presencia de tu marido unos minutos para darse cuenta del amor y la devoción que te profesa.</p>
<p>Quería que compartieras con nosotros tu experiencia, no tanto para apoyar la práctica de la infidelidad como herramienta de dominación en la pareja, sino más bien para que aquellas mujeres que se lo estén planteando se beneficien de tus inteligentes consejos. Nos has hablado de tu experiencia y estoy segura que otras aprenderán de tu sabiduría. Gracias de nuevo, Ms Lilly.</p>
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		<title>Historia de un fracaso</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Mar 2008 06:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Ricardo nos cuenta el fracaso de su matrimonio y nos dice que la dominación femenina no garantiza el éxito de una relación. Tiene razón. Además, quién se la va a quitar después de ser abandonado por su mujer, que descubrió a la par que su naturaleza dominante que su amor por él no era tal.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ricardo Bermúdez</strong></p>
<p>Cuando leo vuestra revista u otras páginas sobre dominación en Internet, parece que vale con tener una relación de dominación femenina para que todo salga perfecto. Así que os voy a contar mi historia para que veáis que no todo es tan fácil.</p>
<p>Empecé a salir con Raquel cuando los dos teníamos 19 años. Nos fuimos a vivir juntos cuando nos casamos a los 27. Todo iba más o menos normal, pero a los dos años estábamos un poco aburridos. Yo había tenido desde siempre fantasías sobre ser esclavizado por una mujer, pero nunca le había dicho nada a Raquel. Entonces fue cuando se lo comenté, pensando que así nuestro matrimonio podría ir mejor. A ella le pareció raro, y tuvimos que tener unas cuantas conversaciones hasta que me dijo que estaba dispuesta a probar.</p>
<p>Yo navegaba de vez en cuando por Internet buscando páginas sobre esto, así que tenía unas cuantas ideas. Le conté algunas, y le dije que ella sería quien más se beneficiaría, porque la dominación trataba de que yo me dedicara a atender sus necesidades, que pondría sus deseos por delante de los míos. Cuando se decidió, me dijo que haríamos una prueba con una sola de las cosas que le proponía, para ver si era verdad eso de que iba a hacer lo que ella quisiera. Me dijo que uno de los motivos más importantes de nuestras discusiones era que yo no pegaba ni golpe en la casa. Entonces, probaríamos durante dos meses a ver si era capaz de hacer todas las tareas de la casa para ella, y después de ese tiempo nos podríamos plantear otra cosa.</p>
<p>Pensé que era una forma de quitarse el problema de encima, que no se creía que yo fuera capaz de hacerlo, y me empeñé en hacerlo lo mejor que pude. No lo hice a la perfección, pero le demostré que era capaz de hacerlo, y esperaba que cambiara de opinión y le viera las ventajas a convertirme en su esclavo.</p>
<p>Cuando pasaron los dos meses, le pregunté si se había convencido de que podía cambiar, y de que la dominación femenina podía ser un chollo para ella. Me dijo que estaba muy contenta con lo que había hecho, pero que dos meses era poco tiempo para estar segura. Me dijo que como había salido bien, ahora añadiríamos otra cosa, pero no iba a ser ninguna de las que yo quería. Me dijo que tendría que dejar de fumar, y que haríamos otra cosa más si a los dos meses seguía sin fumar. Yo le contesté que eso no tenía nada que ver con la dominación, pero ella me dijo que si lo que intentábamos era que yo hiciera lo que ella quisiese, pues que eso era lo quería, porque estaba harta de mi tabaco y llevaba años soportándolo. Me advirtió que no me estaba hablando de dejar de fumar delante de ella, sino de dejarlo del todo, que si descubría que me había fumado algún pitillo por ahí, no habría pasado la prueba.</p>
<p>Me pareció una pasada, y me costó un montón, pero estuve dos meses sin fumar, y seguí haciéndole todo el trabajo de la casa. A los dos meses volvimos a hablar, y le dije que ya podíamos probar algo más erótico. Me contestó que bien, que entre las cosas que yo proponía, la que escogía era la de que el sexo tenía que servir para que la mujer tuviera placer. Me dejó helado cuando me comentó que nunca había tenido un orgasmo mientras follábamos, y que los fingía. Me dijo que probaríamos a tener el sexo como a ella le gustaba, pero que para eso dos meses era poco tiempo. Tendrían que pasar cuatro meses hasta que decidiéramos probar otra cosa. Le dije que bien, que lo que ella quisiera.</p>
<p>Tuve que aprender a lamerla muy bien, para que estuviera contenta. Y me gustaba, era verdad que me sentía a su servicio, y que ella tenía unos orgasmos de película. Pero lo que no habíamos hablado era que yo me quedaría sin llegar. Se desentendió de que yo llegara. Protesté, y me dijo que lo que le había propuesto era que los dos nos íbamos a dedicar a su placer, y que a ella lo que le daba placer no era que llegara yo, si no hacerlo ella. Y no me dejó continuar la discusión, dijo que cuando pasaran los cuatro meses le dijera lo que quisiera. Como estaba como una moto, durante todo ese tiempo me hice más pajas que en toda mi vida.</p>
<p>Llevábamos ya ocho meses cuando volvimos a hablar. Le dije que además de incluir alguna otra cosa, teníamos que hablar de mis orgasmos, que tenía que controlar ella de alguna manera. Me respondió, que mis orgasmos no eran cosa suya, que me las arreglara como quisiera, pero que eso seguiría igual y que no podría masturbarme delante de ella, como había pasado alguna vez. La discusión fue inútil, estaba completamente firme, y la verdad es que esa autoridad me ponía cachondo. Entonces le propuse lo del castigo físico, le dije que era muy importante que me azotara, que así la serviría mucho mejor. No lo tenía nada claro, pero al final aceptó. Yo tendría que comprar el instrumento que prefiriera y ella me castigaría una vez en semana. Pero como eso le resultaba raro, el siguiente paso tendría que esperar hasta que hubieran pasado seis meses.</p>
<p>Compré una fusta, y al principio me daba poco, pero con el paso del tiempo me arreaba unas zurras que me dejaba el culo molido para un par de días. Lo hacía con ganas. Lo demás seguía igual. Yo estaba casi siempre excitado, y me masturbaba en el baño. Ella se acostumbró de tal manera a no hacer nada en casa que acabó por no hacer ni la comida. Yo estaba hasta arriba de trabajo. Y seguía sin fumar.</p>
<p>A los seis meses le propuse nuevas cosas: ataduras, aparato de castidad, llamarla Ama y tener que arrodillarme, e incluso hablé como sin darle importancia de la posibilidad de que pudiera relacionarse con otro hombre). Pero su postura era diferente, me dijo que la dominación femenina estaba funcionando bastante bien, que estaba sorprendida, pero reconocía que tenía razón, que nuestra relación había mejorado mucho, y también nuestro sexo. Pero también me dijo que las cosas tenían que cambiar, que ya no se trataba de que ella tuviera que hacer algo de lo que yo quisiera cada cierto tiempo, que ahora se trataba de que hiciéramos lo que ella quisiera y cuando le surgieran las ganas. Me dijo que en ese momento, no le surgían ganas de hacer ninguna de las cosas que le proponía, así que seguiríamos como estábamos. Intenté protestar, pero me cortó, me dijo eso no significaba que un día no le apetecieran, pero ahora no, y por lo tanto íbamos a seguir igual, porque era lo que ella quería, y como le había dicho un montón de veces, yo iba a obedecerla en todo. Así se quedó la discusión.</p>
<p>Seguimos igual, aunque se notaba que ella era más independiente y más exigente conmigo. Los dos estábamos de acuerdo en que nuestra relación había mejorado. Ella estaba más contenta; y yo también, aunque echaba de menos algo más de “perversión”. Pero tenía esperanzas de que con el tiempo habría algo más. Lo que era verdad era que ya me sentía suyo, no como si fuera un esclavo, pero cada vez la obedecía más sin rechistar, y me daba cuenta de que me iba dominando. Repito que estaba contento.</p>
<p>Como a los dos años de haber empezado aquella historia, una noche sacó a relucir el asunto de tener relaciones con otro hombre. Yo le dije que la cosa dependía mucho de cómo se hiciera, que tenía que ser de acuerdo a las necesidades de los dos. Pero ella me preguntó muy directamente, que si no le había dicho que tenía el derecho a hacer lo que quisiera, que si ese derecho no incluía este tema. Le tuve que decir que sí. Ella desvió la conversación, y me quedé con la impresión de que no era más que una conversación, quizá para provocarme; no me la imaginaba echándose un amante.</p>
<p>Pero como cuatro o cinco meses después, me soltó que lo de tener relaciones con otro hombre estaba bastante bien, por lo menos por la prueba que había hecho. No me podía creer lo que me estaba diciendo, le dije que así no se hacían las cosas y que estaba poniendo en peligro nuestro matrimonio. Me preguntó si no era eso lo que yo le había propuesto, le dije que no de esa forma. Completamente fría, me contestó que estaría de acuerdo que la forma de hacerlo debería ser la que le apeteciera a ella, no a mí. Me preguntó si la dominación femenina implicaba que tenía que pactar conmigo la forma de hacer las cosas o si se trataba de que las hiciera como a ella le parecieran. Tuve que darle la razón, porque además terminó la conversación señalándome su vagina para que la lamiera, que es lo que me puse a hacer. Después de que llegara, le pedí perdón por haberme cabreado, y le dije que sí, que tenía todo el derecho a relacionarse con otro hombre.</p>
<p>Yo sabía que se veía con otro hombre, aunque casi nunca hablaba de ello, y cuando yo le preguntaba me soltaba que ese no era asunto mío. Pero pensaba que nuestra relación iba bien, que había mejorado mucho con la dominación femenina. Sin embargo, después de un poco más de tres años de aquella historia, Raquel se separó de mi y me pidió el divorcio.</p>
<p>Intenté evitarlo y discutir con ella, pero todo se resumía, me dijo, en que en realidad no estaba enamorada de mí. Llevábamos muchos años, y me quería, me dijo, pero realmente enamorada no había estado nunca, aunque no se había dado cuenta hasta entonces, hasta que se había enamorado de otro. Me dijo que no me torturara, que no era culpa mía, que tenía razón en que la dominación femenina había mejorado la relación, pero que sencillamente se había enamorado de otro. No hubo nada que hacer, nuestro matrimonio se terminó, y un año y pico después se hizo oficial el divorcio.</p>
<p>Han pasado tres años desde la separación. Estuve hecho polvo durante mucho tiempo. Ahora ya se me ha ido pasando, aunque sigo pensando que la dominación femenina sólo sirvió para que Raquel se aprovechara de mí. Se aprovechó de mis fantasías y acabó con otro, sé que vive con el, aunque no sé si le dominará o no, pero me imagino que no. Continúo teniendo fantasías sobre ser esclavo de una mujer, pero no se me ocurre volver a plantearme una relación de dominación femenina en serio. He ligado alguna vez, pero no he vuelto a emparejarme con nadie. A veces pienso que tengo que intentarlo, que a mis treinta y cinco años me gustaría tener una pareja y un hijo, pero aquella historia me ha dejado marcado.</p>
<p>La dominación femenina no asegura que todo vaya a ir bien en una pareja, espero que mi experiencia sirva para que algunos dejen de pensar que eso lo arregla todo.</p>
<p><strong>DominacionFemenina.net (Ana Serantes):</strong></p>
<p>Para empezar, Ricardo, sentimos mucho el fracaso de tu relación de pareja, y el dolor que ello te ha producido. Y estamos de acuerdo contigo en que la dominación femenina no garantiza el éxito de una relación por sí misma. Es cierto que esa sensación se produce al leer muchos de los textos que circulan por Internet sobre la cuestión, pero si también se extrae esa conclusión leyendo nuestra revista, quiere decir que no estamos haciéndolo bien, porque no es esa, desde luego, nuestra intención.</p>
<p>Sí creemos que la dominación femenina contribuye a que las relaciones funcionen mejor, y tu caso no contradice esta creencia: nos escribes que tu relación mejoró sustancialmente. Pero, en efecto, la dominación no lo arregla todo. En una pareja, la dominación es una parte de cómo se construye la relación, pero tiene que estar sustentada también en otros pilares, que son además los mismos que en cualquier tipo de relación. Y el principal es el amor que se profesen los dos integrantes de la pareja, que no puede ser sustituido por la dominación femenina.</p>
<p>Y eso parece ser lo que ocurrió entre Raquel y tú. La dominación femenina no pudo sustituir el amor que le faltaba a Raquel. Porque aunque te cueste aceptarlo, la ruptura de tu relación con ella no se debe a las bondades o a los inconvenientes que pueda acarrear la dominación femenina, sino como bien te dijo Raquel a que no estaba realmente enamorada de ti. Cuesta aceptarlo, pero no es raro en parejas que se han comprometido a tan temprana edad (19 años) y que carecen de experiencias suficientes como para saber si están realmente enamorados. Y tampoco había ayudado una vida sexual que debía tener unas limitaciones significativas para que, después de tantos años, te reconociera que nunca había tenido un orgasmo mientras hacíais el amor. Tú mismo admites esa carencia, implícitamente, cuando cuentas que gracias al sexo oral “tenía unos orgasmos de película”. Alguna responsabilidad tendrías tú en que no los hubiera tenido hasta entonces.</p>
<p>Por otra parte, tu experiencia, tal y como la cuentas, deja una impresión bastante clara: todo el tiempo hablas de lo que te hubiera gustado que ocurriera, de que deseabas convertirte en su esclavo, de que tenías “esperanzas de que con el tiempo habría más”, y de que estabas contento, pero no “como si fueras su esclavo”, en fin, que “echabas de menos algo más de perversión”. Hablas de ti y de lo que deseabas, pero apenas hay ninguna referencia a que pensaras de verdad en los deseos y en las necesidades de la persona a la que pretendías someterte.</p>
<p>Si de verdad te hubieras comportado como un auténtico sumiso, habrías tenido en mente, y se habría reflejado en tu escrito, la necesidad de explorar los deseos de Raquel, para poder esforzarte en contribuir a enriquecer su vida. Porque aunque no negamos que también tu propuesta la hicieras “pensando que así vuestro matrimonio podría ir mejor”, lo cierto es que no pensabas en Raquel cuando te dedicabas a navegar por Internet buscando páginas que te excitaran. En tu escrito, se observa la pretensión de convertir tu relación en una carrera de obstáculos, que la dominante tiene que ir cubriendo para dar satisfacción a los deseos del sumiso: cada par de meses, un nuevo salto. No es raro, está muy extendida esta postura entre los varones sumisos. Muchos creen estar ofreciéndose, sometiéndose a los deseos de la mujer, cuando en realidad lo que pretenden es que sea ella quien se dedique a satisfacer sus fantasías. Si la naturaleza dominante de la mujer florece, el problema no es grave, porque ella se encargará de colocar al varón en el sitio que le corresponde, y pondrá sus propios deseos y necesidades en el centro de la relación; pero si no se produce ese florecimiento, la mujer intentará ir complaciendo lo que en realidad no son más que exigencias del sumiso, y será en vano muchas veces porque esas exigencias pueden ser inacabables, y difícilmente podremos hablar de dominación femenina.</p>
<p>Y contemplando así las cosas, hay algo en tu escrito que no compartimos en absoluto: “Raquel se aprovechó de mí”. No es cierto, Raquel no se aprovechó de ti. Por el contrario, Raquel se plegó a una situación que tu proponías, porque ella sí lo hacía exclusivamente para intentar salvar o mejorar vuestra relación. ¿Por qué habría aceptado si no involucrarse en un comportamiento que ni deseaba a priori ni le llamaba la atención? Fuiste tú, recuérdalo, el que lo propusiste todo. Todo menos dejar de fumar; que bien te habrá venido. Tú le propusiste hacer el trabajo de la casa, tú le propusiste que el sexo fuera para su disfrute, tú le propusiste que te castigara y tú le propusiste, incluso, que tuviera relaciones con otros hombres. ¿En que se aprovechó de ti? </p>
<p>Hizo lo que le pediste, pero no fue suficiente para que ocurriera lo que no había ocurrido durante muchos años: que se enamorara de ti. Es posible que en vuestra relación, el surgimiento de la naturaleza dominante de la mujer haya operado al revés que en otras: el poder del que disfrutaba hizo que Raquel se diera cuenta de que no estaba enamorada de ti, y de que quería construir otra relación. Tu pones en duda que realmente brotara su personalidad dominante, porque aventuras que no estará dominando al hombre con el que ahora convive. Pero parece mucho suponer; nuestra sensación nos llevaría por el camino opuesto. Como lo desconocemos todo sobre Raquel, no podemos hacer ninguna afirmación tajante, pero nos extraña que una mujer que pone fin a una discusión señalándote su vagina, para que la adores como se merece, sea la misma que antes de descubrir la dominación femenina.</p>
<p>Ricardo, no interpretes nuestra respuesta como una regañina, tan sólo intentamos aclarar lo más posible las situaciones (desde nuestro punto de vista, desde luego). No creemos que tenga sentido halagar a quienes nos envían sus colaboraciones. Las agradecemos, como agradecemos la tuya, pero pensamos que esta revista tendrá mucho más interés para todos si intenta descubrir el fondo de las cosas, en lo que se pueda, que si trata de obviar los desacuerdos.</p>
<p>En cualquier caso, anímate Ricardo, aunque entendemos que “aquella historia te marcara”, con 35 años tienes mucho tiempo por delante para construir tu vida. Y no te engañes con frases como esta: “no se me ocurre volver a plantearme una relación de dominación femenina en serio”. Porque como sumiso que eres (aunque tengas mucho que aprender aún), si se te planta delante una mujer dominante, no te plantearás nada&#8230; más que adorarla y entregarte a ella. Y como te deseamos lo mejor, deseamos que sea eso lo que te ocurra un día. Aunque cierto es que para que las cosas ocurran suele ser necesario trabajárselas. Un saludo, Ricardo.</p>
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		<title>Controversia sobre la infidelidad</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Feb 2008 06:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Katie nos habla de una polémica sobre la siempre controvertida cuestión de la infidelidad en las relaciones de dominación femenina. Y nos cuenta su historia, y la de su marido, que no quería saber nada de dominación, pero que acabó volviéndose loco de deseo cuando lamía la vagina de su mujer que venía de tener relaciones con su amante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Katie F</strong></p>
<p>Estaba hace poco charlando a través de Internet en un canal cuyo tema de conversación era el de las mujeres casadas liberadas que, entre las herramientas de dominación que usan para someter a sus maridos, incluyen la de ponerles los cuernos. La moderadora del canal era una mujer muy inteligente y a quien respeto. Había descubierto este canal hacía unos seis meses, y siempre había disfrutado con las interesantes conversaciones sobre la D/s, y casi siempre estaba de acuerdo con los puntos de vista de la moderadora. Pero no fue así en esta conversación, en concreto cuando un hombre sincero preguntó por las opiniones que las mujeres teníamos respecto a esta herramienta de dominación. Como es natural, había opiniones de todo tipo, pero la moderadora no tardó en entrar vehemente en la conversación, y decirle que lo que tenía que hacer era cortar de raíz con esa práctica, o de otra manera se destruiría su matrimonio.</p>
<p>A modo de comentario sobre sus antecedentes, dijo que su mujer había empezado a tener citas y disfrutar del sexo con otros hombres. Su relación ya incluía la Dominación Femenina y, después de diez años, había decidido ponerle los cuernos para incrementar su sumisión hacia ella. Él estaba al mismo tiempo excitado y preocupado, lo cual es comprensible y de esperar. Aún así, la moderadora se mostró inflexible, y le volvió a repetir que tenía que cortar aquello de raíz, que lo que tenía que hacer era hacerle frente a su mujer y decirle que no le permitiría tener amantes.</p>
<p>Me sorprendió que la moderadora le dijera eso a un sumiso pues, en mi opinión, él no tenía derecho alguno a prohibirle nada a su mujer. Si se había sometido a su mujer durante diez años, ¿qué bien iba a hacerle a su matrimonio que ahora tratara de dominarla a ella? Estoy de acuerdo en que lo que necesitaban era hablar abiertamente del tema, y que su mujer tuviera en consideración sus sentimientos. Él no se oponía a que su mujer le pusiera los cuernos, confesaba sentirse excitado con la idea y pensaba que sería algo que le haría experimentar nuevas sensaciones como sumiso, pero al mismo tiempo albergaba unos naturales temores sobre a dónde podría conducirlos aquello. Estaba preocupado por si su mujer pudiera dejarle por otro mejor a quien conociera al ponerle los cuernos. Era un caso típico de inseguridad masculina.</p>
<p>Fue entonces cuando me sumé a la conversación, y pasé a la ofensiva contando mi historia. Tras haberlo hecho, la moderadora me acusó de mentir o de pintarlo todo color de rosa, porque no podía ser que lo que había dicho fuera tan positivo como yo daba a entender. Según ella, lo que yo decía iba en contra de la propia naturaleza humana desde los comienzos de la civilización; era estudiante de Historia y Sexología y, por tanto, insistía en que lo que este hombre necesitaba era seguir su consejo: hacerle frente a su mujer enérgicamente y prohibirle por completo que tuviera amantes y, si esto no era suficiente, plantearse abandonarla. Básicamente, su consejo era cargarse un maravilloso matrimonio en nombre de una pretendida acción para salvarlo.</p>
<p>Afortunadamente, este hombre me escribió un mensaje de correo electrónico, puesto que vio mi dirección en mi perfil, y me pidió permiso para hablar por teléfono para asegurarse que realmente era mujer. Estuve de acuerdo, y charlamos por teléfono durante dos horas. Se mostró muy agradecido por mis comentarios sobre el tema. Fue él quien me mencionó tu página web y me sugirió que compartiera mi experiencia con tus lectores, para ayudar a otras parejas. Debo decir que me siento impresionada por ti, Elise. Tu punto de vista sobre el asunto de los cuernos me parece totalmente acertado: no es algo que funcione para todas las parejas, y conlleva muchos peligros potenciales si no se realiza de forma correcta y con el enfoque adecuado.</p>
<p>Esta es mi historia:</p>
<p>He sido una mujer dominante toda mi vida. Mi padre era muy dominante y he salido a él. He sido agresiva con los chicos desde el primer día. Crecí en un familia conservadora y, debido a ello, fui virgen hasta los 20 años. Ligaba con muchos chicos, les excitaba y les dominaba psicológicamente, pero no era promiscua. En la universidad tenía un novio, con quien la relación era bastante seria, y fue con él con quien disfruté de mi primera relación sexual. Estuvimos juntos alrededor de un año. A parte de él, sólo mantuve relaciones con otro más antes de conocer a mi marido.</p>
<p>A los 22 años ingresé en un grupo D/s, y de los 22 a los 25 dominé a muchos hombres tanto en reuniones del grupo como en sesiones de carácter privado. A pesar de ello, sólo tuve una relación sexual con uno de los hombres a los que dominé. No se si era motivado por el estricto ambiente en el que había crecido o por alguna otra razón, pero lo cierto es que tenía muchas reservas sobre las relaciones sexuales a menos que fueran parte de una relación comprometida y duradera. Ahora que lo pienso, creo que hice bien.</p>
<p>A los 25, conocí a mi marido. Era agradable, complaciente y sumiso, pero no tenía ni idea acerca de la D/s. Nos conocimos, salimos y me enamoré tanto de él como para poner mis cartas sobre la mesa y confesarle mi secreto acerca de la D/s. Tras seis meses de relación, él me pidió que nos casáramos, y decidimos la fecha. Durante el compromiso, le conté acerca del grupo D/s al que pertenecía, para que conociera también esa parte de mi personalidad. No quería que se encontrara ningún tipo de sorpresas acerca de ello, pues mi intención al casarme con él era totalmente seria. Él lo entendió, y eligió casarse conmigo, pero reconoció que dudaba que pudiera ser miembro de un grupo así alguna vez. Le dije que no había problema, que dejaría de ser miembro del grupo a menos que él también lo fuera.</p>
<p>Nos casamos, y los primeros dos años de matrimonio fueron bastante convencionales. Tuvimos nuestras dificultades y desafíos como cualquier otra pareja que empieza, pero nos queríamos mucho y estábamos comprometidos mutuamente. Después de esos dos años, mi naturaleza dominante afloró con fuerza de nuevo. Le pregunté si al menos le apetecía asistir conmigo a una de las reuniones del grupo D/s. Lo rechazó, pero me dijo que sí estaba dispuesto a iniciarse en la D/s, a condición de mantenerlo exclusivamente en el ámbito de nuestro matrimonio. Estuve de acuerdo con él y me excitó mucho la idea de dominarle.</p>
<p>Mi marido era de naturaleza sumisa, como bien sabía desde que le conocí, y no tardó en someterse a mi dominio. Experimentamos con todo tipo de prácticas D/s, y le hice conocer las diferentes técnicas y actividades que más me gustaban a mí: le azoté, le flagelé y le dominé. A él le gustaba y se sometía de buen grado. El siguiente paso cambió nuestro matrimonio: decidí que la D/s no sería algo reducido a nuestro dormitorio, y fue así como le convertí en mi sumiso las 24 horas del día, los 7 días de la semana. A él le gustó, y a mí me encantó que le gustara. Una vez sometido de esta manera, le hice acompañarme a una reunión pública de mi anterior grupo D/s. Estaba nervioso y celoso cuando todos los hombres del grupo me dieron la bienvenida, pero con el tiempo mi marido se animó en el grupo y se acostumbró a verme dominando a otros hombres.</p>
<p>Había tenido siempre la fantasía de ponerle los cuernos, incluso antes aún de saber con quién sería. Me excitaba la idea de ser una mujer casada con amantes, mientras mi marido permanecía monógamo. Así que empecé a explorar mi deseo y a salir con otros hombres. Quiero dejar bien claro que amaba a mi marido y que el hecho de que saliera con otros hombres tenía que ver en realidad con la idea de dominarle y humillarle a él, y no porque faltara algo en mi matrimonio y quisiera disfrutar del sexo con otros. Mi punto de referencia principal era mi marido, y ésta es la clave.</p>
<p>En una ocasión me preguntó: “¿Por qué sales con otros hombres si dices que me amas tanto?” A lo que le respondí: “Porque puedo hacerlo”. Y es que esa es precisamente la verdad. Salgo y disfruto del sexo con otros hombres porque como mujer dominante tengo ese derecho. También creo que, como sólo tuve dos amantes antes de que le conociera, todavía me queda mucho por descubrir. Así que, una vez que vencí la mayoría de mis inhibiciones sexuales, y encontrándome en mis mejores años a nivel sexual, empecé a desear disfrutar del sexo con otros hombres. No me interesa en absoluto iniciar una relación con otro hombre, porque amo a mi marido, pero tener una cita con otro es diferente. Me gusta el primer beso, las primeras caricias, la seducción y el sexo. Me gusta tener una cita con alguien nuevo para mi, escuchar experiencias nuevas e interactuar con una nueva personalidad, con quien también puedo compartir mis experiencias, pues no las ha escuchado anteriormente. En suma, me gusta todo lo que implica el proceso de tener una cita con otro hombre.</p>
<p>Una vez dicho eso, quiero dejar claro que mi motivación es dominar y humillar a mi marido. Por eso hago que el proceso sea también divertido para él. Mis citas son siempre los sábados por la noche. De domingo a viernes me dedico a él, pero los sábados son mi noche de citas. Hago que me prepare para las citas, y nuestro ritual es el siguiente: me ayuda a darme un baño de sales y me acaricia por todo el cuerpo. Me gusta sentir sus manos enjabonadas en todos los rincones de mi cuerpo mientras le excito y humillo sobre los cuernos que le voy a poner. Su erección no puede ser más dura mientras me baña. Tiene que ayudarme a vestirme y le permito escoger la ropa que llevaré para la cita, incluida mi ropa interior. Su excitación llega a tal nivel que, para asegurarme de que no se tocará mientras estoy fuera, le pongo un cinturón de castidad. También le entrego una lista de tareas para realizar mientras no estoy; son tareas excitantes para él como limpiar mi ropa, mis “juguetes” o lavar a mano mis braguitas.</p>
<p>Hay algo importante que mencionar a la hora de conocer a tu sumiso. Conozco las limitaciones e inseguridades de mi marido, así que, aunque a mi me gustaría traer a casa a una de mis citas para que él lo viera todo o al menos lo escuchara, sé que es una situación que él no podría manejar. Es algo de lo que hemos hablado muchas veces, pero sé que es algo emocionalmente superior a él. Por tanto, siempre disfruto del sexo con otros hombres fuera de casa.</p>
<p>Normalmente selecciono a mis citas entre el grupo D/s, pues siempre hay solteros dispuestos, aunque también he conocido a otros solteros que no son del grupo.</p>
<p>Como he dicho anteriormente, disfruto con las citas que tengo con otros hombres y del sexo mientras pongo los cuernos a mi marido. Estaría mintiendo si no lo reconociera. Pero la mejor parte de todo lo que engloba serle infiel es cuando llego a casa para reencontrarme con él. Está tan cachondo y tan sumisamente entregado que me excita aún más. Es entonces el momento de disfrutar dominándole, humillándole sin piedad, azotándole, penetrándole con mi arnés-consolador y haciendo que me sirva oralmente durante mucho tiempo. Es el clímax de mi dominación y de su sumisión.</p>
<p>También quiero mencionar que siempre utilizo condón cuando disfruto del sexo con otro hombre. Siempre, sin excepción alguna. Pero siempre le digo que mi amante se ha corrido dentro de mí sin condón, y que quiero que me limpie con su sumisa lengua. Esto le vuelve verdaderamente loco, y su maravillosa lengua me proporciona unos orgasmos mejores que los que haya podido disfrutar con cualquiera de mis amantes. Nuestras más pasionales y placenteras sesiones D/s se producen siempre después de haberle puesto los cuernos.</p>
<p>De hecho, lo paso tan bien que algunos sábados por la noche salgo aunque no tenga ninguna cita concertada, pero le hago pensar a mi marido que sí, para de esa forma disfrutar a mi vuelta de nuestras intensas sesiones D/s. Primero disfrutamos de nuestro ritual de preparación previo a la cita, y después salgo, aunque en realidad sólo voy al cine o a tomar un par de copas tranquilamente. Al volver a casa él piensa que vengo de ponerle los cuernos con mi amante, y me hace disfrutar con su entregada sumisión. Ha sido de esta forma como a lo largo de los años he conocido a dos amantes, mientras estaba sola haciendo tiempo. Nunca me acuesto con alguien que acabo de conocer en la primera cita, pero me ha servido para iniciar amistades de esta manera, y contarles por qué estaba allí haciendo tiempo. Eso me asegura que si después quiero tener una cita con ellos estén ansiosos.</p>
<p>Llevo poniéndole los cuernos a mi marido durante los últimos cinco años. No es que tenga una cita cada sábado por la noche, ni que disfrute del sexo en cada una de mis citas, pero mi marido piensa que sí, y eso me ha servido para conducirle a una profunda sumisión. Me gusta azotarle, dominarle, poner pinzas en sus pezones y genitales, regar su cuerpo con mi lluvia dorada y penetrarle con mi arnés-consolador, pero nada tiene comparación con la poderosa sensación de dominación que experimento cuando le pongo los cuernos. Para mí es la mejor herramienta que existe a la hora de dominar a un marido sumiso.</p>
<p>Lo verdaderamente importante es que amo a mi marido y que no tengo el más remoto deseo de abandonarle jamás. De hecho, cuantas más citas tengo con otros hombres, más le quiero. Ningún hombre podría jamás reemplazarle. Le pongo los cuernos con la motivación correcta, y no hay nadie más en mi corazón, que es lo que tú recomiendas, Elise. Pero tengo citas con otros hombres y le pongo los cuernos porque puedo hacerlo. Eso es lo de verdad maravilloso de ser una mujer dominante casada. Disfruto de esto simplemente porque puedo hacerlo.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Gracias por compartir tu historia. Estoy segura que mucha gente disfrutará leyendo la forma en que has conseguido incorporar con éxito la infidelidad a tu matrimonio. Cada pareja es diferente, y cada persona es diferente. El asunto de las mujeres casadas liberadas que, entre las herramientas de la dominación que usan para dominar a sus maridos, incluyen la de ponerles los cuernos siempre es controvertido. Algunas parejas me han escrito sobre las maravillosas experiencias de las que han disfrutado y otras han tenido experiencias terribles, que han incluido embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y agudo dolor emocional. Son estas potenciales experiencias negativas las que hacen que algunas personas, como la moderadora que comentabas, sean tan contrarias a la práctica de la infidelidad.</p>
<p>Por otra parte, hay parejas lo bastante maduras emocionalmente como para incorporar con éxito a su relación D/s el que ella le ponga los cuernos mientras él permanece monógamo. Una amiga mía, que es infiel a su marido desde hace 15 años, dice que esta herramienta de dominación es como la dinamita: usada correctamente, es muy poderosa, pero si la utilizas mal te explotará en las manos. Su forma de ponerle los cuernos es muy parecida a la tuya, sólo que ella si obliga al marido a estar presente, presenciando o escuchando mientras disfruta del sexo con su amante. Pero al igual que tú, disfruta con la preparación inicial y con las sesiones D/s después de haberle puesto los cuernos.</p>
<p>Hay un aspecto que es fundamental: el marido debe ser parte integrante del proceso en todas sus fases, y la mujer debe concentrarse en cómo le afectará que le ponga los cuernos.</p>
<p>Sólo se debería de entrar en la dinámica de la infidelidad en un matrimonio fuerte en el que ambos gocen de buena salud emocional. Sé que podría parecer que lo contrario es lo cierto, pero la experiencia real nos enseña que los cuernos destruirán un matrimonio con débil salud emocional. Sólo cuando tanto el marido como la mujer están seguros de su amor recíproco, y sólo cuando el marido confía en el buen juicio y carácter de su mujer se puede incorporar con éxito la infidelidad a una relación de pareja. Es una poderosa herramienta y, utilizada correctamente, conducirá al marido a nuevas profundidades de sumisión y proporcionará a la mujer un increíble poder. Pero es absolutamente necesario que existan los más sólidos pilares en la relación para que el potencial desasosiego emocional, y el intenso intercambio de poder que emana de la infidelidad, no la dañen. Gracias de nuevo por compartir tu historia, Katie.</p>
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		<title>Arrostrar las consecuencias</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Feb 2008 03:13:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Jack introdujo a su mujer en la dominación femenina y le habló de sus fantasías sobre su posible infidelidad. Ella asumió el control del matrimonio y se decidió a practicar la infidelidad. Sin embargo, Jack no está muy satisfecho de que tenga por amante a su vecino. A lo que Elise Sutton le responde: “tú destapaste la lámpara, así que debes arrostrar las consecuencias”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jack H</strong></p>
<p>Ms Sutton, le escribo para conocer sus impresiones acerca de mi actual relación con mi mujer. La semana pasada, dejó caer una auténtica bomba y aún tengo dificultades para digerirla. Fui yo quien la introdujo en la idea de la dominación femenina y, después de años de altibajos, recientemente se decidió y asumió el control de nuestro matrimonio. Yo estoy satisfecho con la situación, y ella también.<span id="more-34"></span></p>
<p>Realizó su “Psicoanálisis del varón sumiso” conmigo hace cuatro meses, momento en el que le conté mis fantasías y deseos relacionadas con la dominación femenina. Uno de los aspectos que le descubrí fue que me excitaba la infidelidad, que me pusiera los cuernos; no puso demasiada atención, y me dijo que no le interesaba ese asunto. La otra cuestión que me excitaba era convertirme en su taza de water, y se mostró absolutamente contraria. Sólo saqué a colación esas fantasías motivado por las preguntas que me fue haciendo durante la sesión de psicoanálisis; las discutimos, fue excitante, y nunca más volvimos a hablar del asunto. Ella había incluido técnicas de dominación y actividades que le interesaban, la mayoría eran cuestiones referidas al control de la relación, como hacerse cargo del dinero, tomar las decisiones y obligarme a asumir todos sus deseos. También jugueteamos un poco forzando la castidad y la feminización; le interesaban ambas cosas y experimentamos un poco en el ámbito del dormitorio.</p>
<p>La semana pasada, estaba practicando la adoración corporal (su actividad de dominación favorita), se puso bastante agresiva conmigo, y me dijo que tenía grandes noticias que quería contarme. Se notaba que estaba excitada. Me recordó mi fantasía de ser engañado y comenzó a provocarme con ella. Naturalmente, su excitación y su sexualidad hicieron que me excitara. Pensé que sólo estaba provocándome con esa fantasía como un juego erótico; pero soltó la bomba. Según sujetaba mis brazos a la cama, se colocó encima de mí y situó su cara a escasos centímetros de la mía, y me dijo que se había acostado con nuestro vecino ese mismo día.</p>
<p>No me lo podía creer, pensé que estaba bromeando sólo para provocarme con mi fantasía, pero al mirarla fijamente a los ojos supe que hablaba en serio. Me enfadé un poco, y le pregunté que por qué y cómo había sucedido. Ella continuó encima de mí y mantuvo mis manos amarradas a la cama, con todo su peso sobre mí. Alardeó sobre cómo había ido a su casa para que le cortara el pelo (lo hace en el sótano de la casa) y había flirteado con él mientras se lo cortaba y después. Le agradeció el corte plantándole un beso en los labios. Él se lo devolvió, brotó la química y acabaron acostándose. Comenzó a decirme que se iba a ir a la cama con él regularmente y que sabía que yo me sometería a ello, pero que si me resistía sufriría las consecuencias.</p>
<p>No me hace feliz el asunto, aunque no puedo negar lo atractiva y sexy que me parece mi mujer desde que me lo dijo. Después de darme los detalles, me ordenó que la sirviera oralmente, para que cumpliera con mis obligaciones de limpieza. La obedecí y tuvo intensos orgasmos mientras la lamía. Nunca la había visto así de dominante y de sexy.</p>
<p>Pero sigo sin estar feliz. Si hubiera sido con un extraño, podría haber estado de acuerdo. Pero veo cotidianamente a mi vecino y hablo con él, y la situación me resulta incómoda. He intentado hablar con ella acerca del asunto unas cuantas veces, cuando lo hago me agarra por la cara, me lleva al dormitorio y me ordena que adore su cuerpo. Me vuelvo débil y sumiso y me rindo a sus deseos. Me ha hecho confesar que me someteré gustosamente a ser engañado&#8230; y no tendré otro remedio. Ahora sabe como controlarme y nada puedo hacer para evitarlo.</p>
<p>Vi a mi vecino el otro día y me dijo hola como si nada hubiera cambiado. Ella le había dicho que yo estaba de acuerdo y que también era lo quería. No era verdad. Eso es lo que ella quiere, y yo no tengo posibilidad de hacer nada. ¿Me produce excitación? Sí, me excita y la encuentro increíblemente sexy; me encanta verla así de dominante conmigo. Pero también estoy incómodo con la cuestión y espero que puedas proporcionarme algunas ideas sobre cómo decirle que deje de acostarse con el vecino.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Jack, tú destapaste la lámpara, así que debes arrostrar las consecuencias. Le dijiste que deseabas ser engañado, así que cuando se presentó la oportunidad, se sintió liberada para hacer lo que le plazca.</p>
<p>Mi opinión es que no ha afrontado el asunto de la manera más apropiada, debería haberte conducido a ello por etapas y haberte incluido en el asunto de alguna forma, así no habrías resultado tan sorprendido como enfadado. Tú tenías el deseo de ser cornudo y ella ha desarrollado esa aspiración que estaba en tu interior, pero podía haber hecho lo que hubiera querido y que la experiencia hubiera resultado enriquecedora también para ti. La manera en que lo realizó te resulta desleal porque se ha acostado con otro hombre sin que tú lo supieras.</p>
<p>Estoy afrontando la cuestión desde tu punto de vista, desde luego. Desde el suyo, podría haber realizado tu fantasía de ser engañado a la par que disfrutaba de una excitante aventura sexual. Tu mujer es aún nueva en esta forma de vida, así que puede que no entienda el componente mental y la dinámica emocional necesaria para hacer de la infidelidad algo psicológicamente satisfactorio para el marido engañado. Esa es la razón por la que no recomiendo a los principiantes explorar esta avanzada actividad de dominación femenina, a menos que se hayan preparado antes, comunicándose todo lo relacionado con ello y caminando paso a paso. Ella estaba preparada para hacerlo, pero es obvio que tú no lo estabas.</p>
<p>Quizá deberías mostrarle el texto de Ms Lilly que podrás encontrar en la sección bajo el título de infidelidad. Muestra consejos muy prácticos sobre el asunto, incluyendo lo que no debe incluirse. Creo que tu vecino debería estar fuera de esos límites si nos guiamos por sus sabias directrices.</p>
<p>Como no tienes la posibilidad de discutir con ella, te sugeriría que le escribieras una carta sobre tus preocupaciones, donde le hablaras honestamente acerca de tus sentimientos. Cuéntale lo bueno y lo malo de lo que te ocurre. Dile cómo te gusta lo dominante que se ha vuelto y cómo su autonomía la convierte para ti en más atractiva y sexy. Pero cuéntale también como te sientes cuando te pone los cuernos con tu vecino. Escríbele tus auténticos sentimientos y pídele que lea el texto de Ms Lilly en mi sitio web. Cómprale un regalo especial y coloca la carta en un bonito sobre que revele cuánto la quieres.</p>
<p>¿La hará eso cambiar de idea? Probablemente no, así que necesitas prepararte a ti mismo para esa posibilidad y para aceptar su decisión. Has contribuido a incrementar su poder, por lo que debes arrostrar las consecuencias. Todo lo que puedes hacer es darle a conocer tus sentimientos, pero después debes probarle tu sumisión aceptando su decisión, incluso aunque no te guste. Si ella decide continuar acostándose con vuestro vecino, permite que ello te lleve al “espacio de la sumisión”, y escoge la sumisión en lugar de los celos. Además, dobla tus esfuerzos para servirla y estate bien seguro de que la tratas como una Reina. Haciendo eso, ella se dará cuenta del hombre tan especial que eres y se reforzarán sus sentimientos hacia ti. Lo peor que puedes hacer es criticarla y pelearte con ella. Si lo haces corres el riesgo de perderla. Tu sedujiste su naturaleza dominante y liberaste su poder femenino, así que ahora debes entregarte a ella y aceptar su autoridad sobre ti.</p>
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		<title>Otra perspectiva de la infidelidad</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jan 2008 02:37:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>

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		<description><![CDATA[Una estudiosa de la conducta humana propone aplicar el principio en el que se basa la infidelidad a otros aspectos o prácticas que contribuyan a enriquecer una relación de dominación femenina. Así que, más que una pregunta, lo que tenemos es un artículo, pero con la respuesta de Elise Sutton.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Elise, considérame entre los muchos que te elogian por tu sitio web. Disfruto leyéndolo y espero cada una de las actualizaciones mensuales.</p>
<p>Soy una mujer madura, en la flor de la vida, licenciada universitaria y me ha ido bastante bien en la vida. Estudié psicología y sociología así como antropología. Soy una estudiosa de la conducta humana y siempre he disfrutado observando a la gente y analizando sus formas de actuación y patrones de comportamiento. He estado casada con el mismo y cariñoso hombre los últimos 18 años.</p>
<p>Te escribo para compartir mis observaciones acerca del aparente crecimiento de la práctica de la infidelidad. He notado en tu web que es un asunto bastante popular y parece que se incrementan el número de preguntas y de historias relacionadas con esta práctica sexual. Tengo mi propio criterio sobre esta a veces malentendida opción de este modo de vida.</p>
<p>Yendo al núcleo del asunto, la infidelidad se dirige a que la mujer disfrute de lo que su compañero masculino tiene prohibido. La infidelidad tiene lugar cuando la esposa disfruta del sexo mientras su marido permanece frustrado, pero este ejercicio psicológico podría desarrollarse en otro buen número de áreas que no tendrían por qué incluir la relación sexual con otra persona. Y creo que sería tan excitante y poderoso en el nivel emocional y en el psicológico.</p>
<p>Mi matrimonio es un ejemplo perfecto de mi teoría sobre esta cuestión. Nunca le he puesto los cuernos a mi marido en el sentido tradicional del término, aunque sé que es una de sus más fuertes fantasías. Él admite que sus mayores excitaciones al leer tu web se producen cuando los textos están centrados en la infidelidad. Mi marido es un masoquista psicológico, y disfruta cuando es humillado o tratado cruelmente, si esa crueldad permanece dentro de los límites de su desarrollo psicológico. No es un masoquista físico, porque no disfruta del dolor físico. Hemos experimentado con el castigo corporal y con algo de tortura genital, pero tiene un umbral de resistencia al dolor muy bajo y utiliza su palabra de seguridad incluso cuando la actuación se mantiene en lo que yo calificaría de suave.</p>
<p>Lo que yo hago con mi marido es utilizar el principio de la infidelidad para restringirle ciertas actividades que le encantan mientras yo disfruto de ellas. Por ejemplo, le tengo prohibido comer dulces. Tampoco puede permitirse el privilegio de tomar helados, o un donut, un trozo de tarta, una porción de pastel, caramelos, etc. Tengo mis razones para hacer esto, y al final es por su propio bien. Digamos que como mujer superior tengo más autocontrol que mi compañero. Yo limito mis dulces, pero ocasionalmente me apetece disfrutar de ellos, y cuando lo hago tengo la oportunidad de ser infiel a mi marido.</p>
<p>Lo que haré será atarle a una silla y disfrutar de un buen helado o de unos bombones Godiva. Se que a él le apetecen mucho, así que le provoco y le frustro mientras me observa como disfruto de ellos. ¿No es este el mismo principio que cuando la mujer disfruta sexualmente mientras se lo impide a su marido y le obliga a mirar?</p>
<p>Otra pequeña tortura que práctico en la misma línea se refiere a la masturbación. Tiene prohibido masturbarse. Si le cogiera comiendo dulces o dándose placer, o realizando cualquier actividad placentera que no estuviera autorizada por mí, sería castigado de una forma que no disfrutaría y tardaría en olvidar. Tiene prohibido darse placer, pero yo sí puedo disfrutarlo si me apetece. Cuando decido disfrutarlo, le “engañaré” atándole a una silla y obligándole a observarme mientras me doy placer y le provoco acerca de su imposibilidad para hacerlo y mi derecho a disfrutarlo.</p>
<p>Otra variación sobre el tema es la referida a ver material pornográfico. Mi marido lo tiene prohibido, pero yo no. Siendo una mujer, puedo controlar mis impulsos mucho mejor que él, así que disfrutaré de ello sólo cuando estoy con el ánimo apropiado. Cuando me encuentro en la situación de disfrutar de ello lo uniré a mi derecho a darme placer y alquilaré un video o DVD, y lo veré mientras me masturbo. Mi marido estará atado a la silla, de frente a mí y de espaldas a la pantalla de la televisión. Sólo tiene permiso para mirarme a mí mientras me doy placer, pero no a ver lo que yo estoy viendo, así que yo disfruto mientras el permanece frustrado. Le permito escuchar lo que está ocurriendo en el video o DVD porque le provoca y le atormenta de qué manera. Desea desesperadamente ver lo que yo estoy viendo y que no se le permite disfrutar. Le provoco diciéndole qué magnífico cuerpo tiene la mujer y qué erótico resulta ver a un bien dotado semental deslumbrado por la preciosa mujer. Sólo puede escuchar, pero no verlo.</p>
<p>Quizá incluso limite su capacidad para escuchar la acción, poniéndole tapones en las orejas para que no pueda ver ni oír lo que me está haciendo disfrutar. No obstante, de ese modo resulta menos divertido para mí, porque no puedo provocarle tanto, pero le frustra mucho cuando todo lo que puede hacer es observar como se masturba su mujer, sin saber lo que estoy escuchando o viendo en ese erótico video. Depende de mi humor y de cuán cruel quiera ser con él. Una vez mas, esta es una forma de infidelidad en tanto que yo puedo disfrutar de lo que él no puede.</p>
<p>Estos escenarios le transportan a lo que tú denominas el “espacio de la sumisión”. Cuanto más cruel soy, más se excita, porque es un masoquista psicológico. Creo que la mayoría de los hombres que desean ser engañados por sus mujeres son masoquistas psicológicos. La diferencia es que en nuestro caso no involucramos a otro hombre y eso evita la fuente de potenciales problemas que van asociados con la infidelidad. Yo domino a mi marido mentalmente utilizando los mismos principios de la infidelidad: disfruto de las actividades que el tiene prohibidas. Y son prohibiciones permanentes: nunca puede comer dulces, ni masturbarse, ni ver películas pornográficas. Yo, por el contrario, puedo disfrutar todo lo que quiera y utilizar mi poder para provocarle y atormentarle en el terreno psicológico.</p>
<p><strong>Elise Sutton:</strong></p>
<p>Sin duda, eres una mujer inteligente y creativa. Comparto profundamente tus observaciones acerca de la infidelidad. Nunca las he escuchado mejor expresadas. En esencia, la infidelidad es una cuestión relacionada con una sexualidad psicológica entre las mentes de la mujer y su marido, y es una forma de practicar la humillación. El hecho de que la mujer esté disfrutando mientras se lo impide a su marido es lo que conforma la imagen psicológica que dispara el deseo de sumisión en el hombre y le transporta al “espacio de la sumisión”. Es esta dinámica de poder la que alimenta la pasión de ambos, la de la mujer complacida y  la del hombre frustrado.</p>
<p>Como esta es la raíz de la experiencia de la infidelidad, la misma dinámica de poder puede ser utilizada con éxito en otras áreas. Una mujer me escribió no hace mucho tiempo sobre como engañaba a su marido por medio de negarle lo que él disfrutaba más incluso que el sexo, su fetiche de adorar sus botas. Además, esta mujer también le engañaba sexualmente, manteniendo otro amante, pero descubrió pronto que ese disfrute para ella podía ser utilizado en otras áreas con su marido. Su esposo suspiraba por adorar sus botas, así que lo que hizo fue comprarse un nuevo par que sabía que le encantarían y que estaría ansioso por adorar mientras las tenía puestas. Pero se lo impidió; le enseñó las botas y le dijo que las iba a usar sólo para su amante, no para él. Entonces, volvería a casa después de su cita, ataría  a su marido, y le provocaría diciéndole lo sexy que resultaba con sus nuevas botas y como había permitido a su amante llenarlas de besos y lamerlas desde el tacón hasta arriba. Ella disfrutaba de la adoración por las botas con su amante mientras se lo prohibía al ansioso marido.</p>
<p>Tus observaciones sobre la infidelidad podrían ser utilizadas en muchas áreas de la relación entre la mujer y el hombre, y si la naturaleza sumisa del varón es estimulada por medio de esa forma de humillación, debe provocar los mismos efectos que la infidelidad. Tu idea de hacerlo con los dulces es absolutamente genial. Puedo ver a la esposa que quiere que su marido adelgace utilizando esta técnica. Ordenar simplemente al marido que deje de comer dulces no será tan efectivo como hacerlo por medio de un ejercicio de la dominación femenina. Haciéndolo así consigues que lo que normalmente sería una mera obligación se convierta en algo excitante y divertido. Como he apuntado en mi libro (http://www.elisesutton.homestead.com/FemDomBook.html), la dominación puede transformar las tareas cotidianas de la vida y convertirlas en excitantes. Eso es lo que has hecho con tu técnica del disfrute femenino frente a la frustración masculina.</p>
<p>La clave es que debe ser algo que ambos disfruten (sexo, comer dulces, ver películas eróticas, etc.), para que cuando se le prohíba sepa que tú vas disfrutarlo mientras le provocas y atormentas. Esta técnica no funcionaría si la actividad que se le prohíbe no proporcionara también placer a la mujer. Prohibirle al marido una actividad en la que la mujer no está interesada podría ser un ejercicio de dominación, pero no tendría el estímulo psicológico de esa técnica. Es por eso por lo que la infidelidad es tan poderosa: el hombre suspira por el sexo pero se le prohíbe, mientras la mujer es sexualmente complacida por sus amantes.</p>
<p>Ahí reside el profundo nexo psicológico que transporta al hombre al “espacio de la sumisión”. Ahí se encuentra la esencia para que se produzca un auténtico intercambio de poder. Has tenido éxito al descubrir algunas áreas en las que se revela ese nexo básico, como el deseo de tu marido por los dulces, por la masturbación o por ver películas eróticas. Por lo tanto, cuando tu lo disfrutas el es consciente de que estas experimentando un enorme placer que a él no le está permitido. Eso te da un poder y un control sobre él, y ese poder estimula su naturaleza sumisa, lo que le proporciona un placer psicológico mientras a su cuerpo se le impide disfrutar físicamente.</p>
<p>Gracias otra vez por compartir todo esto conmigo. Estoy segura de que tu técnica será utilizada y enriquecida por otras mujeres en cuanto lo lean en mi sitio web.</p>
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