Blog de Ana Serantes

Diario de una dominante

Ahora es también un placer

Abby y Jay se iniciaron en la dominación poco a poco, finalmente han construido una relación de dominación completa y permanente. Se acabaron las reticencias iniciales por parte de ella, que nos cuenta que ahora goza incluso con el castigo corporal que le proporciona a su marido, pero su problema son las dificultades de Jay para aclimatarse al aparato de castidad.

La linda hermana mayor

Rodrigo convive con una bella mujer, 13 años mayor que él, de la que cree estar enamorado y por la que siente atracción sexual desde niño; el problema es que es su hermana, y no parece que ella sienta nada similar. Se plantea Rodrigo qué hacer. Y la revista le recomienda que se aleje de su hermana, de su obsesión, y ponga las condiciones para enamorarse de otra mujer.

Sólo deseo que sea mi ama

Andrés Claro escribe pidiendo opinión o consejo. Y es claro: “Sólo deseo tener a mi mujer como mi ama y que ella sea feliz siéndolo”. Lo que queda muy oscuro es lo que desea su mujer y que constituya una prioridad para él. Andrés es un ejemplo de tantos hombres sumisos que hablan de ser dominados cuando lo que intentan es poner a sus mujeres a su servicio.

Una mujer desbordada

La mujer que pregunta se ha puesto a hacer lo que le pide el marido, a utilizar lencería y tacones altos para empezar. Pero las exigencias no tienen fin, y ella está harta de que le digan que está al mando y ver que no manda nada. Así que o se hace con el control, de verdad, o poco futuro tiene el experimento.

No me atrevo a decírselo

Arturo, no es usted el primer hombre, ni será el último, que nos escribe para contarnos un problema que se puede resumir con facilidad: tengo dificultades para comunicarme con mi mujer, no me atrevo a decirle lo que me ocurre y lo que siento por miedo a que piense que soy un “depravado”; sin embargo, vivo torturado porque ese es mi principal deseo.

Una pregunta sin respuesta posible

La pregunta de Fabio es representativa de muchas de las que hacen los hombres sumisos: quiero más, ¿cómo lo hago? Así que le explicamos que, con la escasa información que suelen aportar, poco más podemos hacer que enviarles a la sección “Comenzar” de la revista, donde encontrará algunas enseñanzas que pueden resultarles útiles.

¿Y cuando hay hijos?

Fernando Fernán nos pregunta qué ocurre con la dominación femenina cuando hay hijos y la necesidad de compartir las tareas de atenderles y de la casa. Pues lo que debería pasar es que la dominación está atravesada por la existencia de esos hijos, pero eso no significa que tenga que quedar relegada al dormitorio. En cualquier caso, interesante asunto el de los niños que nos plantea Fernando.

La ansiedad de la inexperiencia

Marcos tiene 22 años y ninguna experiencia real con mujeres. Sin embargo, lleva tiempo relacionándose con mujeres dominantes por Internet; y está hecho un lío. Se pregunta qué clase de sumiso es, en lugar de preocuparse por descubrirse a sí mismo y al mundo por medio de experiencias reales que le permitan aprender y desarrollarse.

Cuántos nervios

Algunos hombres parecen de mantequilla. Nos pregunta Amapola qué hacer para continuar con la iniciación a la dominación femenina, porque a su marido le entran unos nervios y unas excitaciones que no puede controlar. Y le contestamos que le diga a su marido que se deje de cuentos y se ponga manos a la obra, que se comporte como un hombre en lugar de cómo un niño.

Una vida mejor

Laura nos pregunta sobre la castidad, pero sobre todo nos cuenta que gracias a la lectura de la revista ha descubierto que era posible transformar su vida en la dirección que quería. Y ha sido capaz de iniciar esa transformación con un éxito notable en cuestiones que consideraba básicas en su vida: el estudio y el trabajo.


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