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	<title>Blog de Ana Serantes &#187; Sumisión</title>
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	<description>Diario de una dominante</description>
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		<title>¿Sumiso dominante?</title>
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		<comments>http://anaserantes.com/2008/%c2%bfsumiso-dominante/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 18 Dec 2008 05:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Se pregunta Daniel si es o no un “sumiso dominante”. Y yo le contesto que sí, que resulta mucho más habitual de lo que piensa. Y que no hay contradicción, que la vida no es blanco y negro, que no somos solamente una cosa, aunque solamos ser más una cosa que otra. Desde luego, él más sumiso que dominante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Daniel Soria</strong></p>
<p>Sra. Serantes: he tenido siempre, desde mi adolescencia, claras tendencias sumisas. Por tanto, pasados ya 30 años desde que dejé de tener 15 años, creo no tengo ninguna duda sobre lo que soy. He pasado por manos de dominas profesionales, de mujeres dominantes no profesionales, de teléfonos eróticos, por la sumisión financiera, etc., y tengo tan claro que obedecer y servir a una mujer me parece tan apasionante, sutil y excitante ahora como cuando era un adolescente,  o acaso incluso antes de que nació mi sexualidad. También me agrada, sin duda, el sexo convencional; pero la sutileza de la dominación femenina, tanto psicológica como física, es una experiencia que me acompañará hasta la tumba. Y si ciertamente –permítaseme la broma– hay vida en el más allá&#8230; ¡espero estar al servicio de una dama en el Walhalla escandinavo, para toda la eternidad!</p>
<p>Dicho esto, debo reconocer que también he tenido tendencias dominantes, desde los 20 años (no antes, también es cierto, aunque no podría realmente corroborarlo completamente porque ya tengo 45, y la memoria me puede jugar malas pasadas sobre mis instintos en la preadolescencia), que se han ido desarrollando conforme he ido escalando profesionalmente. Insisto en este ultimo apartado, porque percibo la correlación temporal entre un hecho y otro. Las tendencias dominantes no prevalecen sobre las anteriores sumisas, pero existen y no son puntuales. Digamos que hay una escala de intensidad: me siento profundamente sumiso ante una mujer con carácter dominante e inteligente, y aún más si es muy inteligente y más que yo, y si tiene un carácter fuerte, con ideas claras y clase y estilo en su forma de ser. Pero reconozco que por mi trabajo, en donde mando –y a veces por desgracia, debo mandar bastante–, o incluso en las relaciones personales, la actitud de una mujer respetuosa, servicial o atenta, despierta una parte de mi tendencia dominante. En resumen, que en mi psique hay un especial placer cuando una mujer me trata con especial respeto, acepta mis ordenes o instrucciones o deja claro que quien toma las decisiones soy yo, ya sea en el ámbito personal o profesional. Mantengo contacto profesional con señoras que siendo mayores que yo –o menores– me tratan de Usted y Señor, y yo simplemente las tuteo, y ello –lo reconozco– me reconforta. No deja de ser chocante que mi ayudante en el trabajo desde hace 10 años me trata con un respeto y entrega casi sumisa. O que exijo fidelidad y lealtad a la mujer que se subordina a mi. Y también, por supuesto, reconozco que no me importaría mantener una relación de D/S con una mujer que cumpliera, precisamente, las condiciones que yo mismo me autoexijo para ser un buen sumiso. Es más, creo que he aprendido a ser un buen sumiso precisamente comprobando –entre otras cosas– lo que, cuando mi instinto dominante surge, me agrada de una mujer. Debo destacar, además, como podrá comprobar, que tanto en una posición como en otra soy heterosexual. </p>
<p>Tengo entendido que esta ambivalencia no es extraña, y he leido que sucede en no pocas ocasiones. Pero personalmente –no soy psicólogo– no deja de ser peculiar: puedo obtener un auténtico placer al someterme a una mujer inteligente y dominante, pero también reconfortarme y mucho ante la obediencia de una mujer. Naturalmente, en este último caso, dentro de los límites de un exquisito respeto hacia ella.</p>
<p>¿Cómo valora Usted esta situación? Personalmente pienso que moriré siendo sumiso, pero no deja de ser una situación contradictoria. Le agradecería su reflexión, y poder comprobar con el debate posterior si hay más compañeros del foro que tienen tendencias similares. Un cordial saludo. </p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Hablas, Daniel, de una situación contradictoria, de la tuya. Contradictoria es casi siempre la vida, que nunca es blanco y negro, que afortunadamente es una rica sucesión de grises. “Moriré siendo sumiso”, dices, y seguro que te conoces lo suficiente para afirmarlo. También a mí me parece lo más probable. Por lo tanto, eres un hombre sumiso. ¿Pero eres solamente eso? Hay en nuestra personalidad tendencias más dominantes que otras, pero esas tendencias no anulan otros aspectos de la personalidad. Somos más una cosa que otras, pero nunca somos una sola cosa.</p>
<p>En el mundo del BDSM hay personas que se definen con el término inglés <em>switch</em>, es decir, personas a las que les gusta alternar su posición entre la dominación y la sumisión. Y yo no pienso que esa postura sea el testigo de una personalidad contradictoria, sino la expresión de quien encuentra satisfacción haciendo cosas distintas, porque resulta innegable que ambas cosas hay satisfacción; aunque a veces también la expresión de aquellos a los que les cuesta profundizar en una dirección, a quienes les cuesta mantener el esfuerzo. En cualquier caso, la mayoría de quienes así se definen suelen tener algo más desarrollada una tendencia que otra y, en consecuencia, acostumbran a sentirse un poco más cómodos en una posición que otra. Creo que quien tuviera un absoluto equilibrio entre sus tendencias dominantes y sumisas –lo que no resulta muy frecuente– no tendría ningún problema para disfrutar de ellas en las relaciones sexuales, pero tendría más dificultades para establecer una relación continuada en una de las dos direcciones. Cuestión de vocación y de entrenamiento. No obstante, hay parejas, aunque pocas, que intercambian sus papeles cada cierto tiempo, y disfrutan de ambos. A mí no me interesaría, porque es la dominación femenina lo que me interesa, pero me parece perfecto que otros lo hagan.</p>
<p>Sin embargo, por lo que escribes, no me parece que sea ese tu caso. Me da la impresión de tú eres fundamentalmente un hombre sumiso. Y de un tipo nada extraño. Ya he escrito en alguna otra ocasión que entre los hombres sumisos abundan los que podríamos llamar “machos alfa”, líderes o emprendedores tanto en el ámbito social como en el profesional. En fin, los “sumisos dominantes”, por utilizar tu expresión. Apuntaba el otro día en un comentario que el director-gerente de la empresa en la que trabajo fue el primer hombre que dominé explícitamente. Y te aseguro, Daniel, que es un hombre de armas tomar. Mi chico es claramente un hombre dominante en la mayoría de los momentos y facetas de su vida: le gusta mandar, le gusta liderar, le gusta quedar bien delante de otros, le gusta sentirse reconocido e incluso adulado&#8230; y tanto por hombres como por mujeres. Los años que lleva conmigo le han convertido en un hombre claramente sumiso&#8230; conmigo, pero no han anulado su personalidad, que sigue siendo básicamente la misma y, por lo tanto, tampoco le han convertido en sumiso con cualquier mujer.</p>
<p>No descarto, desde luego, que Miguel pueda tener de vez en cuando alguna fantasía de dominación con una mujer, pero creo que sus años de convivencia conmigo, los años de fuerte sometimiento también han contribuido a modular sus fantasías, que con el paso del tiempo se han ido haciendo cada vez más sumisas. Creo que pasar seis años con una mujer tan dominante como yo, y con una relación tan intensa como la nuestra, no es en vano. E imagino que a ti, Daniel –porque tú pareces ser como ellos, un “sumiso alfa”–, te ocurriría algo parecido, que si mantuvieras una relación duradera con una mujer muy dominante, tus fantasías de dominación masculina serían aún más limitadas de lo que ya son. </p>
<p>Ahora bien, ni siquiera en una situación como la descrita tendrían por qué desaparecer radicalmente esas fantasías. Y no encuentro contradicción, ni motivo de preocupación, en que un hombre sumiso tenga de vez en cuando la fantasía de dominar a una mujer&#8230; ni en que la fantasía llegue a hacerse realidad. Pero lo cierto es que, en tu caso, como tú mismo dices, la diferencia entre la tendencia sumisa y la dominante es muy importante. Por un lado, la realidad: “He pasado por manos de dominas profesionales, de mujeres dominantes no profesionales, de teléfonos eróticos, por la sumisión financiera, etc.”. Y por el otro, la fantasía: “reconozco que no me importaría mantener una relación de D/S con una mujer”.</p>
<p>En efecto, Daniel, “esta ambivalencia no es extraña”, pero tampoco es “peculiar”, como tú la ves, sino bastante habitual entre los hombres sumisos con claras tendencias dominantes en muchos aspectos. Y son muchos los sumisos de ese tipo, los del tipo que una vez escribí que a mí me gusta (“<a href=" http://anaserantes.com/2008/hombres-que-nos-gustan/ ">Hombres que nos gustan</a>”); no hay más que leer los comentarios de este blog para comprobarlo.</p>
<p>Como ocurre con todo, ser un hombre sumiso de esa clase –insisto que muy habitual– tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Son hombres que, una vez saben lo que quieren, luchan por conseguirlo, así que son hombres dispuestos a explorar la sumisión cuando la “descubren”. Sin embargo, como son hombres dominantes, pues les cuesta bastante más entregarse a mujeres que no consideren a su altura. Por esa razón, a menudo, nos encontraremos a esos hombres realizando esfuerzos por entregarse tan serios como los que hacen por dominar desde abajo a las mujeres a las que dicen someterse. Para entendernos, hombres que es esto lo que buscan: “me siento profundamente sumiso ante una mujer con carácter dominante e inteligente, y aún más si es muy inteligente y más que yo, y si tiene un carácter fuerte, con ideas claras y clase y estilo en su forma de ser”. Y claro, si la mujer no es muy dominante o muy inteligente, o menos inteligente que ellos, y si no tiene un carácter fuerte, y las ideas claras, y clase, y estilo&#8230; y no sé qué más, pues la cosa se complica. Es cierto que se les complica para todo, ya sea para una relación de dominación femenina o para una que no lo sea. Y no se les complica porque no tengan éxito con las mujeres, que suelen tenerlo, sino por el nivel de exigencia. Y como son exigentes, pues también lo son con las mujeres a las que dicen querer someterse.</p>
<p>¿Son hombres contradictorios? Qué más da si lo son o no. Son así, y así hay que aceptarlos o rechazarlos. Como decía, son los hombres que a mí me gustan. Pero en este terreno, en el de la dominación femenina, yo juego con bastante ventaja con respecto a otras mujeres, con la ventaja que me da mi bien florecida dominación y mi experiencia como mujer dominante. A mí no es que me arredren, sino que precisamente es a estos hombres a los que me gusta dominar. Pero como la mujer tenga tantas dudas como falta de experiencia, complicado lo tiene para imponerse a estos gallitos.</p>
<p>¿Sumiso dominante? Pues parece que sí, Daniel. Y que lo disfrutes, y que encuentres a la mujer que pueda disfrutarlo. </p>
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</p>]]></content:encoded>
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		<title>¿Soy sumiso?</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/soy-sumiso/</link>
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		<pubDate>Sat, 08 Nov 2008 05:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Alberto se plantea la duda de si es o no un hombre sumiso y de si le gustaría o no vivir con una mujer dominante. Y yo le recomiendo que se centre en lo que tiene, en la relación con su novia, y que tenga la suficiente confianza en ella como para contarle lo que le ocurre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Alberto García Vergara</strong></p>
<p>Señora doña Ana Serantes.</p>
<p>Mi nombre es Alberto, tengo 39 años y mantengo una relación “normal” con mi chica desde hace 11 años; al decir normal quiero decir que no existe ninguna relación de dominación/sumisión, entre otras cosas porque ella no es dominante.</p>
<p>Llevo desde hace bastante tiempo visitando entre otras su  magnífica página web, y la verdad es que no me llego a identificar plenamente con ninguno de los que en ella aportan sus experiencias o simplemente solicitan su ayuda.</p>
<p>Bien, no quisiera hacerla perder su valioso tiempo, ni mucho menos, señora, lo único que busco es  su experiencia como psicóloga del comportamiento de las personas y sobretodo su lado de mujer dominante.</p>
<p>Desde que tenía 14 años siempre he tenido dificultad para relacionarme con las chicas por timidez o vergüenza, y casi siempre me gustaba mostrarme como el típico machito ante los compañeros. Al mismo tiempo empecé a sentir una fuerte atracción inexplicable hacía las botas altas de las mujeres. (Posteriormente me enteré de que eso era fetichismo).</p>
<p>Hasta los 27 años no salí con mi primera chica (que es la actual), aunque he de decir que siempre ha habido alguna que otra chica que me atraía y que sabía que yo también la atraía, pero debido a mi carácter inseguro no llegaba a decidirme a dar el paso.</p>
<p>El caso es que, desde que empecé a salir con mi compañera, me empeñé en intentar acostumbrarla a que usase botas de tacón alto (ya que me parece dan autoridad), y he de decir que al día de hoy es una guerra continua que no he conseguido vencer.</p>
<p>Confieso que me atrae muchísimo ver por la calle a cualquier mujer que calce botas o zapatos de tacón, pero además, y aquí mi pregunta a usted, cada vez que leo cualquier relato de dominación femenina o veo imágenes de sesiones de castigo me excito de forma sobre normal, y si además la mujer calza botas ni que decir tengo.</p>
<p>La duda que tengo reside en que no puedo asegurar que yo tenga carácter sumiso o no (no sé si me gustaría estar junto a una mujer dominante), pero el caso es que no hay día que pase que no busque en Internet imágenes de mujeres disciplinando a sumisos, montando a caballo de manera violenta (abusando de espuelas y fusta) o montando sobre los hombros de <em>ponyboys</em>.</p>
<p>En resumen, cuando veo a una mujer castigando o humillando a un hombre, se me acelera el corazón y noto recorrer la adrenalina por todo mi cuerpo y muchas veces termino masturbándome, lo cual me acarrea serios problemas en mi relación de pareja, ya que he perdido la apetencia sexual (que no amor) hacia mi pareja debido a ello.</p>
<p>A veces tengo fantasías de dominación femenina (como creo que el 99% de los hombres), pero no veo nada claro si me gustaría o necesitaría ser disciplinado.  Tampoco podría decir si es un problema de exceso de testosterona o qué. ¡Aunque suene a chiste!</p>
<p>El caso es que nado en un mar de dudas, que día a día me corroe por dentro, y no se que hacer. Espero sepa usted, señora, darme su experta y sabia opinión al respecto. Muchas gracias y, por favor, continúe usted así.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Alberto, comenzaré por hacer una precisión previa –que es de aplicación general para quienes leen estas páginas– sobre lo que busca: “lo único que busco es  su experiencia como psicóloga del comportamiento de las personas y sobretodo su lado de mujer dominante”.</p>
<p>Como escribí en el apunte biográfico para el blog, estudié psicología, pero nunca he ejercido como psicóloga. Por lo tanto, todo lo que escribo aquí no puede considerarse como la opinión profesional de una psicóloga. Amén de que ninguna psicóloga osaría dar a nadie una opinión profesional sobre la base de una breve carta, con más razón si de nada conoce a esa persona. Insisto en que mis opiniones son personales y en que, en consecuencia, no deben ser tomadas más que como las de una mujer con cierta experiencia en el terreno de la dominación femenina y, espero, alguna dosis de sentido común. Nada más.</p>
<p>Aclarada la cuestión, Alberto, vayamos a la duda que plantea en su carta: “La duda que tengo reside en que no puedo asegurar que yo tenga carácter sumiso o no (no sé si me gustaría estar junto a una mujer dominante)”. </p>
<p>A mí pocas dudas me caben. Nos dice que se excita con cualquier relato de dominación femenina que lea, más aún cuando contempla “imágenes de castigo”, que “no hay día que pase que no busque en Internet imágenes de mujeres disciplinando a sumisos”. “En resumen, cuando veo a una mujer castigando o humillando a un hombre, se me acelera el corazón y noto recorrer la adrenalina por todo mi cuerpo y muchas veces termino masturbándome, lo cual me acarrea serios problemas en mi relación de pareja, ya que he perdido la apetencia sexual (que no amor) hacia mi pareja debido a ello”. Alberto, es usted la viva imagen de un hombre sumiso. Y seguro que se lo corroborarán algunos de los contertulios que aquí participan con sus comentarios.</p>
<p>Ahora bien, ¿por qué alguien que tan clara inclinación tiene por la sumisión a las mujeres duda de que la tenga? Se me ocurren un par de posibilidades. Una, que no es fácil asumir que nos ocurre algo que la sociedad en general considera que no nos debería ocurrir, esto es, que no es fácil asumir un aspecto de nuestra personalidad que seguramente puede contribuir a proporcionarnos algunos problemas en nuestra vida. No nos puede extrañar que alguien intente evitar el señalarse a sí mismo, según criterio ampliamente extendido, como “pervertido”. </p>
<p>La segunda posibilidad es que, por lo que me cuenta, no se muestra usted especialmente decidido en el terreno de las relaciones afectivas y sexuales: “mi carácter inseguro”; “dificultad para relacionarme con las chicas por timidez o vergüenza”. No es muestra de arrojo, desde luego, que a sus 39 años no se haya relacionado más que con una sola mujer. Vamos, que parece que le cuesta decidirse y afrontar los problemas o las oportunidades en este terreno.</p>
<p>La suma de esas dos posibilidades me hacen entender que usted se plantee la duda de sí es o no es sumiso, algo que a mí me resulta casi evidente. ¿Qué hacer? Pues se me vuelven a ocurrir dos posibilidades. Por decirlo muy rápidamente, puede usted seguir como hasta ahora, es decir, seguir disfrutando de la dominación femenina como una fantasía y a escondidas y, de ese modo, evitarse los problemas o dificultades que le pudiera acarrear la asunción de su condición de hombre sumiso. Esa sería la primera posibilidad, pero no dude de que sus ansías de sumisión estarán ahí, más o menos explicitadas, pero no van a desaparecer ni siquiera a decrecer. </p>
<p>La segunda posibilidad es la que yo le aconsejaría, que intentara asumir quién y cómo es y contárselo a la mujer a la que dice amar y con la que lleva once años relacionándose. ¿No cree que ella se lo merece? ¿No cree que a su relación le falta algo? Yo creo que es importante lo que falta: la confianza en ella para mostrarse como de verdad es usted. ¿Miedo? Lo entiendo. Pero en la vida hay miedos que hay que vencer para crecer como persona, y éste es uno de ellos. Yo le recomendaría que no se lo planteara como una cuestión de vida o muerte, que compartiera con ella sus sentimientos, pero sin intentar en principio convertirlo en un cambio trascendental en la forma en que se relacionan. No pretenda que de esa “confesión” salga una relación de dominación femenina, no intente dibujar el futuro. Simplemente, trate de mostrarle a su novia cómo es usted y&#8230; deje que los acontecimientos sigan su curso sin acotar el futuro, déjese llevar, y disfrute de la comunicación con su pareja.</p>
<p>Dice que no sabe si le “gustaría estar junto a una mujer dominante”. Y dice que “ella no es dominante”. Quién sabe si le gustaría o si a ella pudiera terminar por gustarle ser dominante. No deje que las ideas preconcebidas le aprisionen. Si lo que le gusta es estar con ella, y puesto que no puede estar seguro de cómo reaccionará ella ante lo que le cuente, no se cierre ninguna puerta, pero tampoco pretenda tener dibujado lo que haya al otro lado de la puerta. Concédase un privilegio: el de intentar reconstruir su relación sin saber a dónde conduce el camino. Abandónese un poco a sí mismo, a ella y a la relación. Y procure disfrutar de lo que encuentre en lugar de añorar lo que no encuentre.</p>
<p>Alberto, yo creo que es usted sumiso, y que sí le gustaría que su novia le dominara. Pero no creo que establecer una relación de dominación femenina con ella deba ser en este momento su objetivo. Si un día surge, estoy convencida de que usted le dará la bienvenida, pero ahora me centraría en mejorar lo que tiene, en su relación. Y para ello nada más conveniente que mejorar la comunicación con su pareja, y abrirse a ella contándole algo tan importante y profundo como lo que le pasa. Y si le gusta, pues cuénteselo de este modo a usted mismo: me entrego a ella, se lo cuento y, como buen sumiso –o buen compañero–, me plegaré a lo que ella estime oportuno para los dos.</p>
<p>Como le digo, yo pienso que su reto debería ser ahora el utilizar lo que le ocurre para profundizar en su relación con su novia y comunicarse mejor con ella (no se considere el centro exclusivo de la cuestión; la relación es de dos). Si eso le saliera bien, ya le habrían servido para algo todas las dudas que le asaltan. Y si del proceso sale algo positivo, quién sabe a dónde les llevará el camino.</p>
<p>Si quiere seguir compartiendo cosas, no se corte, Alberto. Un saludo y mis mejores deseos para ambos.</p>
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		<title>De hombría II</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 05:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Antoni reflexiona sobre las diferencias entre cómo percibimos a los hombres sumisos Andrea y yo. En realidad, sobre lo que escribí en la entrada del Diario titulada “De hombría”. Y su opinión es que podría ser más cuestión de gustos personales que otra cosa el que yo a los sumisos los prefiera “muy hombres” y Andrea, “calzonazos”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Antoni Miaja</strong></p>
<p>He descubierto recientemente este blog, y como persona iniciada en el rol sumiso me ha interesado mucho. Es relativamente poco habitual encontrar páginas que traten sobre las relaciones de DS con asepsia y rigor, sin caer en tópicos fáciles o sencillamente en la vulgaridad; lejos de esto, encuentro esta página muy correcta y elegante, por lo que felicito a la autora y en general a las personas que participan habitualmente. Espero que mis comentarios también les resulten interesantes.</p>
<p>Ahora en concreto, querría mostrar mi opinión acerca del debate expuesto en la entrada <a href="http://anaserantes.com/2008/de-hombria/">De hombría</a>:</p>
<div class="blockquote">¿Tiene sentido dedicarse a reflexionar sobre la hombría en un blog centrado en la dominación femenina? Para mí que sí. Aunque creo que la discusión de anteayer en la entrada “<a href="http://anaserantes.com/2008/mas-que-dominacion-femenina/">Más que dominación femenina</a>” se desmadró un poco, no me molestó el debate que tuvo lugar. Ahora bien, lo que más me llamó la atención en la controversia fue la postura de quien se presentó como una mujer dominante, de Andrea (bienvenida).  [sigue en <a href="http://anaserantes.com/2008/de-hombria/">De hombría</a>]</div>
<p>Cuando leí las entradas referidas, en especial “<a href="http://anaserantes.com/2008/mas-que-dominacion-femenina/">Más que dominación femenina</a>”, desde luego no me resultó indiferente, al contrario incidió en mi notablemente al tratar de analizar directamente una cuestión como los gustos dominantes/sumisos, algo que forma parte de la personalidad, pienso que de forma ya indisoluble, y que en cierta medida considero en constante evolución. Por ello trataré de enfocar la cuestión básicamente desde el punto de vista de mis gustos personales, espero que me permitan esta licencia, más adelante me servirá para exponer con más claridad algún tipo de evaluación o conclusión más “general”, algo siempre difícil al tratarse de una cuestión tan subjetiva como los gustos personales.</p>
<p>Lo primero que debo decir es que no puedo dejar de sentirme identificado con la postura argumental de nuestra anfitriona, Ana Serantes, como persona racional que siempre trata de analizar las cosas que conozco, su postura sobre las relaciones DS tiene incluso un cariz pedagógico que harían que una persona alejada completamente de este mundo, con ser mínimamente razonable, debiese aceptar su postura al menos como plausible.</p>
<p>Sin embargo, aparte de ello, me impactaron profundamente los comentarios de Andrea, más allá de los detalles de la argumentación, su postura destila algo que, al menos yo, percibí inmediatamente: desprecio. Sí encuentro que esa es la palabra para definir su predisposición para atribuir a los sumisos “todas las condiciones negativas que les atribuye”, para su desprecio por los sumisos.</p>
<p>Humanamente nos puede parecer egoísta e incluso mezquino. Sin embargo no se trata (al menos por mi parte) de analizar racionalmente su postura; recuerden que empleé la palabra <em>percibir</em>, y la percepción que tuve al leerlo fue la de un “pinchazo” que conecta inmediatamente con mi componente sumiso. Desde luego, no es la primera vez que imagino a una mujer con aire dominante y resolutivo mostrando(me), con elegancia pero con exigencia, e incluso inmisericorde (no necesariamente mi pareja, sino más bien una tercera persona), su desprecio por mi condición de sumiso. Resulta una situación tal que genera un morbo y una humillación psicológica que me gusta mucho (en contraste con otras prácticas propias y habituales de las relaciones DS que no me atraen en absoluto).</p>
<p>Aclarada la óptica de mi percepción personal, me gustaría entrar un poco más a fondo en la cuestión del tipo de “sumisos”… recordemos: “Andrea los busca [sumisos] calzonazos, y yo [Ana] los busco [sumisos] hombres muy hombres”. Sinceramente, considero esta dualidad apasionante. No se trata de una simple cuestión de gustos “caprichosos”, sino que, al menos yo, veo mucho más allá. Si entendemos la dominación como una especie de “conquista”, nos parecerá mucho más lógica la postura de Ana, a quien le resulta mucho más atractivo dominar a hombres que presentan abundantemente cualidades indiscutiblemente positivas. Sin embargo, la postura de Andrea tiene también su lógica impecable: dominar lleva aparejado dominar a quien se considera inferior (las famosas posturas A y B de la disyuntiva final en el comentario de Macho dominante). Entiendo que esta es la razón de que Ana incida en “denunciar” los insultos vertidos en el debate, mientras que Andrea lo asume como algo implícito en su percepción de las relaciones de DS.</p>
<p>Naturalmente en esta disyuntiva simplificada, hay un punto de inflexión que se nos antoja crítico, y sobre el que muy bien incide Ana en diferentes ocasiones a lo largo de sus comentarios. Para ser un sumiso y reconocerse como tal, hay que “decidir serlo”; a los hombres, la sociedad y los valores culturales vigentes nos predisponen a lo contrario, ergo para ser sumiso hay que tener, como mínimo, la capacidad de decisión propia, la valentía, para nadar contra corriente. Podríamos decir que un sumiso sería “decidido y coherente (en oposición a cobarde y conformista) para convertirse en el calzonazos avanzado que reclama Andrea”… esto es, si no es “decidido y coherente” no llega al final del camino, estimada Andrea, no llega a no ser que ya esté allí, claro. </p>
<p>Me refiero a que he estado pensando como podría llegar a formarse el tipo de personalidad que se infiere de los comentarios de Andrea como su sumiso “ideal”, y he llegado a la conclusión de que lo más parecido que podría haber sería el equivalente masculino a esas mujeres que en el mundo islámico son dominadas y, por tanto, convertidas en sumisas desde el principio de su vida por sus padres y hermanos, para luego ser sumisas a sus maridos. Esto es, un hombre “sumiso y sin personalidad” ya desde las primeras etapas de formación de su personalidad (¿quizá con un madre dominante?&#8230; sería otra cuestión demasiado profunda quizás), que por tanto difícilmente puede atraer para sí a una mujer que buscará un hombre con rasgos de conducta más propios del varón en nuestra sociedad, y que sólo las mujeres dominantes con el perfil concreto que tiene Andrea identificará como “lo que estoy buscando”.</p>
<p>Está claro que en último extremo se trata de una cuestión de gustos, lo apasionante más bien sería “cómo se definen y cómo llegan a formarse esos gustos”, sobre todo cuando llevan implícita la definición de lo que entendemos por DS. De esta manera espero que me permitan opinar en el linde entre lo que es argumentar sobre la cuestión que estamos tratando y lo que es exponer la impresión, completamente personal y subjetiva, que nos causan otras personas.</p>
<p>Así, me gustaría añadir que entiendo la postura de Ana como “plenamente ganadora”, su definición de que busca a los sumisos hombres muy hombres, resulta ser una convergencia perfecta entre la condición femenina y su orientación dominante. Me imagino que muchas mujeres (sin ninguna relación con el mundo de la DS) exclamarían al leerla: “Así también quiero ser yo dominante!”. Del otro lado, veo la postura de Andrea mucho más cruda, y no lo digo en absoluto con un matiz peyorativo, antes ya comenté las sensaciones que me causó. En el fondo, me parece mucho más coherente como mujer dominante. Andrea busca hombre sumisos, “mas allá del calzonazos”, y me parece sencillamente genuino.</p>
<p>En el fondo, incluso parece transponerse una pregunta mucho más profunda e inquietante: ¿hasta qué punto se hace un@ dominante y un@ sumis@? Digo esto porque me parece evidente que no se nace, sino que la orientación dominante-sumisa se forma como un rasgo más de la personalidad de la persona, en este caso de la personalidad sexual. Sin embargo, también me resulta evidente que hay rasgos de la personalidad que cuadrarían perfectamente y otros que chocarían frontalmente con una u otra condición. A partir de ellos, ¿hasta que punto se puede evolucionar para ser lo uno o lo otro? En fin, creo que hoy estoy un poco existencial, espero que sepáis disculparme. </p>
<p>Ahora que la cuestión ha quedado planteada con sus términos bien definidos, quisiera aprovechar para exponer también otra dualidad que desde hace mucho tiempo se ha convertido en otra duda apasionante. Antes que nada, debo decir que puede considerarse que excede los límites argumentales de una página dedicada a la dominación femenina, sin embargo, entiendo que se trata del reverso de la moneda expuesta anteriormente ,y por ello me acogeré a la libertad argumental que  claramente preside este blog para exponerla.</p>
<p>Desde el punto de vista del sumiso (en este caso, supongo que deberíamos ceñirnos al hombre sumiso), ¿qué resulta más atractivo?, ¿mostrarse sumiso ante una mujer dominante con cualidades positivas casi ideales, mujer inteligente, resolutiva, competitiva y triunfadora, etc.?, ¿o por el contrario, ante una mujer (e indirectamente un hombre, como expondré después) “simple”, sin auténticas cualidades positivas, sino en realidad, niñata, quizás inmadura, vasta, maleducada, egoísta y sin posibilidades reales de competir y mejorar en la escala social/laboral, etc.?, ¿o (en una subvariante que puede ser del agrado de un@s y desagrado de otr@s) un sumiso que ve como su mujer dominante se entrega a otro hombre fanfarrón, egoísta, niñato (¿un pelín macarra?) y que está muy lejos del triunfo social y personal?</p>
<p>En definitiva, si desde el punto de vista de la mujer dominante podemos enunciar el dilema de a quién se prefiere dominar, a un hombre “muy hombre”, Ana dixit, o a un hombre que sea un “genuino sumiso calzonazos”, las cosas por su nombre, Andrea dixit.</p>
<p>Y por otro lado, desde el punto de vista del sumiso, ¿ante quién es preferible someterse? Ante una mujer que podríamos definir como “una ama ideal”, o por el contrario someterse a alguien que percibes “inferior a ti”. Porque justamente en este punto radica el elemento diferenciador que lo hace más atractivo o inasumible: el placer de someterse a alguien que percibes como “inferior” y no como “superior”.</p>
<p>Espero que mis divagaciones y sobre todo mis abundantes preguntas no resulten demasiado “pesadas”, y por supuesto me gustaría mucho poder contar con vuestra opinión.</p>
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		<title>A falta de una conversación</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Sep 2008 04:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[La mayoría de los hombres que me escriben lo hacen porque desean establecer una relación de dominación con sus parejas. No es el caso de José Vázquez, que ya la tiene, y que en realidad está tan sólo a falta de una conversación para que esa relación sea lo que entendemos aquí por una relación de dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Vázquez</strong></p>
<p>Antes de nada, felicitarte por la excelente labor que realizas en tu página. Con ella he llegado a comprenderme a mí mismo hasta entrar en ese espacio de aceptación y reconciliación con uno mismo (con <em>el uno mismo</em> masculino), que es lo que Elise Sutton llama “zona de sumisión”. Zona donde la identidad masculina, siempre precaria, acepta sus propios límites y el placer de la <em>pasivización</em> en vez de proyectarlo de forma agresiva sobre el género femenino, como hasta ahora ha sucedido siempre; con la excepción de las sociedades matriarcales, cuya historia y posibilidad ha sido sistemáticamente silenciada. Ojalá tengas razón cuando afirmas la llegada de una época marcada por la dominación femenina y la aceptación sumisa del hombre. Por muchas razones, no creo que la dominación femenina sea equiparable  a la masculina. Pero por ahora no puedo extenderme mucho en eso, siendo además una cuestión que mujeres feministas ya han tratado por extenso y mejor de lo que yo (y quizás cualquier hombre) pudiera hacerlo.</p>
<p>En fin, paso a relatar mi experiencia. Antes que nada buscando consejo, pues el largo camino del sumiso se encuentra asaltado por todas partes por la duda y los obstáculos, sean psicológicos o sociales. Soy un hombre que lleva ya cinco años de relación con una mujer 16 años mayor que él, siendo ella muy femenina y, sin duda, la amante más dulce y tierna que se pueda encontrar al tiempo que, en ocasiones, la más cruel y fría de las compañeras. Mi chica y yo provenimos de estratos sociales diferentes. No lo presento como una muestra de mi clasismo, sino de las diferencias sociales que permanecen en nuestra sociedad. Ella, culta e inteligente pero sin ninguna suerte y yo con una buena posición en el momento de conocerla.</p>
<p>Inmediatamente nos enamoramos, hasta el punto de que abandone todo (no doy más datos por si algún conocido leyera esto) para poder dedicarle todo el tiempo y la atención disponible (en ese momento ella lo necesitaba, sin duda). Y también para ayudarla económicamente pasando inmediatamente a trabajar aunque fuera –como así ha sido– en trabajos mal remunerados, de carácter temporal y sin cualificación alguna. Es cierto que mi decisión de romper con todos mis proyectos de futuro me ha dejado en una situación laboral inestable (en el mejor de los casos, aunque ahora se presentan oportunidades de mejorarla) y que he pagado un alto precio personal bajo la forma de periódicas depresiones y una tremenda frustración (etapa que ya he pasado). </p>
<p>Sin embargo, sé que la satisfacción que he encontrado con ella no la hubiera podido vivir de ninguna otra forma. Si digo esto es porque durante mucho tiempo dicha frustración fue producida por haberme mantenido en la idea de que lo hacía por ella, pero ahora –con tus páginas– he comprendido que jamás buscaba otra cosa que encaminarme hacia la sumisión, guiado por el deseo inconsciente de sentirme dominado por una mujer fuerte, como ella lo es, pese a su imagen frágil y normativamente femenina. De lo único que me arrepiento ahora es de no haberme comprendido antes y haber malgastado buena parte de nuestra relación en lamentos de plañidera y quejas victimistas.  Es cierto que la relación no fue así siempre, sino que los primeros años yo me mostré como el lado dominante de la pareja y hasta insensible a sus atenciones en muchas ocasiones, hasta que ella tomo la acertada decisión de lanzar el órdago de irse a vivir con otro durante unos meses, a condición de volver conmigo si estaba dispuesto a dar un giro de 180 grados y pasar yo de dominante a dominado. Esto  nunca fue explicitado así, pero todo lo que ella me pedía como pruebas de mi “transformación” conducían a eso. </p>
<p>Es más, desde aquello, su misma actitud social conmigo también cambió completamente. Así, no solo sus exigencias se hacían más imperativas en público y en privado sino que, además, pasó a coquetear abiertamente con otros hombres, dejándose tocar o besar (un poco) por desconocidos, incluso delante de amigos nuestros y en mi propia cara, pese a mi personalidad –anteriormente– celosa, sin el menor temor a estar haciéndome daño (como así era al principio) y a humillarme (pues ella sabía que así me sentía). En resumen poco a poco (y sin haber leído a Sutton, solo por nuestra propia dinámica de pareja) se fue haciendo cada vez más dominante y yo cada vez más dominado. Lo que me costo un trabajo de tres años aceptar: tres años en los que he aprendido el placer que siento al verla gozar aun a costa de mi sumisión completa, incluso en los actos más cotidianos como hacer las tareas domésticas (tiendo a hacerlas todas por ella a diario) mientras ella se relaja viendo la televisión o darle frecuentes y largos masajes, estar dispuesto a renunciar a cualquier plan que haya hecho si ella me requiere, aun a costa de no ver a mis amigos, o dejar que se desahogue conmigo (gritándome o enfadándose por cualquier cosa) de problemas que haya tenido por ahí, etcétera. </p>
<p>Poco a poco, el dolor inicial (bien real) ha ido dejando paso a un horizonte nuevo de placeres y satisfacción como no había imaginado. Así, lo que otros hombres considerarían “intolerable” o un  ataque  a su dignidad es para mí una fuente de satisfacción moral, psicológica y sexual. Como por ejemplo, que ella me hable de otros hombres (vecinos, compañeros de trabajo) por los que se siente atraída sexualmente y que me deje animarla a que mantenga relaciones con ellos y a vestirse de forma más sexy (por cierto, aún no me cree, pero tengo paciencia y sé que debo demostrarle mucho para desandar mis errores del pasado), llegando incluso a masturbarla hablándole de ellos. Es una situación difícil, pero ahora me hallo dispuesto a soportarla (y a disfrutarla), porque estoy seguro de sus sentimientos hacia mi. Por supuesto, no excluyo el riesgo de que encontrara a otro hombre si decidiera serme “infiel”, pero también es cierto que no sólo me excita la idea de que este con otro, sino que me siento a veces culpable, como si la hubiera “condenado” a la monogamia (habiendo tenido ella un carácter liberal y hasta promiscuo en el pasado) y a sólo disponer de mi cuerpo, cuando sé que, aunque yo le guste (de lo que le estoy agradecido, porque ella es muy guapa y podría tener a cualquiera, mientras que yo soy bastante vulgar físicamente), se siente fuertemente atraída por los hombres de físico poderoso, musculado y masculino.</p>
<p>Si me surgen dudas es porque, aunque me gustaría hacer mi papel de sumiso más explícito en la relación, no me atrevo a ofenderla con ello, limitándome  a dar pequeños pasos como decirle que quiero que me haga cornudo, etc. En el tema del control del orgasmo varonil, bien, ése es más difícil, pues disfruta mucho del coito vaginal con eyaculación (dice que sentir ésta dentro de ella le proporciona un gran placer), si bien es cierto que como precalentamiento para su orgasmo clitorídeo con mi boca. También es refractaria a todo lo que implique la utilización de juguetes, entre los que yo desearía sin duda un arnés de strap-on (es sin embargo frecuente que me penetre analmente con sus dedos, a iniciativa suya) o un cinturón de castidad masculino. En concreto, desde que descubrí el tema de la Dominación Femenina, he ido entrenando mi capacidad para retener la eyaculación evitando la masturbación hasta el orgasmo. Ya sólo me corro con ella, nunca solo, y sólo porque ella así lo desea (verme eyacular). Yo estaría dispuesto a aceptar incluso un régimen (cinturón de castidad incluido, que uno no es de piedra) de control de mis eyaculaciones hasta reducirlas al mínimo: el placer que obtengo con el orgasmo no es nada comparado con el hecho de mantenerme siempre excitado y dispuesto para ella, lo que además le excita sobremanera y la hace sentirse más deseada. Es más reconozco que tras “llegar” experimento un breve desinterés (que disimulo lo mejor posible) por sus necesidades que me hace sentirme muy culpable. Así que sólo alcanzo el orgasmo cuando ella me lo pide claramente y cuando me asalta la excitación sexual y consumo pornografía (es algo que a ella no le disgusta):  me ato una cuerda fuerte a los genitales, casi estrangulándolos y puedo pasar horas así (para mi es un gran logro) apenas acariciando mi pene mientras me excito y se me pone roja de dolor. Es más, soy capaz de salir a la calle así en verano, al igual que algunas mujeres salen a la calle con bolas chinas o vibradores introducidas en la vagina (he conocido algún caso entre mis amigas, lo que me hace sentir menos culpable por excitarme viendo alguna chica, mientras mi pene sufre una hinchazón que no me permito que sea calmada).</p>
<p>En fin, seguramente te parecerá una historia bastante light, aunque mi postura de sumiso (¡que por fin acepto conscientemente!) me ha llevado a tomar decisiones vitales más fuertes que las de aquellos que apenas se comprometen a unos juegos de cama. En la cama ella disfruta en ocasiones del papel de sumisa y a mí me complace hacer incluso el de dominante, solo para hacerla a ella feliz, aunque no tengo ningunos deseos de dominarla. Por supuesto me gustaría que aceptara su rol dominante allí también, como ya lo ha hecho en otros aspectos de nuestra vida cotidiana porque a parte de mi propio placer quizás redundaría en el suyo pudiendo gozar de mi como dominante y de otro hombre como dominada (como fantasea según me ha dicho con algún macho alpha que conocemos). </p>
<p>No sé, en fin, desde luego no quiero presionarla y si esto ha de seguir siendo un secreto mío estoy dispuesto a aceptarlo, para no ofenderla o molestarla y si he de renunciar a contárselo estoy dispuesto. Sin embargo, por como se encamina la relación bien podría ser que se estuviera decantando del lado de la D/S – 24/7, y que el atrevimiento de decírselo pudiera abrir para ella unas perspectivas nuevas de las que disfrutaría. ¿Qué opinas?</p>
<p>Muchas gracias.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Empezaré por aclarar un par de cosas de la introducción que haces en tu texto, José. La primera: “las sociedades matriarcales, cuya historia y posibilidad ha sido sistemáticamente silenciada”. Yo no creo que esa historia haya sido sistemáticamente silenciada, porque la realidad es que esa historia no ha existido. Las sociedades matriarcales son un mito que nunca ha podido ser constatado por la Historia. El hecho de que hace más de cuatro milenios surgiera la sociedad patriarcal en Mesopotamia no significa, ni mucho menos, que hubiera antes sociedades matriarcales. Como digo, un mito, deseado por algunas y algunos, pero un mito al fin y al cabo. </p>
<p>Y la segunda cosa de tu introducción: “Ojalá tengas razón cuando afirmas la llegada de una época marcada por la dominación femenina y la aceptación sumisa del hombre”. Yo no afirmo éso, José, porque no lo pienso. Creo, como he escrito, que “<a href="http://anaserantes.com/2008/crecera-la-demanda-de-dominacion-femenina/">Crecerá la demanda de dominación femenina</a>” en el futuro, pero no que esta forma de relación se vaya a convertir en mayoritaria y, por lo tanto, vaya a llegar una “época marcada por la dominación femenina y la aceptación sumisa del hombre”. Lo creen y lo desean algunas mujeres como Elise Sutton y unos cuantos sumisos que fantasean con esa idea, pero no es mi caso. </p>
<p>Dicho eso, José, paso a tratar lo que en realidad planteas. Y me centraré en el final, porque me parece lo más relevante de tu escrito. Dices: “aunque me gustaría hacer mi papel de sumiso más explícito en la relación, [...] no quiero presionarla y si esto ha de seguir siendo un secreto mío estoy dispuesto a aceptarlo, para no ofenderla o molestarla y si he de renunciar a contárselo estoy dispuesto”.</p>
<p>Acostumbro a recomendar a los hombres sumisos que no agobien a sus mujeres con sus ansías por ser dominados, por hacer que la dominación se explicite de la forma que ellos desean. Y lo hago tan repetidamente que no descarto que haya quien, cuando me lea, piense: “Ya está ésta otra vez con lo mismo”. Sin embargo, tengo la impresión de que tu caso es diferente.</p>
<p>Para mí que lo vuestro es una relación de dominación. Tal y como lo cuentas, así lo parece: “desde aquello [desde que volvió de convivir con otro hombre],  su misma actitud social conmigo también cambió completamente. Así, no solo sus exigencias se hacían más imperativas en público y en privado sino que, además, pasó a coquetear abiertamente con otros hombres, dejándose tocar o besar (un poco) por desconocidos, incluso delante de amigos nuestros y en mi propia cara”. “Poco a poco se fue haciendo cada vez más dominante y yo cada vez más dominado”. “He aprendido el placer que siento al verla gozar aun a costa de mi sumisión completa, incluso en los actos más cotidianos como hacer las tareas domésticas (tiendo a hacerlas todas por ella a diario) mientras ella se relaja viendo la televisión o darle frecuentes y largos masajes, estar dispuesto a renunciar a cualquier plan que haya hecho si ella me requiere, aun a costa de no ver a mis amigos, o dejar que se desahogue conmigo (gritándome o enfadándose por cualquier cosa) de problemas que haya tenido por ahí, etcétera.”. Si a todo esto le añadimos que hayas trabajado para ayudarla económicamente y el detalle de que ella tenga 16 años más que tú, no creo que nadie dude ni por un momento que lo vuestro es una relación de dominación.</p>
<p>Ahora bien, ¿estamos ante una amorosa relación de dominación femenina o ante una mujer que acepta la evidente tendencia sumisa de su hombre y se aprovecha de ella? No garantiza que sea lo primero el hecho de que sepas “que la satisfacción que he encontrado con ella no la hubiera podido vivir de ninguna otra forma”, porque esa satisfacción podría estar fundamentalmente alimentada por tu propia sumisión, o sea, que fuera más la sumisión que la relación amorosa la que la produjera. No sería la primera vez, porque el deseo de sumisión es muy fuerte en bastantes hombres, hasta el punto de que puedan encontrar satisfacción al someterse a una mujer que no les ama. No obstante, tengo que guiarme por lo que escribes: “estoy seguro de sus sentimientos hacia mi”. En consecuencia, supongo que entre vosotros, además de dominación, hay amor.</p>
<p>En ese caso, José, y siendo claro que dominación hay, no termino de entender que pienses que hablar de vuestra relación tal cual es signifique “presionarla” o que pueda “ofenderla o molestarla”, ni que estés dispuesto a “renunciar a contárselo”. José, no se puede renunciar a tener una conversación sobre algo tan vital para ti con la mujer que amas y con la que compartes tu vida. Algo que, por otra parte, no es más que llamar a las cosas por su nombre, asumir que vuestra relación es como es.</p>
<p>Si ella te quiere, José, no puede sentirse ofendida o molesta por el hecho de que tu intentes que ambos hagáis explícito lo que es ya una realidad. Puedo entender que a ella, por viejas ideas o prejuicios, le cueste aceptar que la vuestra es una relación “diferente”, que es de dominación femenina, pero creo que está obligada a superar esos prejuicios –si los hubiera– y a aceptar que eso es lo que hay. Además, debería aceptar también la necesidad que tú tienes de que la situación se explicite, es decir, se aclare. No me parece mucho pedir pedirle a la mujer que te domina que reconozca que eso es lo que hace y que tú necesitas que el dominio no se dé por sobreentendido, sino que sea algo que los dos tenéis hablado y asumido.</p>
<p>Porque sólo de esa forma encontrarás lo que buscas: una auténtica relación de dominación femenina. Como yo la entiendo, esa relación solamente existe cuando la sumisión y los servicios del varón son recibidos por la mujer desde una posición de dominio. Puede existir una relación en la que el hombre se somete y sirve sin que la mujer lo exija –y a veces es el mejor comienzo para obtener el tipo de relación de la que hablamos–, pero únicamente cuando la mujer asume su posición dominante, y recibe las “ofrendas” de su sumiso desde el poder que le confiere el intercambio de poder, podemos hablar de verdad de una relación de dominación femenina establecida libremente por las dos partes.</p>
<p>Y aunque se parezca, no es esa la relación que tienes con tu compañera, José. Sin embargo, es ésa la que buscas. Y creo que haces bien en buscarla, porque estoy convencida de que siempre funcionará mejor una relación que se sustente sobre criterios conocidos y aceptados por ambos que una que se mantenga a base de sobreentendidos. Es cierto que cualquier relación está llena de cosas que se dan por sobreentendidas, pero suelen ser cuestiones no tan fundamentales como ésta.</p>
<p>Así que mi consejo es que busques la mejor manera de afrontar esta conversación con tu pareja, que no renuncies, porque una buena relación no puede construirse si se cierra la comunicación ella en una cuestión tan trascendental para ti. Y no te engañes, aunque puedas dejar pasar el tiempo, no podrás evitar la frustración de no haber conseguido lo que más deseas: una franca y explícita relación de dominación femenina con tu pareja.</p>
<p>Lo demás, José, son detalles sin mayor importancia. El que ella fantasee “con algún macho alpha”, o el que parezca que eres tú quien está deseando promover esa fantasía. Lo mismo ocurre con “el tema del control del orgasmo varonil”, que eres tú el principal interesado. Como deseando estás que un día utilice contigo un arnés-consolador y te “enjaule” en un “cinturón de castidad masculino”. Como te digo, son detalles que sólo pueden encontrar su momento después de que se haya explicitado el tipo de relación que tenéis&#8230; y que no son imprescindibles para su buen funcionamiento.</p>
<p>Y otro detalle para terminar: cuidado con el “me ato una cuerda fuerte a los genitales, casi estrangulándolos y puedo pasar horas así”. No creo que “pasar horas así” sea lo más adecuado para tus genitales y, si el estrangulamiento es excesivo, puede resultar peligroso.</p>
<p>Bueno, José, espero saber de ti y que las noticias sean buenas.</p>
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		<title>Pasatiempos de verano</title>
		<link>http://anaserantes.com/2008/pasatiempos-de-verano/</link>
		<comments>http://anaserantes.com/2008/pasatiempos-de-verano/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 20 Jul 2008 04:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López escribe para para proponernos, como resulta tan habitual en la prensa, pasatiempos para el verano. Claro que, a tono con el sitio en el que escribe, los pasatiempos que ha ingeniado son exclusivamente para parejas que practiquen la dominación femenina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan López</strong></p>
<p>Hola Ana.</p>
<p>Ahora que llega el verano los periódicos empiezan a ser menos serios y a incorporar secciones más amables, y más pasatiempos. Y una revista como la tuya también puede añadir en estas fechas su sección de juegos, pero claro no van a ser sudokus y crucigramas, sino juegos de dominación femenina, para entretenernos en estas tardes de calor y a la vez aprender a ser hombres más sumisos y obedientes y mujeres más dominantes.</p>
<p>En casi todos los juegos alguien gana y alguien pierde. En estos que propongo, la mujer decidirá los premios y los castigos, e incluso si los premios para el sumiso son peores que para la mujer, y los castigos peores para él que para ella. En alguno de los juegos se proponen esos premios o castigos, en otros no se propone y se deja a la imaginación de ella, pero evidentemente la imaginación de la mujer puede establecer que sean más o menos duros, o mezclarlos, o añadir otros. Esto sólo pretende ser una propuesta de inicio. Y también ella decide si ella o él están vestidos o desnudos o ella vestida y él desnudo&#8230;</p>
<p><strong>1. La Mujer siempre lleva razón</strong></p>
<p>Como dice el nombre, con este juego se pretende que el sumiso interiorice bien que debe obedecer a su mujer. Consiste en que la mujer hace preguntas a su sumiso, y si este responde, bien tendrá su premio y si lo hace mal, su castigo. El sumiso no le hace preguntas a ella. Para jugar a este juego se pueden usar las cartas del trivial, o que la mujer haga preguntas, por ejemplo de cálculo sencillo, como 7 x 2, o de cálculo más complicado, como raíz cuadrada de 349, o la capital de Tanzania o la capital de París&#8230; lo que a ella se le ocurra. ¿Y dónde está la gracia del juego? Pues en que la mujer puede decidir aceptar que la respuesta a la multiplicación de 7&#215;2 es 14 o que está mal, porque la mujer siempre lleva razón. Ella puede optar por ser más dura y no validar ninguna de las respuestas correctas que le dé su hombre, o decir que están mal las de cálculo, o decir que están mal algunas respuestas aleatoriamente. Evidentemente, él no sabrá cuál es el patrón de respuesta correcta que ella haya decidido, y lo irá viendo poco a poco. Con esto se pretende dejarle claro que su mujer lleva siempre razón, aunque sea en cosas que no son correctas, es decir, que ella siempre tiene la última palabra para aceptar si algo está bien o mal, aunque en realidad no sea así. Es un juego. El premio o castigo lo puede decidir ella en función de sus gustos.</p>
<p><strong>2. Las prendas femdom</strong></p>
<p>En este juego se parte de que la mujer está vestida y él desnudo. ¿Y qué prendas da él si pierde?: su vello púbico. Es decir, se sigue la misma dinámica de las prendas, que cada uno jugará como quiera, con preguntas, con cartas&#8230; y si gana él, ella se quita alguna prenda, y si él pierde, se irá quitando o ella le irá quitando poco a poco sus pelitos. El cómo lo decide ella, si con tijeras, con maquinilla, dándole una pasadita de vez en cuando y quitando unos pocos pelos, o tirando con pinzas o con cera&#8230; El juego se acaba cuando ella decida, que puede ser cuando él se queda sin pelos, cuando se queda con algunos, pero con trasquilones, pero ella quiera dejarle así unos días&#8230;</p>
<p><strong>3. La marioneta</strong></p>
<p>El objetivo de este juego seguro que queda claro con el título y más claro con la explicación. El hombre se pone desnudo o vestido, a elección de ella, de rodillas en el suelo. Ella le ata una cuerda a cada rodilla y otra a cada mano, se puede añadir atarle otra a su pene. Y la mujer prepara esas cuerdas bien con unos palos o como ella esté más cómoda, y le va llevando a su hombre por la casa como si fuera su marioneta, y le hace mover las manos como ella quiera, y si quiere que se pare puede decírselo de palabra, o con un tironcito en su miembro. </p>
<p><strong>4. Acostumbrarse al sujetador</strong></p>
<p>Este es un juego de nivel avanzado. Es fácil, y a algunos nos gusta salir a la calle con braguitas o con un tanguita de chica, y nadie nos ve. Pero aquí la idea es que el hombre se ponga un sujetador y salga a la calle con él puesto y, por ejemplo, por cada 10 minutos de estar en la calle, tendrá derecho a 1 minuto para masturbarse, él verá el tiempo que necesita para correrse y el que tendrá que estar en la calle. Esta proporción la puede modificar la Mujer y ser más generosa y que sea por cada 5 minutos fuera, 1 para él, o incluso menos, o más. También dependerá de las opciones que ella ponga, no es igual coger el coche y darse el paseo por una gran ciudad donde es más difícil que nos encontremos con algún conocido, o por el lugar de veraneo, que hacerle ir a comprar el pan a donde va habitualmente, o a las 7 de la mañana distinto que a las 7 de la tarde. Tampoco es igual jugar con un sujetador negro debajo de una camiseta blanca fina, que un sujetador blanco debajo de una camiseta más gruesa. Ni un sujetador sin aros y que pase desapercibido, que otro más abultado. Sí añadiría yo que el tiempo que pase hasta que se lo pone descuenta, por experiencia cuesta coger el truquillo a ponerse el enganche del sujetador por detrás. </p>
<p><strong>5. El paseo a caballo</strong></p>
<p>El juego consiste en que el hombre se pone a cuatro patas y da un paseito a su mujer, bien por la casa, o por el jardín si tienen y si no hay curiosos por los alrededores. Es aconsejable que él esté desnudo, porque la gracia está en que ella no le va a decir de palabra a donde quiere que la lleve, sino con gestos, como pellizcos, azotitos, bofetones, con un tirón de una cuerda que haya atado por ejemplo a sus genitales&#8230; Y él debe adivinar hacia dónde quiere ir ella en base a dónde le dé ese pellizco. Así si por ejemplo le pellizca la parte izquierda de la espalda, ella puede querer ir a la izquierda, o que sea al revés para liarle, si es en la izquierda el pellizco, querer ir a la derecha. O cruzado, y querer ir a la izquierda si es pellizco en la izquierda de la espalda y también si es una palmadita, más o menos fuerte, en la nalga derecha. Mientras el caballito no vaya en el sentido correcto, ella seguirá pellizcando hasta que él acierte. Y para decirle que se pare, mejor que “sooo” es tirar de sus genitales.</p>
<p><strong>6. El dedito, el culito y el cubito</strong></p>
<p>El hombre se pone desnudo boca abajo, en el suelo, por ejemplo; es aconsejable poner un plástico en la zona media del cuerpo. El juego consiste que ella se pone encima de él, y le da con un dedo en la espalda, y él tiene que adivinar con qué dedo ha sido. Si acierta se le puede dar una carta comodín, y si falla, o bien que pague una de esas cartas si tiene alguna, y si no, pues un cubito de hielo entrará en su culito. Ahora en verano se agradecen cosas frescas, a que sí.</p>
<p><strong>7. La carta más alta</strong></p>
<p>Se coge una baraja de cartas, se mezclan bien, y ella saca una carta y él otra. Si ella tiene una carta más baja, le puede dar un besito a él por ejemplo, la mayor o menor intensidad, y que sea más o menos erótico, lo decidirá ella. Pero si es él el que saca la carta más baja le tendrá que lamer lo que ella quiera o lo que hayan decidido previamente, por ejemplo, si salen oros, los pies; si salen copas, la pantorrilla hasta la rodilla; si salen espadas, desde la rodilla hasta donde la mujer quiera, y si salen bastos, los senos por ejemplo; aunque habrá quien quiera que sea el ano&#8230; lo que ella decida. Y el sumiso lamerá tantos segundos como diga la carta, si sale un 2, 2 segundos, y si sale un rey, pues 12. La mujer también puede decidir o seguir la cuenta con un reloj o contar ella, con lo que esos 2 segundos se pueden hacer interminables si él está lamiendo bien y ella está sintiendo mucho gustito.</p>
<p>Esperando que estos juegos les resulten interesantes, y que el verano no sea muy caluroso (me refiero al tiempo, no a los otros calores), se despide<br />
Juan López</p>
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		<title>Disquisiciones del traductor</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 2008 04:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Fernando de Rojas nos envía sus “disquisiciones”, las que le han provocado los dos últimos textos publicados en la Revista de Dominación Femenina que él ha traducido. Muy personales esas “disquisiciones”. Y seguro que de interés para muchos lectores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fernando de Rojas</strong></p>
<p>Después de traducir el texto que me envió Ana, “<a href="http://anaserantes.com/2008/fantasia-y-necesidad/">Fantasía y necesidad</a>”, me quede pensando: “Es curioso como la impresión de enfrentarnos a ciertas cosas ofusca nuestro entendimiento”. Por lo que cuenta el consultante de su vida, debería tener algo más de capacidad para ordenar sus reflexiones, por lo que imagino que sus provectas neuronas deberían estar aún bajo cierta catarsis por sus recientes descubrimientos. Él mismo lo reconoce cuando, al comienzo, dice que está intentando asimilar lo que ha leído en la web de Elise Sutton. </p>
<p>¿Tanto cuesta asimilar eso cómo para que un hombre con experiencia, inteligente y preparado se ponga a balbucear sandeces?</p>
<p>La pregunta me iba resonando por la cabeza mientras traducía y avanzaba en el texto. En los primeros párrafos de la respuesta de Elise, quien evidentemente le debió ver venir desde la primera línea, me doy cuenta de los paralelismos con la anterior traducción que he realizado, la historia de Cindy B, “<a href="http://anaserantes.com/2008/la-chica-de-pueblo-ya-tiene-idea/">La chica de pueblo ya tiene idea</a>”. Aunque las historias son aparentemente muy distintas, comparten interesantes elementos comunes. </p>
<p>Para contactar con nuestra verdadera naturaleza interior es necesario achicar el ego, pero disminuir el ego y aceptar lo que realmente somos nos cuesta una barbaridad. Normalmente, somos incapaces de romper por nosotros mismos la inercia interna que nos lo impide y necesitamos que “ocurra algo” a nuestro alrededor que nos fuerce a hacerlo. A estos sucesos con especial significado para nuestras vidas, Jung los llamó sincronismos y los cambios son catalizados por las energías de la sorpresa, el dolor, el sufrimiento y el sentimiento de pérdida. De esta manera, el sufrimiento es la semilla que produce crecimiento verdadero y el dolor de deshacerse de una porción de ego deja mas espacio para que pueda fluir el espíritu y podamos conectar con nuestra verdadera naturaleza.</p>
<p>Y, mientras el sincronismo llega, funcionamos como ollas a presión dejando salir el vapor, mas o menos recalentado, por estrechas espitas de forma compulsiva. A su vez, la energía de este vapor irá construyendo el sincronismo que producirá la evolución verdadera. En la Naturaleza nada tiene desperdicio y todo se dedica al desarrollo y crecimiento de la vida, y la conciencia de la vida, que es más vida, que tiende a multiplicarse.</p>
<p>El ingeniero y empresario jubilado tuvo la suerte de que sus hermanas le ayudaran a educar su ego masculino desde su infancia, cuando es mucho más dúctil. Está claro que esto es una excepción cuando debería ser la regla, y que para un hombre es una “ventaja competitiva”, pero ello es siempre un comienzo y no un final. Es condición necesaria pero nunca suficiente y no por ello podemos pensar que todo el trabajo está hecho y que estamos completamente realizados desde el principio, como parece que hace el consultante durante toda su vida de adulto. </p>
<p>Él mismo reconoce que este “regalo” que le hicieron sus hermanas constituye la base de su éxito matrimonial, profesional y financiero, pero no tiene para sus hermanas ni una palabra de amor o agradecimiento. Ni tan siquiera un guiño cariñoso hacia ellas. </p>
<p>En este caso, el ego tuvo muchos años de éxito profesional para crecer y poder económico para alimentarse, mientras su propietario iba teniendo éxito en la vida y pensando que el trabajo interior lo tenía hecho. Está claro que lo que vio en la web de Elise le tocó profundamente el ego y le conectó con el maravilloso adolescente que debieron educar sus hermanas. Espero que se dé cuenta y supere la vida de egoísmo en la que ha vivido los últimos 40 años, basada en la fantasía de que seguía siendo un adolescente bien educado y que sabía reconocer la superioridad femenina. E insisto: educar el ego masculino juvenil es condición necesaria, pero no suficiente, para la realización completa que, al final, es la meta que compartimos todos los humanos. </p>
<p>Todos estos años, confiado con que el trabajo estaba hecho, vivió en la fantasía de que reconocía la superioridad femenina cuando, en realidad, se estaba sirviendo de ella. Él mismo lo dice cuando habla de cómo se aprovechaba de sus empleadas, y también cuando omite cualquier referencia a su mujer, más allá de decir que después de 43 años de matrimonio cree que están más enamorados que el primer día. Cursilerías aparte, no nos dice en absoluto qué piensa su mujer ni de sus recientes descubrimientos alrededor del BDSM, ni de nada. Yo creo que no lo hace porque no le importa en absoluto porque vive en la fantasía de ser el adorable hombre joven que sabía comportarse con sus hermanas. ¿Y con su mujer? ¿Cómo se ha comportado con ella durante todo este tiempo? </p>
<p>Intuyo que no muy bien, pero nunca es tarde. Tal vez todo este proceso facilite una conversación entre ambos que les lleve a un sitio parecido al que llegaron Cindy y su marido en poco mas de una tarde. Aunque no tiene por qué producir exactamente el mismo resultado, tal proceso sin duda culminará con un salto significativo en la relación entre ellos.</p>
<p>El caso del marido de Cindy es el opuesto: se trata de un joven abogado, cachas y muy viril que ejerce como tal con su joven mujer, que responde muy bien al papel con toda la carga de la educación rural americana. Ambos reaccionaban automáticamente a lo que suponían que su entorno demandaba de ellos. La importancia de lo externo hizo que ambos perdieran sus conexiones internas y se olvidaran de su propia naturaleza profunda. Vivían en una apariencia de felicidad de la que ella se tiene que escapar de vez en cuando sola o con amigos a machacar la tarjeta de crédito, mientras él, solo en casa, se masturba con los pantys de ella. El gradiente entre los deseos y naturaleza interna de cada miembro de la pareja y su comportamiento “automático” es grande, y el empuje de las hormonas juveniles un poderoso calentador para producir tan disparatados escapes de gas y casi enfermizos comportamientos.</p>
<p>Como ya sabemos que en el Universo no hay mal que por bien no venga, toda esta energía abrió la ventana de un sincronismo cuya “desgracia” es puramente imaginaria, una construcción mental. Me refiero a que estoy seguro que a ambos les dolió mucho superar pillar/ser pillado masturbándose con unas medias. Precisamente ese dolor es el que facilitó el camino a la nueva verdad interior y evolución posterior, y lo que produjo ese dolor no fue una desgracia real –abandono, enfermedad, muerte– como ocurre otras veces. El destino trató muy bien a esta pareja, permitiendo su rápida evolución sin apenas peaje. Para ser sincero, creo que el mayor peaje que ha pagado esta pareja son los toques enfermizos (aunque me cueste escribir una nota exclusivamente dedicada a ello, aquí no antepongo el casi) que tiene la relación que han construido. Me parece normal teniendo en cuenta que cristalizó en poco tiempo y después de una fuerte explosión interior a elevada temperatura hormonal, con lo que es natural que los arquetipos afloren chamuscados y con heridas. Ojalá Cindy y su marido tengan tiempo, amor y paciencia suficiente como para curarse el uno al otro y completarse.</p>
<p>Hasta aquí llegaron mis disquisiciones después de traducir los dos textos citados. Me subí a una moto y no he parado. En fin, espero que a alguien haya podido interesar este pequeño viaje.</p>
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		<title>Cuestiones accesorias</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jun 2008 00:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribe Juan López sobre una serie de prácticas de la dominación femenina que ayudarían a los hombres a ser mejores sumisos. Sin embargo, mi opinión es que se trata de cuestiones accesorias, de una forma de eludir lo que constituye de verdad su problema: el deseo de someterse a su mujer y su incapacidad para hablar del asunto con ella.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan López</strong></p>
<p>Hola Ana. Soy Juan (pepa) un &#8220;presunto&#8221; sumiso que alguna vez ya he participado en su blog y que si recuerda, cuando tenia dominacionfemenina.net, ya me contestó una pregunta bajo el titulo &#8220;<a href="http://anaserantes.com/2008/decisiones-que-no-le-corresponden/">Decisiones que no le corresponden</a>&#8220;, y que hace poco le respondí que sigo teniendo deseos o ideas de ser sumiso, pero que ni mi mujer es la que dirige en casa, ni yo he sido capaz de llevarla por el camino de la domfem. Digo lo de &#8220;presunto&#8221; en base a opiniones recientes del blog que dicen que el sumiso puede querer serlo pero que cuando la mujer es la que empieza a dominar, el sumiso se echa para atrás, porque en el fondo sólo tenia fantasías al respecto y quería que le dominaran a su manera, cuando la dominación real la debe dirigir como es lógico la mujer, sin tener en cuenta apenas los deseos mas o menos fantasiosos del sumiso. Por esto pienso que soy presunto, porque solo podría saber si soy buen sumiso o no si mi mujer pasara a la acción.</p>
<p>Pongo Juan (pepa) porque en su día opte por autoponerme nombre femenino, pero usted indicaba que esa decisión no me corresponde.</p>
<p>Le escribo, primero, para agradecerle su blog y lo bien llevado que está. Se plantean temas reales de reflexión sobre esta cuestión, y con posturas muy realistas, como la de la dominación económica y otras, con planteamientos muy sensatos y no pretender ser abusivos, simple y llanamente dominación femenina, pero sin dejar la puerta cerrada a que el hombre en un momento dado se pueda marchar si cambia de opinión, y sin posturas humillantes. Ya he dicho alguna vez que se nota que este blog esta dirigido por una mujer, ya que si fuera de dominación masculina, hasta el diseño sería distinto, tendría muchas fotos porno, con castigos físicos a sumisas, y sin una reflexión real y sensata como este blog.</p>
<p>Y por esta admiración y agradecimiento a su trabajo, y hasta envidia a su pareja por tenerla a usted a su lado, &#8220;dirigiendo&#8221; su vida en todas las facetas, y por querer colaborar de alguna manera, me permito enviarle ciertos temas posibles de reflexión, de los cuales algunos, o todos, quizá sean tonterías –eso lo valorara usted mejor–, pero son temas que me han surgido después de leer las diversas aportaciones de su blog. Y son:</p>
<p>– Se ha hablado de las relaciones de femdom teniendo hijos. Y se me ocurre cómo se debe comportar un hombre en el día a día con las mujeres que se relaciona, ya sea habitualmente en el trabajo o cuando esporádicamente se relaciona con mujeres en transporte publico, en gestiones, médicos&#8230; Dejando claro que la mujer con la que él conviva es la que le domina, y no planteo en absoluto que flirtee con el resto de mujeres, sino si debe ser el hombre muy educado, respetuoso, ceder en sus derechos a otras mujeres. </p>
<p>– Dentro de este tema, y llegando ahora el verano, reconozco que ver a las chicas con faldas cortas, con escotes, me atrae como hombre, no se si serán los genes o la educación y socializacion machista que hemos tenido hasta ahora. A veces se me escapará la mirada de forma furtiva hacia algún culo o hacia alguna blusa o camiseta ajustada. Nunca me quedo embobado, pero luego pienso que eso no se debe hacer, me siento mal, e intento siempre que puedo mirar hacia abajo en señal de respeto o como truco para no caer en tentación, que decían los curas.</p>
<p>– Hay otro tema que me genera curiosidad, la menstruación. Muchas mujeres se quejan de molestias en los días de su menstruación. En algún otro blog o grupo de internet de femdom se plantea que el hombre debe compartir de alguna manera esa molestia o al menos ayudar a aliviarla.</p>
<p>– Otro tema seria el aspecto del hombre y su ropa. Sin entrar a si debe llevar el hombre ropa interior femenina, que ya ha dicho alguna vez que este tema es mas del gusto del sumiso, y que en todo caso sera la mujer la que decidirá si su hombre lleva braguitas o no, se me ocurre que la mujer es mucho mejor a la hora de decidir si una ropa esta a la moda o no, si va conjuntado o no, y ademas ella puede querer que su chico vaya guapo y con un determinado estilo de ropa, ya que puede ella sentirse mal yendo con un chico con un estilo de ropa muy diferente al suyo. Dentro de este apartado se me ocurre también la depilación. Algunas mujeres de otros grupos de femdom plantean como necesidad que el sumiso lleve siempre depilado su sexo y otras partes de su cuerpo también, para compartir ese engorro de la depilación que desde hace años tiene la mujer, y también porque en el fondo es mas estético quitar los pelos. Doy por supuesto que siempre sera la mujer en cada caso la que decidirá si quiere un chico lampiño a su lado o un oso peludo, pero pienso que quizá seria otro tema para hablar. También dentro de este apartado podríamos meter nuestros enseres de uso diario: relojes, bolis, carpetas, agendas&#8230; Pienso que deberíamos tender el hombre que se considere sumiso a que sean de &#8220;estilo femenino&#8221; como señal de admiración y respeto a la mujer.</p>
<p>– Por último, de momento, las lecturas del sumiso y su entretenimiento. También he visto mujeres que plantean que mejor que el hombre lea el Cosmopolitan, o revistas de ese tipo, donde ademas puede ver y aprender cosas para dar una sorpresa a la mujer o para entenderla mejor o para ir teniendo digamos una personalidad o mentalidad más femenina.</p>
<p>Repito que quizá alguna o todas las propuestas son chorradas, pero he querido dedicar un rato a reflexionar sobre propuestas y sentarme un tiempo para ponerlas por escrito, e intentar aportar mi granito de arena a su maravilloso y útil blog. Porque repito que creo que solo podría saber si soy buen sumiso o no si algún día mi mujer pasa a dominarme, pero pienso que ayuda a ser mas sumiso el que lea, piense y escriba sobre estos temas. Y se me ocurre otra idea por lo que acabo de escribir, ¿como se debe decir, &#8220;mi mujer&#8221;, no es mía, en todo caso yo debería ser &#8220;su hombre&#8221;, yo no la poseo, pero como la debo llamar e contextos como este?</p>
<p>Espero que no le haya parecido mal que le envíe este mail y si lo desea me comprometo a ir mandando mails de este tipo o colaborar como ya he hecho alguna vez con su blog.</p>
<p>Sin nada más, se despide</p>
<p>Juan López </p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Después de leer su correo, Juan, no puedo evitar la impresión que me queda: por supuesto que usted es un sumiso, pero su problema es que no ejerce como tal. Usted es un sumiso al margen de lo que haga su mujer. Si su mujer le dominara sería igualmente sumiso, sólo que realizado y feliz. Y cuando falta lo fundamental, pues no entretenemos o enredamos con los detalles. Porque lo único que de verdad puede ayudarle es que intente comunicarse con su mujer, contarle lo que le ocurre, lo que lleva años ocurriéndole, y que tiene tanta fuerza en su cabeza que no disminuye un ápice su deseo de someterse por mucho que pase el tiempo y la oportunidad. </p>
<p>Eso es lo que le ayudaría, y no que “lea, piense y escriba sobre estos temas”. Si lo hace es porque no puede apartar de su mente la idea de la sumisión y porque le excita, y lo entiendo, pero no porque “ayuda a ser más sumiso”. Es simplemente una fuerte e ineludible querencia que lleva usted consigo&#8230; y una frustración de la que no se librará nunca a menos que consiga realizarla con una mujer, y con quién mejor que con su mujer. Que sí, que es “su mujer”, porque así nos entendemos (tampoco es que mi hija sea de mi propiedad, pero de ese modo nos expresamos).</p>
<p>Y sobre los puntos de su artículo, no mucho que decir, porque en general me parece todo bastante accesorio:</p>
<p>– ¿Por qué debería un sumiso dejar siempre claro que la mujer con la que vive le domina? Pues dependerá de si esa mujer o esa pareja ha decidido que quiere hacer pública la forma en la que se relacionan. Y si no quieren hacerlo, pues es cosa de ellos. Y entonces estará claro que su prescripción no resultaría pertinente.</p>
<p>– Pues claro que le “atrae como hombre” “ver a las chicas con faldas cortas, con escotes”. Nada más natural. Y no entiendo que se sienta mal porque eso le ocurra. Hombre, no se prive de ese gusto, que no hay nada malo en disfrutar viendo como se ponen las chicas en verano. No confundamos lo que es el respeto hacia las mujeres. Y no olvidemos que a nosotras nos gusta que nos miren, porque también con respeto se mira.</p>
<p>– Mire, Juan, cuando el dolor de la menstruación aprieta, casi mejor un calmante que un hombre compartiendo la molestia. Otra cosa es que un hombre ayude a su mujer, dominante o no, a pasar el mal trance del dolor, de cualquier dolor, del que provoca en bastantes mujeres la menstruación o cualquier malestar&#8230; que igual vale para la gripe.</p>
<p>– Lo mismo le digo de “compartir ese engorro de la depilación”, que poco alivio. Ahora bien, si a “algunas mujeres de otros grupos de femdom” les parece que estaría bien que el hombre se depilara, pues adelante. Si a algunas mujeres le gusta feminizar a su hombre, pues en marcha. Pero también hay otras, entre las cuales me cuento, que poco interés tenemos en que nuestros hombres se depilen, ni en que sean de “estilo femenino” sus “enseres de uso diario”, ni en tomarnos el trabajo de estar pendientes de su vestimenta (lo que no quita para que si hay algo en el vestuario de mi chico que me desagrada, pues&#8230;). Vamos, que yo a los hombres los prefiero masculinos que femeninos. Y con esto respondo también a su último punto, porque por la misma razón, poco atractiva me resulta la idea de que mi chico fuera “teniendo digamos una personalidad o mentalidad más femenina”. Para ser sumiso no hay que ser femenino, aunque tampoco resulte un impedimento. En realidad, se trata de dedicarse a hacer más fácil y más estimulante la vida de la mujer a la que uno se entrega, esto es, que depende de las preferencias de cada mujer y, también, de las fantasías de su sumiso que esté dispuesta a complacer.</p>
<p>Juan, todos esos puntos son ganas de sacarle punta a un lápiz que no usa, porque para usarlo tendría que empezar por hablar con su mujer. Y como no lo hace, pues se entretiene y obsesiona con la dominación femenina y, a falta de presente, con curiosas habilidades que pudieran ayudarle en su día a ser mejor sumiso. La única forma de ser mejor sumiso, como con casi todo en esta vida, es practicando, y usted no tiene con quién practicar. Ese es su problema, y no si debiera leer <em>Cosmopolitan</em> o depilarse, así que intente concentrarse en lo importante; aunque le entretenga lo accesorio, que tampoco está mal entretenerse.</p>
<p>Un saludo y anímese a hablar con su mujer, que si está con ella será porque le tiene confianza. Pues confíe un poco mas en ella&#8230; y en su propia inteligencia a la hora de plantear lo que le gustaría que pasara entre ustedes dos.</p>
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		<title>Conociéndome mejor</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jun 2008 02:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Empieza José contándonos algunos detalles que delatan su personalidad. Y después escribe sobre este sitio web, y sobre lo que le ha ayudado a conocerse a sí mismo, a profundizar en sus sentimientos sumisos y a transformar algunas ideas previas. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>José Perera</strong></p>
<p>Siempre me sentí sexualmente diferente. Porque en mi interior chocaba con lo que sobre las mujeres decían otros hombres, o al menos sobre lo que decían que pensaban los otros varones, ya que no sé si en todas las ocasiones se dice la verdad en estos temas. Y cuando oía comentarios alusivos al tamaño de los senos, a los escotes, a las piernas&#8230; no podía dejar de sentirme distinto. Porque si me dieran a elegir entre un ejemplar de la revista Play Boy y otro de una “revista para mujeres”, tal como el Cosmopolitan, sin ninguna duda optaría por la segunda. Creo que nunca me ha gustado la pornografía en la acepción más tradicional de la palabra, en cambio, las imágenes fetichistas pueden tener un gran poder erótico o simplemente sensual para mí. </p>
<p>No se trata de un problema moral, sino de algo puramente estético, o mejor dicho, de lo que de nuestros gustos y nuestro sistema de valores expresamos a través de la estética. Recuerdo que una vez dije ante un par de personas que a mí me atraían más las mujeres vestidas que desnudas. Las risas que engendré entre los presentes me han enseñado ahora a ser más prudente; a decir lo que tenga que decir en el momento adecuado y con la gente que puede entenderme. Y creo que entre las personas que acceden a la Revista de Dominación Femenina mis “rarezas” no serán vistas como tales. </p>
<p>Con el tema de la penetración me sucede algo similar. Porque nunca he sentido ese deseo, al parecer irresistible, que sienten o parecen sentir o dicen que sienten otros varones. El caso es que si pude atreverme a decir en público que me gustaban más las mujeres vestidas que desnudas, lo relativo al coito era ya algo totalmente inconfesable. Y es que ya se sabe que si un hombre es hombre, implícitamente se le supone con ganas de poseer a una mujer. Entonces, ¿es que no me gustan las mujeres? No es que no me gusten; es que siento adoración por ellas. ¿Y cómo podríamos definir el síndrome de la adoración? En mi caso, si me siento atraído por una mujer, la sensación que puedo experimentar es la de un enamoramiento extremo; una atracción fuertemente romántica en la que no existe un deseo de unión carnal.</p>
<p>Además, la idealización que inevitablemente proyecto sobre la persona de la que me siento enamorado me lleva a no pensar en la idea de la cópula, pues ya se sabe que a las diosas no se las posee, sino que se les rinde servidumbre. No creo que se trate de una autorepresión sobre mi sexualidad, y de acuerdo a los códigos morales en los que pueda haber sido educado. Porque es más que evidente que, en nuestra sociedad, la sexualidad entendida como sinónimo de la consumación del coito tiene mejor imagen que aquella otra que se expresa a través de las prácticas de dominación femenina. Y si no tengo inconveniente en reconocer que caso con la segunda, no habría motivo, entonces, de esconder mis posibles gustos por la primera.</p>
<p>Y mis tendencias ¿son algo producto de la cultura o bien tienen que ver con nuestra biología? No lo sé, aunque me inclino especialmente por lo aprendido. Quizá lo importante no es tanto averiguar el origen de nuestra particular forma de amar, sino de conocerse mejor y de explotar nuestras potencialidades. Por eso, leer la Revista de Dominación Femenina significa para mí darme cuenta, en primer lugar, que no estoy tan solo; que hay muchas personas que pueden sentir lo mismo. Es cierto que los matices son incontables, porque las formas de interactuar sexualmente son infinitas. Pero, al menos, sí supongo que aquí puedo encontrar semejantes con los que, abiertamente, puedo hablar sobre estos temas.</p>
<p>¿Qué diferencia hay entre visitar, por una parte, las páginas en las que se anuncian las dóminas profesionales o textos de literatura erótica, y, por otro lado, aquellas que, como la Revista de Dominación Femenina, se centran más en lo teórico? Creo que lo primero es un recreo para la vista y para el libre vuelo de nuestra imaginación; nos gusta; nos excita en ocasiones; pero no nos hace reflexionar sobre nuestra condición. En cambio, los textos de la Revista de Dominación Femenina tienen una vertiente que nos lleva a la meditación sobre nuestra forma de ser, así como otra pedagógica, porque de su lectura podemos sacar ricas enseñanzas que, a la larga, nos servirán para mejorar nuestra relación con nuestra pareja. No me refiero aquí a la posibilidad de hacer esto o aquello, pues los juegos a realizar se pueden encontrar en otras páginas y en muchos manuales de sexualidad. A lo que trato de ir es a lo que como vía para autoconocerse, y por tanto mejorarse, pueden contribuir aquellas lecturas; a lo que puede servirnos para hacernos un “buen sumiso”. </p>
<p>Y por lo menos para mí, está claro que ser un “buen sumiso” no es sinónimo de “aguantar más latigazos”. Porque no es eso. La sumisión amorosa no es otra cosa que un vínculo desigual que se establece dentro de una pareja, y donde ambas partes se benefician –de forma diferente– de la forma en la que se desarrolla tal relación. Dentro de esa pareja, la estética, el comportamiento y los juegos que se engloban dentro del BDSM son unos recursos a utilizar como instrumentos que desencadenan la profundización de la relación amorosa; unos refuerzos que premian lo hasta el momento conseguido, y que incentivan lo que deba de venir, pero no son el objetivo en sí mismo, ni tampoco son algo del todo imprescindible.</p>
<p>¿Ha contribuido esta revista a que ahora sea más sumiso que antes? Yo me atrevería a decir que sí, al menos en teoría. Porque después de muchas lecturas de esta publicación y de su antecesora DominacionFemenina.net te das cuenta que lo importante es saber ponerse en el lugar de la otra persona; de pensar en cómo puedo agradarle. ¿Es una postura interesada por mi parte? Pues sí, en cierto sentido lo es. Pero se supone que en cualquier pareja existe un interés personal en la relación. Un interés sano que, se entiende, no va contra la libertad del otro. No obstante, creo que existe una gran diferencia entre el interés inmediato del sumiso que le pide o exige a su pareja dominante que le haga esto o aquello, y la otra alternativa, la del sumiso que no pretende dirigir las cosas desde abajo, sino que acata lo que ella decida. Si encontrase una mujer que tenga bien claro su rol dominante, creo que no habría lugar para cuestionar sus decisiones. Pero ¿qué hago si se trata de una mujer que nunca se ha adentrado en este mundo? Creo que a lo más que llegaría sería a decirle que me seduce muchísimo leer la Revista de Dominación Femenina. El resto tendría que venir de ella, porque yo sería el primero en sentirme incómodo si sé que mi pareja está interpretando un rol con el que no se siente identificada.</p>
<p>Pero centrémonos ahora en las fantasías que puedan existir dentro de mí, y en cómo han evolucionado. Si tomamos como punto de referencia lo que son las manifestaciones más comunes en las que se expresa una relación de Dominación y sumisión, me doy cuenta de que algunas de aquellas que repudiaba hace algunos años hoy las vería como perfectamente viables en mi caso. Un ejemplo es el de la dominación financiera. Porque en mis lecturas iniciales de textos sobre dominación femenina, cuando encontraba referencias sobre aquella sentía inmediatamente una profunda antipatía hacia ello. Claro está que lo asociaba con la imagen de una mujer parásita que pretende obtener beneficios económicos de una relación amorosa; con el término “solvente” que, tristemente, muchas mujeres incluyen en las páginas de contacto, como cualidad o requisito del varón ideal buscado por ellas. Y porque es evidente que a nadie le gusta que le quieran por su dinero. Pero ahora pienso que no, que cuando hablamos de dominación financiera se está suponiendo que se alude a una práctica que se hace en el seno de una pareja muy fuertemente unida por lazos afectivos. No se trata de un objetivo buscado a priori, ni de una explotación de una persona por otra, pues la dominación financiera es, simplemente, una forma de intensificar la confianza que ya existe dentro de una pareja; una vía para profundizar el vínculo amoroso. </p>
<p>La dominación financiera tiene exactamente el mismo valor simbólico que los juegos de bondage. Porque la persona que se deja amarrar por otra, que se queda totalmente indefensa ante quien la ata, está diciéndole con los hechos que confía ciegamente en su pareja de juegos. De igual manera, entregarle tus ingresos a tu amada es una forma de expresar tus sentimientos para con ella; de demostrarle lo que esa persona significa para ti. Además, frente al carácter fuertemente erótico que pueden tener otras escenas del mundo de la Dominación y la sumisión, está claro que la dominación financiera no conlleva excitación sexual alguna. No es de esperar que ni ella ni yo alcancemos algún tipo de placer, ni sexual, ni tampoco sensual, porque todo queda en lo meramente simbólico. No puedo ponerme en el lugar de la parte dominante. Toca a ellas, pues, decir lo que se siente siendo receptoras de aquel regalo.</p>
<p>No soy de los que hablan de la supremacía femenina, pues creo que tanto mujeres como varones pueden tener mucho que aportar. Pero al menos en esta ocasión sí reconoceré que una creación tan “femenina”, como es la Revista de Dominación Femenina, resulta ser notablemente superior a otras páginas, que, aunque versan sobre lo mismo, demuestran ser de orientación “masculina”, en la medida que su objetivo se queda en lo meramente lujurioso a corto plazo. Eso no es pecado, por supuesto. Pero es que lo primero es mejor; porque la posibilidad de mejorar nuestra vida de pareja es inmensamente preferible a lo que podemos conseguir de una noche loca de fin de semana con juegos sadomasoquistas.</p>
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		<title>Dictando la norma</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jun 2008 00:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Ernesto se pronuncia por una dominación femenina que califica como “soft”. Una elección respetable y, para él, conveniente. El problema es que cae en ese viejo vicio de descalificar lo que uno no comparte, de considerar que lo que a uno funciona es lo que debe funcionar a los demás.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ernesto García</strong></p>
<p>Querida Ana: Soy argentino y he leído con atención tu blog, los posteos, las colaboraciones, etc. Algunas observaciones críticas pero amables, si me permites:</p>
<p>Primero, no creo válido plantear la sumisión si no está vinculada al goce sexual que provee a ambos <em>partners</em>. Aún cuando se sublime hasta el punto de no implicar el sexo en sí mismo, el goce debe estar presente de algún modo para ambos. Plantear el sometimiento más allá del placer recíproco, la servidumbre pura, es plantear una relación de sometimiento a secas, &#8220;en serio&#8221;, por eso mismo violenta, y puesta más allá de la esfera del placer. Ejemplos sobran: un marido árabe con la esposa que compró por unas cabras; la jefa o jefe dominante que siente placer en abrumar de trabajo y de maltratos al pobre muchacho nuevo que debe someterse a esos maltratos si quiere conservar el puesto, sin ningún atisbo de placer de su parte. No se puede reivindicar esto, como hacen algunas en su blog: se trata de una relación social<br />
desigual y de sometimiento sin eros, no es justificable por el simple hecho de que la parte dominante esté en manos de una mujer. No hay acá ningún placer y sí mucha violencia. Revindicar la &#8220;superidad de la mujer&#8221;, como se hace en algún lugar de tu blog, es simplemente repetir la aberración de la sociedad machista pero invertida. Viejo error feminista, que creo superado por los tiempos. </p>
<p>Otra cosa es cuando aquel joven empleado recibe un trato no humillante pero sí de fuerte imposición del mando de su jefa con fines de formarlo y enseñarle el trabajo. Me ha pasado cuando era muy joven y lo acepté porque entendí que mi jefa me tenía bajo presión por mi propio bien: tenía que aprender el nuevo trabajo, ella veía en mí buen potencial pero que era muy distraído y poco atento a los detalles. Me &#8220;curó&#8221; de esas desatenciones juveniles con rigor pero sin sadismo. Yo, en el fondo, sentía un cierto placer en esa relación, en la que sabía que iba a recibir casi cada día mi dosis de retos y llamadas de atención (delante de los demás empleados y del público), pero que siempre terminaba con una sonrisa y un saludo cálido, casi una caricia verbal. Ella no era atractiva: sí tenía y demostraba su poder, infinitamente mayor del que podía tener yo, un chico novato frente a una funcionaria jerárquica, joven pero muy por encima de mí. Los otros empleados, mucho más antiguos que yo, mostraban una clara resistencia machista a aceptar órdenes de ella (además de mujer, era más joven que varios de ellos). </p>
<p>Yo, en cambio, estaba encantado: acababa de salir del servicio militar obligatorio, donde era tratado con brutalidad por unos tipos brutos y desagradables. No había por cierto ningún placer en ese sometimiento brutal. La sumisión <em>soft</em> que me impuso mi primera jefa me parecía casi el paraíso después del cuartel militar. Era evidente que ella mostraba cierto interés especial en mí: me llamaba de modo imperativo a su despacho para mostrarme un error que había cometido y retarme, pero suavemente; venía a mi escritorio para ordenarme un trabajo que bien podría haber encargado a otro, etc. Me tenía &#8220;marcando el paso&#8221;, como decían los demás con sorna. Más tarde tuve otras jefas y siempre fui de los que demostraron total adaptación al mando femenino. Las mujeres son buenas líderes, se concentran mucho en el trabajo y saben usar su buen modo para que una orden parezca un pedido. Un tipo te da la orden de mal modo, casi siempre; una mujer te trata siempre mejor, aunque recurra al imperativo. </p>
<p>La última vez que me tocó tener una jefa fue una amiga que ascendió en el trabajo; durante años fuimos iguales y compartíamos la &#8220;copa&#8221; con otros pares a la salida del trabajo. Nos hicimos muy amigos. De repente, ella mandaba: me dijo que no podía hacerme favores por mi amistad, que debía aplicar la misma medida a todos, y yo estuve del todo de acuerdo. En la reunión diaria previa para distribuir el trabajo, a veces, me mandaba a buscar el café, pero siempre como &#8220;pedido&#8221; (&#8220;no es una orden&#8221;, me aclaraba). Y yo le decía que no había problema, y salía a cumplir con su &#8220;pedido&#8221;. A veces me imponía ciertos hábitos jerárquicos algo antiguos, como cuando íbamos a la cafetería interna: debía ser yo el que fuera a buscar el café (&#8220;ahora soy tu jefa: no puedo estar trayendo yo el café a la mesa, en serio&#8221;) y yo lo aceptaba con una sonrisa. También cuando yo tenía mis días de malhumor me &#8220;ponía en mi lugar&#8221;, pero casi con un susurro, sin retarme delante de los demás. </p>
<p>Un día, que estuve particularmente infantil e irrespetuoso, me llevó a tomar un café afuera de la empresa y me puso los puntos sobre las íes en: “Soy tu jefa, no te aproveches de nuestra amistad. Me obligas a aplicarte todo mi poder. Ahora vamos a volver a la oficina y vas a hacer todo el trabajo que te ordene, ¿está claro?”. Acepté, y cuando volvimos me dio una dosis de trabajo extra como para matarme. Siempre con una sonrisa: “¿Terminaste? Seguí con esto otro, y así hasta el final, sin respiro”. Los demás notaron que me estaba disciplinando por mi anterior mala conducta, que había sido muy evidente y torpe. Al terminar la jornada quedé exhausto, pero me despidió con una sonrisa, un beso en la mejilla y un breve abrazo. El castigo surtió efecto y nunca más repetí mi mala conducta. Me premió con buenos trabajos, interesantes y no rutinarios. </p>
<p>Corolario: se puede ser amigo de tu superior y respetarla. Sobre todo si sabe usar sus dotes de mujer para mandar con firmeza pero amabilidad. Ella siempre fue mejor que los jefes anteriores y posteriores que tuve. Por esto creo que el erotismo de la sumisión a una mujer dominante tiene su origen en este tipo de relación, en la que la mujer domina no por temor o con la cruda imposición del poder, como hace el hombre, si no por su capacidad para seducir al subalterno y hacerse querer por el que la obedece. Un ejemplo: la nueva ministra de Defensa española, Carme Chacón. A la vez que manda a los soldados les sonríe, con esa sonrisa hermosa y dulce que tiene.</p>
<p>Ahora vuelvo a lo del principio: de todo esto a proclamar la &#8220;superioridad de la mujer&#8221; hay un abismo de sexismo al revés. Por eso tampoco soy afecto a ser esclavo de una &#8220;ama&#8221;. Siempre fui un partner fácil de manejar, nunca objeté que la mujer dirigiera en la cama y en su entorno. De hecho me inicié sexualmente con mujeres más maduras y que emanaban poder, que claramente me dominaban y no solo en la cama. Pero jamás se planteó un asunto de esclavo-ama. Además, la dominación implicaba para mí un aprendizaje: mi primera novia me obligó a mejorar mi dieta y a estudiar idiomas, dos cosas que yo siempre me proponía pero nunca hacía (fue por la misma época de aquel primer trabajo, así que mi vida estaba totalmente dominada por dos mujeres). </p>
<p>Hay formas <em>soft</em> de dominación, que para mí son las que mejor funcionan. Creo que muchos deben sentir como yo, que todo esto de los látigos y el cuero negro es brutal y de mal gusto, puro kitsch. Prefiero que mi <em>partner</em> me &#8220;pida&#8221; que le haga un té o que vaya a comprarle un chocolate porque le vinieron ganas, y ambos sabemos que es una orden y no un pedido. Pero a ninguno nos gusta todo el rollo de ama y esclavo, de los látigos, etc. A veces, cuando me porto mal soy castigado, pero no con un látigo ni poniéndome de rodillas. Puedo quedarme sin ver una película en el DVD, o lavar los platos durante toda una semana, o pulir las piezas de plata hasta la medianoche. Jamás un castigo físico o una humillación. </p>
<p>En el pasado, cuando era más joven, sí acepté mayor sometimiento: por ejemplo una novia que tenía 37 cuando yo tenía 26 me imponía una forma de castigo físico, pero que consistía en hacer ejercicios, no en azotes: tenía un pequeño gimnasio para ella y allí me sometía a ejercicios, a veces con justificación, a veces por el puro gusto de verme sudar bajo su mando. No duró mucho, sin embargo, era demasiado &#8220;sargento&#8221;, demasiado masculina o fálica para mí. Además, era el mismo castigo que me imponían los militares, así que el recuerdo era pésimo. </p>
<p>Volví y sigo con el modelo <em>soft</em>. No me explico cómo no es más popular y tiene su propio espacio en la web, así como su propia literatura: cuando busco en la Red del asunto solamente me encuentro con mujeres vestidas de cuero negro con un látigo en la mano. Por Dios, basta. Es como el porno <em>hard</em>, que lo domina todo: ¿dónde quedó el erotismo que &#8220;muestra&#8221; pero con delicadeza? Mucho te agradecería si me puedes aconsejar un sitio con esta orientación, que claramente no es la de tu blog.</p>
<p><strong>Ana Serantes:</strong></p>
<p>Ernesto, en general, me parece bien la postura que planteas. De hecho, me ocurre lo mismo que a ti: yo tampoco “creo válido plantear la sumisión si no está vinculada al goce sexual que provee a ambos partners”. Y estoy de acuerdo en que “no se puede reivindicar eso”. Pero lo que no entiendo es dónde has visto que lo hagan “algunas en mi blog”. Francamente, creo que todo lo que hay publicado aquí parte de ese supuesto que para mí es básico: relaciones sexuales y de pareja consensuadas entre adultos para su mutuo placer y realización personal. Y no imagino a nadie en este espacio defendiendo relaciones como las que pones de ejemplo, defendiendo algo parecido al “marido árabe con la esposa que compró por unas cabras”.</p>
<p>Sí es cierto, sin embargo, que en algunos textos publicados se reivindica la superioridad de la mujer. Tan cierto como que hace poco más de un mes dejé clara mi postura sobre esta esta cuestión: “<a href="http://anaserantes.com/2008/sobre-la-superioridad-femenina-i/">Sobre la superioridad femenina I</a>”. No repetiré los motivos por los que no comparto que las mujeres sean superiores a los hombres, ni que esa superioridad constituya un componente obligado en las relaciones de dominación femenina. Aunque sí te diré, Ernesto, que tengo la impresión de que entre quienes reivindican la superioridad de las mujeres hay más “algunos” que “algunas”.</p>
<p>Me parece perfecta tu preferencia por la dominación que calificas como “soft”. Para mí las formas más sutiles o suaves de la dominación constituyen un componente ineludible de cualquier relación saludable de dominación femenina. La diferencia es que yo no considero que resulten contradictorias o incompatibles con otras formas en las que se pueda establecer la relación de dominación-sumisión y, sobre todo, que no descalifico esas otras maneras. Cada cual es muy libre de elegir los modos en los que prefiere relacionarse con otra persona, razón por la cual me parece estupendo lo que dices: “Hay formas <em>soft</em> de dominación, que para mí son las que mejor funcionan”. Lo dicho, si para ti funcionan, bienvenidas sean. Ahora bien, ¿por qué esas formas que para ti funcionan tienen que ser las únicas aconsejables?, ¿por qué descalificar las formas que les funcionan a otras personas? Porque esa es la conclusión que parece extraerse de lo que escribes: “todo esto de los látigos y el cuero negro es brutal y de mal gusto, puro kitsch”; “cuando busco en la Red del asunto solamente me encuentro con mujeres vestidas de cuero negro con látigo en la mano. Por Dios, basta”.</p>
<p>No soy relativista. Creo que hay conductas moralmente reprobables: las que se sustentan en la discriminación de otras personas o restringen su libertad, las que limitan la igualdad de oportunidades, las que suponen maltrato&#8230; Pero francamente, Ernesto, no encuentro nada condenable en que personas adultas y libres disfruten “de los látigos y el cuero negro” o en que se solacen con imágenes de “mujeres vestidas de cuero negro con látigo en la mano”. Y como para mí el criterio es claro, la libertad de cada persona para construir su estilo de vida y las formas en que se relaciona con el prójimo, pues al que no le gusten esas imágenes&#8230; no tiene más que escoger otras. Afortunadamente, Ernesto, en las sociedades más avanzadas y libres vamos dejando atrás los tiempos del puritanismo, los tiempos en los que algunos se atrevían a prescribir la moral de obligado cumplimiento para todos los demás y a condenar todo lo que se situara fuera de los estrechos límites de esa moral.</p>
<p>Otra cosa, Ernesto, estoy segura de que muchas mujeres dominan con los modos que describes&#8230; y que prefieres. Sin embargo, conviene no sacar una conclusión de la que a menudo abusamos sin darnos cuenta: la conversión de las mujeres en “la mujer”. Comprendo que a veces se hace necesario generalizar para entendernos, pero te aseguro que no todas las mujeres obedecemos al mismo patrón, que las hay que se comportan de una forma y las hay que se comportan de otra. Las mujeres no somos ese colectivo de comportamiento angelical y sabiduría proverbial que parecen dibujar muchos hombres sumisos: las hay buenas, malas y regulares. Puede haber alguna tendencia de género, que la hay, pero unas dominarán de una manera, la suya, y otras, de otra, y también sera la suya. Y tan mujeres las que dominan como “hadas” como las que se lo hacen de “brujas”.</p>
<p>Y por último, si este blog te parece una manifestación de esa dominación <em>hard</em> que criticas, difícilmente encontrarás en Internet sitios más <em>soft</em> sobre la dominación femenina, que creo que es como muchos calificarían mi página web. Y conste que me parecería magnífico que los hubiera.</p>
<p>Un saludo, Ernesto, y mi deseo de que disfrutes de lo <em>soft</em> todo lo que te sea posible, porque me parece que una relación de dominación femenina que se limite a esas formas más sutiles puede resultar tan enriquecedora y maravillosa como cualquier otra.</p>
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		<title>Cuando ella dice sí</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jun 2008 05:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Serantes</dc:creator>
				<category><![CDATA[REVISTA DE DOMINACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[Sumisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Lalo López nos ofrece un artículo sobre las dudas que pueden asaltar a la dominante y al sumiso una vez que se ha tomado la decisión de añadir la dominación femenina a la relación de pareja. Y nos dice que esas dudas no son patrimonio exclusivo de las mujeres, sino que también se les plantean a los sumisos en el momento de pasar de la teoría a la práctica.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Lalo López</strong></p>
<p>Se habla muchas veces en esta revista sobre el momento previo a la aceptación por parte de la mujer de la dominación femenina (DF), y de cuando ya está plenamente desarrollada. Rara vez comentamos la situación en la que la mujer comienza a interesarse por el tema –aunque aún no esté decidida del todo–, y en esas ocasiones se incide en la mujer, no se piensa en las posibles incertidumbres o recelos que pudieran surgirle al sumiso. Parece que el sumiso es alguien segurísimo de su deseo, y que nunca le van a asaltar dudas… No creo que sea así.</p>
<p>Normalmente, esto ocurre porque es el hombre quien lleva a la mujer a una relación DF. Suele ser exponiéndole y poniendo en práctica las ventajas que para ella reporta. Poco a poco, ella va viendo las satisfacciones que conlleva, y es habitual que, al principio, se haga la remolona. Necesita tiempo para adaptarse a la nueva situación. El hombre tiende a insistir, y le muestra un amplio abanico de placeres. La mujer se deja llevar, no sin ciertas dudas.</p>
<p>Llega, no obstante, un momento, en que la mujer, atraída por el nuevo escenario, decide probar. “Si es cierto que mi placer es lo primero, entonces habrá que ver qué ocurre si realmente es así”, parece decirse. La mujer toma confianza, y comienza a ejercer el poder que le concedemos. Esta etapa es, para el sumiso, bastante confusa. Acostumbrado a llevar la voz cantante y a animar constantemente (sin ser pesado, claro está; una relación de pareja es mucho más que todo esto), de repente ve como la mujer no sólo reacciona ante sus ideas, si no que acciona. Ella empieza a conducir la relación hacia sus deseos particulares. No es que las propuestas de él sean rechazadas (¿hay algo peor que un hombre que se reduce a ser un sumiso y pierde toda iniciativa?), si no que nacen las suyas propias, en consonancia con la nueva visión de la relación.</p>
<p>Probablemente, ante este panorama, el hombre se sentirá desubicado. Las primeras veces que ella ejerza el dominio, estará fuera de lugar. Hasta ahora, quería ser el sumiso; ahora, lo está empezando a ser. Esto produce cierta desazón, y las dudas –hasta ese momento, patrimonio exclusivo de la mujer–, nacerán en el hombre que desea entregarse. ¿Realmente, me gusta esto? ¿Le gusta a ella o lo hace sólo por complacerme? ¿Dejará de amarme si me convierto en su sumiso?</p>
<p>Las dudas no son malas, y en cierto modo, ayudan a afianzar la relación, y a plantearla tal y como ambos la desean. Cada pareja las resolverá en forma y ritmo distintos. Una relación de pareja no se cimenta en la DF, si no en el amor, el respeto y la complicidad. La DF es una forma de expresión del amor, pero no es el amor en sí. Por ello, no hay que tener miedo a exponer a nuestra pareja los temores que nos surgen, como en cualquier otro aspecto de la vida. Una vez más, es la comunicación sincera lo que nos lleva a buen puerto.</p>
<p>Realmente, todo va bien: lo único que ha cambiado es que, si hasta entonces ha sido él quien ha planteado, ahora ha llegado el momento de que ella proponga. Hemos sido educados en una sociedad machista, y dar el paso real de servir a una mujer no es fácil. Casi con toda seguridad, este paso se hará con naturalidad, según vayan surgiendo las cosas, y serán en esas situaciones cuando nazcan las incertidumbres. En estas circunstancias, el hombre precisa de comprensión y apoyo para seguir adelante. No hay nada más lógico –y humano–, que sentir un poco de miedo en estos instantes; las vacilaciones en este punto, las estimo incluso convenientes.</p>
<p>Las dudas suelen pasar, y la mujer irá desarrollando cada vez más su lado dominante. Lo que muchas veces se nos olvida es que nosotros también hemos de aceptar lo que tanto hemos deseado: ser sumisos. Y algo muy importante: una cosa es desearlo y otra serlo. Sí, también hemos de desarrollar nuestro lado sumiso y, al igual que a ella le entran dudas sobre su papel, nos pasa a nosotros con el nuestro. Una vez pasada esta fase, nuestro compromiso se hará más real y auténtico, y tendremos una base segura y estable para seguir avanzando.</p>
<p>Como en el paso previo de nuestro ofrecimiento, tampoco hay porqué tener prisas. Poco a poco se va construyendo una relación, y la DF es una parte más de ella. Ni más ni menos.</p>
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