Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Cuando ella dice sí

Lalo López nos ofrece un artículo sobre las dudas que pueden asaltar a la dominante y al sumiso una vez que se ha tomado la decisión de añadir la dominación femenina a la relación de pareja. Y nos dice que esas dudas no son patrimonio exclusivo de las mujeres, sino que también se les plantean a los sumisos en el momento de pasar de la teoría a la práctica.

Una infidelidad distinta

Alfredo Araoz tiene dudas sobre si la dominación femenina le ayudaría a recomponer su relación con una novia que le ha engañado. Y surge de su pregunta la diferencia entre cómo se entiende comúnmente la infidelidad y cómo en esta revista, entre la deslealtad y el engaño, y una práctica asumida y consentida por las dos partes que integran la pareja. A las dos cosas llamamos infidelidad, pero son bien distintas.

Más detalles

Tras la contestación de la revista en “Una pregunta sin respuesta posible”, Fabio Ramires nos amplía la información que nos proporcionaba en su anterior pregunta, con lo que resulta posible entender más cosas y profundizar un poco más en la reflexión sobre su relación, que no ha dejado en nuestra opinión de avanzar en la dirección de la dominación femenina.

En busca de la gran humillación

Se pregunta este hombre sobre la conveniencia de una experiencia extrema de humillación que le transporte a un estado en el que sea más fácil servir a su mujer. Una muestra de lo desatinados que andan algunos hombres sumisos, más pendientes de sus fantasías de dominación femenina que de someterse de verdad a la mujer que quieren que les domine.

Interesado por la castidad

El hombre que pregunta muestra su interés por la práctica de la castidad masculina… y su miedo a ser raro. Elise Sutton le contesta que esa práctica se ha ido imponiendo por expreso deseo de los hombres, aunque las mujeres han terminado por ver sus ventajas y, de hecho, se practica también en relaciones de pareja que no son de dominación femenina.

Problemas con el cinturón

Pregunta esta mujer sobre los problemas que le plantea su marido con el cinturón de castidad. Y Elise le responde que las cosas hay que hacerlas paso a paso, que no es tan simple como colocarle el aparato al hombre y todo resuelto, que muchos hombres necesitan descansos hasta que se adaptan a él.

Hambre insaciable

Esta mujer está asombrada, porque desde que ella y su pareja se introdujeron en la dominación femenina su hambre de nuevas experiencias y de nuevos niveles en esas experiencias no sólo no se sacia sino que se renueva a cada paso. Pensaba que una vez instalados en un estadio de la relación, asunto resuelto; pero al poco de llegar, ya está pensando en el siguiente.

Ahora es también un placer

Abby y Jay se iniciaron en la dominación poco a poco, finalmente han construido una relación de dominación completa y permanente. Se acabaron las reticencias iniciales por parte de ella, que nos cuenta que ahora goza incluso con el castigo corporal que le proporciona a su marido, pero su problema son las dificultades de Jay para aclimatarse al aparato de castidad.

La linda hermana mayor

Rodrigo convive con una bella mujer, 13 años mayor que él, de la que cree estar enamorado y por la que siente atracción sexual desde niño; el problema es que es su hermana, y no parece que ella sienta nada similar. Se plantea Rodrigo qué hacer. Y la revista le recomienda que se aleje de su hermana, de su obsesión, y ponga las condiciones para enamorarse de otra mujer.

Sólo deseo que sea mi ama

Andrés Claro escribe pidiendo opinión o consejo. Y es claro: “Sólo deseo tener a mi mujer como mi ama y que ella sea feliz siéndolo”. Lo que queda muy oscuro es lo que desea su mujer y que constituya una prioridad para él. Andrés es un ejemplo de tantos hombres sumisos que hablan de ser dominados cuando lo que intentan es poner a sus mujeres a su servicio.


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